martes, 15 de marzo de 2016

EL 11M DE PEREZ DE LA FUENTE EN EL ESPAÑOL


 "Pérez de la Fuente es un arrogante". (sr. Eraso)

Destitución de Juan Carlos Pérez de la Fuente como director del Teatro Español. Pese a la excelente programación que venía haciendo, estaba sentenciado por los podemitas del Patio de Maravillas, que no dan una a derechas y, lo que a mí me parece más grave, tampoco a izquierdas. He apoyado esa programación apuntalada, entre otras cosas, en la recuperación para el teatro español de dos grandes autores del siglo XX: Max Aub y Alfonso Sastre. Y apoyaré cualquier proyecto con amplitud de miras. El sitio del crítico es el patio de butacas. Lo cual no es óbice para que haya destacado  el nivel de incultura de una concejala de cultura, Celia Mayer, a la que nunca he visto en un estreno. Ni fuera de él.

Lo más sorprendente es que el señor Eraso, jefe de Madrid Destino, base la destitución en la “arrogancia de Pérez de la Fuente”.  En estilos personales de la gente no entro, y es fama que, a la hora de dirigir, Pérez de la Fuente es, en los ensayos, algo peor que arrogante. ¿Podría considerarse arrogancia del señor Eraso que no haya respondido a ninguna de las llamadas que, con ánimo puramente informativo, le he hecho?

 A Pérez de la Fuente le ha estallado en las manos un 11M teatral, el mismo día del aniversario de la voladura de los trenes, con menos incógnitas que el terrible suceso de hace 11 años. En el Español se abre un periodo posiblemente crispado: ¿qué va a pasar con Numancia ya en ensayos y con el resto de la programación, qué asuntos legales interferirán la negociación de las partes…?

 

 El 11M y el teatro

 Adversas circunstancias me han impedido asistir al estreno de Ana el once de marzo, de Paloma Pedrero. Y las mismas me alejarán de la magna exposición de Félix de la Vega, Bululú, las raíces del Teatro, en la Sala D,Odorico.   Bululú es un colosal homenaje al teatro de un pintor palentino que ha tomado como referencia Un viaje entretenido, de Rojas Villandrando.   Respecto a Ana el once de marzo, oportunidad tendré de hacer la crítica tan pronto como pueda verla. De ese día, 11M, a mí me sigue interesando la intrahistoria, el juego sucio de servicios secretos cruzados. Y el pobre moro condenado a 40.000 años de cárcel como autor material de la matanza. Estoy hasta los güevos del pobre puto moro, chivo expiatorio de un atentado de 200 muertos, mucho más enrevesado.

  Se lo comentaba a un antiguo “compi poli”, (o sea que, en alguna ocasión,  nos repartimos a medias los ostiones de los maderos) que pasa por cocinero de algunas salsas podemitas.  Aunque tú no lo creas Podemos tiene un discurso cultural, solo que no hemos tenido tiempo ni gente apropiada para articularlo, me dice. Ahora estamos en otra guerra. Le pregunto si tienen, también, un discurso teatral o si comparten con su jefe Iglesias, que el teatro es una mariconada.  También tenemos un discurso teatral, dadnos tiempo.

 

3 Miradas

 El 11M ya ha generado su teatro,  pero no por la vía política sino por la vía dolorosa. Vuelvo al estreno al que no pude asistir. Ana el once de marzo es una triple mirada   sobre la tragedia; una víctima que viajaba en uno de los trenes, un hombre compartido por tres mujeres: la madre, la esposa y la amante. Ahí radica el intenso nudo dramático, cruce de sensibilidades muy en la línea   de la dramaturgia de Paloma Pedrero; la autora   mira los hechos desde el amor herido y la solidaridad del dolor. Además de estas miradas, el 11M necesita una obra de teatro documento, una obra radicalmente política.

 

11 Miradas

La primera manifestación teatral respecto al 11M tuvo lugar en el primer aniversario: Adolfo Simón, 11 salas, 11 autores y 30 actores. En 2006, Tomás Afán ganó el premio Ciudad de Palencia por 11 Miradas.  Una hazaña cultural del PP del Ayuntamiento de Palencia ha sido cargarse este Certamen, que ha dado textos tan notables como este, o como Alemania, de Ignacio Amestoy u Obsesion Street, de Diana de Paco Serrano.  Once miradas, entre ellas una criminal y estupefacta, una electoral y cínica,  una triste, otra  ideológica, una mirada mora, una mirada cristiana....

martes, 8 de marzo de 2016

FIN DE SEMANA EN EL PARAISO. TODO TEATRO


Los heraldos negros.

Intenso fin de semana teatral. Se fortalece el ánimo, pero el cuerpo cruje y hace crac. Un fin de semana contradictorio: en el paraíso, mas con raras premoniciones de heraldos negros vallejianos. No sé.

Viernes, Matadero. Prodigios de Mamet y prodigios de un actor en la cumbre, José Sacristán. A la salida, Manuel Hidalgo  comenta la fecunda trayectoria de Sacristán, siempre magistral, incluso en los tiempos celtíberos de suecas en bikini y landismo en camiseta y  porrón de vino. Tengo un inmenso respeto por Manuel Hidalgo; cuando mandaba mucho en El Mundo, Hidalgo con el inolvidable Francisco Umbral, fue siempre, o casi siempre, un generoso defensor.

