martes, 7 de agosto de 2018

CONCHA PIQUER Y MIGUEL DE MOLINA



 Afinidades y controversias
Francisco Ayala afirmaba  que  Miguel de Molina hizo más estragos en el ejército republicano que los cañones de Franco. Recuerdo esta afirmación cogido de la mano de una tonadillera sáfica y amiga ante la placa que le han puesto en kamikaze. Mi amiga está decidida a ponerle música a la sentencia con que el HDGP, Conde de Mayalde, lo echó de España: “por rojo y por maricón”. Puede que sea lo último de provecho que hagamos mi amiga y yo juntos.  Admiro a doña Concha Piquer, “ojos verdes, verdes como la albahaca”. La censura metió mano a la  letra de la prostituta que esperaba, “apoyá en el quicio   de la mancebía”, cambiándola por “apoyá en la puerta de mi casa un dia”. Adoro a doña Concha pero venero a Miguel de Molina al que, tras  brutal paliza, el conde de Mayalde, gatillero del amanecer en la guerra y después alcalde de Madrid, echó de España por “rojo y por maricón”. Con todo y, pese a turbias insidias  que se  vertieron  sobre  doña Concha, ésta nunca intrigó contra Miguel para quedarse, única,  con su repertorio; ambos lo reconocieron públicamente y su relación siempre fue respetuosa.
 No hubo intrigas de la Piquer en el entorno de Serrano Súñer, el cuñado de Franco. Era toda una señora que ignoraba  a Juanita Reina, de la que decía que cantaba “como una gallina clueca”. Y muy orgullosa; un dia en que la voz no le respondía como ella deseaba, cortó por lo sano y se retiró ese misma noche. Tampoco fue demasiado cordial con Rocío Jurado, cuando  esta le pidió que la escuchara cantar en privado, antes de debutar en Madrid. Su diosa se le desmoronó  a Rocío esa tarde. Fue valiente siempre  y  desafió la moral de aquellos tiempos uniéndose a Antonio Márquez un torero casado.  Una copla refleja su queja: “yo soy la otra, la otra y a nada tengo derecho, porque no llevo un anillo con una fecha por dentro”. Pavónkamikaze le ha puesto una placa en Embajadores a Miguel de Molina, y hay días que algunos idólatras del cupletero,  entre los que me encuentro, se acercan para cantarle La bien pagá. Me acompaña una amiga, sáfica y tonadillera antigua, que entiende muy bien a Miguel y me pregunta si le haría un texto sobre él.  Le digo que hoy a nadie le interesa la copla. “No es la copla la que me interesa”, responde sarcástica; “él también es sáfico”.
 Esta placa  es un motivo más para renovar la confianza en los kamikazes que acaso cambien de sede dentro de un año; si eso ocurre, lo cual solo  sería suceso irreparable para el dueño del Pavón, pedimos que os llevéis la placa. En sus últimos años de exilio   Miguel de Molina, retraído y solitario en Argentina, justificaba su aislamiento diciéndole a José Miguel Ullán que fue a entrevistarle: “no puedo exhibir la decadencia de alguien que antes fue tan bello  como yo”. España país de tonadilleras hermosas y raciales con bata de faralaes. Este reinado  siempre ha sido disputado ente dos nombres prinicipales, doña Concha y Miguel de Molina. Aunque algunos apunten un tercero, Juanita Reina, que según la Piquer, cantaba “como una gallina clueca”

viernes, 20 de julio de 2018

ENIGMA DE LA ALFARERA PRODIGIOSA.


