miércoles, 25 de marzo de 2015

RAZONES DE CABARET; CHIHUAHUA-ZOMBIE.Y ROMA CALDERÓN

Razones para no  perderse  Chiahuahua
La primera es porque a las 22,30 de un finde  no hay nada mejor que irse a un cabaret y si la hay que espere. La segunda es que mezclar el rito de la muerte con el folclore mexicano da unos resultados excelentes. En México hay una cultura funeral de tumbas adornadas con flores, de banquetes sobre las lápidas de los difuntos. Ritualizar la muerte no quiere decir que se santifique el nombre de Dios. Quizá por eso se dice, “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.
Una tercera es que  asistir a tertulia y jarana, con Frida Khalo, Marylin Monroe y Liza Minelli, aunque sea en estado   zombie de marchita belleza, solo está al alcance de quien asista a este Cabaret. Sombrerazo al señor o la señora del maquillaje y pinturejas, Frida, Monroe y Liza pierden parte de su aureola erótica y seductora; pero ganan en escatología canalla, que también tiene su aquel.
Otra razón es que quedan pocos dias. Y que la significación de Cabaret Chihuahua es polisémica: desmadre funeral, metáfora de metisaca mucho calimocho y txapela sabiniana, mucho proletariado cantinflesco. Pero no se fíen; este texto y dirección de Felipe Loza llevan veneno dentro. Puede parecer que va de cachondeo, pero la segunda parte es dinamita y no deja títere con cabeza: un imperialismo que, como todo el mundo sabe, incluso los zombies, es el último estadio del capitalismo. ¡Ja! Eso no se lo cree ni Frida Khalo después de un éxtasis lujurioso con  Diego Rivera.

Razones para volver a ver a Roma Calderón
Aunque la hayan exiliado del Nuevo Alcalá  merece la pena volver a ver Lovers de Roma Calderón en el Infanta Isabel, los viernes.
Primero porque Roma sigue fiel a sí misma incluso fuera de su territorio, que nunca será territorio hostil porque maneja muy bien el sentido de la seducción y la conquista. Lo haría igual en territorio comanche rodeada de indios.
Segundo; Roma igual en Nuevo Alcala, sótano, que en el escenario del Infanta Isabel, sigue siendo bella. Una mente luminosa en un cuerpo de diosa, dándoles a las diosas mucho margen de comienza. Al cabaret de Roma le falta un punto canalla, aquí y alli, Pero eso tiene solución; le sobra con meter, de vez en cuando, la quinta marcha para que la gente aúlle como hombres lobos a la luna.

jueves, 19 de marzo de 2015

FALLAS. JULIAN LOPEZ VUELVE A SER EL JULI. ARRASÓ EN FALLAS


Cuando hay un torero poderoso y suficiente en el ruedo, no hay viento que valga. Dejémonos de coñas marineras; el viento es un incordio, pero solo frustra las faenas ya frustradas. Ayer por ejemplo, El Juli, anteayer Talavante fueron reyes del viento
El Juli es el triunfador indiscutble de estas Fallas; con varios cuerpos de ventaja sobre todos los demás. El Juli ha sido una apisonadora, pero el torero eterno lo hizo un humilde torero riojano, Diego Urdiales. Ese es el toreo que no olvidaremos nunca y que pesará en la concienca de los buenos aficionados por los siglos de los siglos; el Juli, una figura, una estrella. Diego Urdiales, un maestro: el depositario del misterio. Si en toros hubiera, como en el cante jondo, una Llave de oro, esa llave la tendría hoy, sin duda, Diego Urdiales.
Una de las ventajas del Plus, que anteayer comentaba, es que te permite una libertad de movimientos que no te da la corrida in situ. La tele alivia las urgencias que durante 25 años me han mantenido en vilo en el rifirrafe diario de la crónica. Si ahora estuviera  haciendo crónica para el Mundo la haría desde  el Plus, lo que  evitaría las sonrojantes urgencias de todas las tardes. Ahora, antes de que los cabestros arrastren el sexto toro, me iré al teatro. Con la comodidad de haber ido redactando la crónica con media botella de Viña Tondonia al lado, un plato de jamón Joselito y con el ordenador sobre la mesa

