Entré en el Amaya a ver el remake de La curva de la felicidad, sin saber quién era Sergio Fernández, el Monaguillo y salí convencido de que es un buen actor, capaz de dar al entrañable personaje de Eduardo Galán y Pedro Gómez, una conmovedora dimensión. Esta pieza pertenece al grupo más amable y divertido de la producción, ya notable en número y calidad, de Eduardo Galán: la comedia costumbrista que, entre bromas y veras, pone al descubierto elementos primordiales del ser humano, del hombre en particular: el amor, el sexo, la libertad, el machismo restrictivo....La gente se rie con las peripecias de estos cuatro personajes, que podrían ser las suyas, que lo son en realidad; y con la fresca y naturalísima interpretación del ya citado Monaguillo, de Jesús Cisneros, Antonio Vico y Josu Ormaetxe: solos con sus fantasmas de seducción y soledad rondando sus vidas de una asombrosa vulgaridad cotidiana. Habrá que escribir más sobre la realidad agridulce de La curva de la felicidad, sobre esa metafórica curva del estómago y la llamada crisis de los 40 años que atormenta a algunos seductores y seductoras.
Pero a mí de lo que me gustaría escribir DE VERDAD, sería de Ultima edición, la otra parte del espejo en la obra de Galán, la de Maniobras, por ejemplo, la menos amable, que aún no ha llegado a Madrid sin que uno alcance a dilucidar las causas de ese retraso: el sistema, esa abstracción en la que se encubren muchos despropósitos del mundo teatral y de otros mundos. Ultima edición es una profunda cala en el periodismo de estos dias; el periodismo como contrapoder, a menudo convertido en apuntalamiento de un poder sectario, partidista, amordazado. Los "misterios" de la redacción de un periódico, los trepas, las víctimas. En definitiva, Última edición como la vida misma.
domingo, 29 de junio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
TOROS E ILUSTRACIÓN EN EL SENADO. RECUERDO DE BIENVENIDA, EL RÉPROBO
Almuerzo en el Senado, emanación de las Cortes Constituyentes de Cádiz; gentileza de Alberto Gutiérrez,
portavoz de cultura. Luis Abril, ex de Telefónica, los hermanos Montero,
cineastas de trinchera y de estética: lenguaje. Aquí viejos aires de libertad
beligerante, librepensamiento, raíces
del liberalismo ilustrado, savia de insurgencia. Imposible respirar este aire y
no sentirse liberal, demócrata, ilustrado y librepensador. Senadores…. aviso
para navegantes. Esto es un fantástico museo; monumentales y magníficos cuadros
del romanticismo español: La rendición
de Granada, La muerte del Marqués de Duero, La jura de la Constitución de la
regente María Cristina con decenas
de retratos, todos identificables: un prodigio. Y también prodigios de pintura
moderna: Miró, Laxeiro, Saura, Equipo Crónica, Millares... Un gran Caneja de
1985 que me confunde: tonos mates, un poco crudos como en la etapa del
tardofranquismo, a caballo ente los sesenta y los setenta.
Almorzamos en la mesa que
habitualmente ocupa Pio García Escudero. Doy fe de que sigo sin ambiciones políticas
que, además no afectarían a su partido, y de que Alberto Gutiérrez no le quiere mover
el sillón. Hablamos de toros y muy poco de política. Que se haya marchado Rubalcaba, el Fouchet
español que no avabó de perfilarse ¿a quién importa sino a él?. Y que Sotillos, junior,
diga que el actual Psoe es un partido medieval y antiguo sólo constata que no
se comerá una rosca en las primarias.
Eso es verdad, lo de medieval. Pero en política, con la verdad no sé a dónde se llega. Luis Abril nos cuenta cómo ha encontrado la
casa de Manolete y doña Angustias: en venta y en derribo. Mi recuerdo de hace
unos quince años es una tarde de gitanas y claveles. Hablaré mañana de la
cuestión. Urge llevar un clavel, montones de claveles a la casa del “monstruo”.
Bienvenida, enemigo de la Fiesta.
Aniversario de Antonio Bienvenida, el
más sevillano de los toreros castellanos. El único, acaso. Kikirikí, abaniqueos muletazos como ala de mariposa, el desplante
marchoso como si estuviera paseando por la Alameda. El toreo profundo que no lo parece, tan natural como el
respirar, tan liviano y tan hondo. Sin crispaciones ni retorcimientos, tan
suave como su sonrisa. Un miura le rajó el vientre y sobrevivió; y una vaquilla
lo mató a traición en un tentadero.
