Yo he tenido muchas vocaciones en mi vida y casi ninguna cumplida. O cumplidas aquellas que menos me importaban y que, por lo tanto, no eran o no son vocaciones, sino formas y maneras de ganarme la vida que es, como diría el gran pensador Pedro G. Cuartango, formas de perderla. Me hubiera gustado ser torero, un buen banderillero por lo menos, segun el deseo de Manuel Machado, y acabé en cronista taurino; me moría por ser actor, tal que Carlos Hipólito, ganador del último Valle Inclán, y concluí en crítico de teatro; quisiera ser un liberal, estilo Antonio Garrigues Walker, y soy de un marxismo humanista con todas las revoluciones perdidas y que, además no sé muy bien qué quiere decir eso: humanismo marxista. Aspiraba a ser Quevedo y me he quedado en un jodido cojo. Del liberalismo de Garrigues, me quedo con su vena de poeta y de autor dramático que va a debutar, no tardando mucho, en las Naves del Teatro Español. Esto del humanismo y el marxismo se lo pregunto a veces a Marcos de Quinto que, contra vientos sindicalistas y mareas lunáticas de crisis, sigue patrocinando el Valle Inclán via Fundación Coca Cola de España. Y Marcos de Quinto, melancólico y pensativo y también poeta, me responde que a lo mejor un marxista humanista lo era su padre, José María de Quinto, un auténtico revolucionario del teatro en los años cuarenta y cincuenta, con Alfonso Sastre y Alfonso Paso; luego Paso y Sastre, al aire de la historia, se fueron por los extremos encontrados. Paso no cuenta hoy para nada y Sastre, en su imposibilismo, se ha conetido en el autor imprescindible, y siempre prescindido, de la segunda mitad del sigl XX español. Y Jose María de Quinto es un semidesconocido que hay que reivindicar.
Volviendo al Valle, la alcaldesa fue silbada al entregar la estatuilla de Ochoa, la Mari Gaila de Divinas palabras. Cosas de la farándula, siempre levantisca y no sin razón. Doña Botella demostró saber quién era Carlos Hipólito, no como el ministro Wert que cuando tuvo que entregar el premio a Carmen Machi, solo sabía que anunciaba yogures y andaba atribulado sobre qué podía decir de Machi además de los yogures o natillas.
Pero desde aquel famoso gol de Zarra, mi admirado amigo en las Corridas Generales de la Aste Nagusia, a Inglaterra, mi verdadera vocación ha sido la de locutor de deportivo, la de Matias Prats: gol de Zarra a la pérfida Albión. En estos momentos, allá sobre las nueve de la noche, poco más, para cantar los dos goles de Sergio Ramos al Bayern me gustaría ser Matias Prats, que se inventó un lenguaje, un tono épico y heroico, una música patriótica para cantar el gol de Zarra y no sé si también el gol de Marcelino a la Urss, el imperio del mal. Como dijo no sé quién, tanto tiempo esperándo a los rusos para acabar con el imperio de Franco y vinieron a jugar al fútbol, y perdiendo encima, en el Bernabeu. Ya no hay locutores patrióticos porque yo creo que no hay goles patrióticos, todos son mercenarios: mercenario Ronaldo, mercenario Bale, mercenario Benzema. Y mercenario, claro, Pep Guardiola. ¿Cómo describir la cara de desolación del mesurado y ambiguo Pep Guardiola ante el cuarto gol, en las postrimerías del partido?. Y Javi Martínez, otro mercenario. Y el más mercenario de todos, hoy, dentro de unas horas con el Chelsea-Atlético de Madrid, el que se juega la vida en cada combate sin patriotismos ni colores, José Mouriño. ¿Cómo hubiera cantado Matias Prats el segundo gol de Ronaldo?.
