El sonambulismo es una dimensión del sueño: la levedad, los fantasmas sin contorno y un cierto misterio evanescente. Hay toreros sonámbulos que parecen no pisar la tierra, aunque estén muy agarrados a ella: Morante de la Puebla y Juan Serrano, por mal nombre Finito de Córboba y por peor nombre, cuando está peor que mal, Finito de Sabadell. Ayer, rotundamente, fue Juan Serrano y brindo esa faena, que no es mía, y esta última crónica fallera, que sí lo es, a Juan Mompó y a Jaime Sanz; y a la memoria de Francisco Puchol, el profeta. Y de paso, a todos los Machaco: el heredero, el polifónico, el juez de paz, el periodista de cámara, el ecléctico..... Hay toreros rotundos, macizos que pisan la tierra y hacen que todo tire hacia abajo, hacia el centro de gravedad, Julián López, un suponer. A veces tienen un arrebato de iluminados y sonámbulos, como ayer El Juli, y en un quite por verónicas, sobre todo la media, casi se pareció a Morante. Y hay toreros que yo no sé qué son: mucha elegancia de cintura para arriba pero pasándose el toro a kilómetros y manejando, con absoluta exquisitez, eso sí, el taimado pico de la muleta. Ese es José María Manzanares. Mucho reprise y gran rapidez.
Veré en diferido esta noche algunos tramos de las faenas. A veces, al llegar a casa o al hotel pongo el Plus, los toros del Plus. Ayer, lección de periodismo al final de la transmisión; no hablo de las opiniones de los comentaristas, porque en esto del toro ca uno es ca uno . Hablo de la manera de contrastar la tragedia y el triunfo. Elena, la de Salamanca, no la de Troya, despedía a los invitados del palco, Julián López y Jesús Duque atravesaban la puerta de la gloria entre vítores y empujones. Y de pronto, zas, en pantalla, por la puerta de la enfermería, en camilla y todavía atontado por el cloroformo, Enrique Ponce, asistido de oxígenos y sueros. Puerta Grande o enfermería: el hule o el pedestal, el oleaje, de los hombros de los aficionados fervorosos o de los capitalistas pagados. Allí estaban mis amigos El Chino y El Rubio, haciéndose hueco a empujones, protegiendo los alamares del vestido. Pícaros de bien para ganarse a dentelladas el sustento, soportando el testiculario de los triunfadores sobre su cuello
En el contestador recado de María Toledo, La Argentinita que en la dramatización del María Guerrero, comparte escenas con Josselito el Gallo, Ponce. La historia de Encarnación López Júlvez la urdí en Salamanca una noche del Instituto Castellano y Leonés, tras muchos versos, mucho cante y mucha zarabanda. María Toledo y sus conciertos, sus discos. Y la lógica preocupación por el estado de Ponce, "terriblle ¿no?". Y allí estaban, por la salida contraria a la Puerta Grande, las batas blancas, las batas verdes con brillo homicida de bisturíes salvadores. De haber vivido el doctor Aragón, nos habríamos ido luego a la cafetería del Astoria a comentar la fatalidad de la cornada, la realidad de un cuerpo roto en manos de médicos que le restañan las heridas. Cuando, por su pie, Ponce se iba a la enfermería, escucho en el Plus que dice a su familia, "tranquilos, no pasa nada estoy bien". Y llevaba un cornadón de 25 centímetros en la axila y la clavícula desencuadernada. No era nada lo del ojo y lo llevaba en la mano.
De carambola y por circunstancias dramáticas de la cornada de Enrique Ponce, entró en el cartel de la magna corrida, última de Fallas, Finito de Córdoba. Carambola ganada a pulso con su actuación del otro dia con los juampedros. Y casi perdida, también a pulso, por la mansedumbre infernal del primer Garcigrande, un manso al que no se picó por incompetencia y quedó crudísimo. Para estas cuestiones se inventó la carioca que los picadores se hartan de perpetrar con toros postrados, pero incapaces de aplicar a los toros levantados y huidizos. Y en última instancia para esos toros tan mansos y tan malajes están las banderillas negras, que hoy no hubieran sido un despropósito. Finito pasó un calvario y no acertó siquiera con el bajonazo, que también hubiera sido solución pertinente. Pero en el 5º aparecio Juan Serrano. Y aquello ya no fue el toreo, sino el suspiro, el susurro, la caricia. Juan Serrano en estado puro, transfigurado en soplo, y la capa y la muleta en ala: caricia, empaque y profundidad. Y mató a la primera y bien. De los ocho Garcigrandes/Domingo Hernández hubo de todo: un manso del infierno, el primero ya aludido, un encastado exigente y duro, como el primero de Juli, que se encontró con la poderosa horma de su zapato, algunos noblotes, mansotes y sosos y otros descastados y sin raza. Buena tarde en líneas generales sobre la que pesó la ausencia de Enrique Ponce, corneado y roto ayer por un toro de Victoriano del Rio.
