viernes, 20 de diciembre de 2013

LIBROS, LEER, LEER, ESCRIBIR; ASÍ TODA UNA VIDA.

Como escribió Borges, puedo no estar orgulloso de lo que he escrito; pero sí de lo que he leido. Llegan libros de todas partes para estas Navidades; novela, ensayo, poesía. Hace unos meses le dije  a Alfonso Armada, el periodista, no el general del 23 F, que esperaba de él un libro de poemas y un estreno de una obra de teatro. Armada es un excelente poeta y un gran dramaturgo. La primera parte, el libro, ya está aquí y se llama Fracaso de Tánger; la segunda, la obra de teatro, la espero. Alfonso Armada es un poeta raro y ha escrito un libro que se lee al revés, como en árabe. Mejor dicho, se puede leer en dos direcciones; o sea de atrás para adelante y de adelante para atrás. Paseos por Tánger y paseos por el alma de alguien que quiere o necesita olvidar. Tánger es una ciudad para vivir y para olvidar, refugio de solitarios. Es muy raro  Alfonso Armada y busca siempre la complicidad obligada del lector; o del espectador de teatro. Recuerdo por ejemplo, Sin maldita esperanza, El alma de los espejos.  Como, además, es escritor de libros de  viajes, Fracaso en Tánger reúne al poeta y al viajero. Y quizá también al dramaturgo. Leeré a fondo este libro estas Navidades. Y espero un estreno de Armada; a ver si es tan puntual y cumplidor como con el libro de versos.

Alberto Estella, de Salmanca, me envía una antología de sus artículos y columnas que bautiza con el severo título de Columnata. Estella domina la técnica y la estructura de la columna periodistica, la otra es una afortunada metáfora,  y escribe no con la libertad que le dejan, sino con la libertad que se te toma. Celebra su mayoría de edad, bastante mayor,  con el periodismo y con la vida,  citando una frase firmada por Heywood Broun: "he cometido errores. Me he cmido palabras y columnas completas. Pero nunca escribí nada que no hubiera creido entonces" . Su código ético es simple: "denunciar las conductas públicas merecedoras de reproche". Así ha pasados sus innumerables Cabos de las Tormentas y así sigue. Sus modelos son Francisco Umbral, Manuel Alçántara y, no sé en qué medida, el turbulento   César González Ruano, a mi me parece que muy ajeno a la filosofía de Estella  A mi me sitúa entre dos excelentes escritores, Gonzalo Santonja y Juan Manuel de Prada, ambos con una vena religiosa que yo no tengo, Gonzalo via José Bergamín y De Prada, via vaticanista. Isabel Bernardos,  también escritora y también de Salamanca, me informa de que Estella ha cedido sus derechos a  una obra benéfica que se llama Proyecto Hombre que gestiona el padre Muiños. A mi me ha regalado el libro con una recomendación: "entra en una Iglesia y echa cinco euros en el primer cepillo que encuentres". Lo haré, sin duda. Admiro y tengo por amigo a Albero Estella porque conmigo ha sido siempre, no sé si justo pero sí benéfico. Por su voto y por su influencia de prohombre salmantino, ganadero consorte y abogado y político por derecho propio, me dieron el premio Timbalero   a las mejores crónicas taurinas de una Feria de Salamanca. Sin que nadie se ofenda es el Premio que más quiero, José Sánchez Gómez fue buen revisero taurino, amigo de Joselito el Gallo y republicano fusilado al amanecer. Su figura de un republicanismo moderado, gente de bien, siempre me había llamado la atención. Y viene un dia Alberto Estella y el resto del jurado y "zas!, me dan el premio.

