sábado, 10 de enero de 2015

RUEDO IBERICO; TERROR EN PARIS. IRA DE MAHOMA Y MATAMOROS .


Tolerancia de los descreidos.


Cierto que los ateos, agnósticos o descreyentes tenemos todas las de perder: ofrecemos tolerancia frente al dogmatismo, pacifismo frente a terrorismo. Que el Dios cristiano de la ira y el puto Mahoma nos pillen confesados. Pero nos inquieta la ola de islamofobia que empieza a anegar la vieja civilización en escombros de Occidente. Y algunos claman para que China  frene a la Media Luna. Salimos de Mahoma y nos metemos en Buda, si es que China es budista, que no lo sé. Me aterra  una Europa islamizada, tengo derecho a mís ídolos; pero me aterra también una Europa islamófoba. De pasada, recomiendo leer el poema de Cavafis Los Bárbaros.

Frente a la obscena manifestación de cinismo de tanto mandatario en París, patria de la libertad, la primera portada  de Charlie  es un prodigio de valentía, serenidad y sarcasmo crítico: Mahoma proclama: "Je suis Charlie". Sombrerazo. Solo en el lápiz del caricaturista cobra sentido verdadero tan manoseado lema en estas dias. Todos tenemos la obligación de denunciar el terrorismo yihadista y reivindicar la libertad de expresión,  pero no los fantoches que basan su poder en la  represión en nombre de la democracia. Frente a esa  obscenidad, la pureza austera del dibujante de CharlieHebdo. Hecha la foto islamófoba de tanto fantasma corporeizado en la pancarta, seguirán pensando que la sátira de CharlieHebdo  es una amenaza. Y su libertad sospechosa.
De momento, el martirio y muerte de los periodistas ha servido para radicalizar el Estado Gendarme, frente al Estado del Bienestar, un poco gaseoso. Seguridad antiyihadista, claro: exigible y deseable. Pero dónde el paro, dónde la corrupción, dónde el hambre de los desesperados?. En qué nivel de alerta terrorista colocamos esta realidad?.

Por lo demás la acción-reacción era previsible y lógica. Francia, Europa ha reaccionado ante el bárbaro ataque terrorista a CharliHebdo y en una espiral implacable de acción-reacción ha liquidado a los terroristas yihadistas. Estos sabían a lo que se exponían, nada que objetar en términos militares de Guerra Santa. El método ha sido el acreditado en estos casos  de islamofobia justificada por doce cadáveres de periodistas en una redacción, que sólo cumplían su deber de  caricaturizar y criticar el fanatismo de un poder. La reacción de la Policía francesa es la  versión moderna, avanzada y española de Santiago Matamoros en Clavijo: exterminio del enemigo. Es la guerra. La Guerra de Guerrillas y Santiago Matamoros son invento español. Me propongo volver al Guerrero del Antifaz de mi infancia y el moro Alí Kan, por si descubro en su amistad  algún síntoma de la Alianza de Civilizaciones.

El terror destruye el encanto de las Navidades.
Vuelvo de las Navidades en el retiro, relativo, de Colmenar Viejo. Y justo cuando empiezo a readaptarme a la vida de Madrid, llega el horrible latigazo del yihadismo contra el semanario satírico CharlieHedob. Guerra de religión, fanatismo integrista. Iba a escribir “vinieron los sarracenos/y nos molieron a palos/que dios ayuda a los buenos/cuando son más que los malos”. Pero la réplica contraterrorista de la policía francesa no ha tardado mucho: liquidación total.  Dice una máxima bíblica ojo por ojo y diente por diente. Y nuestro Calderón de la Barca, la ortodoxia contrarreformista, escribe, “quien tal hace que tal pague”. Acción y reacción, el mundo es un infierno. Guerras Santas, Inquisiciones varias, Cruzadas. Que dios y Mahoma repartan suerte. Condenado universalmente, y con razón, la barbarie contra CharlieHebdo, conviene no confundir  Islam con terrorismo yihadista; como conviene no recordarle a la piedad cristiana  que la Iglesia tiene tiene las mandos quemadas de hogueras y teñidas de sangre. Lo masacre de Charlie (un responso fraterno, compañeros) no puede ser pretexto para nuevas Cruzadas. De cualquier forma justo es reconocer que la Revista Mongolia ha dibujado peores cosas contra Cristo y no ha pasado nada. Lo peor: está movida acabará acusando a Palestina de yihadista. Lo mejor: siempre estaré con las víctimas, nunca con los verdugos. Iría a la manifestación de París, pero estoy cojo y manifestarme cerca de Rajoy, Merkel y compañía me da cierto repelús.
 Me dicen unos viajeros amigos que la Coupole no es ni siquiera el Café de Gijón. Siempre nos faltó en  el Gijón faltó un Sartre y una Simone de Beauvoir. Me pregunto qué harían ahora en París Camus y Sartre. Reponen en la sal Off del Lara, Confesiones a Alá, con una enorme María Hervás, candidata el año pasado al Premio Valle Inclán. Hay que verla. Sobre todo para ver una actriz en estado puro. Yo volveré.
 
