Murió Adolfo Suárez, de Alzehimer, y estoy seguro de que el lamento, pese a las pompas de las honras fúnebres y las loas, no ha sido unánime. Aun habrá rechinar de dientes de quienes lo llamaron traidor o sus herederos y ruidos de tanques de los centuriones que habrían disfrutado fusilándolo. El odio ideológico disfrazado de patriotismo es el más ancestral de todos los odios; odio africano se llama esa figura. Y España está muy cerca de Africa.
He llegado a pensar que, en algunos casos, el Alzheimer es una enfermedad política para olvidar el pasado, ignorar el presente y desentenderse del porvenir: un subconsciente de atodefensa. Suárez no tenía que olvidar su pasado en el aparato franquista porque nunca lo ocultó; desde ese pasado, y puede que gracias a él, construyó el andamiaje de una precaria democracia. Los que abandonaron el franquismo instantáneamente, con apenas un ligero lavado de camisa azul, también tenían un pasado; pero no construyeron la Transición. Buena o mala, quizá más mala que buena, la Transición fue lo fue y es lo que es. Quizá no todo haya que achacarlo a los cimientos, sino también a los albañiles del edificio. Ciertamente el Estado de las Autonomías, como sucedáneo de un Estado Federal, no fue la mejor solución para España. En alguna ocasión me referí a Suárez llamándole, irónicamente, el Kerenski español. Era una metáfora exagerada porque ni Franco era el Zar ni de la Transición salió una Revolución de Octubre; pero algo hay de eso
Suárez ha sido el político más odiado del siglo XX español, y eso que tenemos un muestrario bastante amplio donde elegir. Y más detestado por los que lo consideraban de su cuerda. Puede que fueran fantasías o leyendas urbanas; pero a nadie de la caverna, tan enterada de todo lo que ocurría o iba a ocurrir, podía ocultársele que, aunque lo dijera en broma, Adolfo Suárez hubiera preferido ser presidente de la III República, como Tierno Galván, antes que el "valido" transitorio del Borbón. No hubo traición que no sufriera, deslealtad que no lo envenenara, amenaza que no soportara e infamias que no le arrojaran a la cara. A Tejero, sus jefes y sus compinches, antes que llevarse por delante parlamento, parlamentarios y democracia, les hubiera bastado con llevarse por delante a Súarez.
El acoso y derribo del Psoe fue demoledor y lo de Tahur del Missisipi de Alfonso Guerra no pasa de ser un mal chiste sevillano, comparado con la estrategia de devastación; como si a él y a Felipe González los llamaran pescadores furtivos del Guadalquivir. Tahur.... no creo que llegara a tanto, pero jugador de mus sí que era y algo tenía de la psicología y la sociología de un musolari de Ávila: de farol o con el órdago amarrado. Por eso, mejor que con el Psoe, las sotanas y los excombatientes sin tregua se entendía con Santiago Carrillo, que no sé si era jugador de mus, pero era un viejo zorro. Los dos estaban convencidos de que serían fusilados por sus respectivos compañeros. En efigie por lo menos.
lunes, 24 de marzo de 2014
domingo, 23 de marzo de 2014
A BENEFICIO; FLAMENCOS Y TOREROS CON EL CHANO
El Chano, Vicente Yangüez, triunfará donde quiera que esté porque ha empezado por lo más difícil: triunfar sobre sí mismo, la pesadilla de una silla de ruedas: de gran torero a gran deportista con la bicicleta de mano. La Olimpiada le espera. Ayer, para arroparlo, le esperaban en Vista Alegtre, la mítica Chata reconvertida en polideportivo, aficionados que llenaron los tendidos, toreros y flamencos de la mejor estirpe como María Toledo, Peña, Genara Cortés..... María Toledo le cantó a un inmenso Diego Ventura y a un emocionado Vicente Yangüez. La fusión flamenco y toros pudo resultar mejor. Y no es culpa de nadie y menos de María Toledo y compañeros del quejío y la guitarra; la mala acústica del recinto en buena medida. Y también porque la corrida flamenca, ideada por Diego Bardón y Bambino en Casa Amara, un prostíbulo ilustrado de Salamanca, nunca ha acabado de cuajar. La elección de palos es esencial. Y la elección del momento, también. El canator tiene que saber callarse a tiempo. Caco Senante le cantó, en su estilo, a Manzanares. Allí donde haya un Manzanares siempre estará Caco Senante. Y si Manzanares hijo se convence de que el toreo no es solo estética, aun le queda mucho que decir.
