sábado, 16 de junio de 2018

PEDRO SANCHEZ y MAXIM HUERTAS, EL EFIMERO


La desdichada aventura de Maxim Huertas.
La impostura  y la zafiedad del más efimero Ministro de Cultura  de todos los tiempos, Maxim Huertas condicionan hoy este blog. Otra vez la  política me aleja de  La alfarera prodigiosa cuyo retorno me pide insistentemente  María Diaz y también Borja Ortiz de Gondra, candidato a los inminente Premios Max, por una de las obras cumbres de la temporada, Los Gondra. Las últimas noticias que tuve de la alfarera, hace tiempo, eran puro sarcasmo: “estoy más en el aire que    Mariano Rajoy". Profecía cumplida.. Rajoy vuelve a registrador de la la propiedad y piensa que quizá no debiera haber salido de ahí.  Borja debe de andar enredado en una segunda parte de la historia vasca de su familia. La necesidad de una continuación era obvia y Borja que, además de autor, se reveló como un excelente actor no creo que deje pasar esta oportunidad. Una candidatura sólida a los Max,, aunque en este país nunca se sabe.  Uno de los momentos que considero para una antología del teatro es el poema, el recuerdo de Garbiñe (María Hervás), monólogo de amor para  su marido asesinado. La Hervás continúa parapetada en el baluarte inexpugnable de su Ifhigenia en Vallecas y en  Las crónicas de Peter Sanchidrian (José Padilla)  en el Ambigú del Pavón.   De cualquier forma, se acabó la historia de alguien que Borja,, próximo Max seguramente el dia 18, consideró equivocadamente un ser real y no un producto de mi fantasía.  
El tema, pues, obligado de esta entrega  ha de ser necesariamente Pedro  Sánchez y su protegido Maxim Huerta al que el otro dia en el María Guerrero lo tuve sentado detrás de mí. Yo notaba extrañas vibraciones, pero juro que no lo gafé ni ejercí sobre él ningún conjuro maléfico. Esos los guardo para el incompetente Albert Rivera y para la atribulada Inés Arrimadas que no levantan cabeza.   Pedro Sánchez no es obviamente Javier Solana y se está revelando con el holograma bipolar que algunos sospechábamos. Acabar con Rajoy ha sido algo sustancialmente positivo. Pero no todos los males de España se esencializan en Rajoy. Si así fuera, la gobernanza de este país llamado España sería coser y cantar. Su nivel intelectual y político queda en entredicho tras el asunto Maxim Huertas, que no es solamente un asunto escatológico con derivaciones políticas, sino una cuestión de estética.
 He aquí una antigua perla literaria del hoy amortajado políticamente, Huertas: “las mujeres, con el agua de lavarse el potorro deben fregar el suelo. Hacerlo al revés podría ser perjudicial”.  Y esas indelicadezas  en un Ministerio de Cultura del que ha disfrutado entre insultos y descalificaciones durante una semana Huertas el Breve,  no quedan bien. Aparte de otros desajustes  fiscales que también emborronan su currículo. De acuerdo que no todos ministros de Cultura han de ser como Jorge Semprún brillantísimo escritor y huésped de campos de concentración, que Javier Solana se trajo de Francia para enderezar el rumbo de la Cultura española.
 Ahí termina la cuestión de la jauría contra él, que el efímero Maxim ha tratado de escenificar soezmente. Sánchez ha rectificado concluyendo por donde debía haber empezado: poniendo en el Ministerio a José Guirao.  La bipolaridad de Sánchez se manifiesta fundamentalmente en  que ha pasado del eslabón perdido que representaba Maxim Huerta, a la esencial modernidad clásica de José Guirao, algo más que un simple gestor cultural como se le ha presentado. 
No le gustan los toros, pero le supongo  capaz de diferenciar entre los gustos personales y la realidad social que termina por imponerse. La bipolaridad de Sánchez; o la hora tonta que dicen los gitanos que tenemos todos. Sánchez, un ser dominado por una extraña esquizofrenia política,  que no le invalida para dirigir el Partido Socialista, pero  pone en  cuestión su capacidad para dirigir un país caníbal, un país por el que  aún vaga errante la sombra de Caín. De momento ha puesto distancias acaso insalvables con Podemos que le ayudó en la cuestión de la moción de censura. Se ha recluido en la Moncloa como si esta fuese el jardín de Melibea y parece ser que aún no ha pisado el Congreso…No sé, no sé…Mis noticias son de radio Macuto, que no siempre considero  fiables.

