Acumular libros es una gozada. Y leerlos, más; eso es una obviedad. Aunque, como decía no sé quién, no aprovecha todo lo que se come sino lo que se digiere. Me parece recordar que era doña Gertrudis Gómez de Avellaneda, pero no me atrevería a poner la mano en el fuego. Indicativo de la cultura de una persona que visita tu casa y se queda pasmada ante los miles de libros, es la pregunta tópico: "Y ¿los has leido todos?". Pues sí, dejéemoslo en casi todos. Algunos se solventan con el prólogo y otros con la solapa y contraportada. Otros esán sobados, requetesobados, subrayados, anotados. A casa siguen llegando libros, además de los que compramos de motu propio. Y no se tira de un sencillo opúsculo. Es como el síndrome de Diógenes en positivo; no se trata de acumular mierda, sino saberes, conocimiento, sabiduría; aunque no siempre y uno acaba por preguntarse para qué sirve leer tanto. Si la respuesta no es para gozar, por puro placer de leer, ,mala cosa. Borges lo decía: "puedo no estar orgulloso de lo que he escrito, pero sí de lo que he leido. Mentía en parte; orgulloso estaba de lo que había leido y también, y mucho, de lo que había escrito. Pura pose. Lo que se dice tirarse el nardo.
Últimos libros recibidos de la ADE, al frente de la cual Juan Antonio Hormigon está llevando a cabo una ingente y ciclópea labor editorial. Hormigón tiene acumulado en su cabeza todo el saber del teatro. ¿Tendrá tiempo de leerlos nuestra gente de la farándula?. Les vendría bien, a todos nos vendría bien:
Erwin Piscator: Teatro, política, sociedad. Edición Cesar de Vicente Hernando. Publicaciones de la Asociacion de Directores de Escena.
Tres palabras, tres conceptos indisociables: teatro, política y sociedad. Hablando de teatro político, en Piscator está todo. Perseguido por los nazis, como Brecht, ya había desarrollado en los años veinte los fundamentos de un teatro como análisis de la sociedad. Siempre polémico, siempres agudo y sagaz. Sin Piscator hubiera sido imposible el Brecht más dialéctico y didáctico; y tampoco sería entendible Peter Weis ni el Teatro Documento en general. La formulación de un teatro del proletariado en el periodo de entreguerras y los fundamentos del Teatro Documento en los cincuenta y sesenta del pasado siglo. Su labor de director, con la cumbre de Guerra y Paz, sentó las estructuras de un teatro revolucionario y de agitación; un teatro que supuso, desde el plano de la dirección y desde su profundización en la práctica actoral y la iluminación, un cambio radical en la teoría y la práctica de la renovación escénica. Excelente edición de César de Vicente Hernando de un volumen presidido por el rigor y por una idea capital "las características de la clase social dominante determinan las formas de la creación artística". De ahí la preocupación de Erwin Piscato por fijar un teatro del proletariado y el Teatro Documento".
domingo, 26 de enero de 2014
miércoles, 22 de enero de 2014
MANU LEGUINECHE, EL LOBO ESTEPARIO. IN MEMORIAM
La muerte carecía de importancia; era una posibilidad de la tribu guerrera del periodismo, lo que todos hubiéramos querido ser cuando salimos de la Escuela: corresponsales de guerra. Manu Leguineche ha muerto. Me acordé de él cuando lo de Javier Espinosa y compañeros cautivos. Hacía tiempo que solo yendo a Guadalajara se podía tener comunicación con él. Estaba ciego y parado en una puta silla de ruedas, un tormento infernal para cualquier hombre. Y más, supongo, para un hombre de trinchera y viaje. El último recuerdo, dos botellas del mejor vino, cuando fui a Guadalajara a dar una charla sobre toros. Una nota: "no puedo estar ahí. Pero el vino siempre fue mejor compañía que la mía. ¿Has mejorado tu técnica de mus?". Cuando le dieron un premio en el Mundo o un homenaje, no recuerdo, me costó acercarme a su silla y que solo me reconociera por la "voz, de órdago a juego con treinta y tres". Ya empezaba a ver nada más que sombras.
Hace tiempo había dicho adios a las madrugadas belicosas de mus y güisqui, hace tiempo que había dicho adiós al periodismo, anclado en una puta silla de ruedas, rodeado de la oscuridad de Homero; un lobo estepario. Estas navidades hablé con Javier Reverte, allá por África a la caza de un nuevo libro. " no hay nada que hacer; Manu está como un vegetal".
Para las nuevas generaciones, un maestro; para nosotros, los carrozas de aquel tiempo de plomo y de ceniza, un amigo. Si algo aprendimos, y Manu también lo aprendió, es a no tener maestros ni héroes ni dioses: solo alguna diosa nocturna de escarcha y madrugada. En su casa de Islas Filipinas fundó el Club de los Faltos de Cariño. Nunca quise afiliarme a ese club, porque siempre he tenido la manía, o la presunción, de que nunca me ha faltado caríño; al menos el cariño de la gente que quiero que me quiera. Abro uno de sus libros más conocidos, La guerra de todos nosotros: Vietnam. La rapacidad del Imperio, los usacos depredadrores.