El toreo, además de grandeza, es también dolor. Y solidaridad en los momentos límites. Todos con el Chano. Organizadores principales del festejo a Beneficio, el torero Martín de Vidales, Martín Recio, ejemplo de subalternos, y Cristina Sánchez, espejo bello de la mujer torera, reconvertida en diseñadora y periodista. Me hubiera gustado verla de corto pegando verónicas y naturales, pero andaba en funciones de periodista, transmitiendo para la televisón de Castilla-La Mancha. A cambio vimos a Juan José Padilla, que cometió la travesura de sacar a banderillear a Fundi y a Ferreras, de paisano en los tendidas; Perera, Talavante, Alvaro Lorenzo, en la más alta ocasión que puede soñar un banderillero. Y el Juli que, dentro de su poder lidiador, depura cada dia su estilo de forma sorprendente. En Valencia, una media verónica que parecía de Morante. En Vista Alegre, unas chicuelinas dignas de Paco Camino o de Manzanares padre que estaba en el callejón. Todos con el Chano. Arriba torero, no te digo !que dios reparta suerte! porque, en definitiva, la suerte la hacen tu decisión y tu valor.
El toreo, además de grandeza, es también dolor. Y solidaridad en los momentos límites. Todos con el Chano. Organizadores principales del festejo a Beneficio, el torero Martín de Vidales, Martín Recio, ejemplo de subalternos, y Cristina Sánchez, espejo bello de la mujer torera, reconvertida en diseñadora y periodista. Me hubiera gustado verla de corto pegando verónicas y naturales, pero andaba en funciones de periodista, transmitiendo para la televisón de Castilla-La Mancha. A cambio vimos a Juan José Padilla, que cometió la travesura de sacar a banderillear a Fundi y a Ferreras, de paisano en los tendidas; Perera, Talavante, Alvaro Lorenzo, en la más alta ocasión que puede soñar un banderillero. Y el Juli que, dentro de su poder lidiador, depura cada dia su estilo de forma sorprendente. En Valencia, una media verónica que parecía de Morante. En Vista Alegre, unas chicuelinas dignas de Paco Camino o de Manzanares padre que estaba en el callejón. Todos con el Chano. Arriba torero, no te digo !que dios reparta suerte! porque, en definitiva, la suerte la hacen tu decisión y tu valor.
sábado, 22 de marzo de 2014
IÑAKI AZKUNA Y LOS TOROS DEL PAIS VASCO
Ha muerto Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao y dicen que el mejor alcalde del mundo; no sé si esto es una bilbainada y una exageración o es verdad. Lo dicen todos: los vascos de txapela y makila, los jelkides, los maketos de Palencia o de Burgos -margen izquierda de la Ria- los veraneantes de la meseta que siguen teniendo Bilbao y Donosti como puertos y playas naturales de Castilla, tanto o más que las de Santander. Hace pocos dias, por cuestiones que no vienen al caso, hablábamos de Azkuna, alcalde de Bilbao, en trance de agonía. Y de Azpeitia, como el auténtico bastión de las corridas de toros en Guipuzkoa, en la travesía del desierto de la desaparición del Chofre. Euzkadi, los aficionados de Euzkadi y del resto de España, deben a Azpeitia el gran reconocimiento de mantener la llama del toreo en la zona más profunda del abertzalismo. Cuando se les recuerda que el primer torero que logró documentar Ortega y Gasset se apellidaba Zaracondegui confirman con naturalidad: "anda tú; vasco ¿qué si no?"
