martes, 17 de febrero de 2015

RUEDO IBÉRICO; FELIPE GONZALEZ LA EQUIS del GAL


 
 El 23F en el Gijón.
Turbulento dia. De regreso a Argentina, tras unos dias por España, me lo recuerda Leopoldo Castilla, el Dios de la actual poesía argentina; a menor categoría no nos rebajamos ni él ni yo. La tarde aquella en la que los fugitivos del videlazo cruento creyeron que podían encontrarse con una situación similar en España ¿Dónde ir?. Las casas de sus amigos no les valían como refugio y bastante tenían estos con refugiarse a sí mismos. Hubo gestos heroicos, solidarios, que pueden leerse en Historias golfas del café de Gijón. (Almuzara).  O releer o comprar. En la tele una película conmemorativa, con aire de teleserie. Gran reparto. Total, todos. Paco Tous, brutal y patriótico Tejero; trágico Alfonso Armada, la doblez, Juan DiegoFernando Cayo da credibilidad a la  incógnita que siempre nos hemos planteado; y si quien falló fuera el Borbón?. Juan Carlos queda limpio de polvo y paja. Una vez más un producto discreto lo salva la interpretación: los citados y todos los demás: García Millan, Casablanc, Seda, Calot, etc, etc, etc

De paso, Teuco Castilla me deja sus últimos cuatro libros: Gong (Canto al Asia), El Cantar del Catatumbo (Crónicas de la Venezuela Bolivariana), Tiempos de Europa, Guarán. Para subir al Olimpo y no bajarse de él durante mucho tiempo. Por entonces escribía yo SONETOS DE LA IMPOSTURA, que solo Ramón Akal se atrevió a publicar. Y que, al parecer, reeditará en breve con el añadido de Sonetos de la Nueva Impostura. Un centenar de piezas que dejarán, o eso pretenden, memoria de estos dias.

 Teatro de agitación. Felipe González era, es, el Señor X.
En este apartado de teatro de agitación y  propaganda, el agitpro de nuestra juventud tumultuosa, bien podría entrar la actual  tarea de Alberto San Juan contra el felipismo; y contra El Pais,  principio y causa original de muchos de los males de hoy, según el libro de Morán El cura y los mandarines y según un renovado Alberto San Juan. Opinión que muchos, recordando las listas negras de El Pais de Juanlu y de Polanco, compartimos fervorosamente.  Y que, en la medida de nuestras pequeñas fuerzas, denunciábamos cuando  Iñaki Gabilondo era el acólito más brillante de Prisa: una verdadera estrella.  Sobre la perversidad del felipismo algo hay en mi libro Sonetos de la Impostura, por el cual Akal, única editorial que se atrevió a publicarlo, sufrió taimada  persecución.
Autorretrato de un joven capitalista español sigue siendo el texto ejemplar de la programación de Teatro de Barrio. A tal extremo que, Alberto San Juan, comulgante y comulgado de El Pais en aquellos tiempos, se me asemeja en estos momentos un arrepentido de la fe felipista y polanquista, como Dionisio Ridruejo lo fue de su fe falangista. Yo estoy convencido de que transformaciones así son las que hacen avanzar la humanidad.
Las Guerras correctas está tambien en esta línea: el señor X, o sea Felipe González, como cabeza del Gal, la guerra sucia contra ETA. Es una dramatización de la famosa entrevista que Iñaki Gabilondo le hiciera a Felipe González el 9 de enero de 1995 en la tele del Gobirno dirigia por Jordi García Candau; la tele y la entrevista, con ayuda de Pérez Rubalcaba. Nada nuevo en esta función de corte periodístico que ya no supiéramos. Pedro Jota Ramírez y el Mundo se habían hartado de señalar en la dirección justa sobre el GAL: Felipe González era el señor X, el que defendía el Estado desde las cloacas y las alcantarillas. El Mundo y su director se habían convertido en las bestias negras de Felipe, odio eterno a los romanos. Por un raro efecto rebote, que no sé si ha sido buscado por Gabriel Ochoa, se confirma que Iñaki no fue un debelador de Felipe González, sino un peón, un amigo y su  heroica entrevista, un escudo protector. Lo lógico, en una tele menos sumisa que la de García Candau, hubiera sido que la entrevista se la hiciera PedroJota que era quien más sabía del tema. Que Felipe no supiera aprovechar con más inteligencia la oportunidad que  Iñaki y García Candau le brindaban es otra historia.


