sábado, 28 de septiembre de 2013

TOROS. ARNEDO. CRÍTICA LIBERAL PARA ILUSTRADOS.

Comenzó la feria de Arnedo, El Zapato de Oro, sueño de toda la novillería. Arnedo es el apéndice de la Feria Matea de Logroño y algunas veces, aficionados de toda España, empalmaban los festejos de la Manzanera con el pueblo a tiro de piedra de Logroño. Aunque solo fuera un par de dias, para ver una novillada y rendirse a las exlencias gastronómicas de ese arrabal de Logroño. Hoy ambos cosos son modernísimas construcciones que, cuando no hay toros, supongo se dedicarán a otros menesteres musicales o deportivos. Es la plaza multiuso. Arnedo empezó a ser muy conocido en el mundo taurino hace cuarenta años con su certamen zapateril. Hoy es, por encima de todo, el pueblo de Diego Urdiales, uno de los toreros que mejor hacen el toreo seco y puro, acaso el único. Unos hacen el toreo puro cuando se tercia -que es pocas veces- y otros hacen el toreo seco, pero los dos a la vez difícilmente. Diego es de una especie en extinción; de esas que labraron su torería  con el toro duro, las corridas canallas y la amenaza del paro o la brocha. Para ser un torero así hay que haber jugado al escondite con la vida perra y el abismo de los desesperados. Toreros como Diego Urdiales, con tardes buenas y tardes regulares pero siempre cabales, son indestructibles. Diego es más listo que el hambre y nunca ha tirado la muleta; se le ve en la cara  que a veces parece una talla huesuda de Gregorio Fernández y otras, en los momentos de éxtasis y sufrimiento, una pintura del Greco. Esa es la base de toreo: transfiguración y sufrimiento.

Diego Urdiales es el modelo, el espejo en que deben mirarse  los muchachos que van a Arnedo en busca de la gloria y en busca del áureo zapato. Verbi gratia, Lomelín, Crespo y González. Las cunetas taurinas están llenas de cadáveres y solo toreros como Diego sobreviven. Por encima de todo, una novillada muy seria, con trapío de toros, de Antonio Briones con el hierro de Carriquiri que, por presencia y seriedad, hubiera puesto a cavilar a muchos matadores del escalafón superior. Lo hubiera hecho de ser los viejos carriquiris, la antigua casta navarra vivaz, pequeña y revoltosa. De aquello no queda nada, pues Antonio Briones, una especie de enciclopedista del toreo, desterró aquella sangre caliente y optó por el encaste Nuñez;, como todo el mundo sabe. No es mala cosa, pero no es lo mismo; de aquella mitología queda el hierro y el nombre, pero no la raza. Los serios novillotes, resultaron flojos de remos y con la raza justa, en el límite del toro de lidía y el apacible animal bovino que pasta en los dulces prados. Con ellos el mexicano Lomelin, Daniel Crespo, del rincón del sur  y David González de no recuerdo dónde, evidenciaron lo que son: angelitos barbilampiños, proyectos recien empezados de toreros, verdes y muy tiernos. Tardarán tiempo en parecerse a esa talla de madera añeja que es Diego Urdiales. No deben tener prisas; pero sí deben saber que para no ser Diego Urdiales, esto no merece la pena. Con todo, lo más alarmante no fue la flojera de los carriqiris ni la lógica inocencia de los muchachos. Lo malo fue la poca gente que había en la plaza; eso en Arnedo sí que es preocupante. 

viernes, 27 de septiembre de 2013

POÉTICA Y MISTERIO DE NUEVA YORK CANALLA.

Septiembre 26 y 27, jueves, viernes.

