lunes, 2 de junio de 2014

SAN ISIDRO.COMO LOS DE CASTAÑO, HAY DOS DOCENAS DE SUBALTERNOS



Siempre se esperan los toros de Cuadri con enorme interés en las Ventas del Espíritu Santo. Tardes de gloria. Y tardes menos gloriosas como la de ayer.El primero parado y con los pitones reventados. No era un cuadri propiamente dicho. Y los demás tampoco, salvo el furioso sexto que, por poco, parte por la mitad a Venegas.  Tremenda voltereta y violentísima; José  Carlos Venegas, el toricantano confirmante -un contradiós lingüístico, que yo nunca he acabado de entender- no  cantó misa y a punto estuvo del responso. Discutí el término durante tiempo  hasta que un dia vino Conrado Abellán y con un texto de Calderón de la Barca en mano, me demostró la acreditación clásica del término: “Un toricantano un dia llegó a dar una lanzada de un su amigo apadrinado”… Bueno, ahí está la cuestión: Calderón aficionado taurino. Esto es lo de menos y, si me apuran, cosa poco importante de la Fiesta.
 Cuando en plan de cómicos de la legua y apadrinados por Gonzalo Santoja,  director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, íbamos echando versos por Castilla, Victoria Vera demostró la grandeza taurina de la poesía española. Hoy Victoria Vera, la amada Nausicaa de ¿Por qué corres Ulises? está  en otra onda. Ensaya lo que quizá sea el máximo compromiso de su vida: Salomé, de Oscar Wilde.  Aquí, en Salomé,  no hay toros; hay una mujer apasionada, libre, sensual y sexual; a hacer puñetas los toros, con permiso de Santonja uno de los intelectuales que más y mejor defienden la historia y la naturaleza de la Fiesta. Para poesía basta la de Oscar Wilde. Y para torera de verdad, Salomé seduciendo a Herodes. O sea Victoria Vera.

Yo no voy a la plaza para ver a la cuadrilla de Javier Castaño. Tito Sandoval David Adalid, Marco Galán, Fernándo Sánchez son buenos subalternos, sin duda, se organizan bien como grupo y como espectáculo. Pero como ellos, hay entre el peonaje ibérico,  por lo menos docena y media.  Yo voy a ver a Javier Castaño, recio, firme y cabal. Y, en ocasiones, demasiado humilde con las estrellas de su cuadrilla. Mientras no se demuestre lo contrario, la estrella es, o debe ser, el matador. Soy igualitarista, pero todavía hay clases. Bien Castaño en el segundo de una corrida de Cuadri, comoda  de cabeza, sobrada de kilos, falta de raza y exagerada  de presencia. Le tocaron  dos garbanzos  negros de una corrida negra. El quinto fue otro garbanzo negro negrísimo. Y el sexto un tigre cabreado.
Ivan García, un estilista clásico  entró en este San Isidro sobre el pedestal de un triunfo agosteño en Las Ventas. Esos triunfos suelen ser duros y llenos de sudores. Y luego, la mayor parte de ellos, se quedan en humo, en un contrato con una corrida envenenada como la de ayer de Fernando Cuadri. Festejo de plomo crispado por el último toro y por Venegas, el toricantano, con dos pares. Festejo para salir corriendo de la plaza y plantarse ante el Plus para gozar, con gloria y éxtasis, de la histórica faena de Julio Aparicio. 

 

 

 

domingo, 1 de junio de 2014

SAN ISIDRO. TIEMPO DE FLAMENCO Y OREJÓN DE AGUILAR


Le cuesta al Capea romper el hielo de la plaza de Madrid; y con un muermo como el sobrero de Julio de la Puerta, más. El hielo de un sobrenombre caliente: Niño de la Capea, Pedro Gutiérrez Moya; un hombre que se alzó de la absoluta nada a lo más alto de la sociedad torera salmantina; temperamento, inteligencia  y magisterio. Capea, Niño de la Capea...... parece expresar un régimen de dependencia y protección. Eso crea frío y hielo; el viento, la gran obsesión del oficialismo taurino para justificar el objetivo  de cubrir  las Ventas, le importa menos; aprendió a torear en el campo y sabe cómo se lidian las inclemencias del tiempo.  Y cómo se lidia un mulo revirado y con cuernos como su segundo.
Peste   de toros, titulares de Montealto y sobreros de Julio Puerta. El  Ventorrillo, duro, demasiado para el valentísimo Ritter que por muy poco no se le fue vivo. Al quinto Alberto Aguilar  lo hizo mejor de lo que era; sin acosarlo y dándole respiro y terrenos; inteligencia con el público y con el toro. Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas,  decía Juan Ramón. Y a Aguilar la inteligencia de dió una oreja.  Un orejón, que diría un castizo. Estoconazo perfecto. El mejor  momento de una corrida vulgar. Hay que esperarlo con los victorinos. Frente a la vulgaridad de hoy,  el recuerdo épico de anteayer que mandó al hospital a Paco Ureña y le quitó el sitio que  ocupó Sebastian Ritter; tuvo el colombiano el caballeroso gesto  de brindarle el toro a su compañero herido.
Fallan los toros, pero  lo que no falla es el flamenco.  En   lejanos tiempos  mi fortaleza física y mental se medía por mi resistencia a la noche del jondo,   que no decaía ni con el lucero del alba. Hoy, en estos días en que Madrid se convierte no solo en la capital mundial del toreo, sino en la capital mundial del flamenco, no aguanto ni siquiera una noche en la Quimera de  Antorrin Heredia. 
El gran acontecimiento de estos dias es Suma Flamenca, un clásico ya de la CAM,  en el que participa   el yunque, la fragua y el bronce ancestral. En dos ocasiones he tenido el  honor de participar, subsidiariamente, en él.  En la primera, María Toledo cantó versos de El fulgor del Círculo. Nunca me sonaron mejor mis  versos. En la segunda, que titulé Albero y Ceniza, milagrosos  Clara Montes, Isabelle Stofell,  Antorrin Heredia, el Persa, con espacio escénico de David Loaysa y dirección de Mariano de Paco. La cumbre fue un gran actor de la Royal Shakespeare Company  en el papel de un guiri ilustrado, un Hemingway despistado, Greg Hicks,  trashumante de la Maestranza a Pamplona. Gracias a Ruperto Merino y Amado Jiménez Precioso he tenido felices incursiones en el mundo de la copla y el flamenco,  algunas  de forma anónima y gozosamente desinteresadas.