Primera novela de Alejandra Alloza que escribía muy bien el teatro alternativo y era la cara guapa visible del programa de Televisión española, Cultura con eñé. Era un gran programa que cuanto más exito tenía más lo retrasaban en la parrilla de salida y llegó a emitirse en madrugada avanzada. Tacones en el banquillo  es el título de una novela basada en un hecho real de una mujer que rompe todas las convenciones de una sociedad machista, ambientada  en el fútbol, los medios de comunicación. Oportunísima la salida de esta novela sobre el fútbol, sus ídolos hermosos pero con pies de barro y dirigentes que meten la mano en la caja. Y en mitad de todo ello, una mujer entrenadora: una mujer de carácter en medio de la violencia. Fácil de leer, estilo ameno y periodistico. O sea, Alejandra Alloza

lunes, 16 de diciembre de 2013

EL ÚLTIMO GUERRILLERO DE ESPAÑA Y EL CORONEL AYMAR

Recientemente descubrí en tuiter un nombre: Sergio Reguilón. Le pregunté si tenía algo que ver con Lucas Reguilón, el "último guerrillero", nacido en Villar de Prado, condenado a muerte "en rebeldía" una decena de veces, y encarcelado al fin durante 20 años; me contestó que sí, pero que en su familia había gente que le inspiraba más devoción que Adolfo-Lucas Reguilón, cuyas ideas no compartía; mismamente la  tia Matilde de la que nadie habla. A lo que se ve, una familia partida y enconada por la guerra fratricida, como tantas en la España de escombros y sangre de 1936. A la tia Matilde los rojos le raparon la cabeza, le dieron aceite de ricino y la pasearon por el pueblo de Villar de Prado, me atrevo a pensar que no emplumada y con Sambenito. Mientras, deduzco, Adolfo-Lucas Reguilón estaba en armas contra los facciosos,. Su hombre de batalla y de clandestinidad era Eubel de la Paz.  Esta es la imagen que, más o menos y dolorosamente, me transmite Sergio Reguilón en sus tuits. ¿Quién dijo que el tuiter es pura frivolidad y un patio de vecindonas?.

Tengo a mano el libro El último guerrillero de España (Notas de un combatiente por la paz demócratica en nuestra guerra  incivil). Extraño asunto: paz democrática con las armas en la mano. El término incivil lo han popularizado reientemente Gonzalo Santonja   y Luis María Anson; el libro en cuestión se publicó en 1975, Tiene una dedicatoria manuscrita de perfecta caligrafía, letra pulcra de maestroescuela  que es lo que era Lucas Reguilón: "Para Ana y Javier, esperando que, entre todos, podamos contribuir en alguna medida a la auténtica y definitiva liberación de España y de toda la humanidad". Hay otra dedicatoria impresa: "A mi hija Flor del Pueblo Reguilón y Villalba que, a sus 30 años, deprimida por nuestro largo calvario, puso fin a su vida cuando me hallaba cautivo en Burgos. Con el último beso que no me permitieron poder darla(Sic)". Y luego, antes de la autobiografía, algunas consideraciones morales: "Si todas las guerras, son manifestaciones de los instintos feroces (...) las que`producen la mutua destrucción de conciudadanos, más que guerras civiles, son todo lo contrario: INCIVILES". El libro es un relato pormenorizado de hazañas bélicas y posiciones políticas que ocupó: Comisario y comunista en la guerra, Jefe de Guerrillas de la Región Central en la posguerra; después la cárcel. Y, al final, liberación democrática.... Le prometí a Sergio Reguilón que, a cambio de lo que él me ha contado de Matilde, yo le contaría lo que  sabía
de Adolfo Lucas. Y así hago; intención puramente informativa y testimonial. Y, como colofón, los versos a su torturador, el siniestro Coronel Aymar. Reguilón explica  que el Soneto a mi  muerte (Dedicado al Coronel Aymar), lo escribió en una celda de castigo "con pies y manos ulcerados por el frio y se lo entregué personalmente". Reguilón debió de temer que si el papel caía en manos de un carcelero apodado El Caimán, este acabaría dándole una paliza.

 A mi muerte.
!Cuántas veces cruzaste mi camino
y siempre has respetado mi entereza.
Yo sé que no me salva mi destreza,
sino tú, que respetas mi destino.