Hace tiempo había dicho adios a las madrugadas belicosas de mus y güisqui, hace tiempo que había dicho adiós al periodismo, anclado en una puta silla de ruedas, rodeado de la oscuridad de Homero; un lobo estepario. Estas navidades hablé con Javier Reverte, allá por África a la caza de un nuevo libro. " no hay nada que hacer; Manu está como un vegetal".
Para las nuevas generaciones, un maestro; para nosotros, los carrozas de aquel tiempo de plomo y de ceniza, un amigo. Si algo aprendimos, y Manu también lo aprendió, es a no tener maestros ni héroes ni dioses: solo alguna diosa nocturna de escarcha y madrugada. En su casa de Islas Filipinas fundó el Club de los Faltos de Cariño. Nunca quise afiliarme a ese club, porque siempre he tenido la manía, o la presunción, de que nunca me ha faltado caríño; al menos el cariño de la gente que quiero que me quiera. Abro uno de sus libros más conocidos, La guerra de todos nosotros: Vietnam. La rapacidad del Imperio, los usacos depredadrores.
martes, 21 de enero de 2014
NI UN DIA SIN LIBROS: VALLE, CEREZALES, ARMADA..
Relecturas; las de siempre: Quevedo, Larra, Juan Ramón, casi todo el 27, Cernuda cada vez más, Neruda, Umbral..... Por encima de todos y constante, Valle Inclán. Ni un dia sin alguna hora dedicada a Valle. He vuelto al Ruedo Ibérico. ¿dónde esta el escritor que escriba el Ruedo Ibérico de hoy?. Se lo pregunto a Natalio Grueso, en charla fugaz, y me dice que no lo sabe; el señor Grueso busca autores jóvenes españoles para los teatros municipales. "El teatro de la calle Príncipe nunca será privatizado. Al menos, no conmigo. Sería el final de una forma centenaria de Cultura"; le tomo la palabra a don Natalio. Ha adquirido el compromiso, me dice, de montar cada año el Premio Lope de Vega: "está en las bases". Los premios Lope los edita ahora, la ADE de J. Antonio Hormigón. Está bien, pero no es lo mismo. Un autor sólo se siente autor cuando ve sus texto en un escenario. Yo creo que ese escritor de un Nuevo Ruedo Ibérico hoy no existe. Y no existe porque el concepto de literatura como contrapoder y compromiso está a punto de desaparecer, si no ha desaparecido ya. Por eso volvemos a los de siempre. Cada nueva lectura de un autor grande es un nuevo libro y un nuevo autor. Los grandes escritores cambian y perduran; no están sujetos a la dictadura del tiempo, dan la vuelta al tiempo: eternidad de lo fugaz.
Siempre que aparece un nuevo libro de Cristina Cerezales Laforet, y ya son varios y fecundos, me tienta la historia de Rafael Alberti y su relación con la pintura. Rafael dejó los pinceles por los versos y así lo reflejó en un libro memorable: A la pintura: "el dolor enterrado de enterrar el dolor de nacer un poeta por morirse un pintor, hoy distante me llevan a cantarte oh pintura mi amor interrumpido". También Cristina Cerezales Laforet interrumpió su amor con la pintura, la traicionó por la narrativa; y aunque esa traición haya sido fecunda y gloriosa, no deja de ser traición. Pintaba, daba claeses de dibujo, hacía retratos a los que dotaba de una extraña fuerza interior. Muchos echamos de menos sus paisajes blancos, sus agresiones del negro....aunque recibamos con júbilo sus novelas, aceptadas siempre con notable interés. Su lugar hoy en la narrativa española tiene una base sólida y ya irreversible. El pozo del cielo es una novela de amores y desamores, una novela de una sentimentalidad desgarrada y caliente. Podría decirse que es una novela de espejos rotos dentro de un laberinto. Hasta aquí lo que se puede contar para no descubrir una trama de interdependencias, sencilla en su vitalidad y su naturaleza de mujer; de un amor, liberador y, a la vez, doloroso, complejidad nunca resuelta por el ser humano., cualquiera que sea su sexo Pero esa complejidad irresoluble en el plano sentimental y vital, está muy bien resuelta en el plano narrativo: enganchan, interesan e intrigan las periperecias de El pozo el cielo. Y, a veces, conmueven. Quiza no hayamos perdido, definitivamente, una pintora. Pero hemos ganado ya, sin vuelta de hoja, una novelista.
