lunes, 15 de junio de 2015

CESE ZAPATA, AUSCHWITZ NO FUE UN CHISTE



La hora de la limpieza, no de la depuración.
Dicho lo cual, los corruptos del PP-PSOE debieran tomar nota y dimitir. O desaparecer de la política. Estaba yo a punto de gritar ¡Viva Zapata! al conocer que Guillermo Zapata, agitador de movimientos alternativos, era el nuevo consejero  de Cultura de  Manuela Carmena; pero la edad, además de  virtuosos, nos hace cautos. Era mucha grandeza el Zapata  de Marlon Brando, el sueño de libertad del caballo blanco por montes y llanuras, tras el acribillamiento fusilero de  Zapata en el patio de la traición. Me contuve y de pronto  el tuiter empezó a vomitar viejos chistes antisemitas propagados por Guillermo Zapata hace cuatro años; en  plan  coña, seguramente, como el de recomendar a Irene Villa, sin piernas por un bombazo de Eta,  que buscara repuestos en el cementerio de Alcazer.
 Probablemente Guillermo Zapata no es antisemita ni partidario del pim pam pum fuego de Eta. Además,  es muy posible que, por entonces, ni  pensara  alcanzar el poder de forma tan súbita e imprevista. Habitualmente los movimientos alternativos aspiran a dinamitar el poder pero no a ocuparlo y convertirse en otra casta.
Mi generación fue propalestina, y quizá siga siéndolo, frente a los excesos del Estado de Israel; pero no era antisemita. La expulsión de los judíos de Sefarad, los hornos crematorios y Awschwitz son innegociables, aunque un tal Nacho Vigalondo,  no sé si colega de Zapata,  en siniestro ejercicio de humor negro, llegara a afirmar que el Holocausto había sido un montaje.
 Pudiéramos dejar el humor negro de Zapata -el de Manuela Carmena, no el de Marlon Brando- en un escaburcio desafortunado en días de vino y rosas; o simplemente en una noche de juerga de esas que dice la copla flamenca, “a todos nos han cantao/ en una noche fiesta/ coplas que nos han matao”. Una frivolidad irresponsable y arrepentida, vale. Pero la gente de la cultura está, estamos, hasta los güevos, de ser ultrajada por frívolos o por indoctos o, más sencillo, por esbirros personalistas  del poder. Hay cosas peores que un exabrupto tuitero; pero el cartero siempre llama dos veces. Menos a los corruptos del PP y Psoe, que suelen "matar al mensajero". 
 Aún está reciente otra frivolidad chunga de Pablo Iglesias entre coleguis y francachelas: “dejémonos de mariconadas del teatro y vámonos de cacería a Segovia”. Otra frivolidad en momentos de euforia y fuera de contexto, vale. Pero los españoles  tienden a tomar las bromas por veras porque en este país llamado España nos han tomado el pelo demasiadas veces. Y, en ocasiones, de forma cruentísima.
Puede que Zapata, el de Manuela Carmena, no el de Marlon Brando haya confundido los bombardeos de Gaza con Auschwitz; o que haya interpretado mal un verso de Salim Yubram, judío, palestino y desposeído, que dice: “ay almas de los muertos en los presidios nazis;/ si supierais vosotros, si supierais”. Pero eso, ni a Mahamud Darwis, Fadwa Tuqam,  Bayati y otros les permitía bromear con las cenizas de los hornos crematorios y los campos de exterminio.  
Nota: me gusta el humor negro, pero a costa de mí mismo. Ejemplo; mis piernas están peor que las patas de muchos toros que salen a los ruedos. Siendo crítico del Mundo,  cuando el presidente de corrida sacaba el pañuelo verde (signo de devolución de un toro por inválido o cojitranco) yo tomaba el camino del hotel. ¿Dónde vas?, me preguntaban los aficionados. Y yo respondía: al corral. ¿no has visto el pañuelo verde del presidente?.

 Manuela Carmena es ahora la presidenta de una durísima corrida nada más empezar.  Es cierto que algunos toros se recuperan de un calambre transitorio. Pero los síntomas son alarmantes. La van a crucificar hasta los suyos. Pero un gesto ejemplarizante siempre es bien recibido. Ahora, que la corrupción PP_PSOE tome ejemplo.      

domingo, 14 de junio de 2015

ANTOLOGIA DEL CUENTO TAURINO: QUERENCIAS.

Narrativa taurina.
No estoy al tanto de cuál es el momento actual del relato breve en España. Siempre fue considerado, incluso en los tiempos gloriosos de Leopoldo Alas, una especie de hermano pobre de la novela; ni siquiera un hermano o un hijo pequeños: pobres y mirados con recelo por las editoriales, se supone que por falta de lectores fervorosos. Y sin embargo en el relato breve hallamos verdaderas joyas, auténticas piezas maestras. De mi infancia nunca olvidaré como el mejor Cela, La naranja es una fruta de invierno. Y posteriormente el magisterio de Ignacio Aldecoa. O el  insuperable, Cabeza rapada, de Jesús Fernández Santos.  Y Meliano Peraile. O el Paco Umbral de Tamouré.
 En Querencias; antología de cuentos costumbrista, publicado por Modus Operandi, hay piezas  que responden  a la maestría de los autores en otras disciplinas literarias.  Son cuentos taurinos y costumbristas; pero costumbrismo, como  explica Andrés Amorós   en el prólogo, es un término de escasa definición. “La palabra costumbrismo, dice el profesor, es una etiqueta vaga y ambigua –como idealismo, romanticismo o compromiso- que  muchos prefieren evitar”. Aquí hay compromiso, compromiso con los toros, y en términos amplios, hay costumbrismo incluso en los relatos menos costumbristas y más imaginativos.

