lunes, 9 de noviembre de 2015

SONETO A IRENE LOZANO: IMPOSTORA MÄXIMA.



Puente de la Almudena; reposo 
He dedicado el puente de la Almudena al reposo y a la lectura. Y como excepción a ver El Rey, en Teatro de Barrio antes Sala Triángulo. El Borbón, hoy Rey Emérito, un personaje shakesperiano tratado con piedad por Alberto San Juan. Cualquier diatriba de Jiménez Losantos contra  El Campechano es más incendiaria. Y alguno de mis Sonetos de la nueva impostura también.

Concluyo y cierro este libro con este dedicado a Irene Lozano, megafichaje perpetrado por Pedro Sánchez.

Contumaz impostora  vil ramera
Política, se entiende; devastadora
Zorra de gallinero y plumas, que ora
Rompe un partido y ora lo atrinchera.
Entre impostoras, siempre la primera.
Es lo que siempre fue, la tejedora
De enredos cortesanos, lidiadora,
De Pedro Sánchez, vergel y paramera.
Los sociatas protestan contra el capo,
Pero admiten el súbito flechazo,
Político, y engullen mierda y sapo;
Unos ponen la firma, otros el cazo;
Ahora te encubro y ahora te destapo
¡Viva la ley suprema del dedazo!.

 Otra excepción a mi enclaustramiento ha sido ver Al Galope, en la Sala Margarita Xirgu; por  nada del mundo me perdería  una interpretación de Carme Elias, actriz suprema. Sobre ambas cosas me explicaré in extenso. Esto es solo una crónica de sociedad, circunstancia a la que   se presta la vida del Rey, clave de bóveda del sistema de la Transición;  y la vida de Diana Vreeland, diosa de la revista Vogue, desahuciada. También el Borbón está siendo desahuciado por la historia y aún lo será más. Hay mucha tela que cortar. Tema y argumento aparte, ambas piezas  tienen  en común una colosal interpretación;   Willy  Toledo, Jesús Barroso, Alberto San Juan en plenitud de comediantes. El Rey es una tragedia de Shakespeare, Al Galope es alta comedia refinada con algún  toque de vodevil.
Lleno hasta la bandera en la Triángulo, público maduro más que público joven al que Juan Carlos I debe de parecerle algo tan distante como Felipe II.  Peligro de la desideologización. Más de media entrada en Al galope; gente chic como la protagonista, y menos chic. Disculpen la infiltración del lenguaje taurino. Tras 25 años haciendo crítica de toros, aún no me he vacunado del virus contra el que se previene Podemos, habiendo tantas enfermedades políticas que combatir. Bobadas y allá ellos: los toros no necesitan de Podemos, sino de una regeneración interna del sistema; pero este -figuras, empresarios, ganaderos- tampoco está por la labor.

Lecturas
Vuelta a un libro clave de teatro, cuya tercera o cuarta edición de la Ade, me envía Juan Antonio Hormigón, Interpretar sin dolor. Una refutación del Método de Strasberg. También me envía un  texto de uno de los grandes autores españoles invisibles, Jerónimo López Mozo: José Barbacana, una radiografía  de  la crisis. La corrupción de fondo; y la burbuja inmobiliaria, los indignados, los desahucios. El gran López Mozos del compromiso de siempre. Teatro e hoy y para hoy.
 Tenía una deuda pendiente con Rafael Lorente, difunto, y con su compañera Cristina Maristany, condesa de Lavern y revolucionaria: leer Fuimos,  libro de Cristina en el cual  se unen poemas de los dos: poemas de amor y de revolución. Rafael era escritor, poeta, diplomático, revolucionario y soñador. Unir diplomacia y revolución en tiempos de Franco era ardua tarea. Pero, siendo cónsul en París, Rafael intentó establecer la República Independiente Española en Fernando Poo; lo cuenta Juan Goitysolo en uno de sus libros. Sólo consiguió que lo echaran de la carrera diplomática.