La alfarera se va y se lleva  sus enigmas.
 Vuelve al misterio de la Esfinge. Por eso me decido a contar lo de Rajoy y ella.  Hay una conexión  entre la Alfarera Prodigiosa y Mariano Rajoy que a muchos sorprenderá.  Conocí a la Alfarera  acaso cuando más necesitaba reorganizar una vida que detestaba no sé por qué razones. Las sé pero no  voy a contarlas. Ahora desaparece de mi vida y yo de la suya. Nunca fue una relación  de amor, sino de complicidades y piedad. Ni la alfarera ni yo tenemos un sentido estricto de la fidelidad. Cuando nos aburre un amante lo dejamos. Sólo se alarmó una vez cuando, en pleno fervor  partisano  por mi parte, tras haber visto en Olmedo un combativo Goldoni, le mandé la canción Bella Ciao de la Resistencia antinazi: creyó que era un adiós definitivo. Y tardó tres días, me dijo, en abrir el correo. Ni me lo creí entonces ni me lo creo ahora.
Hubo complicidades y secretos que unen más que el amor: “nunca escribirás ni dirás nada que dañe mi imagen de mujer. Hacemos un pacto ¿vale?. Habla antes conmigo”. Nada escribí,  mas por mi parte no había pacto sino lealtad: de artista a artista, de visionario a visionaria. La Alfarera tenía un punto sáfico inexpugnable. Si en algún momento tuvo trato con hombres,   debió de resultarle vomitivo. La vida de la Alfarera trascendía de su alfar. A través de ella llegué a una conclusión general sobre las mujeres: abusada de hombres, ultrajada, la salida mas digna para una mujer es la pureza y la dulzura sáficas.
Después  de tantas complicidades y secretos,   nuestra razón afectiva  había languidecido   hace tiempo. Ambos habíamos desaparecido de nuestras órbitas astrales: otras amantes y amadores o amadoras. Un tiempo, además de la alfarería, le atrajo la escritura pero creo que fue un impulso pasajero que pasó pronto. Una poética, autobiográfica que le dolía. Para mí, ella era ella y sus máscaras geniales. “Eres la mujer de las mil caras y las mil máscaras”, le dije una vez como elogio. Y se sintió herida.
La traigo  a colación  de Mariano Rajoy, así como suena. Hace mucho tiempo, poco antes de encontrar  camino de las Islas Polinesias, me puso uno de sus correos metafóricos  y divertidos  mientras esperaba un vuelo de enlace:  “estoy más en el aire que Rajoy”. Por entonces la vida política de Rajoy, es cierto, estaba pendiente de un hilo. Peor que ahora,  que ha cortado todos sus hilos y vuelve a ser registrador de la propiedad aquí en Colmenar donde habito y tengo una propiedad en regla. A lo mejor mientras tomamos un vino, no sé si le gusta el vino a Rajoy, le cuento la anécdota por si quiere ponerle un poco de romanticismo al registro de  esta mi propiedad, ya registrada y en regla  que los envidiosos llaman finca.
La Alfarera prodigiosa era bella, y es terrible que me asalte el verbo en tiempo pasado, es muy bella quiero decir.  ¿Por qué razón los tiempos verbales responden a una distinta apreciación de la belleza?  Como la mirada, como los ojos. Tratando de forzar un encuentro que la alfarera aplazaba, sin motivos  razonables, le escribí una vez “estoy perdiendo tu mirada, necesito verte”. Y me contestó, pierdes mi mirada porque ya no recuerdas el pulso de mi corazón. Yo creo que la alfarera había llegado a detestar su belleza y que esta le había traido más sinsabores que gozos. Ahora, redimida de todo,  la usa como venganza. “Solo escribirás de mi cosas bellas y si  te cuentan infundios,  habla antes conmigo.”
El otro día a modo de despedida, o así lo interpreté yo,  me permitió acceder a la intimidad de su taller. Desnuda y sagrada, se tendió sobre un lecho de barro donde imprimió la incandescente voluptuosidad de su cuerpo; hizo un molde y se modeló a sí misma con asombrosa perfección. Guardo esa escultura que me regaló, aunque quizá sea mejor destruirla para no alimentar melancolías. Nunca, ni siquiera en sus momentos de máximo esplendor un poco canalla, la ví tan bella.
Nota a pie de página que recibiré no tardando mucho. O conozco poco a la Alfarera prodigiosa: “Pese a todo,  te tendré informado de mis exposiciones. Me gusta tu poesía, puede que sea lo único que me gusta de tí”.   No me negarán ustedes que la historia es hermosa; hermosa y enigmática. Nunca ninguna mujer me regaló una historia igual.

martes, 26 de junio de 2018

ANA MATO/VILLAN SONETOS.


De cómo la peste del Évola agravó la peste
Política de Ana Mato).
 Ministra en sanidad y en medicina
Ana se llama  y se apellida Mato
Y  es turbador   que en su maleta y hato
Guarde tanto rencor  y tanta inquina.
Rumiando su venganza peregrina.
La peste le alcanzó de ébola ingrato.
Siempre en la duda de si curo o mato,
Y siendo humana se creyó divina.

No hubo cónyuge fiel  más maltratada. 
Y de las fechorías del marido
Sepúlveda,  pagó perjurio y pato,
Jurándose inocente y calumniada
Nunca dio por injusto o por perdido
el Jaguar y el lujoso economato.

XLVIII.
(De cómo Ana Mato perdió poder e impunidad).
Del ébola Ana Mato no es culpable
Pero es peste y es plaga la Ana Mato.
Siendo necesidad  salió barato
Su cese celebrado  y encomiable.
Su conducta no  fue disimulable
Por arte de Rajoy y su  mandato,
 Que le llenó de afectos el maltrato
Público, justiciero e implacable.

No  es equivocación, que es gatuperio
Tanta  mentira y tanto desacato,
Tan grande impunidad y destemplanza.
Razonado y veraz el vituperio
 De la gente, ante tal gasto y boato
Y perdió impunidad y gobernanza.