Te quiero, aunque parezca peregrino,
cual parte de mi fiel naturaleza,
como ciclo agradable, sin pereza
al terminar los plazos de mi sino.

Cuando seas servida yo te espero
como amiga infalible que me llama.
Solo te oido para el dia postrero

ir a tí limpio y firme, aunque sin fama,
depués de haber servido con esmero
a La Patria común que el Hombre ama.
Adolfo-Lucas Reguilón.

Seguro que el Coronel Aymar,  administrador de la muerte y dispensador de torturas, no entendió nada. Y yo tampoco, lo confieso. Yo soy más malo  que Eubel de la Paz.. Si lo entiende el pariente  de Adolfo Lucas, Sergio Reguilón, mejor que mejor.

jueves, 12 de diciembre de 2013

CURAS, COMECURAS Y VEGETARIANOS. Un cura escribe de Manolete.

No sé lo que pensará mi amigo Felix Población que escribe un Diario del Aire que ya me gustaría a mí;  en  este país llamado España, a menudo   llamado las Españas, siempre andamos a vueltas con los curas. Una veces delante con un cirio  y otras detrás con un  garrote. Este es un país bastante cafres que la toma con los curas;  y los curas, dejando aparte su sagrado ministerio pastoral, responden no infrecuentemente convirtiéndose en curas trabucaires, o sea con el trabuco al brazo. El cura Merino es el ejemplo que se me ocurre y más a mano tengo para no entrar en sucesos más próximos, la  Cruzada misma, o el nacimiento de Eta en las sacristías. O la protección que las mismas, las sacristías, algunas, dispensaron en el franquismo al Sindicalismo de CC OO. Respecto al título de este artículo no es más que lo que es; los curas son los curas, unos señores con sotana o sin ella y los hay buenos y malos. Como ciudadnos,  que la valoración de buen cura o mal cura pertenece a otro negociado. Comecuras son los anticlericales furibundos, que  no hay muchos, esta es la verdad y distan mucho de ser aquellos enegúmenos de revistas como El Motin, Sin Dios o Frailazo, que otros escriben Fray Lazo. Eso por no citar los tremendos frailes de Goya en sus Caprichos. Ya quisiera la revista Mongolia, o algunos de sus colaboraes/as  parecerse a aquellas. Cuando las primeras elecciones democráticas, Fraga Iribarne quiso resucitar el miedo a los comecuras marxistas,  en su versión literal y no metafórica, en la persona de Marcos Ana. Acusó a este,  que se había pasado mogollón de años en la cárcel,  de haber arrancado la oreja a un cura de un mordisco. Era un chaval pero, según Fraga, Marcos Ana ya tiraba al monte del canibalismo eclesial.  Los vegetarianos somos pues eso, vegetarianos: ni carne ni pescado, ni chicha ni limona; nos nos comemos a los curas y tampoco nos lavamos en agua bendita. En el fondo nos da igual; pensamos que la Iglesia, como Institución, siempre ha estado al lado del poder, pero que hay curas y monjas abnegados y que sacrifican por sus hermanos en Cristo. Ahí es donde queremos ver a Papa Francisco. Mano dura.   

He conocido curas de  todas las capas y pelajes, pero no había conocido a ninguno que hubiera escrito un libro tan serio, tan profundo sobre Manolete, Pedro Ballester Lorca: de lo estrictamente taurino, a lo humano y lo político.    Hay curas y curas; está, por ejemplo, el padre Muinos al que Alberto Estella, de Salamanca, cede todos los derechos de su libro de columnas y artículos, para ayudar al Proyecto Hombre. Aún no tengo el libro presentado ayer u hoy, pero tan pronto como lo consiga, me ocuparé de él, de la prosa rica y certera de Alberto Estella y de los beneficios que destina al Proyecto Hombre, del prebítero pasre Muinos. Cristina Cerezales Laforet, que vive parte del año en Algeciras y hoy ha presentado en la libreria Alberti El pozo del  cielo, su última novela, me habla con entusiasmo del Padre Patera, dedicado a la protección y salvaguarda de prófugos negros,  inmigrantes a la merced del mar. Conociendo a Cristina Cerezales, no me extrañararía que después de haber dejado la pintura por la novela, acabara dedicándose  a las misiones de las olas con el Padre Patera. La perdimos para la pintura y sería malo perderla para la novela en la que ha entrado ya con fuerza imparable.

