Al fin Gabi en el eterno descanso; literal y sin metafísicas. Bernardino, el jardinero ha cavado un hueco junto a las cenizas de Chomi: un hombre y una mujer juntos para siempre. Los nietos, David y Diana mezclan las cenizas. Para enterrar a los muertos, escribió León Felipe, cualquier persona vale menos un sepulturero. Las hijas Ana y Yolanda y alguna amiga colateral y fidelísima: Patricia, Concha: los cabales. Gabi era buena aficionada a los toros; de Benavente (Zamora). De recia casta zamorana: por lo elegante y por lo fino, eso sí. Las cenizas de Gabi descansan bajo un lauro en Colmenar Viejo, como las de Orson Wells reposan en Valcargados bajo un olivo que eligió, creo, Antonio Ordóñez. No hemos podido traer albero de La Maestranza de Sevilla o de Ronda, como en Valcargado, para mezclarlo con ellas. A cambio, la acompañan flores de Enrique Ponce que dan a la íntima ceremonia cierto aire torero. Ya estoy fuera, pero de seguir en esto, me costaría hacerle una mala crítica. Aunque muchos no lo crean, los críticos también tenemos corazón. Gabi era poncista; se lo dije un dia a Erique Ponce y a Paloma Cuevas en una cena del Valle Inclán de teatro. Y la reacción fue fulminante: "pues tu suegra debe ser una mujer de sensible inteligencia". Lo era. Me había expropiado un óleo de Perellón para su cuarto de estar: "el mejor natural que has dado nunca", le dije a Ponce. El argumento de Gabi era firme: "de momento para mí, cuando me muera se lo regalas a Ponce si quieres". También se lo dije y ahora, claro, lo refrendo: el cuadro es suyo.
Flores de Enrique y Paloma Cuevas para las cenizas de una aficionada. Gabi me creó más problemas por algunas críticas, que el propio Ponce que, dicho sea de paso, nunca me creó ninguno. Y no puede decirse que yo haya sido misericordioso con el torero de Chivas; salvo en las tardes cumbres, lo cual ya no es miseriordia, sino justicia. Una tarde que escribí Ponce pone la muleta donde debía ponerse él, Gabi por poco me mata; por lo fino y por lo elegante, eso sí; sin rebrincarse ni pegar tornillazos. Paró a tiempo pensando que no merecía la pena dejar viuda a una hija y tiró de mano izquierda. En su estilo de vida, y creo también que en su apreciación de Ponce, era una síntesis de la pinturería sevillana de Pepe Luis y la sequedad lidiadora de Andrés Vázquez su paisano. Y se puso a hablarme de los terrenos y la colocación ante la cara del toro, teoría recurrente en mis escritos. No varió el sentido de mis crónicas porque en esta familia, pese a discrepancias coyunturales, la independencia laboral ha sido respetada siempre como sagrada.
La teoría de la colocación tuve oportunidad de escuchársela in person y en una faena de salón, al propio Ponce una noche en Burgos. Gonzalo Santonja nos había invitado a ambos a un mano a mano en un teatro ante 500 espectadores. Tras las ovaciones al torero de Chiva, me convencí: "estoy en desventaja, jamás podré torear como habla este hombre". El mano a mano continuó en la cena y, a los postres, Ponce se puso a pegar pases con todo el restaurante aplaudiendo los muletazos. Y explicando la colocación ante el toro. Sólo pude decir: "eso dentro de quince dias en Bilbao en las CC GG y delante de un victorino". En vano: Ponce ya tenía las orejas en la mano: en el escenario y en el restaurante.
Diana y David aplanan y apisonan la tierra: un pequeño mármol rosa, traslúcido y mexicano, con una escena azteca, a guisa de lápida. Y un jarrón de barro donde nunca faltarán flores. !Va por tí!. Una una suegra así, ayuda, o por lo menos no dificulta 43 años de convivencia con una hija también de mucha casta.
jueves, 28 de noviembre de 2013
martes, 26 de noviembre de 2013
GUÍA PARA LEER A EUGENIO NOEL.
Al final, Eugenio Noel, iba a tener razón: maldades del flamenquismo. Pero el flamenquismo como el torerismo nada tienen que ver con el flamenco ni los toros. Antorrín, de La Quimera, ha publicado una carta para defenderse de las acusaciones de intrusismo del que le acusan El Corral de la Morería, Torres Bermejas, el Café de Chinitas y alguno más de menor renombre. Lugares legendarios del cante jondo, hoy convertidos en trampas para guiris, arrastran su historia por los suelos y mandan a la Quimera los guindillas del Ayuntamiento para que inspeccionen no cómo cantan y bailan y tocan Antorrín, el Pescao (el último genio del jondo) el Persa, Raquel Valencia, la Volcán y toda la tribu, sino para que comprueben si tienen los permisos en regla.
En qué ha ido a parar la honra y el honor de los flamencos para llegar a estas miserias?. Claro que de flamencos, si lo que expresa el quejío de Antorrín, es cierto, puede que no tengan más que una historia degradada y en nombre. Recordémosles una vieja sentencia: “en mi hambre mando yo”. O la que acostumbra a decir El Pescao: “Para cantar una seguiriya hay que haber jugado al escondite con el hambre”.