No puede decirse, como la canción, que septiembre se muere se muere dulcemente con su luz amarilla, con sus racimos verdes. Seguro que es así, como dice la canción, pero yo lo percibo de otra manra: como una amenaza apacible y neutra  si se quiere; pero no dorada, ni verde. Gris. Bajo un olivo cuya sombra abandono pronto, por fría y por inhóspita, releo el último libro de Antonio Hernández. Revivió  la higuera muerta este verano, pero ni siquiera esa floración milagrosa, pujante y primaveral, me cambia un ánimo incierto. Pasará, como todo: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar...
Antonio Hernández acomete  en Nueva Yorh después de muerto, una situación poética compleja e insólita. El poeta de Arcos de la Frontera, cuya voz lírica es incuestionable desde     El mar es una tarde con campanas,  adopta ahora un reflejo dramático. Es decir, las voces y los ecos de Nueva York después de muerto  son personajes con encarnadura teatral. Lo explica el propio Hernández al descubrir la génesis de este libro en el que Luis Rosales es el personaje principal. Un protagonismo de primer actor compartido con la sombría herida de su vida: el asesinato de su amigo Federico García Lorca. En cierto sentido, Luis Rosales es un personaje pirandeliano en busca de un autor que le dé configuracon: una poética teatral para escribir el libro al que la muerte ya no le daría tiempo. Luego viene, naturalmene, Antonio Hernánez como organizador del caos que es,  en definiva, lo que es un autor dramático. Después están los negros, las zonas fronterizas de los bajos fondos, Harlem, los maricas y Walt Witman de Poeta en Nueva Tork,  la ciudad como espacio escénico. Y el Imperio.
Relata Antonio Hernández en el prólogo cómo un dia Luis Rosales le dijo que pensaba coronar su obra con una trilogía en la que pensaba tratar el exilio, ficción que Rosales no vivió, a no ser con la retórica de exilio interior, y solo como experiencia intramuros del alma; luego vendría la lucha de clases y de razas, la deshumanización de la gran ciudad. En la obra de Luis Rosales, en su vida, y puede que también en este libro, planea siempre el sentido expiatorio de un verso enigmático y dolorido: "la certeza de no haberme equivocado en nada, sino en aquello que más quería". (Cito de menoria). En torno a este verso, el recuerdo de una muerte y una calumnia; la responsabilidad en el fusilamiento de Lorca y la calumnia que en un libro del mismo título se encargó de refutar Félix grande apasionadmente.
 Hernández, pues, como un Pirandello subsidiario escuchó a su personaje principal y se puso a escribir esta trilogáa, lo cual le obliga a una justificación no del todo necesaria: "se trata de una traición relativa y, por lo tanto, como negar por tres veces al maestro (....) En algún momento muy concreto, y sin renunciar al contrapunto expresivo más seco de la mia , me atrevo a impostar su voz y la siempre vigorosa de Federico con unos apócrifos ni osados ni voluntariosos, como homenaje a cada uno de sus libros."
Esa es, precisamente,   la actitud, dígamoslo ampliamente, de un dramaturgo: hablar por la voz de sus personajes, darles vida por encima del propio autor, aunque se nutran obviamente del oficio y de la poética de quien los maneja. En este sentido me he atrevido a llamar a este libro, no sin ciertas cautelas, como expresión dramática. Nueva York despues de muerto  no es la voz unívoca, autoritaria de un autor, es muchas voces en la que predomia, naturalmente, la voz de Antonio Hernánez. Es un libro teatral, en el sentido más puro y genuino del término.
Libro vigoroso, misterioso en ocasiones, social,  político, intenso. Libro raro en tiempos de pensamiento y poética unicos En él sobresale, por encima de intermedios narrativos de alto riesgo y sobre la estructura escénica, la voz siempre descifrable de Antonio Hernández a lo largo de su copiosa obra: poética y narrativa.        

martes, 24 de septiembre de 2013

VILLALONGA, EL LICÁNTROPO EXTERMINADOR

Septiembre lunes 23.

Revuelto andaba el mundo del teatro y más revuelto se ha puesto con la destitución de Miguel Munárriz como director del Fernán Gómez. Son cosas de índole interna del PP, explican fuentes próximas a los teatros municipales de Madrid; vale. Internas,  pero afectan a la colectividad.  Y  evidencian, sobre todo, una forma de gobernar. Ha muerto Alvaro Mutis, amigo ignoro en que medida,  de Munárriz, y no sé cómo su muerte habrá afectado a Fernando Villalonga. El nivel cultural de los políticos no es de mi encumbencia, aunque sospeche que también nos atañe a los ciudadanos.