Gloria Sánchez Grande, coordinadora del libro,  ha escogido a 21 autores y con este grupo ha afrontado un doble desafío: revitalizar el relato breve y apoyar la causa taurina en entredicho. El aficionado taurino, en líneas generales, no es excesivamente dado a la lectura, salvo las crónicas de las Ferias cuando se habla de sus toreros predilectos; Querencias es una buena oportunidad para profundizar en la esencia del toro y su incardinación en la sociedad española. Y para aficionarse a la lectura del relato breve. He aquí los 21 autores: Isabel Bernardo, Antonio Burgos, Carlos Colón, Manuel Cubero, Andrés de Miguel, Domingo Delgado, Aquilino Duque, Antonio García Barbeito, Ricardo Giráldez, Manuel Marqués, Rosario Martínez, Tomás Paredes, Antonio Pillado, José Ramírez, Jossé María Requena,Manuel Jesús Roldán, Javier Sánchez, Gloria Sánchez-Grande, Francisco Tardáliga, André Viard, Javier Villán.

jueves, 11 de junio de 2015

COCA COLA Y BUERO VALLEJO: EL MAYOR MOVIMIENTO TEATRAL DE ESPAÑA


Miles de escolares y aficionados.
Acabamos de fallar  los premios Buero Vallejo que patrocina la Fundación Coca Cola, presidida por José Núñez que es, además,  ganadero de bravo, un caballero en el proceloso mundo del toro: la Palmosilla. El fallo de este premio supone para mí   la línea divisoria entre la histeria terminal de un Madrid insufrible y el relajo de la sierra madrileña: dejo Madrid y cerca del Guadarrama en Colmenar Viejo me creo un Vicente Aleixandre que cuidaba en  Miraflores su eterna y mítica mala salud de hierro. A mí no me gusta la Coca Cola, tampoco  me gusta el güisqui, ni el brandi ni el coñac; solo bebo vino, grandes añadas selectivas  y a veces una copa de Mohet Chandón.
Pero me gusta la pasión y el dinero que Coca Cola invierte en el teatro, el profesional y el aficionado.  Una sociedad sin teatro es una sociedad muerta o suicidada. Por eso apoyaré siempre la generosidad de Coca Cola con las tablas. Los premios Buero Vallejo se han consolidado de tal manera que mueven ya cerca de 150.000 participantes entre espectadores y faranduleros de ocasión. No todos de los premiados llegarán a ser estrellas, aunque algunos profesionales han nacido de ellos. Lo incuestionable es que son semillero de espectadores, de gente que a partir de una función escolar quedan enganchados al teatro. Dentro de un mes los premiados vendrán a Madrid a mostrar sus obras en el María Guerro: Gran Gala.
El jurado de los Buero Vallejo  es plural y diverso lo que facilita el debate y las divergencias. Un jurado mudo y unánime no es jurado. Por propia definición, un jurado es un ejemplo y una ocasión de dialéctica florentina. Esa es la razón de ser de  los jurados: la bronca ilustrada o la bronca a secas. Difícil que no haya debate y controversia cuando entre quienes tienen que decidir se encuentran Luis María Anson, Paloma Pedrero, Helena Pimenta, Miguel del Arco, García May, Carlos Hipólito  y así hasta quince o dieciséis.
 En resumen, los premios bien; la comida en los grandes salones del teatro Real, superbién entre cuadros magníficos y tapices que a un campesino de Torre de los Molinos (Palencia) como yo, le siguen fascinando;  mas por encima de todo está el gran movimiento teatral que estos premios promueven en toda España y en sus varias manifestaciones culturales: la castellana, la gallega, la euskèrica, la catalana: 150.000 participantes, en varias modalidades, desde el que pone una bombilla, hasta la futura estrella de mayor o menor brillo. Y  los que miran y luego van a las salas comerciales: vivero de teatro, de espectadores de teatro.
Sobremesa con Helena Pimenta y Silvia Marsó.
 Una de las buenas cosas de estos eventos son los debates de sobremesa; el protocolo tuvo el detalle de colocarme entre Silvia Marsó y Helena Pimenta a la que venero desde aquella memorable puesta en escena con que se estrenó en Madrid: El sueño de una noche de verano. Hoy es directora de CNTC. También adoro a Silvia Marsó, excelente en el Zoo de cristal, pronto de nuevo en Madrid, y enredadora e implacable en el jurado. La amistad con Helena Pimenta se ha mantenido, pese a insidias, desacuerdos en algunos montajes y escaburcios inventados.
 Escaburcio es un palabro que se ha inventado Paloma Pedrero y que el académico Luis María Anson y ni yo sabemos qué significa. Aventuro una definición -contradiós, exabrupto, desbarajuste, sinsentido- que no satisface a nadie. A Luis María Anson, gran Caballero de Honor del Teatro, en especial del teatro alternativo, el protocolo tampoco lo ha colocado mal: a la izquierda, Celia Freijeiro y a la derecha Paloma Pedrero.

Aclarados los escaburcios con Helena Pimenta, hacemos corro con Silvia Marsó, poco dada a los chismes. Le pregunto a Pimenta sobre el escaburcio de la  placa conmemorativa del discurso fundacional de la Falange del teatro de la Comedia. A mí que me registren, viene a decir; nada tengo que ver con eso. Han terminado las obras, la placa la han quitado y a la Pimenta le pidieron que firmara un papel por el cual la placa quedaba destinada a  una especie de almacén de objetos inservibles. Me consta que la Pimenta se negó a firmar nada. Total, otros escaburcio.