Me llama María Luengo, de la UNIR después de terminar una conferencia sobre arte, para informarse del partido. Me llama Santiago Sánchez, de L,Om Imprebís, primerizo y en collera con Carlos Martín en las lides del Valle Inclán; empezaron con mal pie, pues en el folleto del acto se había cambiado por error la foto de Carlos Martín. Santiago Sánchez es valencianista, pero ayer suspendió ensayos para ver ganar al Madrid. Feliz por haber figurado entre los candidatos, como lo estaba la bella Celia Freijeiro, la sensual, la hermosa hija de los Cenci que dirigió Sonia Sebastián. Como lo estaría también Maria Hervás, ausente, otra primeriza en el certamen, que arrastró más votos de los que eran previsibles. Hoy, también fútbol por las altas cumbres; pero toca teatro, Los Macbez en el María Guerrero, con Carmen Machi y Javier Gutiérrez. Y antes la presentación de la última novela de Jesús Pardo `por Manuel Longares.
miércoles, 30 de abril de 2014
martes, 29 de abril de 2014
CARLOS HIPOLITO, PREMIO VALLE INCLAN
A estas alturas de la madrugada todo el mundo de la farándula sabe que el ganador del VIII Premio Valle Inclán ha sido Carlos Hipólito, gran actor que llevaba cuatro años siendo finalista. También debe saber todo el mundo que los finalistas, es decir los dos últimos en la discusión, han sido dos eminencias, o dos excelenecias en el arte de los cómicos ; Aitana Sánchez Gijón y Gerardo Vera. No descubriré los intríngulis de las discusiones del jurado, ni quitaré méritos a Hipólito, pero me encantará mañana, hoy, dilucidar el por qé de un premio indiscutible, como indiscutible habría sido si se lo hubiésemos dado a Gerardo Vera o a Aitana Sánchez Gijón o a cualquiera de los demás candidatos. Sorpresa, la neófita María Hervás que arrastró muchos votos, aunque estaba claro que no ganaría. Todos harán el elogio de ganador. A mi me gustaría hacer cualquiera de estos dias, con permiso de Carlos Hipólito, el elogio de los perdedores. El propio Hipólito estará encantado de mi reflexión sobre los perdedores. Enhorabuena a todos.
lunes, 28 de abril de 2014
ESPLENDOR DE LA FARÁNDULA Y UN CRISTO CABREADO
Dentro de unas horas se sabrá ya el ganador del VIII Premio Valle Inclán, el más importante de la cristiandad, e incluso de la morería, farandulera. El Premio Valle (El Cultural-Mundo) es el resultado de la pasión de Luis María Anson por el teatro y de la generosidad de la Fundación Coca Cola con la cultura en general; ambos unidos, pasión y economía, dieron como resultado un galardón al que hoy, esta misma noche, aspiran comicantos y comicantas de reconocido prestigio: lo mejor de un año pródigo en acontecimientos teatrales como fue el año de gracia y de desgracia de 2013. Los nombres están en los papeles y en las ondas, en los digitales y en la mente de todos. Es el esplendor del teatro, sus glorias en una noche de emociones, pues las votaciones llegan en directo al público de los salones del Teatro Real, y allí están las ilusiones y las desilusiones: los ídolos que caen y los que se alzan hasta la finalísima implacable y cruel como el voto implacable y cruel de 15 jurados sin piedad. Estos hombres y estas mujeres premiaron en anteriores ediciones a nombres tan retumbantes como Juan Echanove, Francisco Nieva, Nuria Espert, Carmen Machi, Miguel del Arco, Juan Mayorga, Angélica Liddell...
Pero en teatro no todo son esplendores y grandes premios. Hay también penurias y dificultades; muchos de los que hoy están en la cumbre de esta noche pasaron por esas dificultades. O sea que !arriba los corazones!. Me cuenta Eduardo Galán que su obra Ultima edición gusta en las provincias, pero no halla hueco en Madrid. Ultima edición es una obra sobre periodismo; como podía serlo por ejemplo la película legendaria Primera página. Sobre periodismo y política, que siempre van unidos. La prensa y su degradación al servicio del poder. La prensa puede y debe ser un contrapoder; pero en democracia, y más en una una democracia putrefacta como la española, hay muchos poderes; con lo cual la prensa pierde su naturaleza moral de contrapoder absoluto. Siempre está al servicio de alguien. Esa parece ser la tesis de una obra dura valiente que Eduardo Galán me envió hace tiempo para que la leyera. El meollo de Ultima edición no es solo la cuestión de si hay o no hay libertad de prensa. Habla también de la corrupción de la prensa, sin la cual la corrupción política no medraria; habla de la lucha por el poder dentro de las redacciones. Habla de la tiranía de las tiradas y del poder coercitivo de la publicidad institucional o privada. No la he visto montada y ya se sabe que una cosa es el texto y otra el resultado de un montaje, sujeto siempre a fuerzas dispares y aleatorias. Le digo a Eduardo Galán lo que le dije entonces: "oscuro se presentaba el reinado de Witiza". Última edición es una obra valiente. Valiente y necesaria que no encuentra teatro en Madrid.
