Admirada Elena;
Bien quisiera decir querida Elena, pero el escaso trato que hemos tenido no me autoriza a ello y no soy persona de tomarsee licencias que no le corresponden. Te debo una explicación. Lo que tomé por exabrupto tuyo es impropio, obviamente, de tí. Pero en mi respuesta había cierta coña marinera que, eso es cierto, descubría mi tendencia a atribuirle a la taurinada, no a los honrados aficionados, muchas perversidades. Si Elena Salamanca reacciona tan coléricamente alguna trastada le han hecho los taurinos para que se ponga como tan tarasca, me dije.. Quien invoca a Hitler, genio del mal, para atacar los toros, es naturalmente una nazi y aquí no valen las metáforas; esa humanista animalista es una nazi y lo más probable es que, el olor de los hornos crematorios no le arrugue la nariz como se la arruga la sangre de los toros y el humo de los altares. Algo parecido le ocurría al mayor carnicero del III Reich, Hmmler; Invitado en el 42 a una corrida en las Ventas salió vomitando y maldiciendo la crueldad de los españoles. Quien dice que sería hitleriana si Hitler hubiera hecho con los aficionados lo que hizo con los judíos es, por naturaleza y por ideología, nazí. Y tiene de cabecera Mein Kampf. Más le valdría tener el Cossío y los poemas de Miguel Hernández o de Alberti, como tenemos seguramente tú y este servidor.
Achácalo todo, amiga Elena, a la confusión de mi torpeza (llevo en esto apenas mes y medio) y a la turbación de mi admiración, que una cosa lleva a la otra y más en los tímidos como yo; veo tu nombre en un Twiter y se me borran todos los demás. Y así, interpreté por tuiteo lo que era un retuiteo, pues es sabido que el gato lleva al rato (ratón) y así sucesivamente, según la retahila cervantina.
Y de tí paso a un gran actor Israel Elejalde al que aconsejo que no confunda el culo con las témoras ni la gimnasia con la magnesia. Me explico, admirado amigo: lo de Wert y Montoro es un delito de lesa democracia y respecto a ellos, se callarán los políticos pero muchos no nos hemos callado ni nos callaremos. Lo de un señor que quiere imponer el catalán en Gijón es la soplapollez de un desesperado sin contratos. Defendí a Pepe Rubianes y llegué a pedir la dimisión de Gallardón, Alicia Moreno y Mario Gas. ( ver El MUNDO de aquellos dias). Pepe Rubianes era muy buen actor. En la cuestión catalana tengo una deformación insalvable: haber compartido diálogo con Espriu, Pére Quart, Josep Benet, Joan Brosa, María Aurelia Capmay, mi querida Montserrat Roig (innolvidable viaje a Leningrado), mentes muy críticas con el resto de España; pero no estúpidas. Por lo que respecta a Wert y Montoro, por mi parte, leña al mono hasta que hable inglés.
Y acabo esta carta, que empieza en toros y concluye en teatro, con un saludo a Fernanda Orazi. Te ví ayer en la Cuarta Pared, en primera fila y no te quitaba ojo, como no se lo quitaba tampoco a Marianela, Alicia y Estefanía; Javivi, sin restarle méritos, confieso que me motiva menos; en tí yo no percibí esa maldita indisposición que, dices, casi te saca del papel. Vos sos grande siempre. Otro dia hablaré de Messiez, de Marianela Pensado, actriz que me fascina, y de todo el espectáculo; Palabras, que en definitiva, es lo mío y rimas, que también es lo mio, aunque Becquer me resulte un poco empalagoso. Todo sea por librarnos de la peste: la peste bubónica y la peste de los políticos.
