jueves, 16 de abril de 2020

LA ALFARERA QUE NUNCA EXISTIÖ. O SÍ


El enigma sin descifrar
Mi amiga no era alfarera, aunque trabajaba en un alfar y modelaba primorosamente. Pero no vivía de eso, no sé de qué vivía. Vendía alguna pieza,  sin preocuparle el precio, o la regalaba por capricho. Con frecuencia me decía “no soy la mujer que tu piensas”. En verdad yo no pensaba nada. Pero le hice la promesa que me pedía dando ella por descontado que yo la cumpliría: “sé que nunca escribirás ni dirás nada que dañe mi imagen de mujer”.
Yo era crítico de arte de una revista minoritaria pero muy prestigiosa. No admitíamos publicidad ni los pintores o escultores podían pagar con un cuadro ni la portada, ni una reseña favorable. A la Alfarera Prodigiosa le gustaba la revista, sencilla, que se llamaba Crónica3, pero nunca puso demasiado empeño en salir en ella. Llegaría el día por su propio peso debía pensar. En París y en Londres las revistas especializadas le habían colmado de elogios. En especial, la periodista  más temida de Paris por su dureza muy bien sustentada intelectualmente, Justine Meaunier. Que le hiciera una crítica adversa de sus barros y sus figuras no podía dañar su imagen de mujer, sino su condición de artista. Deduje que mi amiga era sáfica o probablemente y, lo más seguro bisexual,  no de su conducta conmigo sino por sus figuras y su modelados. Le gustaba la palabra sáfica y detestaba la palabra lesbiana. Las parejas de mujeres, besándose, abrazándose o acariciándose con ternura infinita, tenían una tensión formidable. Las parejas de hombre y mujer eran más despreocupadas, como sin acabar, y el hombre, pese a su instinto agresivo y dominador irreprimible, era un ser indefenso. Y la mujer, una mujer distante, indiferente. Las hacía porque algunos clientes se la pedían, solo encargos muy especiales.  “Me gustaría modelaras un retrato mío”,  le dije un día. “Quizá  cuando reciba una carta tuya de esas que tanto me emocionan y que tardo en abrir, por miedo”. Yo nunca hacía alusiones morales o pasionales en mis artículos, pero no soy extraño  a cierto sicologismo consustancial a todo crítico de arte. Y las esculturas de mujer estaban tratadas con más amor. Nunca modeló hombres solos, como el David de Miguel Angel o el Pensador, de Rodin. Creo, resumiendo, que nunca conocí de verdad a la Alfarera Prodigiosa. Era la atracción del abismo, de un pasado joven que solo ella conocía, el misterio inconcluso…transformado en amor. No quería ser deseada, sino amada. Un día, en uno de sus viajes por el Caribe, me escribió que había descubierto su Hakuman o algo así, cosa que ignoro qué significa y preferí no indagar.  Step by step, paso a paso, voy reconstruyendo el rompecabezas; step by step es una filosofía que me ha llegado al corazón y más adentro, paso a paso. La Alfarera Prodigiosa me dice que no le ha tocado el virus de la pandemia, al que es inmune por razones que no me explica. Lo cual me  llena de felicidad.

