martes, 19 de agosto de 2014

CC. GG (III) HERMOSO, TORERO Y A HOMBROS; PONCE SÓLO TORERAZO.



A ver cómo me las arreglo para contarle al Murga qué ha hecho hoy en Bilbao Enrique Ponce, su ídolo, su dios. El Murga es un personaje que excede toda ponderación. Hasta que conocí al Murga creí que nada había en la tierra más candente que los fieles  seguidores de José Tomás. Bastaría media docena de Murgas  poncistas para acabar con el tomasismo, y con el tomismo, más doctrinal y religioso.  No estoy  comparando  toreros, dios me libre, sino a aficiones que se  manifiestan de distinta manera. Los de Ponce son un clan abierto, una tribu solidaria;  los de JT han derivado en secta. El Murga, idólatra de Enrique Ponce,  une en su persona el misterio de la secta y el fervor de la tribu. A ver cómo me las arreglo para explicar al Ponce de esta tarde, no la palabra exacta que eso no debe ser problema para un escritor, sino la palabra con matiz poncista suficiente para no defraudar al Murga.

Debe de ser camionero o viajante de comercio, de los antiguos, porque me habla desde distintos puntos de España. Tiene una gran cultura  del Quijote, por eso su perfil de tuit lo define Cide Hamete Benengeli; o sea que sabe de qué va la cosa del inventor de la novela moderna y monarca de las letras españolas. Tengo para mí que al Murga le gustaría atribuir al valenciano como torero las virtudes que él, Cide Hamete Benengeli, atribuye a Cervantes como escritor: claridad de estilo,  la luz como lenguaje que fue ayer el Ponce del sexto toro.

25 años de alternativa y el victorino número cincuenta de su carrera. Poder contra poder; correoso el toro y lidiador el torero: aquí, la famosa técnica que, en toros, no es otra cosa que capacidad, argumentos,  para imponerse al animal. Se impuso el torero. El destino le quitó el precioso colorao de Alcurrucén, lesionado en una mano, del que se esperaba todo,  y le regaló un juampedro del que no se esperaba nada. Ponce le toreó como si torease al aire, sin obligarle, sin apreturas. Un toreo más agresivo y  se hubiera quedado sin toro. La faena tuvo la intensidad frágil de la armonía, de la levedad. Y pinchó y lo desbarató todo con el descabello. La zafiedad de los aceros frente a la pureza de una muleta como ala de mariposa.

Pablo Hermoso de Mendoza ha tenido la autoridad de incorporar  al toreo a caballo el lenguaje del lidiador de a pie.  Y de imponerse en festeejos,  con las figuras de a pié, con toros desmochados; torería con ventaja. Cuando Cagancho, el más torero de todos los caballos conocidos y por conocer, resultaba extraño que  algunos empezáramos a hablar de recortes, trincherazos, de la grupa del caballo como muleta… Hemeroteca para aquel lenguaje novísimo y para la perplejidad de algunos revisteros por la heterodoxia. Hoy ese vocabulario es de uso común. Se creyó que, acabado Cagancho se acabaría Pablo Hermoso, el navarro que había terminado con la hegemonía de los caballeros andaluces. Siguió ascendiendo hasta instalarse en la cumbre, inventándose lances, domado caballos que han nutrido las mejoras cuadras. Ahora todos sus  caballos son Caganchos, todas sus cabalgadas son de torero largo y en la cumbre. Primores con el primero, un gran toro de Bohórquez,  filigranas y virguerías que desbarató con el rejón de muerte. Y la misma orfebrería, y  mayores vibraciones, con el encastado murube de Pedro Gutiérrez. Y por fin, el victorino desmochado para rejones. Uno tiene la sensación de que  desmochar a los toros para rejones es una degradación de su naturaleza fiera. Los victorinos no parecen toros para rejones, les sale una naturaleza estratégica que descoloca a los caballos. Y a los caballeros.

lunes, 18 de agosto de 2014

CC GG (II) MATIAS, EL MEJOR PRESIDENTE DE ESPAÑA.


Pese a que Matías González blandeó en la oreja del sexto a Juan del Álamo, sigue siendo el mejor presidente de España. Le pudo la sentimentalidad de haberle negado la oreja del tercero, pedida sin duda con muchas más fuerza. Justa compensación. Un presidente no es solo dar o negar orejas. Es el orden del desarrollo de la corrida, la ordenación de los tercios y los detalles.