Acabo de ver El rey tuerto, un milagro de teatro político en estos dias: un milagro de teatro a secas. Este texto, decía alguién a la salida, marcha solo. Vale, pero ese texto hay que escribirlo, dirigirlo y hallar un actor como el que hace de madero antidisturbios; así marcha "de solo" El rey tuerto.
viernes, 18 de octubre de 2013
miércoles, 16 de octubre de 2013
ODIO A VALLE INCLAN Y A UMBRAL
Y los odio porque me acomplejan, porque me quitan las ganas de escribir. Lees, o ves, en el escenario a Valle Inclán o a Umbral y dices para qué seguir escribiendo, nunca llegarás a nada. Es lo que se llama un odio positivo, un maldito odio de discriminación positiva. Y rencorosa.. Estreno a lo grande en el Español. Y apuesta fuerte de Natalio Grueso que merece ganar. Valle Inclán siempre es un desafío; y Tirano Banderas, más. Controversia en el patío de butacas, en el vestíbulo, en las tabernas de la Plaza Santa Ana mientras tomamos un refrigerio. Algunos recuerdan el Santos Tirano de hace cuarenta años de Ignacio López Tarso y el coronelito de la Gándara, de Manuel Gallardo. Y se elogia a un pérfido y enrevesado Emilio Echevarría.
Y al hablar de Valle es inevitable hablar de Francisco Umbral: los botines blancos, la bufanda roja: dos dandis, dos iconoclastas. Si Umbral estudió tan a fondo a Valle Los botines blancos de Piqué, fue porque a la vez creía estudiarse a sí mismo. Como le pasó con Larra, Larra anatomía de un dandi. Hoy en Majadahonda homenaje a Umbral y a Mortal y Rosa por reputados umbralistas. Es ya un tópico considerar Mortal y Rosa como el mejor de su centenar de libros. Pudiera ser, pero Umbral tiene muchos "mejores libros"; sin ir más lejos, Un ser de lejanías, Los botines blancos de Piqué, El Cesar visionario. A mí me salen, por lo menos, veinte "mejores libros" de Umbral sin contar los miles de columnas de periódico. Me hubiera gustado verlo en este Tirano, como durante los dos meses que compartimos la crítica de teatro de El Mundo. De Mortal y Rosa recuerdo hace tres años a María Toledo, Echanove, Juan Diego; montaje de De Paco y escenografía de Loaysa en el Figaro de Salaverría. Nos llegaron muchas ayudas para un elenco así e incluso la Fundación sacó un viático sustancioso para otros menesteres umbralianos. Yo me ocupé de la selección de textos, el reparto, la ficha artística y la intendencia. Sobre todo la intendencia..
Muerto, el recuerdo de Umbral está muy vivo. Pero yo huyo del autor de las Ninfas, como de la peste. El deslumbramiento de Umbral y Valle es mortífero para escritores y periodistas: aniquila a los imitadores como Picasso destruia los suyos en pintura: animales depredadores. Incluso cuando elogiaba, Umbral era un peligro. A mí me puso el prólogo a mi primer libro de versos, La frente contra el muro y, aunque he llegado a publicar una decena, nunca he logrado ponerme a la altura de ese prólogo; Jaime Siles y Javier Alfaya dicen lo contrario, pero no estoy muy seguro de ello. Cuando se murió de muerte natural, todas las muertes son naturales, su sucesor también natural, Raúl del Pozo, en la columna de El Mundo, tenía miedo de no heredarle. Yo nunca estuve en las quinielas y la sola remotísima posibilidad me daba pánico. Raúl me llamaba todos los dias y me invitaba a comer en el Puchero para averiguar posiciones. Y yo siempre le decía lo mismo: tranquilo, Raul; yo creo que no hay nadie mejor que tú; los demás no damos el perfil y PedroJ lo sabe. Cuando heredó, Raúl dejó de llamarme y de invitarme al Puchero; y ni una puta negita en su columna.
A Umbral le he escrito un par de libros que a mí no me gustan porque no están a su altura; pero a él le gustaban mucho. Sobre todo porque por uno de ellos, La escritura absoluta, su biógrafa la Caballé me tiró dos o tres cornados a la femoral. Desde este blog mando un abrazo a Raúl, a Antonio Lucas, a todos los umbralistas, a Aurelio y a Manu y Asunción. Y a María España, sobre todos. Umbral no morirá.
