viernes, 1 de agosto de 2014

HOMENAJE A AZPEITIA; LOS TOROS EUSKALDUNES Y EL ZORTZIKO FÚNEBRE


Nota de actualización. Para algunos lectores Azpeitia, sus fiestas y sus toros han sido un descubrimiento. Prueba evidente del desconocimiento que hay entre las distintas zonas de esta vieja y reseca piel de toro., la Pell de Brau, la Sefarad, de Salvador Espriu. "Defenderé la casa de mis padres",  escribía Gabriel Aresti al que seguramente no le gustaban los toros, como tampoco a don Miguel de Unamuno, que los detestaba. No importa. Lo que de verdad importa para que esta raza ibérica cainita no acabe desangrándose como tantas veces, es saber que tenemos padres, que tenemos casa, que tenemos tradiciones y costumbres. Y que, como decía el gran poeta euskaldún Gabriel Aresti, "defenderé la casa de mi padre", defenderemos la casa de nuestros padres. Y con la casa de nuestros padres , las costumbres, la memoria de nuestros padres.
La vitalidad de los toros en Donosti nunca la marcó Illumbe rescatada, apuntalada por los aficionados del resto de España con sus abonos incondicionales, quince años cautivos más o menos.  Acabada esa cautividad, los Chopera han levantado el vuelo. La vitalidad de los toros en Guipúzkoa la ha marcado y  la marca  Azpeitia. La Euzkadi profunda, vasca hasta cepa, hasta las raices del alma. Azpeitia y su zortzico fúnebre y el banderillero muerto. Y la bruja pitonisa. La vitalidad de los toros en el Pais Vasco la van a marcar las CC GG de la próxima Aste Nagusia en Bilbao. De cualquier manera, siempre nos quedará Azpeitia. Y el Betizu, toro rojo de estos imponetes montes. 
 

A esas horas, las siete de la tarde más o menos, quizá ya se haya escuchado en la plaza de Azpeitia el Zortziko Fúnebre en honor del  banderillero  José Ventura Laca: una oración por un torero infortunado. Espero noticias de la actuación de Paulita y, mientras, vuelvo a contemplar el retrato inmerecido que me ha hecho Nekane, la cual vuelve a señalarme  en un tuit y con toda razón y piedad de la que es capaz, un lapsus sobre Azpeitia que ya cometí hace meses  y he vuelto a padecer esta mañana; cambiar aurresku por zortzico. Aquí hay algo de maldición o aviso de siquiatría o algún maligno encantador que me persigue. Abro mi libro Tauromaquias: lenguaje, historias y toreros. (La Esfera, 2012). Y en la página 297, leo: “Azpeitia, en el corazón de la Euskadi profunda, mantuvo la llama deL toreo en Guipúzcoa cuando las especulaciones inmobiliarias derribaron el viejo Chofre de Donosti. El zortziko, al arrastre del tercer toro, en honor de un banderillero muerto siglos atrás, es uno de los momentos más emocionantes que pueden vivirse en una plaza de toros".

 "En Azpeitia,  euskaldún, y en alto grado nacionalista, los toros se consideran como algo propio. Fui a Azpeitia  dos o tres años invitado por Witi (Huiti, quise decir) aficionado grande y durante algún tiempo responsable del organismo organizador de las corridas.  Asistía a todas las procesiones religiosas, jugaba al mus hasta la extenuación y, de paso iba a los toros más que nada por el Zortzico Fúnebre. Si, como se teme, el cierre de Illumbe  es una amenaza próxima, Azpeitia debiera ser el eje de los toros en Guipúzkoa en el corazón de Euzkadi”.
 Traigo esto a colación, no para avalar mi condición de profeta por la amenaza  cumplida de Illumbe, sino para demostrar  que sé lo que es un zortziko. Porque ese libro lo escribí yo, palabra, y no me lo hizo un negro. Y con la esperanza de descubrir al mago que me convierte los molinos en gigantes y me hurta el verdadero rostro de mi querida Euskadi.

Sobre Paulita,  sobre los Cuadri y la cuadrilla de superpeones de Javier Castaño, con más mando en plaza que el jefe,  no me llega nada; sólo que Paulita estropeó su triunfo con los aceros.

 Todos contra Talavante

Noticias me vienen de otro lado de que a Alejandro Talavante, empresas y colegas le están haciendo la vida imposible. Pero ¿no habíamos quedado que  en toros, todo es elegancia, respeto y fair play?. Y además ¿cómo se le puede hacer eso a un torero protegido, dicen, de Manuel Molés?. Y de verdad ¿está el actual Manuel Molés en situación de proteger a alguien? Tendré que preguntárselo a Curro Vázquez que de toda esta historia es el que más confianza me inspira. Antes lo acusaban de asaltar las ganaderías en beneficio de sus poderdantes. ¿Qué dirán ahora del gran Curro Vázquez, torerísimo?. El libro de toros del que más orgulloso me siento es Curro Vázquez, sombra iluminada. Es quizá el único que volvería a escribir sin arrepentirme de nada.