Eugenio Noel es un buen escritor menor de la gran constelación del 98. Se le conoce sobre todo por sus soflamas contra los toros y el flamenco: un mesías, un redentor de una España zaragatera y triste según él. En el flamenquismo halló el infortunado Eugenio Noel una razón de vida. No llegó nunca a brillante panfleto ni a la dialéctica de Pan y toros: oración apologética en defensa del Estado floreciente de España: atribuido primero a Jovellanos, aunque demostrado está que es de Leon del Arroyal. A Noel le dolía España, pero tanto o más le dolía su fracaso literario, su pobreza, que a veces, rayaba la miseria. Su vida de escritor de mucho mérito y pocos reconocimientos fue su infierno y su condenación. Y, habiendo querido ser torero dio en atribuirle a los toros el origen de los males de España. No se le ocurrió pensar, como Blanco White, que la raíz de la decadencia de España era, y quizá siga siendo, “religión y mal gobierno”. Eugenio Noel había sido seminarista, pero no llegaba a las profundidades taurino-teológicas del sevillano nacido a la vera de La Maestranza. Noel era de Tardajos, Burgos, con menos sutilezas que el Arenal de Sevilla.
La editorial Almuzara ha publicado un libro capital para entender a Eugenio Noel: Diario íntimo: novela de la vida de un hombre. Una autobiografía desde Tardajos hasta un hospital de beneficencia de Barcelona donde murió que bien pudiera llamarse, parafraseando a Gómez de la Serna, “automoribundia” trágica.
Otro autor del catálogo de Almuzara, necesitado también de amplísima reinterpretación, es Manuel Chaves Nogales, un republicano liberal que murió en el exilio de Londres en 1942. Chaves Nogales es mucho más que el ameno exégeta del Belmonte que fue lo que le dio fama; es el autor de Andalucía Roja, Los enemigos de la República, Qué pasa en Cataluña, Semana Santa sevillana. Sus reportajes, sus libros de viajes, parecen escritos hoy mismo.
Y, puestos a nuevas guías y relecturas, El teatro del exilio, de Ricardo Doménech, edición de Fernando Doménech y de Cátedra. Ricardo dejó un amplio material manuscrito que Fernando ha ordenado hasta llegar a este volumen esencial sobre el teatro de la España Peregrina. Se presentó en la Resad y aquello parecía una reedición de los actos celebrados en México hace un mes, organizados por la Unir: el exilio y los exiliados; el teatro que no pudo ser, pero que acaso lo sea todavía. La dramaturgia de vanguardia de los transterrados, es difícil pero no imposible.
domingo, 24 de noviembre de 2013
COLMENAR VIEJO, UN INMENSO MUSEO
Entre las calamidades de toda índole de estos dias, la apertura de la Sala Javier Villán en el Museo Taurino ha sido una de las alegrías que iluminan, siquiera fugazmente, las sombras de nublados varios, esos que a veces ensombrecen el Cielo de Colmenar; uno es uno y su gente. Siento que Gaby, la madre de Ana, no haya podido disfrutar de su hija, firmando la donación de cuadros y libros, hablando al personal y los miembros del Ayutamiento para explicar el sentido y las razones de la donación. En compensación allí están la otra hija, Yolanda y los nietos, David y Diana y dos amigos de toda la vida, Bernardino alias Tadeo, el cantero y Concha su mujer. Tras el acto institucional, el portavoz de Izquierda Unida reclama que si hay más libros y más cuadros, todo Colmenar Viejo está dispuesta convertirse en Museo y Biblioteca, más o menos; una forma de refrendar la gestión cultural que con Ana y conmigo ha llevado a cabo el equipo municipal del PP. Luego viene Paloma, también de IU, a la que conozco desde niña no sé cuántos años hace. No es aficionada a los toros, yo creo que los detesta como mi ahijada Diana. Paloma se queda extasiada ante un grabado del retrato que le hizo Buero Vallejo a Miguel Hernández en la cárcel de Porlier. Miguel Hernández fue redactor del Cossio y don Francisco le quitó el hambre antes de la guerra y logró que le conmutaran la pena de fusilamiento por la cárcel, a la que el poeta no sobrevivió. De los concejales del Psoe no conozco a nadie y, además, están diezmados, casi aniquilados por su propio partido que practica la táctica de tierra quemada de su jefe Rubalcaba; pero también han firmado un acta aceptada por unanimidad.