miércoles, 19 de marzo de 2014
martes, 18 de marzo de 2014
FALLAS. LA LEYENDA HERIDA
Enrique Ponce, cornada y probable fractura de clavícula. Ponce: 25 años de alternativa os contemplan, 50 ceremonias de padrino de alternativa y bastantes de testigo. Y 37 Puertas Grandes en Valencia; lo esperaban este año con una ganadería dura: victorinos en vez de victorianos, por ejemplo. Por eso de los gestos. Y vean ustedes lo que son las cosas, lo que es la vida y lo que es el azar. Un toro de Victoriano del Rio ha mandado al hule a un matador, muy seguro, muy técnico, invulnerable casi, aunque rebase, como todos los que se visten de luces, la llamada "raya del peligro". Eso de la raya del peligro, como exclusiva de algunos matadores, es una milonga. Al entrar a matar, cuando quiso asegurar la estocada y la oreja en un aniversario para los anales, el victorianodelrio le echó mano. Se le rompe la corrida de mañana, pero nada más. Un pequeño percance. La verá, ya sin los fantasmas ni las nebulosas del cloroformo, en la cama del hospital con Paloma Cuevas al lado y la hija, Palomita, dándole lecciones de pintura, mientras recibe lecciones de tauromaquia. A Palomita, y a su hermanita chica, les hemos prometido Ana y yo un cuadro de nuestra colección de pintura; vaya como celebración del alta y curación de su padre.
Dentro de tres semanas Enrique Ponce tenía, tiene, un toro más duro en el Teatro María Guerrero; un toro que no da cornadas, pero acollona a los toreros: el escenario, Las tres pasiones de Encarnación López Júlvez. Me había autorizado a contarlo el director Santiago Sánchez de L,Om Imprebís y el María Guerrero; tras la cogida, con más razón. No se contempla una sustitución, como la de mañana en Fallas, porque para el dia 7 de abril Ponce ya estará en pie. No nos "hodas", maestro, que Joselito el Gallo te espera. Y Luis Francisco Esplá, que ya firma sus cartas como Ignacio Sánchez Mejías. Y José Pedro Prados el Fundi, de Belmonte. Con todo, me permitirán que destaque, por encima, la excelencia del cartel femenino: Aida Gómez en homenaje a Pilar López, la gran maestra del baile; María Toledo como Argentinita, la novia de José y el pecado de Sánchez Mejías, la amiga y confidente de Federico García Lorca; Paloma Cuevas como Lola Gómez, hermana de Joselito y esposa de Ignacio. Y otras sopresas.....
Julián López El Juli, en plan maestro poderoso, dominador y sabio toda la tarde. Le costó abrir la Puerta Grande por culpa de la espada. Encastada corrida de Victoriano del Rio, con dos toros muy buenos, cuarto y quinto. Tomaba la alternativa Jesús Duque, un muchacho que lo hizo bien y dio una vuelta al ruedo merecida en el toro de alternativa; al menos para mí, sin discusión. La excelente estocada casi entera ya la podía merecer, pero don Merenciano se la negó; justicia igualitarista: le puso a la misma altura que a Padilla y Fandi el otro dia. También puso en peligro una Puerta Grande de un chaval en la tarde más decisiva de su vida. El nuevo matador lo arregló con propia mano cortándole las dos orejas al toro de la tarde y. probablemente, al toro de la feria. A don Merenciano, le van mejor las vueltas al ruedo de toros que no se las merecen. Mérito importante del chaval, además de la Puerta Grande, sobreponerse al infortunio de Ponce, su padrino, sobreponerse a una tarde que se le empinó con el viento de frente. Esa serenidad en momentos difíciles le abre un crédito amplio.
Dentro de tres semanas Enrique Ponce tenía, tiene, un toro más duro en el Teatro María Guerrero; un toro que no da cornadas, pero acollona a los toreros: el escenario, Las tres pasiones de Encarnación López Júlvez. Me había autorizado a contarlo el director Santiago Sánchez de L,Om Imprebís y el María Guerrero; tras la cogida, con más razón. No se contempla una sustitución, como la de mañana en Fallas, porque para el dia 7 de abril Ponce ya estará en pie. No nos "hodas", maestro, que Joselito el Gallo te espera. Y Luis Francisco Esplá, que ya firma sus cartas como Ignacio Sánchez Mejías. Y José Pedro Prados el Fundi, de Belmonte. Con todo, me permitirán que destaque, por encima, la excelencia del cartel femenino: Aida Gómez en homenaje a Pilar López, la gran maestra del baile; María Toledo como Argentinita, la novia de José y el pecado de Sánchez Mejías, la amiga y confidente de Federico García Lorca; Paloma Cuevas como Lola Gómez, hermana de Joselito y esposa de Ignacio. Y otras sopresas.....