martes, 5 de junio de 2018

AZNAR Y EL BAILE DE LOS ZOMBIES


Oh tempora, oh mores
A José Maria Aznar lo detestan hasta en el partido que fundó. Vendrán  tiempos pasados que nos harán añorar tiempos  venideros. No es  el enigma de la esfinge, mediten un poco. Yo saludo a Pedro Sánchez, salutem pluriman tibi. Le ha tocado un destino regenerador, un destino de mesías y ese destino suele ser la cruz. Y en el huerto de Melibea puede hallarse alguna víbora ponzoñosa escondida. Para colmo Aznar,  prepara el carcaj y sus dardos que no son, precisamente, las flechas del amor. Aznar y su grandísima capacidad de rencor. No es lo mismo tener enfrente la derechona de Rajoy que la derecha extrema del PP. Usted, señor Aznar, ha hecho méritos suficientes para que este país llamado España no le otorgue ni un voto, pero tendrá su cosecha, no lo dudo si se decide a ser el portaestandarte del PP más rancio. Cadáver político ya Mariano Rajoy, Aznar lo volverá a meter en la fosa.. Y acaso reorganice usted, como dice, el Centro Derecha….No, a usted no le gusta jugar medio volante…Le van  los extremos; de la banda derecha por supuesto..Centrar e ir a rematar su propio centro. Oh tempora o mores. A Aznar no lo quieren  ni en su partido.

PIMENTA Y ÁLVARO TATO: EL BANQUETE


El Banquete  de Pimenta y Alvaro Tato
Sobre textos clásicos universales. Dirección, Catherine Marnas y Helena Pimenta. Dramaturgia, Alvaro Tato.  Escenografía, Carlos Calvo. Vestuario, Carlos Calvo y Mónica Teijeiro. Iluminación, Enrique Chueca. Reparto; Lola Baldrich, Pablo Béjar, Jimmy Castro, Gonzalo de Castro, Aleix Melé, Manuela Velasco. Escenario, Teatro la Comedia.
Hay en el montaje de El banquete lo que pudiéramos llamar una revolución formal y espacial, pero en el fondo lo que importa es la palabra que es la que vertebra el espectáculo. Los gestos claves de la tragedia, como ese Edipo ciego de Gonzalo de Castro buscando la explicación de su destino. O de la comedia con frecuencia. De Helena Pimenta y Alvaro Tato se espera siempre la excelencia.  Y cuando no la encontramos se produce una melancólica decepción. 
Los textos clásicos a que alude el programa de mano son la Celestina, Edipo, don Quijote, Macbeth, La vida es sueño, El Avaro, La dama duende, Romeo y Julieta. El Banquete hace referencia al diálogo de Platón en el arranque y en la forma; en la celebración del vino y las disputas de amor; en la dialéctica inteligente y aguda a la que los comensales son invitados. Los actores, de la Joven Compañía unos, y figuras consagradas otros, reciben al público y lo acomodan en torno a una gran mesa en forma de rectángulo con amplio espacio entre medias.  Y el público disfruta del vino, del mosto o del agua y de la proximidad de los actores, lo cual siempre es motivo de gozo. Y se siente actor, que es algo a lo que siempre aspiramos los espectadores. Sentirse actor con Lola Baldrich es complicado pues es muy buena actriz; con Gonzalo de Castro, debilitado creo yo por su imagen televisiva de series, es más fácil. Relativamente. No hay que sentirse actor, hay que ser actor. Y la gente comparte con los intérpretes   esa sensación inefable e imposible de ocupar por derecho propio un sitio en el escenario. Por mucho que los planos entre público y espacio escénico se rompan, siempre aparecen dos niveles. La complicidad entre intérpretes y espectadores puede ser gozosa, pero resulta insuficiente. Siempre se impone la realidad del teatro, que es otra realidad necesariamente distinta, pero realidad, al fin y al cabo; como todas las convenciones.