LA VIOLENCIA PARTERA DE LA HISTORIA.
 La violencia es la partera de la historia, concluyó Marx. No era necesario que lo dijera. Es cosa sabida. El mundo está edificado sobre hogueras, sangre y ceniza. Si esa es nuestra historia de qué extrañarnos?. Hay otra dimensión menos cruenta de las religiones, más lúdica y cotidiana.   He participado gozosamente en el juego de la navidad, en el magnífico juego de los Reyes, los Magos que siguen siendo lo más presentable de todas las monarquías. He admirado una vez más el sentido escenográfico de la religión Católica, la formidable puesta en escena de sus misterios que ningún director teatral conseguirá jamás; lo mismo que jugaré el sombrío juego de la Semana Santa  en la que volveré a Colmenar Viejo; ha degenerado considerablemente el nivel de la liturgia, las misas de tres curas,  las casullas, las capas pluviales, las dalmáticas. Y queda el olor a incienso y a cera y el canto  gregoriano, tan caro a algunos directores de teatro que buscan  sentido  y  formas del teatro ceremonial. El teatro ceremonial es otra cosa; por ejemplo, Genet es teatro de  ceremonia y no hay en él  rastros aromáticos. Arrabal, es teatro ceremonial, Hay ceremonia y liturgia: la suplantación. En el teatro del Absurdo hay también ceremonia.

Navidades fecundas.
Han sido unas Navidades fecundas: sigo trabajando  Sonetos de la nueva impostura, 50 piezas que se unirán al libro de hace años, de Akal, la primera impostura. Recomendación a quienes se empeñan airadamente en mandarme sonetos, que no son sonetos, via tuiter oculto: leer “Un soneto me manda hacer Violante/ y en mi vida me he visto en tal aprieto”. Notable avance de las memorias teatrales, Vida de teatro; proyecto de una serie de villancicos a raíz del Villancico Flamenco con que Antorrín y yo hemos felicitado las Pascuas.

Proyectos escénicos parados porque en un punto donde ya no entra la creación, sino la producción, o sea la madre del cordero. Después del villancico, algún  amigo me pide que escriba saetas para la Semana Santa, a la vuelta de la esquina; puede que sí. Antorrín está entusiasmado para dejar un par de días la Quimera, de Madrid, y marcharnos a Sevilla: a decir una saeta en la plaza de San Lorenzo, la procesión de la Soledad, al lado del Cristo del Gran Poder, junto a la querida  tribu de los Távora y Manuel Grosso. Y luego, casi sin dormir, a La Maestranza, a la corrida de Resurrección con Sevilla recién lavada, luminosa y oliendo a azahar puro, sin humos ni silencios. Sueños, pero en esos sueños a muchos nos va la vida, nos ha ido siempre, una vida  pendiente siempre de una pesadilla.

Gracias por las felicitaciones alguna especialmente afectuosa. Enrique Aguinaga al que veo, nonagenario, en primera fila de muchos estrenos, acompañado de hijos y nietos, me manda un manifiesto con citas bíblicas: tolerancia, bondad,  inteligencia. Justo cuando el yihadismo incendia arís. Que tu dios te lo pague. Y me comenta el momento de lúcido magisterio, radicalizado, en otro nonagenario, Manuel Alcántara.

Natalio Grueso, ex del Español, envía un cuento de Navidad en la línea de su novela La soledad; si a Natalio Grueso le fallan sus proyectos teatrales ya tiene asegurado un lugar en la narrativa; y aunque le fallen, también.