Sábado; doblete en Réplika: El jardín de los cerezos, de Chejov y El casamiento, de Gombrovicz, un autor polaco casi desconocido en España. Me lo reservo para un comentario en profundidad. El jardín de los cerezos es para mí la pieza mítica de Chejov. Jare Bielski la simplifica y recorta; echo de menos los secos y lacerantes golpes del hacha al final de la obra, sustituidos o ahogados por los chirridos de una motosierra. Oportunidad para hablar con Niko Bielsky de proyectos aplazados y en trance de recuperación. Desde que vi su Combate de negro y perros, tengo gran confianza en este joven director. Uno de los atractivos de la crítica es que uno puede apostar, sin que nadie se lo reproche, por   valores emergentes. A veces aciertas y a veces no. Acerté de lleno, como todos los demás, con Irene Escolar. Y ahí está la menor de los Gutiérrez Caba en la cumbre por absoluta unanimidad. También he apostado por María Hervás desde Conversaciones con Alá. Es una apuesta sobre seguro. En Palencia, mi pueblo, para hacer buena mi profecía, el Festival Internacional de Cine, que dirige Fernando Méndez, con la colaboración de Juan Francisco del Valle, acaba de darle el Premio Otero por su intervención en el corto de Carlos Polo, Si tuviesen ojos.

Luciérnagas; Danny y Roberta

Fede Rey, de Teatro del Arte, es un valor joven al que Luciérnagas abre mucho crédito. Excelente la reposición de Luciérnagas, con Jaime Reynolds y Carmen Gutiérrez, de una autora inquietante, Carolina Román que dirigió la anterior versión.  Me aconsejan que apueste sin reservas por Lucía Diaz-Tejeiro, poeta que hace teatro de sus versos; o a  la inversa, no sé. Apostaré por ella cuando la vea.

Domingo en  La Mirador. Danny y Roberta, dirigida por Mariano de Paco Serrano e interpretada por dos actores impactantes: Laia Alemany y Armando del Rio. Con otro reparto, fue el primer triunfo, hace varios años, de un joven director por el que muchos apostamos sin reservas y que quizá no ha alcanzado las expectativas que en él depositamos. La culpa,  en cualquier caso,es nuestra Pertenece a una generación de genios en la que junto a Miguel del Arco, Juan Carlos Rubio o Peris Mencheta, por citar solo a los mejores, es difícil destacar. Volver a su éxito inicial puede ser un síntoma alarmante.  Mariano de Paco necesita un triunfo fuerte, no una reposición de un espectáculo lejano, para no convertirse en una promesa eterna y quedar estancado en un futuro incierto. Danny y Roberta, de Jhon Patrick Stanley, es un texto caníbal, destructivo y salvaje. Y caníbal  es la interpretación de Laia Allemany y Armando del Dio. Tanto que, a veces los personajes se canibalizan a sí mismos, sin distanciamiento. Una excelente cantante, Ester Rodríguez, ilustra la violenta acción sin que pueda explicarse muy bien el sentido de su música de indudable calidad. Lo mejor Ay pena, penita pena. Me convence   la recreación que hace de esta canción, aunque no tenga  la volcánica garra de Lola Flores.

Jardiel Poncela. Posible coproducción entre el Teatro Nacional de Cataluña y el Teatro Español; Eloisa está debajo de un almendro que pudiera dirigir, Xabier Alberti.  Pérez de la Fuente sigue reforzando una programación que presentó al inicio de su mandato y sobre la cual el equipo cultural del Ayuntamiento de Madrid no se ha pronunciado ni en un sentido ni en otro. ¿De qué quejarse? Axioma viejo es aquel de que quien calla otorga. Nada que objetar.

 

 

miércoles, 2 de marzo de 2016

CINETECA, SALA ALTERNATIVA DEL MATADERO


Eros y poder.
El Dios K es un dios vencido; pese a la tormenta mediática que lo encumbra acaba siendo un dios derrotado. Ni el dinero, ni el erotismo del poder o si se quiere el poder del erotismo, logran impedir su destrucción. El hecho es simple y real: la violación de una camarera en un hotel por el todopoderoso e intocable Dominique Strauss-Kahn, presidente del Fondo Monetario Internacional. Aspiraba a la presidencia de Francia y su techo político y financiero parecía no tener límites. No era la primera vez que perpetraba suceso tan normal para él como execrable para las víctimas: violentar a cualquier mujer que se le pusiera a tiro: una jovencísima  inocente, una puta del común o una ramera de lujo.

Atención a una de las primeras escenas. Wendy, la prostituta, siente su cuerpo su cuerpo amenazado de falos erizados, lanzas enhiestas que acometen su destrucción y escarnio. Hay una especial rabia, un sarcasmo indisimulado por parte de Mona Martínez en esta afirmación. El texto, crudo e irritante sin interrupción, habla de pollas en vez de falos, del poder absoluto de la polla.

 En esa constante amenaza, la mujer halla venganza; si el poder del macho es la polla y el dinero, el poder de la mujer es el coño, la manipulación del deseo. Siempre que no seas una camarera de hotel de cinco estrellas,  negra además, obligada a callar para no perder el puesto de trabajo. Negra, camarera sin especiales atractivos ¿quién iba a creerle si denunciara la fechoría del Dios K? Reflexión amarga de uno de los personajes que interpreta una excepcional Mona Martínez: la suprema violencia que humilla a la mujer, por el simple hecho de serlo, desde el principio de los tiempos, siempre objeto de y nunca sujeto de. Mona Martínez  pone en pie una decena de personaje con la facilidad de quien respira para vivir; sin impostaciones ni quiebros de voz; absoluta limpieza diferenciadora. Alberto Jiménez. Es uno, es el Dios, pero con tantos matices como los  varios   personajes de Mona. Un actor orgánico de una visceralidad controlada.

El texto es incómodo, molesto, cínico con frecuencia, vomitivo;  aunque se le adorne con la presencia y opiniones de la fauna intelectual que dicta  el canon; desde Shakespere a su exégeta máximo, Harold Bloom, pasando por Houelebec y otros popes de lo políticamente correcto y lo absolutamente incorrecto.