 Podemos debe pronunciarse sobre la cultura.
Es necesario, para evitar sorpresas, que la gente de Podemos se pronuncie sobre la cultura. No hay revolución sin cultura. Conozco y tengo anotados dos libros de Pablo Iglesias publicados por Akal, Disputar la democracia y Maquiavelo frente al espejo. Su dialéctica nada tiene que ver con el famoso vídeo y tiene muy claro un principio: la conquista del poder como  objetivo de la acción política. 


El video es, sin duda, un montaje selectivo y artero, lleno de las afirmaciones que más pueden dañar una imagen de demócrata.  Pero no puede hablarse de manipulación, estricto sensu, cuando está de por medio la voz, la imagen, el lenguaje gestual.

  La frase “mariconadas del teatro”, dentro o fuera de contexto,  es una salida de pata de banco y ha irritado  a parte de la farándula  afín a Podemos, y a algún sector del propio  partido. Otra parte lo defiende como ironía.  Lo de cacería, unido a justicia proletaria, puede ser tomado como metáfora poco afortunada  y no entro a discernir. Valle Inclán iba más lejos: instalar la guillotina en la Puerta del Sol y fusilar a los Quintero.
 

Argentina; Teatro  abierto,teatro incendiado.

Coincide el rifirrafe  en las redes con Historia de un cuadro y con El reportaje. Avanzo apunte de crítica, pues ambas tienen mucha tela que cortar. El reportaje, es una obra acongojante y acojonante sobre la Dictadura de la Junta Militar Argentina protagonizada por Federico Lupi. Genocidio via censura cultural, más exactamente teatral: Teatro Abierto, teatro incendiado: teatro del Picadero.  Censura es poder, poder absoluto, capacidad de exterminio sin rendir cuentas a nadie. Esta podría ser la primera conclusión de esta obra de Santiago Varela

Pocos textos como este presentan el horror  con tal crudeza; el horror lo  es más porque esa suprema autoridad  sobre la muerte y sobre la vida, no genera ninguna conciencia de culpa en los asesinos.  Genocidio es palabra que no entiende el General encarcelado.

Contra el teatro, los tanques; contra los cómicos de mierda y los editores de mierda de propaganda marxista de mierrda, los fusiles y la hoguera.
La periodista justiciera es Susana Hornos, fría, implacable acusadora. El general es Federico Lupi, un militar  arrogante, anciano y poseedor de una dialéctica infernal que no admite réplica: es la voz de dios y de la patria. Su espíritu sigue siendo más fuerte que su físico.

El magnífico espacio escénico de la Sala Negra presenta, en esta ocasión, algún inconveniente. Solo quienes están en la grada central, de frente, pueden contemplar, en plenitud,  la quebrada autoridad de Lupi o el bisturí de la interrogadora que corta y hurga. La acción se sitúa próxima a esta grada central con lo que a la grada de la izquierda  se le hurta media cara de Lupi y a la grada de la derecha la cara entera de Hornos. Bastaría con situar la acción dos o tres metros hacia el fondo para corregir el desequilibrio. 
El teatro político y Alfonso Sastre.
En unos momentos de enorme vitalidad del teatro político en Madrid, gracias sobre todo a Teatro de Barrio y la floración de otras salas alternativas, no es explicable que el teatro del exiliado de Hondarribia siga en el olvido. Ni se le representa en Euzkadi ni se le representa en Madrid. (Albricias, Malonda, por Lluvia de Ángeles sobre París). Cierto que Sastre eligió un "teatro imposible"  y  que desde Escuadra hacia la muerte (1954) la censura apenas le ha dado respiro. Justo es reconocer que tampoco él se lo ha dado a la censura. Pero no es menos cierto que, mientras el teatro "imposible" de Sastre, el mejor autor español de la segunda mitad del Siglo XX no se normalice,  no se normalizará la democracia española. Claro que la democracia española puede ser cualquier cosa  menos normal.   

Greco, arte degenerado.

Como homenaje al Greco estrábico y celeste, inventor de místicas perspectivas corporales, Alfonso Zurro ha escrito un buen texto llamado Historia de un cuadro. Al menos en este caso,  Zurro es mejor autor que director.  Mal destino de un texto, abrumado  por transiciones morosas y explicativas, narrativas, de lo que va a ocurrir.