La fauna del tuiter.
Me desentiendo del tuiter, pese a lo cual se filtran impertinencias y estupideces. Hay quien piensa que el tuiter es una patente de corso para vomitar bilis;  puede serlo, pero no es obligatorio soportarlo. Mi sentido de la libertad de expresión no incluye los furiosos  insultos biliosos y fakes. Notable éxito, pese a todo, de mi artículo “Elogio del tuiter: la fauna y la flora”. Ver post. Se me olvidó, pese a su exhaustividad, enumerar algunas especies de la selva.   A todos, sin excepción, un saludo muy taurino: ¡que Dios reparta suerte!. O si prefieren, ¡!Suerte, vista y al toro!!.                                                 

viernes, 2 de enero de 2015

RUEDO IBÉRICO. DE CURA A DUQUE DE ALBA. LOS MANDARINES DE MORÁN


 Vuelvo a mi lectura habitual de vacaciones, la novela negra, ya saben Hammet, Chandler, Chester Himes et alii tras concluir  El cura y los mandarines, que es en cierta medida, literatura negra, negrísima de la política y la cultura: entre el abatimiento y la resurrección. Echo de menos referencias más intensas y explícitas a Escuela de mandarines, de Miguel Espinosa.  Me impongo una relectura del escritor murciano fallecido a destiempo.

Este libro, a su autor  no le dará gloria, sino vilipendio.  A título personal,  no puedo evitar el regocijo por el escalpelo sin piedad que aplica a Juan Benet. Nota al margen y personal: el autor de Otoño. Madrid 1950, quizá su mejor obra, creo que nunca superó la sombra magnífica de su hermano Paco, muerto en los desiertos de Iran,  que siempre se le adelantó en todo,  como el propio Juan reconocía en ocasiones; Juan era una botella de güisqui parlante; no sabía mear lo que bebía. Y alguien que no sabe mear lo que bebe, no puede ser buen escritor.

 Y una  rotunda  gratitud; Gregorio Morán encabeza cada capítulo con versos de Los muertos, de José Luis hidalgo y de El libro de las alucinaciones, de José Hierro, de varios libros de Javier Egea, tres  poetas cumbres de la segunda mitad del  siglo XX. Y de Felix Francisco Casanova y de Pablo del Aguila, casi desconocidos para mí hasta ahora, buscaré sus versos; cinco malditos, dentro de la reducida nómina de malditos de la poesía española. Partiendo de estos modelos, es comprensible que Morán deteste los novísimos del fraudulento José Maria Castellet.  Sin excepción.

 

La turbulenta vida de José Hierro.

 Nunca la tumultuosa  biografía de Hierro, que Moran abre en canal  en este libro, podrá borrar la trémula confesión de Las alucinaciones; sigo fiel a Hierro porque, entre otras cosas, el vitriolo de Morán me descubre poco que no supiera ya  de primera mano. Respecto a Egea, lo tengo como el más notable de lo que pudiéramos llamar escuela granadina del tardofranquismo, palabra atribuible  a Umbral, al que Morán detesta.  Egea, visionario en 1976: “en este mar que nace no quiero que navegues/ naufragarás sin nombre/lejana nave mia/distante barco azul”/ Aprovecho este comentario para una restitución a Javier Egea. En mi libro Historias golfas e intelectuales del Café Gijón, los duendes del ordenata, atribuyeron a Javier, “suicida y comunista”, el nombre de Julio Alfredo, su tio, alcalde falangista y franquista -me señala  Ángel García López- además de poeta. Gracioso ¿no?. La evidencia quizá no necesitara aclaración; pero mejor así para los cazadores de erratas.

 La escuela granadina de la Nueva sentimentalidad,  como movimiento, hace tiempo que entró en desguace: Javier Egea, suicidado; García Montero, devenido en sociata   sin llegar a intectual orgánico del Psoe, buen poeta sin embargo; Álvaro Salvador, muy activo antes,  silencioso hoy.  Cuando Moran habla del entreguismo al “socialismo gubernamental” de la poesía antes militante, se olvida de Carlos Alvarez, que nunca fue mandarín eso está claro. Ni entreguista. Aquí sólo se habla de mandarines.

Piedra de escándalo.

 ¿Cómo un libro se convierte en  piedra de escándalo antes de publicarse, tal como ha ocurrido con El cura y los mandarines? Materia no le falta, pero el propio autor precisa más: “en ocasiones los libros  son como las armas de fuego: los carga el diablo”. Planeta ha sido el diablo que ha cargado este texto, tras elogiarlo hasta la desmesura y luego parar su  publicación, y Akal el artillero que ha disparado. La munición la suministra, naturalmente, el autor. Los mandarines, los que iban para críticos y subversivos, los que partieron el bacalao de la discrepancia  y acabaron en mayordomos del poder, creadores de opinión  y mayordomos institucionales.   Ahí está el detalle.