Estos San Isidros me hubiese pasado las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio en la sala García Lorca, de Antonio Benamargo, escuchando, viendo, sintiendo a Talegón de Córdoba, la Tobala, Pansequito, Cañeta de Málaga, el Güito, Aurora Vargas. Después  de una corrida de toros en las Ventas del Espíritu Santo, nada como  una juerga flamenca. Eso puede ser la resurrección o la muerte y no quiero tentar al destino. Así que me pongo frente al equipo de música y con mi colección de grabaciones flamencas nada desdeñable y desde Pepe de la Matrona a Camarón hago un intenso recorrido por el mejor flamenco de todos los tiempos. No es igual que andar de tablaos, ventas de carretera y de teatros; pero algo es algo.

SAN ISIDRO. LAS VENTAS DEL ESPÍRITU SANTO Y LA FERIA DEL LIBRO



Ayer, en vez de ir a las Ventas a ver torear a caballo a  Sergio Galán, al que no hace muchos años, declaré El Sucesor,   de Pablo Hermoso claro, me fui a la feria del libro. No sé si aquel augurio de sucesión se ha cumplido, pero en las dos plazas más importantes del rejoneo, Pamplona patria de Hermoso y las Ventas, patria de todos, e incluso enla elitista Maestranza, José Antonio Galán es tanto como el navarro. Ayer abrió la puerta de Alcalá con un toreo, según me cuentan, de muchos quilates.

Pero no todo han de ser toros en éstos San Isidros. De la Feria saqué algunas conclusiones y libros que iré recomendando cada dia. Por ejemplo y con intención de parte  interesada:

LA ARGENTINITA, de Diana de Paco y Javier Villán. Como la editorial Artezblai es más bien impecune, no tiene caseta en la Feria; sólo se vende en la Librería Yorik, en la zona  de Lavapies, de la Casa Encendida, Teatro de Barrio, Umbral de Primavera, Mirador y Valle Inclán; o sea, el cogollo y el meollo: Yorick calle Valencia 21. Tras el éxito de la lectura dramatizada del María Guerrero dirigida por Santiago Sánchez, las ventas del libro se están disparando. La Argentinita con sus tres pasiones, Joselito el Gallo, Sánchez Mejías y Federico García Lorca, es la historia de la mujer quizá más trágica del siglo XX español.  El toro se llevó por delante a José y a Ignacio y el marrajo de la incivil Guerra Civil, fusiló a Federico, su amigo, su confidente que la ayudó en  sus montajes hasta el 36. Encarnación López Júlvez, hermana de la gran Pilar López,  murió en Nueva York en 1945.

JUAN BELMONTE LA EPOPEYA DEL TEMPLE. Un libro de La Maestranza y la Universidad de Sevilla con muchas firmas de prestigio y coordinado por Pedro Romero de Salís y Juan Carlos Gil González. Magnífica edición. Imprescindible para entender a Juan Belmonte y, lo que es lo mismo, para entender el toreo, la revolución del toreo. Ni siquiera Chaves Nogales en su fantástica biografía del Pasmo de Triana llegó tan lejos. La solvencia de los textos, incuestionable. La aportación fotográfica, mejor aún.

CHAVALO: TORERO Y ARTISTA.  Por Enrique Amat, un crítico taurino ilustrado y buen escritor. Lo ha editado, en la colección La Cuadrilla,  Avance Taurino. Amat es uno de los escritores taurinos más notables del momento con una amplia bibliografía. Y Chavalo: torero y artista, un libro sorprendente sobre una personalidad muy rica del  arte y  de la tauromaquia valenciana  y universal. Guillermo Ciscar, Chavalo, fue torero roto por los toros; poeta, pintor. Una personalidad compleja que rebasa el mundo del toro y que requiere más atención que este apunte de urgencia. Lo prometo cuando esté en Valencia, en un próximo Congreso Taurino de la Universidad, la inminente Feria de Julio. Guillermo Císcar ha encontrado un biógrafo y un exégeta a su medida; el escritor y crítico taurino de Levante, Enrique Amat.

Teatro.

La oferta de libros de teatro es espectacular. Por el momento me fijo en texto editorial Cátedra, en edición de Francisco Gutiérrez Carbajo del que escribiré pronto: DRAMATURGAS DEL SIGLO XXI.  Como hoy no puedo entrar en profundidades, señalo que está ahí y que ahí hay nombres claves  como Itziar Pascual, Juana Escabias, Resino o Diana de Paco. Al hablar de teatro, prefiero resaltar los premios  Max, en especial  Un trozo invisible de este mundo, de Juan Diego Boto, dirigido por Peris Mencheta. Ese premio no sólo ha relanzado una magnífica obra que comenté en su momento en el diario El Mundo y que le valió a Juan Diego Boto una meritoria candidatura al Valle Inclán. Ese premio dignificó, dicen,  una noche muy peculiar de la que cuentan y no acaban las lenguas de doble filo de la Villa y Corte.  Un trozo… es una muestra del mejor teatro político que puede verse en estos momentos. en la cartelera madrileña.