Y al hablar de Valle es inevitable hablar de Francisco Umbral: los botines blancos, la bufanda roja: dos dandis, dos iconoclastas. Si Umbral estudió tan a fondo a Valle Los botines blancos de Piqué, fue porque a la vez creía estudiarse a sí mismo. Como le pasó con Larra, Larra anatomía de un dandi. Hoy en Majadahonda homenaje a Umbral y a Mortal y Rosa por reputados umbralistas. Es ya un tópico considerar Mortal y Rosa como el mejor de su centenar de libros. Pudiera ser, pero Umbral tiene muchos "mejores libros"; sin ir más lejos, Un ser de lejanías, Los botines blancos de Piqué, El Cesar visionario. A mí me salen, por lo menos, veinte "mejores libros" de Umbral sin contar los miles de columnas de periódico. Me hubiera gustado verlo en este Tirano, como durante los dos meses que compartimos la crítica de teatro de El Mundo. De Mortal y Rosa recuerdo hace tres años a María Toledo, Echanove, Juan Diego; montaje de De Paco y escenografía de Loaysa en el Figaro de Salaverría. Nos llegaron muchas ayudas para un elenco así e incluso la Fundación sacó un viático sustancioso para otros menesteres umbralianos. Yo me ocupé de la selección de textos, el reparto, la ficha artística y la intendencia. Sobre todo la intendencia..
Muerto, el recuerdo de Umbral está muy vivo. Pero yo huyo del autor de las Ninfas, como de la peste. El deslumbramiento de Umbral y Valle es mortífero para escritores y periodistas: aniquila a los imitadores como Picasso destruia los suyos en pintura: animales depredadores. Incluso cuando elogiaba, Umbral era un peligro. A mí me puso el prólogo a mi primer libro de versos, La frente contra el muro y, aunque he llegado a publicar una decena, nunca he logrado ponerme a la altura de ese prólogo; Jaime Siles y Javier Alfaya dicen lo contrario, pero no estoy muy seguro de ello. Cuando se murió de muerte natural, todas las muertes son naturales, su sucesor también natural, Raúl del Pozo, en la columna de El Mundo, tenía miedo de no heredarle. Yo nunca estuve en las quinielas y la sola remotísima posibilidad me daba pánico. Raúl me llamaba todos los dias y me invitaba a comer en el Puchero para averiguar posiciones. Y yo siempre le decía lo mismo: tranquilo, Raul; yo creo que no hay nadie mejor que tú; los demás no damos el perfil y PedroJ lo sabe. Cuando heredó, Raúl dejó de llamarme y de invitarme al Puchero; y ni una puta negita en su columna.
A Umbral le he escrito un par de libros que a mí no me gustan porque no están a su altura; pero a él le gustaban mucho. Sobre todo porque por uno de ellos, La escritura absoluta, su biógrafa la Caballé me tiró dos o tres cornados a la femoral. Desde este blog mando un abrazo a Raúl, a Antonio Lucas, a todos los umbralistas, a Aurelio y a Manu y Asunción. Y a María España, sobre todos. Umbral no morirá.
lunes, 14 de octubre de 2013
DUDAS ANTE "MI" MUSEO TAURINO. ¿EL FIN DE LOS TIEMPOS?
Hoy es lunes, dia de descanso para la gente de teatro. O sea que ni tengo obligaciones ni ganas de escribir de nada. Además, esto del blog no hay quien lo entienda. En algunas entradas las visitas se disparan y, en otras, incomprensiblemente, descienden; por ejemplo, Qué pasa en Cataluña, de Chaves Nogales, ha tenido un nivel bajo comparado con otros. Que trata de España, titulo robado a Blas de Otero, tampoco rompió la barrera del sonido. O sea que nunca se sabe. Algún amigo me consuela; tranqui, apenas llevas un mes y ya has tenido visitas razonables y algunas espectaculares, y más 550 seguidores en Twiter. Acostumbrado como estoy en el Mundo a masas de lectores, sobre todo en toros, no sé lo que entienden mis amigos por espectacular y por razonable. Dedico el lunes, con las pocas fuerzas que me quedan de la mortal sesión de fisioterapia en la clínica dela APM, a organizar el desastre de mi biblioteca y a embalar los libros taurinos que van a ir al Museo Taurino de Colmenar Viejo; y a rescatar del fondo de los armarios dibujos y cuadros de toros, que también van a Colmenar. Soy un sobreviviente de rehabilitación y masajes y, como de costumbre en estos casos, Ana trajina y yo dirijo y contemplo: la viva imagen del patrón y del obrero, metáfora que estoy seguro le va a gustar mucho a Ana. No es que yo sea un negrero machista, que acaso también; es que estoy cojo, cercano ya a la minusvalía. No es cosa de agravar mis insuficiencias con esfuerzos físicos sobrehumanos.
