domingo, 29 de junio de 2014

LA CARA MÁS AMABLE DE GALAN EN EL AMAYA, A LA ESPERA DE "ÚLTIMA EDICIÓN"

Entré en el Amaya a ver el remake de La curva de la felicidad, sin saber quién era Sergio Fernández, el Monaguillo y salí convencido de que es un buen actor, capaz de dar al entrañable personaje de Eduardo Galán y Pedro Gómez, una conmovedora dimensión. Esta pieza pertenece al grupo más amable y divertido de la producción, ya notable en número y calidad, de Eduardo Galán: la comedia costumbrista que, entre bromas y veras, pone al descubierto elementos primordiales del ser humano, del hombre en particular: el amor, el sexo, la libertad, el machismo restrictivo....La gente se rie con las peripecias de estos cuatro personajes, que podrían ser las suyas, que lo son en realidad; y con la fresca y naturalísima  interpretación del ya citado Monaguillo, de Jesús Cisneros, Antonio Vico y Josu Ormaetxe: solos con sus fantasmas de seducción y soledad rondando sus vidas  de una asombrosa vulgaridad cotidiana. Habrá que escribir más sobre la realidad agridulce de La curva de la felicidad, sobre esa metafórica curva del estómago  y la llamada crisis de los 40  años que atormenta a algunos seductores y seductoras.

Pero a mí de lo que me gustaría escribir DE VERDAD, sería de Ultima edición, la otra parte del espejo en la obra de Galán, la de Maniobras, por ejemplo, la menos amable, que aún no ha llegado a Madrid sin que uno alcance a dilucidar las causas de ese retraso: el sistema, esa abstracción en la que se encubren muchos despropósitos del mundo teatral y de otros mundos. Ultima edición es una profunda cala en el periodismo de estos dias; el periodismo como contrapoder, a menudo convertido en apuntalamiento de un poder sectario, partidista, amordazado. Los "misterios" de la redacción de un periódico, los trepas, las víctimas. En  definitiva, Última edición como la vida misma. 

viernes, 27 de junio de 2014

TOROS E ILUSTRACIÓN EN EL SENADO. RECUERDO DE BIENVENIDA, EL RÉPROBO


Almuerzo en el Senado, emanación  de las Cortes Constituyentes  de Cádiz; gentileza de Alberto Gutiérrez, portavoz de cultura. Luis Abril, ex de Telefónica, los hermanos Montero, cineastas de trinchera y de estética: lenguaje. Aquí viejos aires de libertad beligerante, librepensamiento, raíces  del liberalismo ilustrado, savia  de insurgencia. Imposible respirar este aire y no sentirse liberal, demócrata, ilustrado y librepensador. Senadores…. aviso para navegantes. Esto es un fantástico museo; monumentales y magníficos cuadros del romanticismo español: La rendición de Granada, La muerte del Marqués de Duero, La jura de la Constitución de la regente María Cristina con decenas de retratos, todos identificables: un prodigio. Y también prodigios de pintura moderna: Miró, Laxeiro, Saura, Equipo Crónica, Millares... Un gran Caneja de 1985 que me confunde: tonos mates, un poco crudos como en la etapa del tardofranquismo, a caballo ente los sesenta y los setenta.

Almorzamos en la mesa que habitualmente ocupa Pio García Escudero. Doy fe de que sigo sin ambiciones políticas que, además no afectarían a su partido,  y de que Alberto Gutiérrez no le quiere mover el sillón. Hablamos de toros y muy poco de política. Que se haya marchado Rubalcaba, el Fouchet español que no avabó de perfilarse ¿a quién importa sino a él?. Y que Sotillos, junior, diga que el actual Psoe es un partido medieval y antiguo sólo constata que no se  comerá una rosca en las primarias. Eso es verdad, lo de medieval. Pero en política,  con la verdad no sé a dónde se llega.  Luis Abril nos cuenta cómo ha encontrado la casa de Manolete y doña Angustias: en venta y en derribo. Mi recuerdo de hace unos quince años es una tarde de gitanas y claveles. Hablaré mañana de la cuestión. Urge llevar un clavel, montones de claveles a la casa del “monstruo”.

Bienvenida, enemigo de la Fiesta.