Azkuna, ¿20 años o quizá más, cuando todavía no era alcalde?. Tampoco estoy muy seguro de dónde y por qué causa. Puede que fuera en los Sanfermines, en el ritual del apartado. O puede que en Azpeitia, en la plaza donde se baila el más bello aurretsku en recuerdo de un banderillero muerto. Si fue en Azpeitia, andaría por medio Witti, euskaldún y torero hasta los tuétanos. Lo único que recuerdo con precisión es que a Azpeitia, yo llegaba de visitar a Barandiarán. Y que esa curiosidad de un palentino-madrileño por el aitá de la patria vasca, conmovió los ánimos. Si no era el Azkuna genuino debieron de ser varios Azkunas, otros muchos Azkunas, ese humanismo izquierdista de algunos abertzales de pensamiento antitotalitario, forjado en las revueltas juveniles estudiantiles de los años 60. Fundamentalmente el mayo del 68.
Pero estoy casi seguro de que ese encuentro fugaz debió de ser en Pamplona, en el apartado y por casualidad. Como había sido casualidad el encuentro con Jon Idígoras, vestido de mozo pamplonica y en el mismo escenario del apartado, reivindicando secretamente el origen vasco de los toros, el betizu de las montañas vascas, Betizu toro rojo tituló años más tarde una obra de teatro Ignacio Amestoy. Jon Idígoras había intentado ser novillero con el nombre de Chiquito de Amorebieta, Chiquito de Eibar y Morenito el Alto. Esa inestabilidad onomástica da una idea de novillero de poca fortuna. Conocida su vinculación con Eta, la derecha bífida de Madrid, y la izquierda también, simplificaba tantos alias resumiéndolos en uno: Carnicerito de Amorebieta.
Nunca más, creo, volví a encontrarme con Azkuna, pese a haber cubierto las corridas de la Aste Nagusia bilbaina de los últimos 25 años. Y pese a saber que era un gran aficionado a los toros: un abertzale que no confundía el culo con las témporas ni la gimnasia con la magnesia. !Descanse en paz!
Azkuna, ¿20 años o quizá más, cuando todavía no era alcalde?. Tampoco estoy muy seguro de dónde y por qué causa. Puede que fuera en los Sanfermines, en el ritual del apartado. O puede que en Azpeitia, en la plaza donde se baila el más bello aurretsku en recuerdo de un banderillero muerto. Si fue en Azpeitia, andaría por medio Witti, euskaldún y torero hasta los tuétanos. Lo único que recuerdo con precisión es que a Azpeitia, yo llegaba de visitar a Barandiarán. Y que esa curiosidad de un palentino-madrileño por el aitá de la patria vasca, conmovió los ánimos. Si no era el Azkuna genuino debieron de ser varios Azkunas, otros muchos Azkunas, ese humanismo izquierdista de algunos abertzales de pensamiento antitotalitario, forjado en las revueltas juveniles estudiantiles de los años 60. Fundamentalmente el mayo del 68.
Pero estoy casi seguro de que ese encuentro fugaz debió de ser en Pamplona, en el apartado y por casualidad. Como había sido casualidad el encuentro con Jon Idígoras, vestido de mozo pamplonica y en el mismo escenario del apartado, reivindicando secretamente el origen vasco de los toros, el betizu de las montañas vascas, Betizu toro rojo tituló años más tarde una obra de teatro Ignacio Amestoy. Jon Idígoras había intentado ser novillero con el nombre de Chiquito de Amorebieta, Chiquito de Eibar y Morenito el Alto. Esa inestabilidad onomástica da una idea de novillero de poca fortuna. Conocida su vinculación con Eta, la derecha bífida de Madrid, y la izquierda también, simplificaba tantos alias resumiéndolos en uno: Carnicerito de Amorebieta.
Nunca más, creo, volví a encontrarme con Azkuna, pese a haber cubierto las corridas de la Aste Nagusia bilbaina de los últimos 25 años. Y pese a saber que era un gran aficionado a los toros: un abertzale que no confundía el culo con las témporas ni la gimnasia con la magnesia. !Descanse en paz!
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