 El libro empieza en Santander eres  novia del mar, bolero de Jorge Sepúlveda, un republicano que hubo de emboscarse en bolerista para no ser depurado, como afirma  Gregorio Morán. Tantas veces  arrimando material, sin sospechar que  Sepúlveda era Luis Sancho Monleón, un puto rojo. Tenía razón Gerardo Diego -“huevo de águila, a Franco nombro”- cuando en el Gijón afirmaba que, en la posguerra, Santander era más importante que París. 

Santander, origen  del mandarinato.

Gregorio Morán recoge otra definición, ajena a Diego, la de Atenas del Norte, que es un rango  superior. Yo tengo una imagen de Santander sacada de las  novelas de Jesús Pardo, feroces y descarnadas,  sobre  la élite social santanderina, que era la de su familia. Ahora es preciso morir o Autorretrato sin retoques  son  un ajuste de cuentas con su familia y consigo mismo.

 Santander viene a  cuento porque Jesús Aguirre, el cura, es el hilo conductor, aunque intermitente de este libro: santanderino nacido en Madrid, hijo de soltera, cura, maricón y Duque de Alba como es sabido y Gregorio Morán data y documenta en El cura y los mandarines. La talla intelectual y política del Duque de Alba consorte, entre lo patético y lo ridículo, no da para tanto hasta que en el último tramo, despreciado por todos, explota con inusitada fuerza expansiva. Pero el Duque es espejo de arribistas y trepadores, modelo de la impostura intelectual  del tardofranquismo, la Transición y la democracia pútrida.

De cura  a Grande de España.

Pese a todo,  nadie le quitará el mérito de haber sido antifranquista, desde el confesonario y el púlpito de un Colegio Mayor y las capellanías  de la Ciudad Universitaria. Este Duque de Alba que se promete a la mayor Grandeza de España, siendo bujarrón y todavía sin secularizar, este jerifalte está necesitando un Valle Inclán; con todos los respetos, creo que le viene grande a Morán.  Jesús Aguirre es un  presbítero, dandy y  heterodoxo, que  acaba en dama ajada  y resentida, como una actriz  a la que nunca dieron el primer papel.  

 El máximo grado de desprecio se lo otorga Gregorio Morán a Pedro Laín Entralgo,  pendón de un falangismo franquista, que siendo mandamás, como siempre,  en la democracia e ideólogo del El Pais, pretendió redimirse con Descargo de conciencia; libro que no es una apuesta de riesgo, como su amigo Dionisio Ridruejo, sino una indecente manera de resituarse.  Para Ridruejo tiene Gregorio Morán un respeto imponente, lo mismo que para Manolo Sacristán,  -máximo exégeta de Gramsci y de Marx-  miembro del Pce-Psuc desde 1956. Respeto también para Sánchez Ferlosio, convicto y confeso de un acto innoble, según propia confesión; apoyar a Javier Pradera y Felipe González, en el sí a la OTAN. Juegos malabares entre el sí y el no de los gurús más representativos: sólo 5 rotundas negaciones: los dramaturgos Buero Vallejo y Antonio Gala, el filósofo Savater y los periodistas Manuel Vicent, Vázquez Montalbán y Raúl de Pozo .

 Escarnios para Castilla del Pino y Haro Tecgen, con casi toda su prole suicidada: malvados héroes de tragedia griega, sobre todo el psiquiatra Castilla del Pino exfalangista alucinatorio.  Ridruejo  y Sacristán, desde posiciones antagónicas, son dos cabezas pensantes siempre a la contra, con las que ni amigos ni enemigos sabían qué hacer. En ambos hay raíces joseantonianas, que Sacristán explica por el entronque de José Antonio con Ortega y Gasset y Dionisio por haber sido del equipo titular. Morán no la cita, pero yo recomiendo Dionisio, una pasión española, de Ignacio Amestoy.   Ambos serán  repudiados y perseguidos por  propios y ajenos.