Un desnudo anónimo que el nazismo podía considerar pintura degenerada, es el arranque de Historia de un cuadro: un comisario político exige a su hermano, director del Museo que, como manifiesta adhesión  al nazismo, queme el cuadro. Que podría haber sido pintado por Doménico Theotocopulos. Arte degenerado era considerado todo aquello que no contribuyera a la exaltación de la pureza aria; por ejemplo, entre otros muchos, Oskar Kokoschka, Chagall, Max Erns, Paul Klee, Kandinski, Munch, Grosz…

 Luego, viene la reconstrucción retrospectiva de la historia de ese cuadro. Y en sucesivos saltos atrás la historia nos lleva al Greco, fugitivo en Toledo de un cardenal de Roma, un poco Torquemada pero benevolente y tolerante con las debilidades de la carne, propias y ajenas. Le gusta Doménico.

Jose Manuel Seda dobla en Domenikos y el director del Museo; ambos tienen similar carácter de rebeldía, de conciencia estricta, pero admiten matizaciones que Seda precisa con sensibilidad: la libertad del creador libre y la rebelión de un investigador de arte. El actor sevillano viene encadenando últimamente una serie de aciertos que lo llevan a los primeros puestos del escalafón. Adolfo Suárez, en El Encuentro, por ejemplo. En Roberto Quintana se produce una circunstancia similar que resuelve a la perfección: paralelismo entre el funcionario nazi y el funcionario del Vaticano. Respecto a Manolo Caro, hace de Conde, pintor y un enigmático mediador- alcahuete-marchante con gran sorpresa final que ennoblece el personaje del mediador. Espléndido como sus compañeros.

 

 

viernes, 13 de febrero de 2015

RUEDO IBÉRICO. POR UN TEATRO SIN AGRESIONES. BASTANTE SUFRE CON EL IVA


Elegía a Javier Egea.

Este es un artículo que no estaba previsto; al menos en las circunstancias de este nuevo post, exclusivamente pensado para Podemos. Es lo malo de la literatura diarística; que se cruzan las ideas, unas se interrumpen a las otras, invaden campos que no les son propios; tornan y vuelven a empezar, dos pasos para adelante y uno para atrás.  Me llega Elegía a Javier Egea, de Felipe Alcaraz, del que solo conocía sus novelas, las antiguas que publicaba en Akal, y las que publica ahora en Almuzara.

Javier Egea es un poeta granadino que se mató antes de tiempo. Se suicidó para ser más exactos; suicida y comunista como, pongamos por caso, Maiakowsky, el suicidado de la revolución; solo que sin revolución: únicamente el desencanto de la Santa Transición que para algunos no fue desencanto, sino maldición adivinada y cumplida. Egea es el mejor poeta granadino, el mejor poeta de España, me decía Ricardo Carpani, el gran muralista argentino que amaba Granada. Granada “es la única ciudad del mundo que entierra sus ríos y mata a sus poetas”, dejó dicho Enrique Morente.  Contra esta ciudad disparaba sus flechas Javier Egea; a esta ciudad, la otra,  dedica este elegía Alcaraz, “otra Granada que, desde la lucha, la resistencia y el exilio interior, sigue pretendiendo un tiempo diferente”.

En un libro reciente e imprescindible, El cura y los mandarines, Gregorio Morán reivindicaba la poesía de Javier Egea. Ahora la reivindica con contundencia lírica, Felipe Alcaraz. No sé si ha escrito una poesía materialista, como pretendía Egea, pero es un hermoso tributo al poeta doblemente muerto. Un tributo que acaso responda a la turbadora pregunta que se plantea en alguna parte de este libro: “¿Qué hay delante y detrás   de la muerte poética y física de Egea?”. Hay la miseria de estos tiempos.

 

Para pablo Iglesias: el teatro esa mariconada.

Este iba a ser un artículo exclusivamente taurino, o sea una demostración de la incultura táurica de la gente de Podemos. Pero otra vez los meandros de la fórmula diarística se entrecruzan. Va a ser un artículo sobre teatro  Podemos. Mejor, en todo caso,  que el asunto Monedero en el que apenas puedo entrar pues no soy analista político; ni tertuliano. Me llega un vídeo, con clara  intención de inocencia conmovida,  que me deja de piedra. No había oído ninguna declaración de Podemos sobre teatro, ni sobre la cultura, en general, como elemento liberador y revolucionario.  En pleno éxtasis revolucionario, Pablo Iglesias dice que  “hay que hacer la revolución y dejarse de esas mariconadas del teatro”. Me uno entusiastamente a la revolución de Pablo Iglesias; lo que ocurre es que no creo en una revolución sin teatro. Ni puedo creer en un Pablo Iglesias tan cafre o tan frívolo.