Alfonso Armada acaba de publicar un libro de poemas Fracaso de Tánger. Armada es poeta y periodista. O sea que los "plumillas" siempre tendrán ocasion de acusarle de lírico y los poetas lo mirarán con recelo por dedicarse al periodismo. Es también viajero y, sobre todo, para mi gusto personal, autor dramático que fue el caldo de cultivo donde lo conocí y lo he visto crecer en hervor, punto y sazón de gran autor. Poco representado, como muchos de los mejores autores españoles, eso sí. Es también viajero y sus libros, de viajes o no, tienenen una condición itinerante por los caminos del mundo y los caminos del espíritu, que acaso sean los mismos. El mejor reflejo de esta dimensión múltiple de Armada quizá sea Strep-tease sentimental en doce meses, una colosal aventura teatral. poética y viajera que, no hace mucho, hizo en La Cuarta Pared. El teatro de Armada me interesó desde el principio, por su incomodidad, por el escozor moral de sus temas que nunca pierden de vista ni el hombre, sus fantasmas y ásperas realidades, ni el lenguaje específico y autónomo del teatro. Un recuerdo para Sin maldita esperanza, por ejemplo. Hace unos meses le dije que esperaba de él un libro de poemas y un estreno de teatro. El libro de poemas ya está aquí, Fracaso de Tánger; el estreno, ya veremos. Fracaso de Tánger, para su cabal entendimiento, hay que leerlo, o puede leerse, en dos direciones: de atrás adelante y a la viceversa. El principal protagonista es la ciudad de Tánger, refugio y misterio para el caminante fugitico; el otro protagonista es el poeta necesitado de olvido y restauración afectiva. De nuevo el viajero, el poeta y, si me apuran, el dramaturgo. Empiezo de atrás adelante y luego a la viceversa. Me hago un lio, pero estoy en Tánger, me seduce Tánger Y, lo más importante, voy de la mano del poeta; como un Dante guiado por Virgilio
Siempre que aparece un nuevo libro de Cristina Cerezales Laforet, y ya son varios y fecundos, me tienta la historia de Rafael Alberti y su relación con la pintura. Rafael dejó los pinceles por los versos y así lo reflejó en un libro memorable: A la pintura: "el dolor enterrado de enterrar el dolor de nacer un poeta por morirse un pintor, hoy distante me llevan a cantarte oh pintura mi amor interrumpido". También Cristina Cerezales Laforet interrumpió su amor con la pintura, la traicionó por la narrativa; y aunque esa traición haya sido fecunda y gloriosa, no deja de ser traición. Pintaba, daba claeses de dibujo, hacía retratos a los que dotaba de una extraña fuerza interior. Muchos echamos de menos sus paisajes blancos, sus agresiones del negro....aunque recibamos con júbilo sus novelas, aceptadas siempre con notable interés. Su lugar hoy en la narrativa española tiene una base sólida y ya irreversible. El pozo del cielo es una novela de amores y desamores, una novela de una sentimentalidad desgarrada y caliente. Podría decirse que es una novela de espejos rotos dentro de un laberinto. Hasta aquí lo que se puede contar para no descubrir una trama de interdependencias, sencilla en su vitalidad y su naturaleza de mujer; de un amor, liberador y, a la vez, doloroso, complejidad nunca resuelta por el ser humano., cualquiera que sea su sexo Pero esa complejidad irresoluble en el plano sentimental y vital, está muy bien resuelta en el plano narrativo: enganchan, interesan e intrigan las periperecias de El pozo el cielo. Y, a veces, conmueven. Quiza no hayamos perdido, definitivamente, una pintora. Pero hemos ganado ya, sin vuelta de hoja, una novelista.
Alfonso Armada acaba de publicar un libro de poemas Fracaso de Tánger. Armada es poeta y periodista. O sea que los "plumillas" siempre tendrán ocasion de acusarle de lírico y los poetas lo mirarán con recelo por dedicarse al periodismo. Es también viajero y, sobre todo, para mi gusto personal, autor dramático que fue el caldo de cultivo donde lo conocí y lo he visto crecer en hervor, punto y sazón de gran autor. Poco representado, como muchos de los mejores autores españoles, eso sí. Es también viajero y sus libros, de viajes o no, tienenen una condición itinerante por los caminos del mundo y los caminos del espíritu, que acaso sean los mismos. El mejor reflejo de esta dimensión múltiple de Armada quizá sea Strep-tease sentimental en doce meses, una colosal aventura teatral. poética y viajera que, no hace mucho, hizo en La Cuarta Pared. El teatro de Armada me interesó desde el principio, por su incomodidad, por el escozor moral de sus temas que nunca pierden de vista ni el hombre, sus fantasmas y ásperas realidades, ni el lenguaje específico y autónomo del teatro. Un recuerdo para Sin maldita esperanza, por ejemplo. Hace unos meses le dije que esperaba de él un libro de poemas y un estreno de teatro. El libro de poemas ya está aquí, Fracaso de Tánger; el estreno, ya veremos. Fracaso de Tánger, para su cabal entendimiento, hay que leerlo, o puede leerse, en dos direciones: de atrás adelante y a la viceversa. El principal protagonista es la ciudad de Tánger, refugio y misterio para el caminante fugitico; el otro protagonista es el poeta necesitado de olvido y restauración afectiva. De nuevo el viajero, el poeta y, si me apuran, el dramaturgo. Empiezo de atrás adelante y luego a la viceversa. Me hago un lio, pero estoy en Tánger, me seduce Tánger Y, lo más importante, voy de la mano del poeta; como un Dante guiado por Virgilio
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