Aniversario de Antonio Bienvenida, el más sevillano de los toreros castellanos. El único, acaso. Kikirikí,  abaniqueos  muletazos como ala de mariposa, el desplante marchoso como si estuviera paseando por la Alameda. El toreo profundo  que no lo parece, tan natural como el respirar, tan liviano y tan hondo. Sin crispaciones ni retorcimientos, tan suave como su sonrisa. Un miura le rajó el vientre y sobrevivió; y una vaquilla  lo mató a traición en un tentadero. Sobrevivió al boicot de la profesión  cuando denunció el afeitado como práctica diaria en todas las plazas de Iberia. En el frente que le dio bola negra, liderado por Antonio Ordóñez, estaba Chenel, que anteayer celebrábamos; y Jumillano y Pedrés y Rafael Ortega que, en cosas de  contubernios, ni pinchaba y cortaba; un torerazo  sin mando. Julio Aparicio se descolgó y toreó un mano a mano con Antonio. Bienvenida, réprobo y maldito. Insolidario, chivato. ¡Enemigo de la Fiesta!. En el fondo, antisistema que es lo que siempre alarma.

Ordóñez acusó  un dia: “Antonio  había toreado tantos toros afeitados como los demás. Pero no le contrataban. Esa era la cuestión. Y tuvo que dar la nota”.  Era de misa diaria y miembro destacado del Opus: Supernumerario. Contaba con gracejo inigualable una anécdota de la Coruña. Tarde desafortunada, una señora que lo llama por su nombre cuando se retira al burladero: “Antonio, menos rezar y más torear”. La señora lo había visto comulgando por la mañana.

martes, 24 de junio de 2014

HOMENAJE A ANTOÑETE DE CLAUDIO RODRIGIEZ




 Me sumo al homenaje  que los aficionados  tributan estos dia a la memoria de  Antoñete, aunque creo que parte de mi vida taurina me la he pasado homenajeando a Antonio Chenel. Puede que sea el torero que, con Rafael Ortega, más culpa tenga de haberme metido en el laberinto taurómaco. Le dije un dia lejanísimo a Chenel que mi torero era Rafael Ortega y  casi se echó a llorar. Me dijo que el gaditano era mejor que él. A Rafael Ortega, lo descubrí por el Rincón del Sur, luego en la célebre corrida de la espantada de Curro Romero que salió de la Ventas conducido,  y por último en una o dos corridas en Barcelona. Son los dos únicos toreros  a los que he seguido por convencimiento. Los demás, con preferencias claro está, obligación de cronista taurino.

 El mejor homenaje que puedo rendir a Chenel en estos días es publicar el poema de Claudio Rodríguez, el único de toros que el gran Claudio escribió en su vida. Fue, a petición mía, para una carpeta en honor de Chenel, que en el 85 publicamos Antonio Leyva y yo: unos 40 escritores y otros tantos poetas. A Sabina, antoñetista acérrimo por entonces, no le pedimos poema porque habría escrito un soneto; y Sabina es un cantante genial pero sus sonetos  son muy malos.

Luego, antólogos y estudiosos del poeta zamorano, se han atribuido orígenes y descubrimientos de este poema; siempre torearon a toro pasado. El magnífico poema de Claudio nació para, y se publicó en,  esta carpeta de título sencillo: Homenaje a Antoñete. Con la Puerta Grande de las Ventas de portada: una carpeta, codicia hoy de bibliófilos  y antoñetistas. La primera traición a esta publicación la consumó un hermano de Paco Alcalde, que  la plagió  -dibujos y poemas-  en un  reportaje  de televisión española sin citar las fuentes. El poema de Claudio Rodríguez se titula, Entre la magia y la sabiduría y dice así:

“En esta sinfonía

del capote, que suena,

¿a qué?. He aquí el misterio.

Todo, la tela, el aire

de la distancia, toda la embestida,

agresiva y solemne,

y cuando el temple llega, ya es un canto.

He aquí un torero que aunque tenga nombre,

se lo va dando más, y quiere y salva.

Esa manera de andar por la plaza,

el movimiento interno, el del tanteo,

se maciza,

y hace tacto y aire al mismo tiempo,

cuando llega el embroque.

Aparición sin tiempo.

¿Frontal o circular?. ¿Es movimiento

o es reposo?.  

La lejanía, la proximidad,

helas aquí. Él bien sabe

la religiosidad del humo y de la sangre:

lo más vivo. Y llega

una revelación oscura, por la izquierda

o bien por la derecha; y está el cuerpo

ofrecido, total, en su pecho, en poderío y mármol,

entre la magia y la sabiduría”.

 Claudio Rodríguez