No me lo creo, eso es un montaje, un fake, mucho más grave que las bobadas que los ideólogos de Podemos dicen de los toros. De ser cierto, sería para salir huyendo de este país: ni Psoe ni PP se han atrevido a tanto; el teatro se la suda  a los políticos, pero ninguno, al menos en público,  lo ha llamado mariconada. Les basta estrangularlo con el 21% del IVA caníbal. Creo que, en ese video maldito,  con Iglesias han hecho un perverso karaoke, un playback raro. Si no ¿qué pinta en los saraos de Pablo Iglesias Alberto San Juan, un actor  de la izquierda, antes felipista y zapaterista y  hoy podemista?.  Y tantos del  llamado “el clan de la ceja” que levitaba ante Zapatero?. La idea de Alberto San Juan sobre el teatro está clara: hacer política desde la cultura. Pues eso.  

 Pan y toros

Mientras me aclaran esto, volvamos a los toros.  Me irrita lo de la mariconada del teatro; pero no  me sorprende en absoluto la declaración programática de Podemos respecto a las corridas y el sufrimiento del toro. Sí me sorprende la colección de tópicos solemne que vinculan el atraso de España a tan singular juego de la vida o de muerte, En el XIX, León del Arroyal en un brillantísimo panfleto llamado Pan y Toros iba más lejos que los neófitos de Podemos. En el uso de una ironía demoledora León del Arroyal, judaizante y en el punto de mira de la Inquisición, subtitulaba su panfleto incendiario: Oración apologética en defensa del Estado floreciente de España.

El estado floreciente era más o menos el que tenemos ahora. Y León del Arroyal, en la línea del infortunado Eugenio Noel, achacaba los males de España y el subdesarrollo a las corridas de toros. La Ilustración, el arbitrismo moral de aquellos tiempos, fue en líneas generales, antitaurina, sobre todo Jovellanos de cuyo pensamiento apenas quedan rastros en el pensamiento español. Larra no era taurino pero tampoco antitaurino extremoso. Sabía, como deben saber los ideólogos de Podemos que los problemas de este país son otros. Tuvo que venir un sevillano, cura, ilustrado, católico renegado convertido al protestantismo, figura clave del pensamiento español, el heterodoxo Blanco White para decir: “los males de este país no son los toros, sino religión y mal Gobierno”. Perdí todo romanticismo y después de 30 años de cronista, amén de otras peripecias  ligadas a la resistencia de este país llamado España, no me abriré las venas si se pierden las corridas. Habrá sido un determinismo histórico y no la estupidez censora de unos políticos despistados,  incapaces de afrontar los verdaderos problemas de este país. Lo dice una copla sabia:

Esta es la Fiesta Española

 que viene de prole en prole

y ni le gobierno la abole

ni habrá nadie que la abola.

Arreglen lo que hay que arreglar de este país, si es que ganan, hipótesis cada vez más lejana, pues si Podemos se modera hacia la socialdemocracia tibia,  como está haciendo, perderá votos por la izquierda; y si se radicaliza, cosa improbable, perderá votos por la derecha cabreada que los sigue.

 Luego, hablamos de toros. Y de teatro. Ya se sabe, se empieza diciendo que el teatro es una mariconada y se acaba encendiendo la hogueras de la Inquisición.

viernes, 6 de febrero de 2015

RUEDO IBERICO. EL NAZISMO A ESCENA. Y LA HUELGA (y II)