Sobrevivió al boicot de la profesión cuando denunció el afeitado como práctica
diaria en todas las plazas de Iberia. En el frente que le dio bola negra, liderado
por Antonio Ordóñez, estaba Chenel, que anteayer celebrábamos; y Jumillano y
Pedrés y Rafael Ortega que, en cosas de contubernios,
ni pinchaba y cortaba; un torerazo sin mando. Julio Aparicio se descolgó y toreó
un mano a mano con Antonio. Bienvenida, réprobo y maldito. Insolidario, chivato.
¡Enemigo de la Fiesta!. En el fondo, antisistema que es lo que siempre alarma.
Ordóñez acusó un dia: “Antonio había toreado tantos toros afeitados como los
demás. Pero no le contrataban. Esa era la cuestión. Y tuvo que dar la
nota”. Era de misa diaria y miembro
destacado del Opus: Supernumerario. Contaba con gracejo inigualable una
anécdota de la Coruña. Tarde desafortunada, una señora que lo llama por su
nombre cuando se retira al burladero: “Antonio, menos rezar y más torear”. La señora lo había visto comulgando por la mañana.
martes, 24 de junio de 2014
HOMENAJE A ANTOÑETE DE CLAUDIO RODRIGIEZ
Me sumo al homenaje que los aficionados tributan estos dia a la memoria de Antoñete, aunque creo que parte de mi vida
taurina me la he pasado homenajeando a Antonio Chenel. Puede que sea el torero
que, con Rafael Ortega, más culpa tenga de haberme metido en el laberinto
taurómaco. Le dije un dia lejanísimo a Chenel que mi torero era Rafael Ortega
y casi se echó a llorar. Me dijo que el
gaditano era mejor que él. A Rafael Ortega, lo descubrí por el Rincón del Sur,
luego en la célebre corrida de la espantada de Curro Romero que salió de la
Ventas conducido, y por último en una o
dos corridas en Barcelona. Son los dos únicos toreros a los que he seguido por convencimiento. Los
demás, con preferencias claro está, obligación de cronista taurino.
El mejor homenaje que puedo rendir a Chenel en
estos días es publicar el poema de Claudio Rodríguez, el único de toros que el
gran Claudio escribió en su vida. Fue, a petición mía, para una carpeta en
honor de Chenel, que en el 85 publicamos Antonio Leyva y yo: unos 40 escritores
y otros tantos poetas. A Sabina, antoñetista acérrimo por entonces, no le pedimos poema
porque habría escrito un soneto; y Sabina es un cantante genial pero sus
sonetos son muy malos.
Luego, antólogos y estudiosos del
poeta zamorano, se han atribuido orígenes y descubrimientos de este poema;
siempre torearon a toro pasado. El magnífico poema de Claudio nació para, y se
publicó en, esta carpeta de título
sencillo: Homenaje a Antoñete. Con la
Puerta Grande de las Ventas de portada: una carpeta, codicia hoy de bibliófilos
y antoñetistas. La primera traición a
esta publicación la consumó un hermano de Paco Alcalde, que la plagió -dibujos y poemas- en un
reportaje de televisión española
sin citar las fuentes. El poema de Claudio Rodríguez se titula, Entre la magia y la sabiduría y dice
así:
“En esta sinfonía
del capote, que suena,
¿a qué?. He aquí el misterio.
Todo, la tela, el aire
de la distancia, toda la embestida,
agresiva y solemne,
y cuando el temple llega, ya es un
canto.
He aquí un torero que aunque tenga
nombre,
se lo va dando más, y quiere y salva.
Esa manera de andar por la plaza,
el movimiento interno, el del tanteo,
se maciza,
y hace tacto y aire al mismo tiempo,
cuando llega el embroque.
Aparición sin tiempo.
¿Frontal o circular?. ¿Es movimiento
o es reposo?.
La lejanía, la proximidad,
helas aquí. Él bien sabe
la religiosidad del humo y de la
sangre:
lo más vivo. Y llega
una revelación oscura, por la
izquierda
o bien por la derecha; y está el
cuerpo
ofrecido, total, en su pecho, en poderío
y mármol,
entre la magia y la sabiduría”.
Claudio
Rodríguez
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