La televisión no es lenguaje de  toros. Me explico; los toros son un arte sensorial,  una manifestación radicalmente orgánica de la emoción. Los toros es la creación en acto y eso no lo puede captar otro lenguaje ni siquiera las virtudes técnicas del realizador y su equipo de Canal Plus. Cómo transmitir  la pulsión germinal y telúrico de Paco Ureña. El video, la teuve  enmascara lo esencial y   descubre lo periférico y superficial.  Con Pilar Miró tenía planeado un corto sobre José Miguel Arroyo su torero favorito. Y siempre nos  preguntábamos  lo mismo: cómo contar en cine una historia que no es historia, que son sensaciones, lenguaje del espíritu y la sangre, frente al frío lenguaje de la técnica. Pilar Miró se planteaba, en ese corto que no hicimos, darle una vuelta de tuerca al lenguaje taurino cinematográfico.

Sólo la poesía, la madre de todos los lenguajes, el lenguaje proteico, es capaz de explicar lo esencial de la corrida. La  verbalidad de  narradores es otra cuestión.  La rotundidad, la  precisión del vocabulario escrito nada tiene que ver con las cautelas que impone el medio audiovisual. Lo comenté en más de una ocasión con Manuel Molés y con Fernando Fernández Román, cuando ambos mandaban mucho en esto, al comparar el tono de mis críticas  con el de sus comentarios y descripciones.  

 No entraré  en ello, porque entre otras cosas, lo que más me gusta son las entrevistas de Elena Salamanca, que me recuerda cuando íbamos de bolos con la tropa de cómicos y flamencos por los campos de Castilla. La bella  Elena no era actriz, pero la gente la tomaba por tal. Luego le salió el Plus y los toreros,   y creo que esto es mejor.  La vida de los actrices o eres Margarita Xirgu  o las pasan putas.

Matías González, en su lugar. El trapío del toro de Bilbao está muy caro. Y las orejas también. En épocas de saldos Matías  mantiene la seriedad de una  plaza que debiera estimular la vuelta al ruedo de un diestro cuando le ha pedido infructuosamente la oreja.  La corrida de ayer en otras plazas de España hubiera sido una lluvia de orejas. Aquí en Bilbao sólo fueron dos.  

Paco Ureña. Emoción, trazo largo, autoridad  frente a alcurrucén difícil y enrazado;  la dificultad natural del toro de lidia en su ser: la casta. Y frente a otro de parecido ADN. Los alcurrucenes,  digo ahora lo que hubiese dicho  esta mañana, de estar en el apartado al que me había invitado la gentileza de Javier Aresti; equilibrio de tipo, trapío. Y  armonía entre bravura, casta, temperamento y nobleza. Recuerdo un toro noble hace  algunos años en las Ventas, que fascinó a los tendidos y a la crítica. Me encontré en el patio de arrastre con José Luis Lozano y me dijo,  no te ha gustado el toro. No. Me gustan con más picante. Con más personalidad. Y a mí; pero a ver cómo conseguimos eso; y un poco más de fondo. Respondí que el fondo del toro suele quitarle fondo al torero.

A Serafín Adame le hierve el toreo en las venas, pero sin atropellarse. Como los buenos guerreros, con toda la insurgencia precolombina y poscolombina del pueblo mexicano. Y la fantasía del capote, las largas, los faroles, las serpentinas:  una caligrafía aérea y de ensueño. Yo prefiero la verónica de Juan del Alamo, pero una cosa no quita lo otra. Y además, Adame tiene una muleta poderosa, una derecha larga y una izquierda arrastrada que remata el natural en el sitio exacto para ligar con el siguiente: sitio y lugar preciso. Le sobra lo que les sobra a casi todos: las manoletinas para cerrar faena. El misterio de una manoletina es el ceñimiento; pero no deja de ser un trámite subsidiario que procede del toreo bufo.

Juan del Alamo cuajó dos faenas de peso, de torero ya hecho sin efectismos, sin mirarse en el espejo ni sucumbir a  las insidias de la galería que preferirían menos pureza, menos clasicismo  y más conexión con los tendidos. Será figura si no sucumbe a los cantos de sirena. Ya es algo más que un proyecto de figura y tiene detrás de si la austeridad del campo castellano y, en ocasiones,  aires de torería andaluza. 