Nota no taurina;

Espero las diatribas en  tuiter de Pilar Manjón y su heroica  tribu de víctimas del terrorismo, por alguna inconveniencia que solté esta mañana sobre su acre juicio en torno a la P de la mujer de Obama el negro. En vano;  en una mañana de luminosos desaiertos escribí María Terón y no Pilar Manjón. ¿Cómo iban a responderme?. Mejor así.

 

miércoles, 30 de julio de 2014

VALENCIA. (III). PEÑA LOS MACHACOS Y LA III GUERRA MUNDIAL.


Machacos.

Los Machaco, peña antisistema, aunque la presida un juez ya jubilado, Mariano Tomás Benitez,  se  curó en salud y este año declaró, antes de la Feria de Sant Jaume, desiertos su principales premios. Sin embargo, el Jurado de la Diputación, cada vez más y gaseoso y evanescente, se ha apresurado  a declarar triunfador a Miguel Abellán. Eso está muy bien  pues Miguel Abellan anda últimamente entre el síndrome de mira quien baile y mira quien muere. No hay tarde que el toro no le dé una buena zurra y lo mande a la enfermería de la que sale con más apariencia de muerto que de vivo, justo en el momento oportuno. No es el único;  JT en Granada salió a matar su  toro que Finito de Córdoba había `pinchado ya dos veces. Cambiar revolcones por orejas está empezando a ser costumbre perversa. Todo el mundo, menos el propio Rafaelillo seguramente,, un coloso sin el añadido de desmayos y crucifixiones, creía que el murciano, tras su faenón al Cuadri, sería el triunfador. Pero no fue así; le faltó quizás una cornada, una puesta en escena trágica. De habérmelo dicho yo lo hubiese asesorado sobre el arte de interpretar;  o Fernando Muñoz que con Mayty se pasa la vida entre Valencia y el Foro  viendo teatro. Mas parece que esas lecciones de interpretación Abellán no las necesita.

 Los Machacos han cambiado sus normas este año, y han admitido en una de sus cenas tradicionales a una mujer: Anya Bartels una mujer alemana y fotógrafa. Excelente fotógrafa y supongo  que excelente alemana; la pasión alemana por JT.  Me parece muy bien esa apertura, pero hay  que tener cuidado, pues aunque sea entre amigos,  en el momento en que se miente a JT, puede declararse la III Guerra Mundial. Estando presentes Juan Manuel Mompó y Mariano Tomás la posibilidad de un armisticio siempre es posible. Pero conviene no tentar al destino pues  sabido es que lo carga el diablo. La I Guerra fue el magnicidio de un Archiduqe; la II, la necesidad de espacio vital para el III Reich. Sólo nos bastaba, para una tercera conflagración, el mito de un torero. Pudiera ser. Aunque mientras se mantengan Juan Manuel y Mariano Tomás al frente, el riesgo disminuye.
 
 Además el otro dia decubrí las dotes diplomáticas de Marcelino, el portavoz de los Machaco y la mesura de Carmelo, el cocinero. Y me reafirmé en que  Javier Mompó no apaga los fuegos con gasolina, sino que es la conciencia más radical de la peña y, si me apuran, de la mejor afición valenciana, con mucho temple.  Lástima que no estuviera Enrique Amat, al que llaman el Pluma por su condición de periodista, para levantar acta. Como Enrique Amat no estaba levanto acta yo.

Si en el anterior ágape, víspera de Fallas, describí a Marcelino, el portavoz, como el polifónico, dada su múltiple y diversa capacidad expositiva, hoy lo propongo  como Embajador Plenipotenciario  de la diplomacia machaca. Con Carmelo de secretario personal y escriba. Con independencia de los gustos y aficiones por un torero u otro, la cena fue un milagro: gastronómico, taurino y si me apuran político. No estalló la III Guerra Mundial, lo cual a las cuatro de la mañana, es digno de reseñar y la cena de Carmelo, fue de cinco tenedores. Mientras atendía a los fognoes, no podía atender a la discusión; mejor.
 David Loaysa, invitado también, al que los toros le traen al fresco, pues es teatrero y fallero y escenógrafo, resumió algo que, bien mirado, pudiera ser digno de Manuel Mompó y Mariano Tomás; “No habeis hablado de toros, sino de mitos y de dioses. Y un mito, un ser público, un dios como parece ser JT, tiene la obligación de aceptar críticas y reproches.  La cosa no es solo aprovecharse del tirón de la fama, sino aceptar también sus servidumbres”. Lo que quedó  meridiano y diáfano es la diferencia entre la dialéctica germana y la mediterránea.  Es como la diferencia entre el toreo sevillano y una capea.