 El cura y los mandarines carece de  lo que tópicamente se llama “vocación de estilo” y, en ocasiones  se lleva mal con la sintaxis, como si fuese una yuxtaposición de estilos. Para dilucidar culpas sobre la desertización cultural y política de España, no se requiere un estilista, sino un investigador temerario y valiente. Las reiteraciones son abundosas; de haberlas evitado, Morán se hubiere ahorrado muchas páginas. Tiene, en cambio y con frecuencia, un fulgor asesino, el brillo navajero de una frase homicida que incendia y aniquila.

 Omito las frases lapidarias referidas a  amigos y conocidos porque este comentario no pretende ser neutral. Pero no me resisto a poner algunos ejemplos;  Jesús Fueyo: “una acémila filosófica, permanentemente beoda”; Rafael García Serrano: “un Hemingway de Sanfermines”, el pensamiento de Aranguren, sólo el pensamiento: “en ocasiones parece un beodo al que le falta la última copa”.  Y Mario Pifarré, un decano de Universidad, era  “un forajido con birrete”. Y Carrillo, “un chamarilero de la política”. Y así. Por lo que tiene de fermento histórico de una impostura, la frase más  aguda es:  El País, parodia del intelectual colectivo”. Donde dice colectivo, yo añado orgánico.

 Cosas sabidas, pero no contadas.

Parte de lo que cuenta es sabido y quisiéramos que muchas cosas no  fueran verdad; son demasiados ídolos destrozados,  famas aventadas al bieldo,  imposturas iluminadas sin piedad.  Lo cual no quita traumática veracidad a El cura y los mandarines. Aunque mucha gente no tuviera claro el submundo del que procedía la democracia, sabíamos que esta  nacía tocada de ala. Es evidente que la Transición y la cultura de la Transición la rigieron los vencedores y los hijos de los vencedores del 39 y iban a arrasar, eso estaba claro, con el legado histórico. Ahí entra la sagacidad de Morán que  contradice siempre las tesis  oficiales.

 Es esclarecedor el subtítulo, Historia no oficial del bosque de los Letrados prestado por Wu Gingzi,  de este libro de escándalo y censura. Planeta llegó a considerarlo impecable y necesario antes de que otro cura, García de la Concha, le pusiera la proa: Cultura y política, esa es la madre del cordero; cultura e ideología.  Y negocio que, a la postre, parece ser la causa primera y única de la fulminación por parte de Planeta.

Los negocios de Planeta con  la RAE

 Once páginas han tenido la culpa de la interdicción; once páginas que Planeta pretendía  quitar al texto de  Gregorio Morán, un autor cimarrón y asilvestrado que, obviamente, no iba a pasar por el aro. Como en otras ocasiones, ante un autor y un libro chamuscado en la hoguera,  Akal acudió al rescate. Ese capítulo, el penúltimo, Los Académicos, no es el más venenoso del libro. Y Morán podía haber ido mucho más lejos. El vitriolo devastador del resto es más letal, en especial para la naturaleza y esencia de El País. Entre lo poco que se salva de la quema, un artículo de Pedro G. Cuartango, sobre los trapicheos de la RAE.

 En contra de lo que pueda deducirse,  el cura a que alude e título, no es García de la Concha, sino Jesús Aguirre, el académico, cura,  hijo de soltera y duque de Alba como ya se ha dicho, condiciones que, por sí mismas, no deben ser ningún contradiós inculpatorio. Pero estas circunstancias personales, en la posguerra de Santander, tuvieron que ser un trago. Peor es que Aguirre, del que solo se conocen algunos prólogos  y una recopilación de sus sermones, que conservo como si fuera un incunable, pasara por escritor. Lo suyo era la edición. Taurus,  de consuno con El Pais, fue  su  puesto de mando antes de ser duque de Alba consorte.   

Las razones de Morán para hacer de Aguirre eje de El cura y los mandarines no son  de índole intelectual, sino de la desvergüenza ejemplar de la impostura que, en el fondo, es la savia del libro. Libro ácido, temerario, que ilumina la opacidad cruenta de nuestra historia. Y que, por su peripecia editorial, descubre el poder omnímodo de los mandarines, precursores de libertad y luego transformistas.  No le darán a Moran por este libro el Premio Nacional de Literatura, ni le ofrecerán un sillón en la Española. Hay que leerlo  para averiguar por qué.

2) Jesús Pardo, literatura del escarnio.