Pese a todo, experimento la tragedia de ver cómo se desmembra una biblioteca de unos 15.000 volúmenes, que hemos tardado 40 años en acumular . Los libros son crueles, necesitan su espacio, imponen su dictadura: o ellos o nosotros. No hay sitio para todos. En cada libro está una parte del alma, de nuestras vidas. Durante años no se ha tirado nada, hasta el mínimo opúsculo, un prospecto, cuatro hojas mal encuardenadas, tenía un respeto y un hueco. Hay que empezar a seleccionar, no hay otra. Un dia escribí en uno de mis poemarios que más me gustan y que diseñó primorosamente Sergio Ramírez, Indicios y desmemorias: "Creyó que el conocimiento le libraría de la pasión/ y descubrió la pasión del conocimiento". Sergio Ramírez era, y supongo que sigue siendo, un gran diseñador y muy buen pintor. Lo descubrí en la Universidad Politécnia de Madrid, muy joven , trabajando él de conserje y yo de jefe de prensa. Lo rescaté para el arte y para el diseño en lo que es un verdadero talento. No sé que habrá sido de él, pero Indicios y desmemorias me lo ha traido a la memoria. Diseñó para Akal y para Molinos de Agua magníficos libros. Y le preparé una exposición , creo que en Orfila , con un prólogo del Rector de la Politécnica, Rafael Portaencasa, que no sabía nada de pintura. Portaencasa tampoco sé si sabía de política, pero una vez me lo encontré en un hotel de la Habana y se puso muy nervioso. Portaencasa se portó muy bien conmigo, sobre todo a raiz de que yo lo viera en Cuba y él no me viera a mí; se decía que era del Opus. No sé qué haría en Cuba; sólo sé lo que hacía yo.
Acumular una biblioteca es una obra de toda la vida y, de golpe, ese montón de sentimientos, privaciones, lecturas e insomnios se torna doloroso cuando se agrietan en una tarde. Lo hecho, hecho está y no me arrepiento de que parte de mi vida retorne a Colmenar Viejo donde he vivido y pienso seguir vivido momentos maravillosos. Cerca de dos mil volúmenes de literatura taurina; me quedo con medio centenar para no cortar de golpe con mis aficiones . Tengo la sensación de que con ellos se va una época; como si los toros, la corrida, memoria histórica y cultural de este país, se fuera al carajo. Como si el destino de la Fiesta fuera ese: el Museo de la Historia. No quiero ponerme melancólico, pero presiento que con esos centenares de libros se van cientos y cientos de tardes, de artículos, de polémicas. Hasta aquí hemos llegado y lo que tenga que pasar pasará. Los toros me han dado muchos amigos, grandes emociones, alguna áspera controversia. Tantos amigos que, cuando dentro de dias, aterrice en México para hablar de teatro con la UNIR, Ignacio Amestoy y otros colegas, algunos me esperarán en el aeropuerto para hablar de toros como hacemos en los aledaños de las Ventas por mayo y en el Arenal de Sevilla por abril.
Ana sigue empaquetando libros, sin gran pena, porque nunca tuvo pasión por los toros. Mataría, en cambio, si le tocan su biblioteca de narrativa, española y extranjera, que es lo que más ocupa de la casa. A cada libro le echo una mirada que solo yo sé descifrar: "estos, Fabio, !ay dolor! que ves ahora/ campos de soledad, mustio collado". No tardando mucho las baldas de la librerias y las paredes, serán un erial. Porque con los libros, mandamos también al museo de Colmenar casi un centenar de dibujos y de cuadros taurinos; no es que sea el Museo del Prado, pero hay piezas notables y la mayor parte de ellas dedicadas.