domingo, 17 de agosto de 2014

CC GG (I). LOS DE FUENTE YMBRO, MALOS, REPARTIERON ESTOPA


Saludo a Javier Aresti que me ha invitado a presentar mañana lunes la corrida de Alcurrucén en el apartado, el gran ritual de las mañanas bilbaínas. El destino ha truncado mis planes y no sé cuándo podré llegar a Bilbao, ni siquiera si llegaré. Naturalmente deseo  que salga un corridón,  una corrida, simplemente, de Bilbao. No soy nuevo en este ritual, pues hace algunos años Luis Lezana me invitó a presentar la corrida de Cebada Gago.  Al concluir, me sentí como si hubiera dado la vuelta al ruedo con dos orejas en la mano. Este año, por primera vez en 26, tendré que vivir un Aste Nagusia  de  recuerdos, al menos los primeros días y luego dios dirá, que me temo no va a decir gran cosa. Por fortuna recuerdos sobran y no hay lugar para  melancolías. Veré las corridas por el Plus allá donde el destino me pille. Peor sería no verlas. Brecht y Weil, sin haber pisado la villa vizcaina, hicieron célebre una canción de La Opera de tres peniques: "Bilbao,Bilbao". Con mis recuerdos yo podría componer una sinfonía heroica sólo para paladares exquisitos y mentes muy lúcidas.

Manuel Escribano provoca  dos momentos de máxima intensidad en todos los toros que mata; la larga cambiada de rodillas frente a chiqueros y las banderillas por los adentros. Respecto a la larga cambiada hace años escribí en mi poemario El fulgor del círculo: “es un gesto retórico, un grafismo innecesariamente violento”. Eso le gustó a Roberto Domínguez, buen lector de poesía, y en un homenaje que le hicimos en el Café Gijón juró que nunca más daría una larga cambiada de rodillas. Luego, molesto porque yo le llamaba “el maestro descabellador", las daba siempre que le venía en gana. La claridad, el valor y los terrenos con que Escribano plantó cara al sobrero, valen más que todas las largas cambiadas y los pares de banderillas al quiebro. Y, mientras en la enfermería recomponían a Alberto Aguilar, Jiménez Fortes cumplió con su deber toreando bien al fuenteymbro menos malo de la tarde.

El bicho le tiró un derrote homicida a Alberto  Aguilar por el izquierdo. Y animado por el éxito le tiraba tornillazos por la derecha y por la izquierda, a destajo. Toro infame, como casi todos, como el tercero  que también cazó a Jiménez Fortes y le pegó la gran paliza: mansos, muchos pitones,   peligro en proporción al trapío y poca casta, ninguna. Visto el resultado, no me hubiera gustado presentar esta corrida y espero que los alcurrucenes salgan mejor.   Honor a Antonio Carretero, por el quite salvador que le hizo a Jiménez Fortes, en el suelo e indefenso ante el fuenteymbro.

En Bilbao, recuerdo inevitable, a Curro Fetén. En tardes de pereza, en algún festejo menor de ferias menores, o que presagiaba suspensión, Curro me enseñó a ver la corrida sin contaminarse de los comentarios de retransmisión. Era un sabio convencido de que  la sabiduría no conduce a nada;  un personaje de novela, como Lázaro o el Buscón y compartíamos  la afición a la buena mesa y el buen vino. Yo me protegía dándome  al crianza e incluso al añero de bodegas de confianza en botellas sin etiquetar. El no bajaba del reserva y del güisqui. Cuando alguien pretendió insultarme escribiendo que bebía vino con Curro Fetén, me sentí halagado. Curro Fetén,  a Joaquín Vidal y a mí nos llamaba “los vengadores”; él sabía por qué y el taurinismo, ofendente incluso cuando piensa que es generoso, también.  A veces, en Sevilla y sobre todo en Bilbao, comíamos juntos los tres y si anunciaba que iba acompañado elegíamos mejores restaurantes. El  deseo indisimulado del  acompañante  era hacer  una pira con el  Mundo y del Pais  y los críticos dentro; pero al final terminaba pagando la comida, o la cena, con gran regocijo de Curro Fetén y mio,  y cabreo dignísimo de Joaquín Vidal que quería pagar a escote.

Le propuse escribir un libro firmado por los dos con sus recuerdos y mi redacción; en Valencia ante una botella de Viña Ardanza compartida con Manuel Chopera y Juan Manuel Mompó. Miró a Chopera  y sentenció: “este me paga más por callar que tú por hablar”. Y Manolo Chopera sonrió. En resumidas cuentas, pinchazo de los jandillas de Ricardo Gallardo. Y dos palizas de órdago a Aguilar y Jimén Fortes. ¿Cómo tendrán esta noche los huesos?. Noche toledana para dos valientes.