Salgo para el Teatro Real para las primeras controversias, juegos de manos, estrategias y conciliábulos, pues soy uno de los 15 justicieros que tiene que ayudar a un triufo y contribuir al fracaso de los demás candidatos. Fracaso muy relativo, pues estar entre los 12 seleccionados es ya un triunfo grande y clamoroso. Esto de ser jurado es divertido y tiene sus tintes de aventura y riesgo. Es, sobre todo, una prueba de conciencia. Lo peor, no poder premiar a todos. Y antes, no poder seleccionar a muchos más.
Un amigo me urge para que escriba sobre El profeta loco, de Eduardo Velasco, en el Galileo, un dia a la semana. Hoy no tengo tiempo, pero lo haré. Demasiado poco para aventura de tan alto voltaje; y de tan alto riesgo. Cristo, cabreado se baja de la cruz y empieza a desmontar toda la parafernalia que los mercaderes han tejido en torno de él. En la Iglesia, en el periodismo, en política, se necesitan Cristos cabreados que la emprendan a latigazos con impostores, ladrones y corruptos. También tengo que hablar de !Ay Carmela!, con Jacobo Dicenta y Elisa Matilla.
Pero en teatro no todo son esplendores y grandes premios. Hay también penurias y dificultades; muchos de los que hoy están en la cumbre de esta noche pasaron por esas dificultades. O sea que !arriba los corazones!. Me cuenta Eduardo Galán que su obra Ultima edición gusta en las provincias, pero no halla hueco en Madrid. Ultima edición es una obra sobre periodismo; como podía serlo por ejemplo la película legendaria Primera página. Sobre periodismo y política, que siempre van unidos. La prensa y su degradación al servicio del poder. La prensa puede y debe ser un contrapoder; pero en democracia, y más en una una democracia putrefacta como la española, hay muchos poderes; con lo cual la prensa pierde su naturaleza moral de contrapoder absoluto. Siempre está al servicio de alguien. Esa parece ser la tesis de una obra dura valiente que Eduardo Galán me envió hace tiempo para que la leyera. El meollo de Ultima edición no es solo la cuestión de si hay o no hay libertad de prensa. Habla también de la corrupción de la prensa, sin la cual la corrupción política no medraria; habla de la lucha por el poder dentro de las redacciones. Habla de la tiranía de las tiradas y del poder coercitivo de la publicidad institucional o privada. No la he visto montada y ya se sabe que una cosa es el texto y otra el resultado de un montaje, sujeto siempre a fuerzas dispares y aleatorias. Le digo a Eduardo Galán lo que le dije entonces: "oscuro se presentaba el reinado de Witiza". Última edición es una obra valiente. Valiente y necesaria que no encuentra teatro en Madrid.
Salgo para el Teatro Real para las primeras controversias, juegos de manos, estrategias y conciliábulos, pues soy uno de los 15 justicieros que tiene que ayudar a un triufo y contribuir al fracaso de los demás candidatos. Fracaso muy relativo, pues estar entre los 12 seleccionados es ya un triunfo grande y clamoroso. Esto de ser jurado es divertido y tiene sus tintes de aventura y riesgo. Es, sobre todo, una prueba de conciencia. Lo peor, no poder premiar a todos. Y antes, no poder seleccionar a muchos más.
Un amigo me urge para que escriba sobre El profeta loco, de Eduardo Velasco, en el Galileo, un dia a la semana. Hoy no tengo tiempo, pero lo haré. Demasiado poco para aventura de tan alto voltaje; y de tan alto riesgo. Cristo, cabreado se baja de la cruz y empieza a desmontar toda la parafernalia que los mercaderes han tejido en torno de él. En la Iglesia, en el periodismo, en política, se necesitan Cristos cabreados que la emprendan a latigazos con impostores, ladrones y corruptos. También tengo que hablar de !Ay Carmela!, con Jacobo Dicenta y Elisa Matilla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)