En estas reflexiones, me sorprende una llamada de Luis Santos, viejo amigo de complicidades y aventuras. Luis es muy alto, muy alto y se casó con Pilar de Miguel, buena amiga mia, que era muy baja, muy baja y muy guapa y muy roja. Luis me dice que quiere publicar algo y que le oriente. Luis me dice que ya no sabe dónde está; de sus viejos referentes políticos, Althuser enloqueció y estranguló a su mujer, cosa que Luis Santos no ha hecho con Pilar. Poulantzas, dice, se tiró desde un séptimo piso, circunstancia que a mí me había pasado inadvertida o he olvidado. Quedamos en vernos. Luis era de los pocos que no confundía el marxismo científico de Althuser con un difuso humanismo que era por donde el revisionismo carrillista queria colarnos -y de hecho lo coló- la ortodoxía althuseriana: una visión y una versión muy española.
Algunos amigos me piden que publique en este blog mis extinguidos Sonetos de la impostura que, en los 80 por poco me echan de España. Haré algo mejor y más sorprendente, palabra. Pero antes, para hacer dedos como los pianistas, quiero recuperar un poema taurino-cachondo de los 90 dedicado a mi amiga Laura Tenorio en un rifirrafe que tuvo con el torero Oscar Higares. Laura se hizo ganadera, de Martín Peñato, y supongo que sigue siéndolo, además de tuitera muy activa y estudiosa de grandes disciplinas. Laura me contó la historia, un poco bronca, de Oscar Higares y yo lo resumí así: Higares: "tú Tenorio?. Vamos anda/ Me duras un muletazo;/ me doblo, te doy distancia/ bajo la mano, te aprieto/ me ciño y, sin despeinarme/ te domino y te someto". Respuesta de Laura: "Tú un muletazo?. Lo dudo./ Gurripinas y mantazos./ ¿Doblarte?./ Eres muy alto,/ !Jesús que tío tan largo!/; parece un espantapájaro. / Antes de que te des cuenta/ chopo, poste, vara larga/ te meteré un tornillazo/. El son de esta sevillana/ merece toreo grande./ O un cante por soleares/ o un suspiro de Triana/ Y no un chotís verbenero/ de un matador teatrero/ esaborío y cateto". !Va por tí y por Triana!. Si te gusta este recuerdo , difúndelo en Twiter donde tienes tantísimos seguidores. Y no vuelvas al periodismo; esto está peor que lo de Oscar Higares.
Pese a todo, experimento la tragedia de ver cómo se desmembra una biblioteca de unos 15.000 volúmenes, que hemos tardado 40 años en acumular . Los libros son crueles, necesitan su espacio, imponen su dictadura: o ellos o nosotros. No hay sitio para todos. En cada libro está una parte del alma, de nuestras vidas. Durante años no se ha tirado nada, hasta el mínimo opúsculo, un prospecto, cuatro hojas mal encuardenadas, tenía un respeto y un hueco. Hay que empezar a seleccionar, no hay otra. Un dia escribí en uno de mis poemarios que más me gustan y que diseñó primorosamente Sergio Ramírez, Indicios y desmemorias: "Creyó que el conocimiento le libraría de la pasión/ y descubrió la pasión del conocimiento". Sergio Ramírez era, y supongo que sigue siendo, un gran diseñador y muy buen pintor. Lo descubrí en la Universidad Politécnia de Madrid, muy joven , trabajando él de conserje y yo de jefe de prensa. Lo rescaté para el arte y para el diseño en lo que es un verdadero talento. No sé que habrá sido de él, pero Indicios y desmemorias me lo ha traido a la memoria. Diseñó para Akal y para Molinos de Agua magníficos libros. Y le preparé una exposición , creo que en Orfila , con un prólogo del Rector de la Politécnica, Rafael Portaencasa, que no sabía nada de pintura. Portaencasa tampoco sé si sabía de política, pero una vez me lo encontré en un hotel de la Habana y se puso muy nervioso. Portaencasa se portó muy bien conmigo, sobre todo a raiz de que yo lo viera en Cuba y él no me viera a mí; se decía que era del Opus. No sé qué haría en Cuba; sólo sé lo que hacía yo.