Y ya que he traído a colación a Santander y Jesús Pardo, bueno será que diga algo de su última novela Rojo y Perla. Sigue los derroteros, o parecidos caminos, de sus libros anteriores: autobiografía, alcohol, sexo, periodismo. Las cloacas del periodismo, los viajes por los países del telón de acero cuando la Guerra Fría. Las novelas y las memorias de Jesús Pardo son pura transgresión moral, política y de lenguaje. Tiene pasión por los neologismos de invención propia, por las adjetivaciones sorprendentes; y por el sexo como resumen de una liberación crispada, indolente a veces pero con frecuencia,  compulsivo y volcánico: amor y odio, desdén, prostitución política y de la otra,  que, con frecuencia coinciden en alguna mujer de alta cuna y de baja cama, señuelo de turbios asuntos políticos: Santander, Madrid, el mundo. La mediocridad  de los lameculos del  periodismo y de la diplomacia, la infinita servidumbre. Y las corresponsalías en el extranjero y los viajes por los países del telón de acero.

 Juntos hicimos un viaje a la Rumanía de Ceaucescu; nos agasajaron de mil maneras, unos golfos nos (me) timaron en la calle,  aunque éramos invitados de honor; caímos gozosamente en todo,  menos en el garlito de escribir una biografía de Ceaucescu; nos juramentamos  para escribir, si había que escribir de algo, sólo sobre el Conde Drácula; Vlad Tepes,  el Empalador: Dracul, señor feudal de los Cárpatos

Siempre el sarcasmo y siempre la literatura como ajuste de cuentas personales y colectivas. Jesús Pardo pertenece a la literatura del escarnio y el vilipendio; menos en sus libros de historia sobre Aureliano o Trajano: “animula, glandula, vagula”; menos en su poesía en la que vierte su yo más íntimo y menos escandaloso.

lunes, 29 de diciembre de 2014

RUEDO IBERICO. LO MEJOR DEL TEATRO OFF. Y NAVIDADES CON PLÁCIDO.

El tránsito. Y un  toque gastronómico

Noche apacible; con ese grupo mínimo de gente que si un dia se descolgaran de tu vida ésta carecería de sentido engullida por el desconcierto. Las uvas, claro; y luego el don apacible de enfocar el tránsito del año, sin percibir sus fronteras. Con la absoluta  normalidad de haber recibido de la vida, de algunas gentes que forman tu vida, más de lo que has dado.
Empiezo el año escribiendo, naturalmente, cómo si no. Mientras escucho-veo el concierto de Viena, concluyo SONETOS DE LA NUEVA IMPOSTURA, no casa el fondo musical con las aristas satíricas de los sonetos; en música me quedé en el flamenco y el jazz. Remataré la tarde con Fernando Terremoto de Jerez y acaso con Duke Ellington. Los Sonetos quedan ya en manos de Ramón Akal y las caricaturas de Nekane, del corazón profundo de Euzkadi, Azpeitia. Akal fue el editor más castigado por el siniestro TOP; sigue bajo sospecha en esta pútrida democracia.

Y Ricardo Darín; fantástico el  regalo que nos hace Esperanza-D,Ors, la gran escultora de mitologías y héroes: la espléndida voz de Darin, un verdadero manifiesto humanista y, por lo tanto, en estos momentos, ABSOLUTAMENTE REVOLUCIONARIO. Sin  retóricas ni cursiladas: renovación interior, paz, concordia, solidaridad, justicia; palabras tan devaluadas. Gracias Darín, gracias Esperanza. Seguro que, antes de que finalice el dia, recibiremos un video de Darío , el nieto, con sus primerísimas travesuras. Los Amestoy-D,Ors, siempre tendrán quién les escriba.
Tras la polémica de mi selección, lo mejor del OFF, (un poco más abajo, en este post) reflexiono sobre el significado de OFF. marginal, fuera, alternativo, vanguardista, insumiso?. No lo tengo muy claro. Seguiré pensando. Algunos echan de menos por ejemplo: Como un obus en el corazón, con Hovik Keutchkerian una de las grandes interpretaciones del año; pero el Alfil y Santiago Sánchez pueden considerarse OFF?. O La bella de Amhers en La Guindalera; puede ser considerado OFF Juan Pastor y los prodigios actorales de María Pastor?.  Y Paco Obregón, con Adios Chejov en Off de la Latina. Es Off un estupendo actor como el Obregón de El triángulo Azul?

Mañana retomaré las  memorias teatrales,  VIDA DE TEATRO, mi gran reto editorial de este año, junto a la NUEVA IMPOSTURA. Puro gozo de escribir; homenaje  a esos seres tan queridos como  son los cómicos. Recuerdos agridulces, como todo en la vida. Y las líneas de una dramaturgia que de ellos aprendí.