Esta comodidad de la tele la comentaba a diario en el tendido del 1 de las Ventas con Javier Díez de Polanco, mandamás del Plus,  con el mantuve una razonable cordialidad  y proximidad de asiento durante años. Fue cuando la gente dio en decir que yo me iría al  País; lo cual producía en Díez de Polanco, en mí y hasta en su distinguida esposa Marisa, ataques de leve hilaridad. Todos sabíamos que eso no era posible. Y que a mí luchar con el recuerdo invulnerable del crítico que más he querido y admirado, Joaquín Vidal, me producía sarpullido. 

En mi blog escribo con absoluta libertad de horario cosa que no podía hacer en el Mundo pues el cierre es el cierre. La libertad  es la misma, pues en esto el Mundo siempre ha sido un modelo ejemplar de libertad. Lo primero que Pedro Jota me advirtió al llamarme; aquí lo único que importa es la independencia. Y escribir bien. En lo de la independencia no tenía que darme ánimos pues entré en la crónica taurina como un caballo en una cacharrería; para regocijo de Pedro Jota y rabia de los taurinos que dieron en calificarme de  antitaurino infiltrado y  cosas peores. En lo de escribir bien, valga la inmodestia, siempre he andado sobrado como reconocen incluso mis detractores.

De Finito, establecí en tiempos un triple baremo: Finito de Sabadell, cuando estaba horrible; Finito de Córdoba cuando estaba en su ser intermedio y Juan Serrano cuando rozaba la excelencia. Ayer estuvo más cerca de Juan Serrano, de ese que gustaba a Jaime Sanz  o a Paco Puchol. Puchol ha muerto y mañana, como apéndice de estas Fallas ventosas y friolentas, les dedicaré un recuerdo a ellos y a todos los buenos amigos valencianos cuya amistad ya justificaría mi paso por el mundo  del toro.

De Julián López El Juli nunca fui devoto fervoroso, con gran contrariedad de Álvarez del Manzano que veía en él la reencarnación de Joselito y Belmonte juntos. Di en atribuir la fascinación que el torero niño ejercía sobre el público a una cuestión de aceleración, de emotividad dinámica. Primero su capa vertiginosa de lopezinas, serpentinas y revoleras; luego sin transición las banderillas igualmente vertiginosas y por último la aceleración in crescendo de la muleta; al público no le daba tiempo no ya a pensar, sino a respirar. Esa era la clave. Siempre fue respetuoso con mis críticas y su padre, a tal punto me valoraba que una vez que le hice una loa grande, me lo encontré `por los pasillos del hotel con el Mundo en las manos  gritándole a la gente: “cómo  habrá estado  Julián que hasta Villán lo ha puesto bien”. Recuerdo aquel momento con enorme gratitud y afirmo que el Juli ya no es aquel torero vertiginoso, aunque aun esté lejos de la unión hipostática de las dos naturalezas primigenias, Belmonte y Joselito, que auguraba el Alcalde sevillano de Madrid Álvarez del Manzano.

De Pereda lo más que llegué a decir es que era un torerito juncal que había estilizado el  abrupto parón de Ojeda, lo cual irritó a ojedistas y peredistas. Ambos bandos siguen irreconciliables con aquella definición un tanto osada, lo reconozco; pero siempre que he tenido oportunidad he afirmado que Pereda no es un torerito juncal, sino algo más sólido; como ayer por ejemplo.

