viernes, 15 de enero de 2021

Saldaña y  Carrión de los Condes

 

Mi primer artículo, de los cerca de siete mil publicados en el Mundo (toros y teatro)  y en distintos medios a lo largo de mi vida, fue en el Diario Palentino/El día de Palencia, recién salido del Seminario.  Y a mis padres, la señá Rosario y el señor Francisco,  les pareció que su hijo, o sea yo, había alcanzado las altas cumbres para  las que le creían destinado.  Fue sobre un bar que había en Saldaña, bien surtido y sin camareros. Era autoservicio y cada cual dejaba en la caja el dinero que creía justo y necesario. Todos confiaban en todos.  No recuerdo quién regentaba aquel bar ni quien administraba los beneficios, pero me pareció un modelo de relación solidaria en una sociedad que yo percibía desequilibrada e inarmónica. Los de Saldaña de entones creían en los hombres y en su justicia. Y supongo que los de ahora también´

Saldaña comparte con Carrión de los Condes un protagonismo histórico inexcusable y  aún superior. Como asentamiento de los romanos de lo cual, en sus alrededores, quedan abundantes muestras, la villa romana, por ejemplo,  la villa de Pedrosa de Olmeda que conserva la estructura calefactora de los romanos, y unos mosaicos primorosos y perfectos. Y sobre todo, hay que recordar Saldaña como condado, que dio origen a la independencia de Castilla del Imperio de León. O algo así. Tengo que releer a Julio Valdeón que, creo, es quien más sabe de estas cosas. O sea que la hoy considerada centralista Castilla fue en tiempos, independentista. Eso por no hablar de los Comuneros de Castilla, Padilla, Bravo y Maldonado que se enfrentaron al Emperador alemán, Carlos V, en Villalar.

En Saldaña se sitúa la primera corrida de toros a caballo,  documentada   en 1128, en el transcurso de unas bodas reales, a las cuales podría aplicarse el romance célebre, “si grandes fueron las bodas , mayores las tornabodas” romanceado en no sé qué celebre ocasión matrimonial.

No sé si persiste la rivalidad provincial con Carrión de los Condes, del que dista 20 Kilómetros. Pero es cierto que lo que a Saldaña  da su romanidad, a Carrión se lo da el Camino de Santiago del cual es enclave fundamental. Supongo que esas cosas ya son historia y que cada uno forma parte de la llamada “España vaciada” que los castellanos fuimos dejando atrás para emigrar a las grandes ciudades. En mi pueblo, Torre de los Molinos, cuando un desplazamiento  o un asunto se complica innecesariamente  dicen, “a Carrión por Saldaña”. O sea, un rodeo  inexplicable para llegar a un mismo sitio o a una misma conclusión. Carrión dista apenas seis kilómetros  de Torre de los Molinos y Saldaña, hacia el norte,  unos veintidós o veintitrés. El pragmatismo del lenguaje popular es, a la vez, muy imaginativo. Y ese lenguaje, del cual Palencia y  Valladolid, son depositarios principales, es el que hay que preservar, como recomienda la Asociación CUIDEMOS EL LENGUAJE. A escasos metros de mi despacho conservo un aguamanil, traido de mi pueblo hace muchos años. Aguamanil una de las más bellas palabras de nuestro idioma. El mundo, ciertamente, ha nacido para ser nombrado.

 

 

 

 

  

lunes, 11 de enero de 2021

 

Soneto a la Nieve virginal e impura

Poco éxito ha tenido mi soneto

A Trump el malnacido terrorista

El capo del Imperio y el fascista

Incapaz de ocultar más su secreto.

Su secreto no es tal por eso canto

A la nieve y al frío y su blancura

A la nevada dulce y su hermosura

Que tanto enfría y nos calienta tanto.

Es cálida la nieve y es amiga,

No más cruel que vientos o huracanes.

Ni cansa más el cuerpo o lo fatiga

Que el calor inhumano y sus afanes,

Diga su vuelo y danza lo que diga

Cómplice de la vida y de sus planes.

 

viernes, 8 de enero de 2021

 

Soneto a Trump, !heil Hitler!

Dedicado a Pablo Messiez, teatrero grande,  que descubrí a la vez que a la 

gran actriz, admirada  Fernanda Orazi

 

Trump es el nuevo Hitler, no hay belleza

En su gesto, palabra, mueca o risa.

Es huracán infecto, nunca brisa,

Pues el céfiro es arte y es pureza.

     La basura de su alma no es limpieza

Que es mancha en un cristal, sucia y precisa,

Qu exhalan su palabra y su sonrisa

Su bronca zafiedad y su bajeza.

    Hitler le queda corto a su estatura

Gigante, de energúmeno fascista.

No admite urnas ni ley que su locura

De salvaje poder rudo y racista

No mida en soez, tétrica y obscura

Ansia de sangre, inocente y   pura,

Con que saciar su fábula extremista,

Depredador  de toda la hermosura.