Antes, uno de los ritos irrevocables de todos los primeros de año: los calamares en su tinta, de Ana. Inigualables y universalmente alabados; más, todavía, que las croquetas de Yolanda.
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 P/S. Abrazos de luto para la familia Gaviria. Ha muerto en Bibao la madré de Juanjo, suegra de Maite, la fotógrafa del inmortal Diálogo con el vestido de de torear, y abuela de Cristina, la modelo del mismo. Requiescat.

Plácido ; amarga, humorística. Y genial. 

Ignoro qué película veré la noche de año viejo, aunque quizá  repita la de Noche Buena, Plácido.  Desde hace tiempo tengo esta genial película de Berlanga y Azcona como uno de los rituales imprescindibles de la Navidad. Si de mí dependiera, la pondría como un rito de obligado cumplimiento: como los villancicos o la Misa del Gallo para los creyentes. Las peripecias que ha de pasar el bueno de Plácido, persiguiendo una letra impagada  que salve  su motocarro del embargo; un pobre y una cabaretera reunidos a la mesa de cada rico….Berlanga-Azcona  sarcásticos, demoledores. Villancico final  sobre el primer plano del motocarro, de momento salvado: “madre en la puerta hay un niño (…) Porque en esta tierra/ya no hay caridad/ni nunca la ha habido/ni nunca la habrá”.

Elogio de tuiter

Entré en esta selva de las redes por curiosidad y, aunque quizá ésta la tenga ya colmada, tuiter no me defrauda. Como la vida: perra, canalla  y maravillosa. Vean la fauna y flora de tuiter: hambrientos de notoriedad, deprimidos, optimistas, vividores de la vida, mujeres misericordiosas; mujeres hermosas, casidiosas, pétalos de sal, seres inteligentes, solitarios patéticos que  inventan alteregos para poder dialogar con alguien; envidiosos, generosos, desdeñosos, alabanciosos, erotómanos, pornógrafos, creyentes y descreídos,  palabrones, impertinentes, visionarios, separatistas, centralistas, charnegos, maketos, joseantonianos,  franquistas (todavía) y antifranquistas.

 Una fauna y una flora fascinantes. Con algunos te apetecería tomar un café. Con otros no irías ni a misa.  Como la vida misma. Umbral, cruel,  escribió “quien, a cierta edad, no ha descubierto su sitio, es porque no tiene sitio”. No es verdad; siempre nos espera un sitio. Umbral   jamás usó el tuiter, ese lugar mágico, selvático y, a veces miserable, donde cualquiera puede  encontrar su sitio; lo tenga o no.

Lo mejor del 2014 del circuito 00F.

Todo  el mundo ha designado ya sus preferidos, sus listas de las mejores obras de teatro del año. Aunque en algún jurado he participado no quiero ser menos, a título puramente personal. Y referido sólo al circuito, el circuito Off acaso con más propiedad

1) Carne viva, de Denise Despeyrous.  La Pensión de las Pulgas. Gran texto, estupenda interpretación.

2) El Rey Tuerto, de Marc Crehuet. Sala Mirador. Sobre la represión y la violencia y estupendos actores.

3) La cena del Rey Baltasar. Kubik Fabrick. Sobre el título de Calderón. Una mesa, doce comensales, los intérpretes y un negro de maestro de ceremonias.

4) El banquete. Sonia Sebastián. Humor sobre el texto de Platón. Cafetería, Bellas Artes.

5) MBIG.- Un Macbeth fascinante y notable. La Pensión de las Pulgas.

6) Ejecución ihipotecaria.- Comedia negrísima  sobre desahucios y otros latrocinios. Sala Mirador.

7) Bárcenas-Ruz. Transcripción textual del interrogatorio a Bárcenas, el de los sobres. Teatro de Barrio.

8) Mongolia Musical. El humor corrosivo de Mongolia Revista. Sala Mirador.

9) Sin Papel. Debut como autora de Beatriz Bergamín. Off de la Latina.

10) En Madrid Activa, la cultura va por barrios, dos: Ana 11 de Marzo. Paloma Pedrero. Y Tres flamencos, mil versos.- Poemas y flamenco que tratan de España. Sentimiento de España, en  versos de la “AntiEspaña” Galileo, Madrid Activa.