El nazismo en escena
 Algunos aspectos de la cartera madrileña podrian enlazar con el epígrafe que encabezaba este post y que sigue a continuación, la conciencia de los cómicos. En este blog  todavía están vivos los ecos del motín de la farándula hace  40 años, al que se debe buena parte de las libertades de hoy dia, pese al teatricidio y culturicidio en general del ministro Wert. Me refiero a la presencia en los escenarios de obras como La ola, de García May o Historia de un cuadro, de Alfonso Zurro;   preocupación por el nazismo no sé si como  premonición visionaria o por el contundente  resurgir de los movimientos neonazis en Francia y en Grecia, especialmente: Aurora Dorada, de Michaloliakos, y el Frente Nacional, de Le Pen. En España, la verdad es que salvo algún grupúsculo marginal, el fascismo a la italiana, menos virulento que el nazismo alemán, no preocupa tanto. Se trata de un neofascismo sociológico  que permanece encriptado en la neoderecha, pero sin estructura de poder. Al menos  mientras no  resucite Blas Piñar,  cosa tan impropable como que resucite Franco.
 En escena, La ola, cuya crítica ya publiqué en el Mundo, e Historia de un cuadro, que se publicará en su momento, Pienso que no vendrían mal algunas reposiciones. Por ejemplo, La evitable ascensión de Arturo Ui, de Bertold Brecht; o Terror y miseria del III Reicht. Como es lógico,  Brecht sigue siendo la máxima autoridad en la materia. La ola, sin buscarle cinco pies al gato de similitudes con algún partido concreto, es un juego inquietante sobre la manipulación de sentimientos nobles tal que disciplina, solidaridad o acción.
Historia de un cuadro toca el nazismo de forma colateral: el concepto de arte degenerado que llevó la maldicición a   obras ajenas a la estética nazi. El eje es un desnudo, supuesto, del Greco, condenado a la pira. La historia del cuadro, en sucesivos saltos atrás, parte de Roma y de Toledo. Escapa a las iras vaticanas, pero no puede escapar a las iras de Hitler. Es un texto muy sólido de Alfonso Zurro, que  demuestra ser mejor autor que director.
Excelente interpretación de José Manuel Seda, tanto en el director del Museo, obligado al exilio por los nazis, como en un Greco muy poco  espiritualista. Roberto Quintana, tiene la virtud de superponer de forma magistral a un cardenal del Renacimiento, un anticuario y un nazi encargado de  pegar fuego a la pira. Potentísimo Manolo Caro, en especial en el papel de mediador-alcahuete-cómplice de Greco con gran sorpresa final, aunque yo creo que se ve venir media hora antes.  En el teatro político de resistencia, poco, de este país llamado España, siempre he echado de menos una obra sobre el uso de la simbología de la Falange y de parte de su ideario, manipulado, por  Franco. Se lo comentaba un dia muy lejano a mi querido Alfonso Sastre y me dijo, a mi no me interesa demasiado, pero eso tiene entidad dramática.  Buero Vallejo fue más explícito; eso es cosa de falangistas, un ajuste de cuentas, para quien le interese el tema tiene interés. Espero con verdadero morbo un musical sobre José Antonio, que prepara un descendiente de Saenz de Heredia. Y tras esta breve actualización del blog, les dejo con la historia de la Huelga de los Cómicos, de la que muchos están sacando edificantes enseñanzas.

Los cómicos en pie de guerra
La huelga de actores tuvo varios efectos benéficos y una onda expansiva de larga duración. El primero, hacer visible  una conciencia colectiva, la de la farándula, capaz de plantarle cara a la Dictadura. Se formó una comisión, la llamada Comisión de los Once, a la que el Sindicato Vertical, del que era presidente Jaime Campmany, acabó por negarle capacidad negociadora. De ella formaban parte Juan Margallo, Vicente Cuesta, José María Rodero, Alberto Alonso, Jaime Blanch, Gloria Berrocal, Pedro del Rio, José María Escuer y los que se me olvidan. La huelga tuvo un carácter  asambleario y, sobre todo, itinerante para romper el cerco de la Policía. Manolito Vidal manejaba el agitprop con la prensa y avisaba de la próxima e inmediata asamblea a los "plumillas,"  que procuraban transmitir a sus periódicos las peripecias de una huelga que golpeó seriamente al franquismo crepuscular. Tuvo gran repercusión sobre todo en el extranjero.

Los cabecillas más visibles eran Juan Diego, Tina Sainz, Queta Carballeira, Margallo, José María Plaza, Rocío Durcal, Antonio Malonda…..los cuales canalizaban un apoyo de la profesión en principio unánime. Hasta los actores de doblaje y los técnicos se sumaron a ella. Hubo apoyos sorprendentes como el de Lola Flores que se presento en la DGS hecha un basilisco gitano, exigiendo la liberación de su comadre Rocío Dúrcal o se iban a enterar pues “ella, la Faraona, tenía mucha mano en el Pardo”. Parte de los cabecillas fueron detenido acusados de terroristas, por  supuesta pertenencia al FRAP. Y Tina Sainz se convirtió en la Juana de Arco de la Farándula. Cuatro alborotadores barbudos y desarrapados no alarmaban demasiado ni a Jaime Campmany ni al franquismo en su totalidad. Pero el apoyo firme de José María Rodero, actor de enorme prestigio en aquellos momentos, y la huelga en televisión española, sí alarmó a los guardias, y a los jefes de los guardias, que irrumpieron en Bellas Artes y se llevaron a unos cuantos.