La Diputación ha publicado hace poco hace poco un espléndido libro en el que  se recoge el  pensamiento taurino de Mariano Tomás, silente casi toda la noche, sus artículos  en Levante, Las Provincia y El Sol. Y sus libros que aúnan el rigor del magistrado y la fluidez de un periodismo fresco y bien hilvanado, su tauromaquia joselitista, (Miguel Arroyo), la larga secuencia de una vida de aficionado.  Como en términos estrictos no hemos hablado de toros, le prometo leerlo esa misma noche o al dia siguiente antes de que empiecen las sesiones del Congreso Taurino y otras Artes en la UIPM.  Aunque buen parte de esos artículos Toreajes ya los conozco; incluso me sirvieron como base de conversación con José María Aragón, su amigo del alma y cirujano de plaza,  en cálidas noches como ésta,  un poco menos turbulentas.
 En próximas entradas del blog, analizaré la razón o sinrazón del nombre de esta peña que he calificado de antisistema, a pesar de que la presida un magistrado, y su tesorero sea un hombre honrado sin fondos que malversar.  Y aunque los hubiera, tampoco. Machaco, Machaquito. Anís o torero. A las cuatro de la madrugada, el último Machaco sabe a gloria.    

 

  

sábado, 26 de julio de 2014

VALENCIA (II). VICENT LUNA EL MAESTRO FALLERO.


Hace años en Valencia utilizaba  para mis artículos la referencia de un maestro fallero que me corregía las crónicas y  sólo existía en mi imaginación. Al maestro fallero le atribuía el papel más crítico y yo me reservaba el complaciente y tolerante. Muchos sospecharon el artificio y alguno, un joyero deseoso de la notoriedad que no le daba su pingüe negocio, dió en proclamar que el maestro fallero de mis crónicas era él. Nunca podría imaginar yo que aquel juego  literario se haría realidad un día. El personaje ha venido en busca de su autor y al fin he podido ponerle nombre y cara: el maestro Vicent Luna Cerveró. Hoy es realidad lo que entonces era extraña invención. Era una especie de alter ego  tirando a rojo y a republicano; y, al conocerlo,  me he quedado sin alter y sin ego. Pero convencido de que soy un Pirandello en potencia.

Con esta idea me despedí de congresistas y organizadores en la UIPM, tras la formidable conferencia de Luis Francisco Esplá, gran  Ignacio Sánchez Mejías de La Argentinita de Santiago Sánchez, hace dos meses en el María Guerrero, sobre texto de Diana de Paco y mío. Y digo La Argentinita de Santiago Sánchez, porque el texto en manos del director de Imprebis, fue otra cosa, pura magia de una noche insólita. Esplá, una mente lúcida, aún no sé si ha salido del todo del papel de Sánchez Mejías. En ocasiones esa paradoja del comediante, en la que Diderot sistematizó un código entre la realidad escénica y la realidad real, pienso que impregna la palabra y el gesto del torero alicantino. Esplá ha dominado siempre  la puesta en escena del arte de torear. El toreo no es teatro, al menos en el sentido despectivo  que le da el vulgo: es la máxima expresividad gestual de un sentimiento, de un acto creador que  sí forma parte de la esencia  del teatro. Con una diferencia sustancial: lo que en escena es convención y simulación  en el ruedo es pura realidad; aquí se muere y se sangra de verdad.

Abandoné pues, la razón intelectual del Congreso Taurino y me sumergí en la razón sensorial del taller-estudio de Vicent Luna,  acompañado por Santiago Sánchez, Xus Romero y David de Loaysa. Sensación de encontrarme en un templo accesible a unos pocos, reservado sólo a algunos privilegiados; un desorden barroco de acumulación de maquetas, vaciados, ninots que se salvaron de la quema, bajorrelieves de barro, esculturas que, por encima de todo, son la vida y el alma de la falla calcinada. Toda la historia de la falla, el espíritu creador de vieja artesanía a la manera antigua,  está aquí tanto o más que en el Museo Fallero, al lado,  que trata de organizar y dirige su hija Pilar. Cada cual se sumerge en los laberintos del taller, en estos círculos del arte con su propio Virgilio, cada cual es su propio Dante sin necesidad de guía. Santiago Sánchez ve en todo esto una colosal invención teatral, una puesta en escena un poco caótica pero germinal; en las figuras que nos sonríen y nos hacen muecas,  Xus Romero ve el ensayo general de un drama, una teoría de la interpretación; son gestos vivos por encima de su congelación acartonada; la mueca como traslación de la máscara.