Otra deuda pendiente era Zarazas, coplas flamencas reunidas, de Alvaro Tato, de la compañía Ron Lalá. Álvaro Tato es poeta, escritor y aficionado al flamenco, pero es sobre todo un gran cómico. Zarazas es un cantaor marginal, fuera del circuito y del sistema, con toda la pena, la rabia y el humor corrosivo de una estirpe maldita y perseguida. Por esta forma de cantar, a su padre lo llamaban Zarazas, que es “un mejunje de vidrio machacado con veneno que se usa para matar perros y ratas y lo que sea”.

Así es el cante de esta familia, tierno por fuera y “mortal de necesidad” por dentro. Y “a muerte” con el compás, ese misterio indescifrado del cante que le negaban a Manolo Caracol sus detractores. Para ambientarme, mientras Ana enfría una botella de manzanilla y prepara pescao frito -espinas de lenguado-  pongo unos discos, los viejos vinilos, de Terremoto de Jerez, el cantaor al que más he admirado. Pronto bajaré por el rincón  a unos asuntos con Rafael de Paula. Como hacía antes, buscaré  la tumba de Fernando para ponerle claveles y susurrarle un cante. Me decía en el Pescaito Frito del Barrio de la Concepción: “Poeta, tienes conosimiento, pero no tienes poé”. Fin del puente; espero que ninguno de mis amigos figure en la inevitable lista de accidentados.

jueves, 5 de noviembre de 2015

LOS PELIGROS DE PACO UMBRAL .SEDUCCION DE PIA TEDESCO


Umbral, peligro. Un clase en el Master
Una clase  en el Master del Mundo es un gran experiencia sobre todo para alguien de escasa vocación docente como yo. Cuando más ejercité esta actividad  fue, por necesidad, en mi época de charnego en Barcelona como profesor de latín. Esta promoción, así a vuelapluma, parece  indagadora sin tregua, primera exigencia para ser periodistas; y con la generosidad de atribuirle al “profesor” dudosa jerarquía de magisterio. El magisterio, seamos claros, parte  de alumnos que abren  nuevas dudas a unas teorías que consideramos canónicas. No hay canon; hay  heterodoxia o no hay nada.
Para iniciar una reflexión  sobre el sentido del periodismo y para  la cuestión del estilo, sostuve que Francisco Umbral  había hecho mucho daño a las promociones de periodistas posteriores a él. La distinción entre escritores que escriben en periódicos y periodistas  es  artificiosa.  Umbral es un periodista maestro de la columna y alquimista de una actualidad que fija en el imán de las negritas.
¿Cuál es el peligro de Umbral para los jóvenes?  La  dirección antagónica de su estructura estilística; o sea la palabra canalla y la palabra lírica: la calle y la academia. Lo que García Posada llamaba  el látigo y la rosa. Los fervorosos de Umbral suelen quedarse en la rosa, pero les falta el látigo. El problema no es Umbral, sino los umbralistas; los que tratan de imitar un estilo inimitable; sobre todo por el don de la adjetivación.  O las asociaciones adjetivadoras, que esa es otra.
 Le debo a  Pia Tedesco,  cabaretera argentina   en la Sala Jardiel Poncela  más que una crítica; más que un mirada con la esperanza de verla reflejada en su mirada inmensa. María Tedesco es de esas mujeres  que en la distancia corta tiene la mirada más bella que los ojos. Ese es el secreto de algunas personas. Tan misterioso como  inocencia de Pia, demasiado  para una cabaretera que padece y  canta penas de amor. Le debo unos  versos por haberme hecho partícipe de su espectáculo, por la complicidad de una juventud imposible, como si el tiempo caminase a la inversa, en busca del milagro de una noche en un teatro de Alcobendas hace 40 años: Sara Montiel  sentada en mis rodillas acariciándome los ojos con el humo de su cigarro.
Paco Umbral, cuando se lo contaron, por poco se muere de envidia. Y creo que siempre me guardó rencor, pues se creía con todos los derechos sobre su idolatrada Sara. Como muchos de mis amigos ayer en la Sala Jardiel Poncela, que se jodan, ¡hala!. Tengo el destino fatal de hombre al que las mujeres más bellas toman por asiento, lo cual, creo yo, no es un destino glorioso aunque lo parezca y yo lo acepte como tal. Así  tengo yo de desahuciadas mis piernas: de tanto soportar el leve peso de mujeres gráciles, angélicas o perversas.
No demoraré más ese verso prometido. Y puesto que Pia Tedesco nos cuenta una historia de amor maldito, echo mano de mi libro Indicios y desmemorias, y leo con el pensamiento puesto en la sufriente Pia Tedesco, dulce cabaretera  ultrajada por un mundo canalla; “Pronunció/ la palabra fatal/ dijo amor/y se hundió/ en el abismo”. Todo esto no me libera de mi melancolía esencial. Sigo fiel a don Ramón de Campoamor, cuando  crepuscular y amante, se lamentaba: “las hijas de las madres que amé tanto/ me besan ya como se besa a un santo”.   