Volviendo a Pedro Ballester Lorca, cuyo libro me ha mandado Conrado Abellán, Como un ciprés. Manolete, ha escrito un libro voluminoso, trabajado a conciencia y producto tanto de la fé en el Monstruo y su significado histórico y social, como de su afán de erudito y su afición a los toros. Es muy difícil aportar algo  nuevo sobre  Manolete, el torero con más bibliografía  de la historia y sobre el cual se ha escrito desde todos los ángulos y trincheras. Tal fenómeno parece impensable hoy y para que se repitiese, aunque fuese de lejos lejísimos,  tendría que ocurrir una desgracia, dios no lo quiera, a la cual le faltaría por añadidura, la base mítica que en vida tenía ya el califa cordobés.   Como un ciprés es un libro beligerante, polémico y que se va al pitón contrario  sin escurrir el bulto. Como Manolete en la cornada fatal de Linares; en corto y por derecho.. Y, como el cura Pedro Ballester da nombres y apellidos de los detractores del fenómeno cordobés, sera un libro  controvertido. Lo primero que leí sobre Manuel Rodríguez fue lo de Narbona el periodista sevillano, padre de la ministra Narbona que hace pocos años quiso abolir los toros. Tengo para mí aquello fue una venganza freudiana, un intento de matar al padre, franquista se supone,  o no, da igual, por parte de una Ministra sociata
Me he parado especialmente en la parte final, la que el autor rotula como  La leyenda negra que no cesa en la que, para desmentirla, Ballester se emplea más a fondo. Esta se componía de una serie de elementos que supuestamente marcaron su vida, como la adhesión incondiconal al  Régimen, ser su apéndice propagandístico. La relación en México con el exilio, en especial con Indalecio Prieto, desmiente esa filiación política lo cual alarmó, cierto, al franquismo.  Manolete era un ser triste que sólo alegró su vida cuando se enamoró de Lupe Sino, casada con un exiliado, comisario anarquista  de Cipriano Mera. Aquel escándalo tampoco lo acredita a Manolete como apéndice del nacionalcatolicismo. Se lo ha presentado como un degenerado, alcohólico y drogadicto, de orgía en orgía, pervertido por la lujuria y el desenfreno sexual de Lupe que acabó con su vida. Ballester rebate con énfasis estos extremos y otras atrocidades; pero absuelve de responsabilidad, o eso meparece,  a Camará y Alvaro Domecq en el trato vejatorio que dieron a Lupe Sino, antes en y después de la muerte de Manuel Rodríguez. Hay evidentemente puntos oscuros en la historia de Manolete, entre ellos el destino de su cuantiosa herencia, que nunca dejarán de sobrevolar sobre la memoria del apoderado y del rejoneador. Pero se esté o no  de acuerdo con Pedro Ballester Lorca, Como un ciprés: Manolete, es un libro serio, beligerante y que maneja una enorme documentación; además de defender una serie de opiniones en muchos casos irrebatibles. La sagacidad de Ballester lo lleva a señalar, no sin cierta ironía, el paralelismo antagónico que algunos pretenden establecer entre Manolete y José Tomas: aquel, un torero franquista; este un torero republicano. Como novedad más llamativa, el autor recoge, a título puramente informativo, la más reciente teoría de un suicidio consciente e incluso de una "muerte planificada"; es decir, un asesinato por lo más retrógrado del franquismo. !Jesús, qué cosas!.