David Loaysa,  no se aparta del maestro como si quisiera absorber todos sus impulsos vitales, ve un inmenso decorado en contínuo conflicto de mágicas  acumulaciones derivadas a espacio escénico. Aunque en realidad,  aquí la única conciencia rectora,  sumergido en los propios círculos y la propia historia,  es Vicent Luna, que a los 90 años todavía modela,  esculpe, dibuja, pinta, idea, sueña fuegos creadores en la contorsión infernal de una cremá.
A estas alturas del año y pese a la sabiduría y los premios, Vicent Luna no tiene  todavía ningún encargo  para las próximas fiestas. Vicent Luna es la figura de más prestigio  de la historia   de este arte satírico, crítico, festivo. El último de una especie. Apartado en una esquina, delante de un torno, el maestro absorto  esculpe la magia de  un busto de mujer. No se percata de que tiene espectadores a su lado. Cuando se da cuenta  sonríe, señala con un leve gesto su obra inacabada, indaga en las razones por las que una gente más que él se interesa por su obra. Y no le importa  que hayamos profanado el santuario. Conoce su historia, sus premios, sus genialidades condenadas a la destrucción por el fuego purificador;  pero no se detiene a pensar en lo que ha hecho. A partir de ahí, todo adquiere otras dimensiones. En una época en que domina la urgencia y las nuevas tecnologías, en detrimento de la calidad y la pureza, el genio artesanal, elevado a categoría suprema, de Vicente Luna, es como una vuelta  al Renacimiento.  El taller de Vicent Luna Cerveró se niega a perder su identidad: orgullo de ser quien es, de haber hecho lo que tenía que hacer y  seguirá haciendo mientras le quede vida. Los políticos pasan, las  modas también.

En el taller de Vicent Luna parece que se hubiera detenido el tiempo. Pero este sigue su rimo inexorable; el tiempo y el arte acaban por cumplir su venganza: la inmortalidad. Cerca,  el Museo Fallero,  asfixiado por la falta de espacio que la dedicación de Pilar Luna va reorganizando poco a poco, quitándole su aire de almacén de despojos.  En cualquier sitio, este Museo sería proclamado un bien de la humanidad. Con que lo declaren bien cultural de Valencia y de España Pilar y María José quedarían contentas. Y con tener un poco más de espacio, un poco más de recursos, un poco más de apoyo. No sería difícil aumentarlo pues lo que tienen es nada. Ahí os quiero ver políticos y políticas. Vicent Luna ya no tiene secretos, se los ha pasado a Pilar y a Maria José. Su colosal e incendiaria pasión creadora tiene ahora, en su quehacer diario, una dimensión más laboral y artesanal. De pasatiempo para no aburrirse. Cada dia va al taller como si fuera la fábrica de sus sueños. Tantos años  pegado a este estudio, como este dia   de la malbaratada Feria de Julio de Simón Casas.

En toda la obra de Vicent Luna hay una intensa presencia taurina lo cual tiene una explicación. En su lejana juventud toreaba en la parte seria del Empastre con buen estilo, más allá del mero aficionado. Por lo que deduzco de recortes y crónicas de periódicos, su mito torero debía de ser Manolete  y después Antonio  Bienvenida. La otra presencia, apenas insinuada, es la republicana. Y  le salta la risa al recordar las magníficas fallas de la Plaza del Caudillo del tardofranquismo con guiños de rojerío. Vicent Luna, que  ha convertido materiales modestos como la madera o el cartón en apariencia de  consistencia fuerte de materiales nobles, explica las burlas a la censura,  una bandera tricolor más o menos camuflada en los restos de las construcciones que le dieron la fama de que hoy goza. Inocentes transgresiones, travesuras iconoclastaas.

 En el transcurso del dia salen a relucir amigos comunes: el poeta Vicente Andrés Estellés,  José María Aragón, médico jefe de la enfermería de Valencia y el juez Mariano Tomás Benítez, con el cual he cenado la noche anterior. Mariano Tomás es uno de los aficionados  más respetados de Valencia y acaba de publicar sus Escritos Taurinos, en edición de Enrique Amat.

El taller de Vicent Luna vive un presente incierto alimentado de recuerdos. O de decoraciones de interiores, encargos teatrales, cinematógraficos o urbanos menos ambiciosos. Cuando ustedes compren un periódico en la Plaza España de Madrid, en la glorieta de Bilbao frente al café comercial o en la Gran Via, piensen que ahí en esas humildes fábricas está la mano y el sello de una escuela y una estirpe: la del mejor maestro fallero de todos los tiempos, Vicent Luna.