A quien pediría más solidez es a la cabaña brava y a los de Garci Grande/ Domingo Hernández  siempre con más kilos, aunque bien repartidos,  que fuerza y casta: el toro suave que han exigido las figuras. Y aquí viene lo bueno de este invento de la tele: nadie podrá reprocharme que antes de que doble el sexto toro me vaya al teatro. Me atrae más una función de Marivaux el las Naves del Español, El príncipe travestido, que esperar a ver cómo remata tarde el “sólido torerito juncal” extremeño. Prometo dar noticia de El lenguaje  de tus ojos (El príncipe travestido) dentro de un rato.

miércoles, 18 de marzo de 2015

MIGUEL DE CERVANTES, CRONISTA TAURINO


No  es coña. Don Miguel de Cervantes  cuando le dejaba tiempo libre la redacción del Quijote, fue cronista taurino. Eso supone al menos José Maria de Cossío, quien afirma que en 1605 pudo encomendársele en Valladolid a don Miguel la recepción, o crónica,  de la corrida conmemorativa  del nacimiento de quien más tarde sería Felipe IV.

Cossío no llega a demostrar nada, pero como rumor vale. Lo avalamos Celia Forneas y un servidor que, seguidor de la doctrina de Paco Umbral, pongo más fé en un  rumor que en  una noticia.  Celia Forneas es una investigadora de periodismo a quien el taurinismo ignaro y pedernal ha ninguneado sistemáticamente y a conciencia. Al taurinismo ignaro y pedernal el conocimiento de su historia se la suda

Aprovechando el revuelo necrófago y funeral que se ha levantado en torno al descubrimiento de los restos de Cervantes, autor del Quijote como muchos  acaban de descubrir, traigo a colación esta noticia: Cervantes, cronista taurino. De hecho yo me metí en esta cosa de los toros, convencido de que, después de pegar unos cuantos muletazos periodísticos, podía escribir el Quijote; pero me dí cuenta  de que el Quijote ya estaba escrito.

 De algo, pues, y con todos los respetos a los  buscahuesos -sean los de Lorca, los de Cervantes o los de cualquier ser anónimo en una cuneta apócrifa-  nos ha servido este revuelo de cenizas y huesos suculento banquete de  gusanos; descubrir la parte más cotidiana, prosaica y, a la vez,   oculta de Cervantes: su coyuntura de cronista taurino, fuere por necesidad o por afición. No hay constancia de que como cronista accidental, Cervantes pusiera el cazo o recibiera sobres.  

Cervantes anduvo en pleitos con la justicia porque las cuentas de recaudador o alcabalero no le cuadraban. Y que nadie me venga ahora diciendo que ultrajo la memoria del genio de nuestras letras. La vida del más grande escritor de todos los siglos fue dura y con frecuencia diéronle cárcel las Españas. También sufrió cautiverio moro tras asistir, como combatiente, a la más alta ocasión que vieron los siglos, o sea Lepanto contra el turco.  Yo no pondría la mano en  el fuego por la ortodoxia y la independencia taurina de Cervantes, si es que llegó a escribir aquella célebre recepción,  una revista para entendernos en lenguaje más moderno.  

Imaginación tendría que haberle echado en estos tiempos, pues no es lo mismo la reyerta diaria de una crítica que unos versos gloriosos  para unos cortesanos caballerescos y alanceadores . La corrida de hoy, cartel  de figuras, figuritas y figurones, según el gusto de cada cual, no da para grandes relatos. Un ventarrón horrible en Valencia, lo que explica por qué los mediotoros, los animalejos  claudicantes de Zalduendo, anduvieran con tanta insistencia por los suelos.

 Alejandro Talavante apuntaló la debilidad menesterosa de los toros y le bajo la mano al viento yéndose al pitón contrario de la borrasca. Francisco Rivera, anduvo parejo de los toros, o sea justo de fuerzas. Y Morante de la Puebla sigue aspirando al milagro de taparse con unos lances de inspiración. No fue, en verdad, una corrida cervantina. Ni tampoco para don Francisco de Quevedo del cual sí está datada una grande e inspirada recepción por parecidos tiempos a los de Cervantes. Depende  de lo que ocurra mañana, se la contaré o no.