Julián López El Juli, en plan maestro poderoso, dominador y sabio toda la tarde. Le costó abrir la Puerta Grande por culpa de la espada. Encastada corrida de Victoriano del Rio, con dos toros muy buenos, cuarto y quinto. Tomaba la alternativa Jesús Duque, un muchacho que lo hizo bien y dio una vuelta al ruedo merecida en el toro de alternativa; al menos para mí, sin discusión. La excelente estocada casi entera ya la podía merecer, pero don Merenciano se la negó; justicia igualitarista: le puso a la misma altura que a Padilla y Fandi el otro dia. También puso en peligro una Puerta Grande de un chaval en la tarde más decisiva de su vida. El nuevo matador lo arregló con propia mano cortándole las dos orejas al toro de la tarde y. probablemente, al toro de la feria. A don Merenciano, le van mejor las vueltas al ruedo de toros que no se las merecen. Mérito importante del chaval, además de la Puerta Grande, sobreponerse al infortunio de Ponce, su padrino, sobreponerse a una tarde que se le empinó con el viento de frente. Esa serenidad en momentos difíciles le abre un crédito amplio.
LA BERNARDA DE KOURBESKAYA EN EL ESPAÑOL. EL MEJOR GALAN DE CINE EN EL ESTRENO
En el estreno de La casa de Bernarda Alba, de Hugo Pérez e Irina Kourbeskaya, en el Español, me encontré con el gran galán del cine español, uno de los más elegantes y de mayor personalidad: 93 años y su galanura asolerada y eterna: Conrado San Martín. Es "hincha" del teatro que hacen en la Sala Tribueñe, como su hija, Olga San Martín, que lo acompaña siempre, pero no estaba cuando se cayó hace un mes escaso en el aeropuerto de Londres y se rompió una cadera. Y tampoco estaba su nieta, Nereida que hace, y muy bien, la novia de Bodas de Sangre, en la Tribueñe, En el Español estaba Conrado San Martín erguido y con bastón, viva imagen de las famas inmortales. Cada vez que me encuentro con Olga San Martín, hablamos de hacer un homenaje a su padre, una reliquia viva, la más antigua del cine español. Habrá que hacércelo. De esta vez no pasa. Conrado San Martín es un gran conversador sin melancolías ni nostalgias: solo memoria. Una memoria cordial y prodigiosa. Aquí en el Español debutó hace más de 70 años: una lanza, un escudo, un casco romano. Un papel sin frase, como se dice en la jerga.
Esta Bernarda, de Irina y de Hugo Pérez es, naturalmente, un Lorca pasado por Lorca, Hugo Pérez; y un Lorca, pasado por Vajtangov, o sea Irina Kourbeskaya. Vajtangov es un precedente del realismo mágico de García Márquez; es decir realidad y tradición pasados por el arte y la magia de la invención- Volveré mañana sobre la cuestión porque este salto de las salas alternativas a los teatros institucionales, al Español , del cesante Natalio Grueso, merece la pena comentarse. Irina y Hugo ya estuvieron en este teatro con un Auto Sacramental y en el Reina Victoria, de Cornejo.
Mientras, acuso recibo de algunas reacciones de lectores sobre el libro de Carme Tierz y Xavier Muniesa, Barcelona ciutat de teatres, comentado en este Diario. " Es que está en catalán", dicen. Natural, ¿en qué va a estar?. Si se animan los lectores, y debieran animarse, pues que la editorial haga una edición en castellano. Y todos tan contentos.
Esta Bernarda, de Irina y de Hugo Pérez es, naturalmente, un Lorca pasado por Lorca, Hugo Pérez; y un Lorca, pasado por Vajtangov, o sea Irina Kourbeskaya. Vajtangov es un precedente del realismo mágico de García Márquez; es decir realidad y tradición pasados por el arte y la magia de la invención- Volveré mañana sobre la cuestión porque este salto de las salas alternativas a los teatros institucionales, al Español , del cesante Natalio Grueso, merece la pena comentarse. Irina y Hugo ya estuvieron en este teatro con un Auto Sacramental y en el Reina Victoria, de Cornejo.
Mientras, acuso recibo de algunas reacciones de lectores sobre el libro de Carme Tierz y Xavier Muniesa, Barcelona ciutat de teatres, comentado en este Diario. " Es que está en catalán", dicen. Natural, ¿en qué va a estar?. Si se animan los lectores, y debieran animarse, pues que la editorial haga una edición en castellano. Y todos tan contentos.
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