El amor y otros vicios no es solo Pia Tedesco, aunque sea mucho. Es también un colosal grupo musical: Joshua Diaz, Gerardo Ramos, Ramón Mucci y Néstor Ballesteros. Pero  hoy todas las metáforas han de ser para Pia Tedesco. Prometo volver sobre ese grupo y la magia del clarinete de Joshua en  la sala Guirau. He seguido el  pulso de esa sala bajo la mano, hasta el momento independiente y firme, de Luis Torres. Y siempre abierta. Nota: no se sorprendan si en ocasiones se me va el nombre de Sala Jardiel Poncela a Sala Guirau. Es un homenaje al amigo difunto, Antonio, que sacó un gran partido de ella cuando era un simple salón de actos. El subconciente es implacable.

domingo, 1 de noviembre de 2015

TEATRO Y COCA COLA. EL PÚBLICO, GRAN MONTAJE.

                  Coca Cola y el teatro.

                    A mi  lo que más me gusta de Coca Cola es  la atención, y la protección, que  que presta al teatro en particular y a la cultura en general. De joven me aficioné al teatro y al vino y sigo siendo un degustador de ambos. La Coca Cola me enseñó a usarla, con fines terapéuticos, un marinero; él la usaba para combatir la resaca, del vino no del mar,   que solía aquejarlo  cada vez que bajaba a puerto.
                   Coca Cola patrocina el premio Valle Inclán, el más importante de España y parte del extranjero. Y ya ha convocado los Premio Buero Vallejo que mueven cada año cientos de grupos y miles de escolares y aficionados. Estos premios tienen un doble objetivo: descubrir nuevos valores y promover  la afición al teatro. Ambos se cumplen ampliamente todos los años.  Y se da la circunstancia de que premiados en ediciones anteriores han escalado la cima y llegan a formar parte del Jurado que decide cada año los mejores.
                   Coca Cola acaba de publicar un libro primoroso que, en imágenes muy seleccionadas, cuenta su historia. No esperen hallar en él la fórmula mágica de su composición que sigue siendo el secreto  mejor guardado del universo. A lo mejor es un secreto a la vista, pero nadie da con él. Una película que lograse descubrirlo sería la mejor película de espionaje de la historia. 
                 
                Coca Cola acaba de publicar un libro primoroso que resume cine  años de historia. Uno de los máximos aciertos del libro es precisamente el cine, las grandes estrellas sorprendidas en un descanso del rodaje o en una escena de una película, bebiendo Coca Cola. Los Beatles, Jean Collins, Gregory Peck, Frank Sinatra, Clint Easwood. También está Fidel Castro, no sé si antes o después de Moncada; y Richard Nixon; yo a éste no lo hubiera puesto. Ya saben aquella leyenda debajo de una foto suya: "¿a este señor, le compraría usted un coche usado?". Por fortuna, Nixon está en una fiesta, relajado, y sale de perfil. Por mimetismo muchos querrán formar parte de este selecto club de artistas, sus ídolos.  Por sed o por fetichismo. Mi estrella es Jean; está deliciosa y en vez de beber de la botella parece  besar su embocadura. 