Acumular una biblioteca es una obra de toda la vida y, de golpe, ese montón de sentimientos, privaciones, lecturas e insomnios se torna doloroso cuando se agrietan en una tarde. Lo hecho, hecho está y no me arrepiento de que parte de mi vida retorne a Colmenar Viejo donde he vivido y pienso seguir vivido momentos maravillosos. Cerca de dos mil volúmenes de literatura taurina; me quedo con medio centenar para no cortar de golpe con mis aficiones . Tengo la sensación de que con ellos se va una época; como si los toros, la corrida, memoria histórica y cultural de este país, se fuera al carajo. Como si el destino de la Fiesta fuera ese: el Museo de la Historia. No quiero ponerme melancólico, pero presiento que con esos centenares de libros se van cientos y cientos de tardes, de artículos, de polémicas. Hasta aquí hemos llegado y lo que tenga que pasar pasará. Los toros me han dado muchos amigos, grandes emociones, alguna áspera controversia. Tantos amigos que, cuando dentro de dias, aterrice en México para hablar de teatro con la UNIR, Ignacio Amestoy y otros colegas, algunos me esperarán en el aeropuerto para hablar de toros como hacemos en los aledaños de las Ventas por mayo y en el Arenal de Sevilla por abril.
Ana sigue empaquetando libros, sin gran pena, porque nunca tuvo pasión por los toros. Mataría, en cambio, si le tocan su biblioteca de narrativa, española y extranjera, que es lo que más ocupa de la casa. A cada libro le echo una mirada que solo yo sé descifrar: "estos, Fabio, !ay dolor! que ves ahora/ campos de soledad, mustio collado". No tardando mucho las baldas de la librerias y las paredes, serán un erial. Porque con los libros, mandamos también al museo de Colmenar casi un centenar de dibujos y de cuadros taurinos; no es que sea el Museo del Prado, pero hay piezas notables y la mayor parte de ellas dedicadas.
En estas reflexiones, me sorprende una llamada de Luis Santos, viejo amigo de complicidades y aventuras. Luis es muy alto, muy alto y se casó con Pilar de Miguel, buena amiga mia, que era muy baja, muy baja y muy guapa y muy roja. Luis me dice que quiere publicar algo y que le oriente. Luis me dice que ya no sabe dónde está; de sus viejos referentes políticos, Althuser enloqueció y estranguló a su mujer, cosa que Luis Santos no ha hecho con Pilar. Poulantzas, dice, se tiró desde un séptimo piso, circunstancia que a mí me había pasado inadvertida o he olvidado. Quedamos en vernos. Luis era de los pocos que no confundía el marxismo científico de Althuser con un difuso humanismo que era por donde el revisionismo carrillista queria colarnos -y de hecho lo coló- la ortodoxía althuseriana: una visión y una versión muy española.
Algunos amigos me piden que publique en este blog mis extinguidos Sonetos de la impostura que, en los 80 por poco me echan de España. Haré algo mejor y más sorprendente, palabra. Pero antes, para hacer dedos como los pianistas, quiero recuperar un poema taurino-cachondo de los 90 dedicado a mi amiga Laura Tenorio en un rifirrafe que tuvo con el torero Oscar Higares. Laura se hizo ganadera, de Martín Peñato, y supongo que sigue siéndolo, además de tuitera muy activa y estudiosa de grandes disciplinas. Laura me contó la historia, un poco bronca, de Oscar Higares y yo lo resumí así: Higares: "tú Tenorio?. Vamos anda/ Me duras un muletazo;/ me doblo, te doy distancia/ bajo la mano, te aprieto/ me ciño y, sin despeinarme/ te domino y te someto". Respuesta de Laura: "Tú un muletazo?. Lo dudo./ Gurripinas y mantazos./ ¿Doblarte?./ Eres muy alto,/ !Jesús que tío tan largo!/; parece un espantapájaro. / Antes de que te des cuenta/ chopo, poste, vara larga/ te meteré un tornillazo/. El son de esta sevillana/ merece toreo grande./ O un cante por soleares/ o un suspiro de Triana/ Y no un chotís verbenero/ de un matador teatrero/ esaborío y cateto". !Va por tí y por Triana!. Si te gusta este recuerdo , difúndelo en Twiter donde tienes tantísimos seguidores. Y no vuelvas al periodismo; esto está peor que lo de Oscar Higares.
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