Nos vamos a tomar un buen clarete de Cigales y los edilas siguen hablando de política: Supongo que los plenos son menos apacibles, pero así es la política municipal. Ir por la calle con el alcalde, Miguel Angel Santanaría es una peregrinación; me recuerda cuando iba por Palencia con Heliodoro Gallego o lo que cuentan los coruñeses pasaba con Francisco Vazquez. Todo el mundo los para, todo el mundo los abraza, todo el mundo les cuenta sus cuitas y se interesa por la familia. Son los alcaldes eternos; al menos mientras la eternidad la marquen las urnas. En política me dice Miguel Ángel Santanaría "el único futuro que debe preocuparnos es el del pueblo. Mientras, todo es presente que es una forma de amarrar el porvenir imprevisible". Ójala fuera esa la política de Estado, respondo yo. Me entero que el padre de Miguel Angel Santamaría es un señor mayor que anda por allí apoyado en dos muletas, parándose curioso ante cada cuadro. Todo me recuerda cuando Heliodoro
Gallego me invitó a dar un pregón en el Teatro Principal de Palencia entre maceros y fanfarrias: sudaba. Luego, estuve bien o, por lo menos, mi hermana Elisa lloró mucho. Aquí no sé si he estado bien o mal y quien lleva la voz cantante, seca de sintaxis, pero muy jugosa de estilo sentimental es Ana. Luego le recordamos a Paloma mis tiempos, cuando con el embajador Puente Ojea, ateo militante ante la Santa Sede, Lurdes Ortiz, Javier Alfaya, Antonio Elorza, Jaime Sartorius, Cristina Almeyda y algunos más fundamos el Grupo Indepediente de IU. Entre esos algunos más , estaba uno que acabó siendo portavoz del Psoe de no sé qué cosa. Un dia Puente Ojea y yo nos levantamos de una reunión y dijimos ahí os quedais; "para ser una sucursal del Psoe, nos afiliamos directamente" No nos afiliamos a nada, claro. Me habían comisionado con Sartorius para ir a hablar con Achile Ocheto, que nos explicara los secretos del Olivo. Devolví los billetes.
El Alcalde paga los Cigales, los Rueda, los crianzas de Rioja: y los boletus, las croquetas, la chistorra, los boquerones y la paella. !Viva el señor Alcalde!. Vuelvo a Madrid con la sensación agridulce de que con esta donación taurina se queda atrás mi vida de cronista. Aunque no del todo; puede decirse que hace 45 años aprendí a ver toros en la vieja plaza de Colmenar. Otro detalle taurino-pictórico: Antoñete, el gran maestro, y José Diaz, -algún cuadro suyo está en esta sala- en época de penuria, pintaron juntos de blanco y almagre los mojones de la carretera de Madrid a Miraflores. Y luego ahí los tienen: un grandísimo del toreo y un grande de la pintura
Nos vamos a tomar un buen clarete de Cigales y los edilas siguen hablando de política: Supongo que los plenos son menos apacibles, pero así es la política municipal. Ir por la calle con el alcalde, Miguel Angel Santanaría es una peregrinación; me recuerda cuando iba por Palencia con Heliodoro Gallego o lo que cuentan los coruñeses pasaba con Francisco Vazquez. Todo el mundo los para, todo el mundo los abraza, todo el mundo les cuenta sus cuitas y se interesa por la familia. Son los alcaldes eternos; al menos mientras la eternidad la marquen las urnas. En política me dice Miguel Ángel Santanaría "el único futuro que debe preocuparnos es el del pueblo. Mientras, todo es presente que es una forma de amarrar el porvenir imprevisible". Ójala fuera esa la política de Estado, respondo yo. Me entero que el padre de Miguel Angel Santamaría es un señor mayor que anda por allí apoyado en dos muletas, parándose curioso ante cada cuadro. Todo me recuerda cuando Heliodoro
Gallego me invitó a dar un pregón en el Teatro Principal de Palencia entre maceros y fanfarrias: sudaba. Luego, estuve bien o, por lo menos, mi hermana Elisa lloró mucho. Aquí no sé si he estado bien o mal y quien lleva la voz cantante, seca de sintaxis, pero muy jugosa de estilo sentimental es Ana. Luego le recordamos a Paloma mis tiempos, cuando con el embajador Puente Ojea, ateo militante ante la Santa Sede, Lurdes Ortiz, Javier Alfaya, Antonio Elorza, Jaime Sartorius, Cristina Almeyda y algunos más fundamos el Grupo Indepediente de IU. Entre esos algunos más , estaba uno que acabó siendo portavoz del Psoe de no sé qué cosa. Un dia Puente Ojea y yo nos levantamos de una reunión y dijimos ahí os quedais; "para ser una sucursal del Psoe, nos afiliamos directamente" No nos afiliamos a nada, claro. Me habían comisionado con Sartorius para ir a hablar con Achile Ocheto, que nos explicara los secretos del Olivo. Devolví los billetes.
El Alcalde paga los Cigales, los Rueda, los crianzas de Rioja: y los boletus, las croquetas, la chistorra, los boquerones y la paella. !Viva el señor Alcalde!. Vuelvo a Madrid con la sensación agridulce de que con esta donación taurina se queda atrás mi vida de cronista. Aunque no del todo; puede decirse que hace 45 años aprendí a ver toros en la vieja plaza de Colmenar. Otro detalle taurino-pictórico: Antoñete, el gran maestro, y José Diaz, -algún cuadro suyo está en esta sala- en época de penuria, pintaron juntos de blanco y almagre los mojones de la carretera de Madrid a Miraflores. Y luego ahí los tienen: un grandísimo del toreo y un grande de la pintura
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