                  Cotilleos muy serios ante una botella de Cigales.
              Tras el estreno de El público,  tertulia en el Imperio, chez Gonzalo. Aquí  los flamencos juegan al mus, la gente come setas frescas de temporada y bebe vino de todas las marcas y colores, incluido  el clarete de Cigales que es el que más me gusta. En el Imperio tengo aplazada una partida de mus con Antorrín Heredia hace años. Una amiga, entusiasta de todo lo que  hace  la Abadía, e idólatra de José Luis Gómez me susurra a voz en grito, o sea un secreto a voces: “ya teneis candidatos para el Premio Valle Inclán”. También es entusiasta de Yolanda Ulloa, una actriz a la que admiro mucho, de la que me trae saludos. Le digo que le busque un papel para disfrute de todos. De Zutoia Alarcia, la mejor Ulalume que yo he visto, no me trae saludos porque a Zutoia se los doy personalmente.  Cualquier dia de estos, Zutoia,  Xabi Puerta, y yo nos liamos la manta a la cabeza y organizamos un cirio; teatral, claro. Esperamos a David de Loaysa, que debutó como escenografía con Dónde estás Ulalume, dónde estás para que nos cuente algo de la Salomé de  Victoria Vera y Jaime Chávarri, pero no aparece. Loaysa está con la última función de Sabela Hermida, Manar, en La Tribueñe, luces y espacio. Gran trabajo el monólogo de Sabela, otra actriz de la que se puede esperar  mucho. Mi amiga   inquiere,  mientras ordena descorchar una botella de Cigales: “¿qué te ha parecido el montaje de Rígola”. Hay pocas personas a las que tolere esta impertinencia a bocajarro, pero mi amiga C.M.H es otra historia.
                    No me gusta comentar una obra en caliente,  menor dicho soy incapaz de ello; y tiro por la calle del medio: “lee el Mundo, aquí tienes el euro y los cuarenta céntimos que cuesta”. “Escribirás algo”. Respondo: “algo largo y tendido”; de Federico y Alex Rígola, que ya no es el Tarantino español, sino uno de los directores com más carisma y personalidad.   Empieza a llegar  el elenco de El público y prefiero retirarme al último rincón. Sólo me faltaba que, para estimular mi timidez, que se va convirtiendo en mal genio,  apareciese Irene Escolar, actriz a la que yo, modestamente, no veo techo. Destaco su triple registro en esta función: Julieta,  una estudiante con aire de profesora  sabihonda,  una  madre huérfana de hijo.

                   Política de hoy
               Mi amiga CMH pide otra botella de Cigales y la conversación es ya imparable. Estoy de acuerdo en que la interpretación en general es muy buena. Y  apunto que, pese al excelente montaje, seguimos sin saber con exactitud qué teatro quería hacer Lorca que lo desvinculase de sus tragedias rurales. Teatro bajo la arena; ¿qué es eso?  Me acusa de defender la programación del  Español y digo que solo he defendido algunos proyectos concretos que espero se lleven a cabo. Me niego a la tercera botella de Cigales, porque después de la cuarta, las cosas pueden ser imprevisibles. Y derivamos a la política mientras espero el taxi, Taxi Elite,   un servicio reciente y, de momento, impecable. Espero no les pase lo que a los partidos políticos, que se vician.
                    ¿Podemos?. La gran decepción; Iglesias, Errejón, Monedero y Echenique la han cagado. ¿Ciudadanos?.  La gran moda, en especial por antiseparatistas  en el  vientre del  monstruo catalán.  Requiem por Up y De. Me niego a hablar del bipartidismo canalla, PP y Psoe, modélico en el arte de la corrupción. Mi amiga me invita a ver Los nadadores nocturnos, José Manuel Mora y Carlota Ferrer, que se estrena en la Abadía un dia de estos. “La vi en Almada el pasado Festival. ¿Qué te pareció? Busca el Mundo  de aquellos días”. Y mi  amiga me da  un beso en la mejilla, mientras me abre la puerta de Taxi Elite.  “Las hijas de las madres que amé tanto, me besan ya como se besa a un santo”. (Campoamor)