Antes del verano Munárriz era director del Fernán Gómez y ahora está en la puta calle, y me parece que  también Pere Piñol, director del Price. Se vislumbraba  que, de no seguir en el Fernán Gómez, quedaría como segundo de Natalio Grueso que, ante órdenes de la superioridad, se la ha envainado. Dicen que ha sido la larga mano de Fernando Villalonga, cuando él ya esta fuera o le quedan dos telediarios de la Cultura del PP, y al que  creíamos un cadáver político. Dicen también que es un paso adelante en un objetivo final de privatizacióm ya en marcha, con las consecuencias laborales y artísticas que eso conllevaría. Ahí sí entraría Villalonga.
 Al Fernán Gómez llega Tono Martínez, con mal ambiente,  y no por culpa de él, entre la gente de la farándula. Y yo lo siento por mi amigo Munárriz que lo estaba haciendo  bien en el FG y por mi amigo ´Tono, que lo estaba haciendo  bien en el Centro Centro. Tono venía, al parecer, para la cuestión de exposiciones del FG, que ya estaba programada,  y ha ascendido. Manejo rumores de distintas fuentes pues la jerarquía del rumor sobre la noticia es lo único que me ha quedado, desgraciadamente, de Umbral. Sea lo que sea, esté o no esté presente la garra de Villalonga, lo cierto es que la cultura en el PP empieza a parecerse no diré a una casa de putas -institución muy respetable para quienes les gusten las putas-  sino a la casa de tócame Roque.Y no creo que se deba a las últimas noches de luna llena,  porque los licántropos suelen ser más considerados.
Estoy releyendo el libro de Carlos Alvarez, Aullido de licántropo   y nunca se me ocurrirá comparar a don Fernando Villalonga con Vustrid Kalminari ni con Larry Talbot, manipuladores de noches inquietantes  y de argumentos literarios de terror. Carlos Alvarez es un poeta que nutrió su lírica de combate en las cárceles. De ahí a convertirse en hombre lobo solo hay un paso; aunque yo creo que   lo trincaron porque ya  era hombre lobo. En Aullido de Licántropo, quizá para evitar males mayores, finge el artificoo literario de ser sólo el traductor de Kalminari y Talbot. En tiempos,  a Carlos Álvarez le dieron el premio Lovemanken de poesía, de Dinamarca o de Suecia, no lo sé,  y se dijo que ese Premio era una conjura universal para joder a Franco. Lo dudo. Difícil era que en aquellos tiempos se me escapara a mí una conspiración. En el fondo, entre conjura y conjura, lo pasábamos muy bien, menos los que estaban en el talego. Es una verdad como un templo el aserto del difunto Vázquez Montalban: "contra Franco vivíamos mejor". Vázquez Montabán tenía esas paradojas. A mi libro Parábolas palestinas    (palestinas, no palentinas)  le hizo una crítica   que firmó como Manolo V el Empecinado y decía así: "este poeta nunca ganará el Adonais. Hay que leerlo". Claudio Rodríguez, que sí había ganado el Adonais, no acababa de entender este juicio.
Ciertamente nunca gané el Adonais y Carlos Alvarez ni siquiera fue propuesto para el Nobel.
También se cumplirá esta profecía: cuando la modernidad y la posmodernidad, los novísimos y neonovísimos, hayan perecido en un estanque decadente  de nenúfares, Carlos Álvarez y los hombres lobos seguirán la mareas liberadoras de la luna. Léanlo, reléanlo, a ser posible en plenilunio. La edición que manejo en estos momentos es la de Endymion, de Jesús Moya, un hombre bueno, benefactor de poetas y amante de los gatos; hasta trece llegó a tener en su almacén de libros de la calle Verdes.
Las prosas y los poemas de    Aullido de licántropo,   algunos sonetos de rara perfección para un hombre lobo, llevan un comentario en el que es fácil adivinar la interdependencia entre política y sentimentalidad; todo es uno y lo mismo. Resumiendo y finalizando, el otro lado, el lado oscuro de de Aullido de licántropo, no es otra cosa que una subversión  que evoca "la embriaguez de lo podrido/ la voluptuosidad de lo espantoso". Siempre, por unas razones o por otras, Carlos Álvarez acaba escuchando el tam tam de la luna.