Hubo deserciones, aunque pocas. Juanjo Menénez y Patxi Andión, un cantautor protesta de mucha fuerza en aquellos momentos, se bajaron del tranvía con el pretexto de que la huelga se había politizado por parte del Partido Comunista. La huelga, aunque en defensa de los derechos profesiones y laborales, había nacido politizada como no podía ser de otra forma. Eso lo sabían todos, pues sólo desde una huelga  política podía doblegarse la cerrazón del Sindicato Vertical y la sistemática  conculcación, política, de los derechos de los trabajadores.

La huelga fue, en sí misma, un triunfo, aunque los cómicos, se vieran obligados a rendirse, bajo la presión policial de  juzgar como terroristas a los detenidos. Las cosas en el teatro español, a partir de entonces, ya no fueron lo mismo. Las cosas sindicales y políticas quiero decir. Que la Transición, con la exigencia pactada de desarme ideológico de la izquierda, malversara  algunos de estos logros, es otro cantar. Y otra historia.

Una Gitanilla aflamencada

El centro cultura Moncloa que patronea Álvaro Ballarín, se está convirtiendo en el laboratorio experimental de algunos espectáculos. Por ejemplo La Gitanilla, de Cervantes. Una Gitanilla insólita que, en su estructura recuerda obviamente, la novela cervantina y en su lenguaje mezcla la jerga caló y el clasicismo, la pureza idiomática de Cervantes; mérito supongo de la adaptadora María Velasco. Lo demás es mérito de la dirección de Sonia Sebastián que combina la austeridad de un espacio escénico minimalista, con apertura a una utilización múltiple de sus posibilidades. Dentro de la técnica del metateatro, Sonia Sebastián enmienda explícitamente la plana a Cervantes: Preciosa no es una gitana de origen noble, sino una gitana  a secas cuyas virtudes obedecen a un rango y una raza  superiores: la nobleza gitana. Una  regocijante Celia Freijeiro da vida a un personaje muy  de carne y hueso, que se casa con un payo al que somete a un duro aprendizaje de los usos y costumbres gitanos. Esta moza se pasa por el arco del triunfo el rito del pañuelo y las rosas de sangre la noche de bodas, porque no está segura de su virginidad. Más bien  segura de todo lo contario. Es uno de los momentos más divertidos de la obra y de Freijeiro.

Una Gitanilla pasada por el baile, el cante, la copla, el jondo, los jaleos y la fiesta. Las voces puramente jondas están grabadas y no puede decirse que el elenco sea un modelo ejemplar de cante y de baile; salvo la guitarra de Davd Monge. Es disculpable, aunque la adaptadora proclame que un cráter de la luna se llama Carmen Amaya. Pero hay un aroma flamenco que resulta muy atractivo. Celia Freijeiro es el eje y tiene el  don de llenar la escena con un gesto, una mirada o un silencio. Saber mirar y saber callar es don que no tienen todas las actrices.

Pero sería injusto olvidar a La Jenni, Lucía Espin que dobla de gitana y corregidora y, sobre todo, a Tusti de las Heras,  la abuela transmutada en guardia civil. La abuela es la depositaria  de la honradez, de la libertad de una raza, de costumbres milenarias que viene luego una nieta hermosa y un poco aventurera  que las manda al carajo por un polvo clandestino y a destiempo. O por enredos amorosos de dudosa honestidad. Al menos eso sugiere Gitanilla, antes de la boda.

Madrid capital del teatro.

Es el rayo que no cesa: el teatro en Madrid. Puede que fuera siempre así, Madrid rompeolas de todas las Españas, Madrid rompeolas del teatro. Un amigo censaba el otro dia más de 100 estrenos en una semana. Un crítico, con cierta dosis de heroísmo militante, puede ver en siete dias, cinco o seis obras; diez a lo sumo si tiene la suerte de poder hacer doblete. El otro dia vi unas  extrañas y rokeras Amistades peligrosas, impropias del talento de Darío Facal. Como adelanto de un amplio comentario, necesario de toda necesidad, yo señalaría a Carmen Conesa que redime en parte la función; y a Lola Manzano que en Volanges ha encontrado, al fin, el papel de una carrera llena de dificultades: espléndida. Bellas y buenas actrices, Iria de Rio y Lucía Diez.