jueves, 2 de abril de 2020

VERSTRYNGE ATACA DE NUEVO


Verstrynge y Podemos

Jorge Verstrynge fue nazi en su belicosa juventud universitaria y  mano derechísima de Fraga Iribarne que le sobrepasaba por la izquierda.  Ahora, al parecer,  se ha hecho  de Podemos, acaso por ternura  paternal a su hija, Liliht, uno de los cerebros de la formación. Hace años Jorge quiso afiliarse al psoe y Alfonso Guerra le negó la entrada. Parece ser que los podemitas tienen menos escrúpulos. Verstrynge tuvo estrecho contacto hace siglos con Pina López Gay, hija de un gobernador  franquista y secretaria de las Juventudes Maoistas. Raúl del Pozo publicó un artículo en el diario Pueblo, de Emilio Romero, titulado El nazi y la maoísta. Jorge y Pina se presentaron en el Café Gijón y le querían partir la boca a Raul. La cosa no fue a mayores, pero Raúl no rectificó. Los de mi generación nos acordamos de aquella pieza modélica. Ahora no he visto ninguna pieza modélica en los periódicos, debe de ser porque no los leo. El  Mundo de Rossel y Jorge Bustos, el ideólogo que dice preferir “un corrupto a un comunista”, no es el Mundo de PedroJ.
Nota larga a pie de página corta; La historia no es un cuento de locos contada por un borracho como dijo no sé quién. La historia de estos días la contaremos como una historia de tribulaciones, peste, seres heroicos y Servicios Sanitarios al borde del colapso y la extenuación; médicos y enfermeras expuestos al contagio. Una historia que ha aflorado  lo mejor de casi todos. Una historia que, por otra parte, ha descubierto también la vileza de la lucha política de partidos, la incapacidad solidaria de una España cainita con la quijada en la mano de los Caínes. Nunca le perdonaré a la caverna que sus ataques zafios y criminales me hayan hecho comprender el triste destino de un  político al que tengo pocas simpatías;  Pedro Sánchez. Quizá hemos perdido la oportunidad, otra vez, de estar unidos. Tendrá que venir otra guerra de la Independencia contra los franceses, para que este país llamado España, adquiera conciencia de unidad y fraternidad. Y en la cuarentena obligada de esta peste,  un voz coherente consigo mismo y discordante con el resto: Quin Torras, el molt Honorable de la Generalitat, temeroso  de que las tareas de desinfección y ayuda del ejército español sean un pretexto de invasión  por parte de España y un nuevo obstáculo para la independencia. ¡!!Cataluña sola!!!! claman algunos/as iluminados. De esta devastación que nos asuela, Cataluña no se salvará sola. Y los países de Europa bastante tienen con mirar su propio ombligo. A mí que me registren..!Soy de Palencia!

martes, 24 de marzo de 2020

Lucía Bosé, la belleza agraviada


Lucia Bosé, la belleza agraviada

Ha muerto Lucía Bosé, acaso su  fantasma, la sombra en azul de la que  fue declarada la “más bella del mundo”. Cuando en el mítico Oliver de Adolfo Marsillach y Jorge Fiestas, nocturnal y dipsómano, se le recordaba esta circunstancia Lucía contestaba: “en cualquier aldea del mundo puede haber una muchacha más bella que Lucía Bosé”. No era mujer de frases, era una mujer solitaria a la que le gustaba rodearse de poetas. Acababa de separarse de “el torero”, o sea Luis Miguel Dominguín, y se dejaba acompañar, por un ganadero, Pérez Tabernero, al que llamaba “el vaquero”. Este   odiaba a los poetas que, a imagen y semejanza de  Berceo, cambiaban con Lucia Bosé versos por vino y bocadillos de jamón o una tortilla de patatas: “bien valdrán, según creo,  un vaso de bon vino”.  Pérez fue la triste sombra enamorada de quien era la diosa de los mejores directores del mundo, la diosa que Juan Antonio Bardem puso a nuestro alcance con una película memorable:  Muerte de un ciclista.
Años más tarde, Lucía publicó un poemario que  no he leído y, por lo tanto, no juzgo. En el Oliver, Lucía no leía versos, sólo los escuchaba. A quien más escuchaba era a Carlos Oroza, un poeta maldito, se decía, el único poeta beat, que ha dado España: “Évame, évame Malú si me transito”. O “una flor no puede ser hermosa si no dejáis que el trigo crezca en las fronteras”.  Carlos Oroza, enclenque, no había muerto de hambre porque   se había acostumbrado a no comer, vivía del aire, era un poeta del aire y espiritual,  como le gustaba decir a Claudio Rodríguez. Carlos Oroza era idolatrado por los estudiantes, sobre todo por los estudiantes del Colegio Mayor San Juan Evangelista, el más rebelde y heterodoxo de los señoritos ricos. La leyenda de que Carlos Oroza se había casado con una rica heredera de los Domecq, de la que se separó al poco tiempo, les fascinaba aunque no les redimiera de su mala conciencia.
Durante unos meses, el día uno o, a lo más tardar el dos o el tres, alguien dejaba en Oliver un sobre rosa con tres mil pesetas dentro y una cuartilla también rosa con la expresiva  firma de unos labios rojos en ella impresos. Siempre pensamos que la remitente anónima era Lucía Bosé. Ese día había jolgorio y fiesta, pues Carlos era generoso y, después de pagar su pensión de la calle Jardines, compartía su riqueza..