 

lunes, 4 de enero de 2021

 

Diego Urdiales. Cómo conocí al mejor torero del momento

Conocí a Diego Urdiales en las Ventas, una tarde de agosto con los tendidos vacíos pues los japoneses se habían marchado vomitando y el festejo no daba siquiera para esos afamados y rigurosos aficionados que no se pierden una corrida de agosto. Es fama y verdad cierta que Antonio Chenel, el voluble Antoñete de los huesos de cristal, malalimentados por el hambre de posguerra, cuando estaba sin tabaco se apuntaba a una corrida de agosto, dura e intoreable. Dictaba su lección y con eso le caían algunos contratos y arreglaba, más o menos, la temporada. Yo tomaba notas, como de costumbre, entre toro y toro. En esto se sienta a mi lado un muchacho con cara de avispado. Y se inició el siguiente diálogo.

El Muchacho.- ¿Es usted Javier Villán?

Yo.- Sí, soy Javier Villán

Muchacho.- Ese que escribe cosas tan bonitas de Cesar Rincón?

Yo.- Bueno, escribo de Rincón y de todos los que torean bien.

Muchacho. – Pues sabe lo que le digo a usted? Que un dia escribirá de mí tan bien como escribe de Rincón. Me llamo Diego Urdiales.

La cosa quedó ahí y no volvimos a vernos hasta una feria de San Mateo, en Logroño en casa de Carmen García García y Pedro Mari Azofra, cuya casa era refugio de feriantes pues en ella la cocina de Carmen y el vino de Azofra, marca Muga eran famosos en toda la región. Este era el magister bibendi y Carmen la magistra manducandi. Manos de guisandera prodigiosa. Un santuario. Ese dia estaban también presentes José Luis Blanco, farmaceútico de Almazán   y Julia Sánchez Dorado,  su mujer, psicóloga de profesión, con los que Ana y yo  mantenemos  una  amistad persistente, pese a nuestras cruentas rivalidades en el mus. Sabido es que en una partida de mus no hay piedad y al enemigo ni agua.

Me parece recordar que la última corrida que presencié fue una de Urdiales, cerca de Curro Romero que ya empezaba a difundir la especie de que Diego debiera haber nacido en Triana. Bien está Triana y la calle Pureza, pero démosle a Arnedo lo que es de Arnedo. Cuando un jurado libre de toda sospecha otorgó a Urdiales el premio Quimera, el tablao de Antorrín Heredia, Curro Romero cantó unos fandangos de Huelva con gran  disgusto de Carmen Tello, que temía perder el tren a Sevilla,  y con el beneplácito de todos los asistentes. Romero tenía la voz rota y se disculpó lamentando que con esos fandangos ni él ni nadie se rasgarían la camisa como nos había ocurrido a él y a mí alguna noche por Triana.

De Diego Urdiales he escrito mucho y bien, quiero decir elogiosamente, aunque quizá no tanto como se merece. Me prestó su vestido grana y oro con el que debutó en Madrid, para mi librito Diálogo con el vestido de torear, joya bibliográfica  que hice con Maite Turrez y con Cris Gaviria,  hoy casi inencontrable. Hoy aquel muchacho que en Arnedo era pintor de brocha gorda, es un grande de la torería, acaso el más grande. ¡!!Su natural!!!. Y su forma de salir de la cara del toro.

Salvando las insalvables distancias entre Picasso y yo, podría parafrasear  lo que el genio dijo de Luis Miguel Dominguín, “vuelvo a los toros por tí, Luis Miguel”.  ¡!Vuelvo a los toros por ti, Diego Urdiales!!!

viernes, 1 de enero de 2021

 

Lino Braxe, un genio. In memoriam

Ha muerto Lino Braxe. Lo conocí cuando escribió y dirigió Manar, una de las cumbres de Sabela Hermida. Nos unía el teatro, la Galicia de Rosalía, y la colaboración con un amigo común, el escenógrafo David Fernández Loaysa. Pero nos unía también y, sobre todo, el Frente Polisario en su lucha contra Marruecos, el Imperio, con Juan Carlos de Borbón cómplice de un expolio. En este sentido Franco era más proclive al Polisario, y la Marcha Verde le pilló casi agonizante.  ¡Viva el Frente Polisario!!, grito que sigue siendo el preferido del genio de la torería, Rafael de Paula para el cual escribió José Bergamín, La callada música del toreo. Permítaseme traer a colación a Rafael, el solitario de Jerez con el cual no resulta hallarle similitudes a Braxe, salvando todas las distancias salvables y las insalvables A Lino Braxe le gustaban los toros, como a mí. Pero no hacía de ello una trinchera ni un estandarte militante. Galicía no es tierra propicia a los toros. Dio un torero, Celita creo se llamaba, del cual Camilo José Cela se sentía orgulloso sin demasiados argumentos. Domingo Dominguín, el mayor de los dominguines, rojo de pedigrí y suicidado años después, llevó un tiempo la plaza de Pontevedra, donde daba corridas en las fiestas de la Peregrina. Empleados y toreros se quejaban de que Domingo era impuntual en los pagos, según divulgaba jocosamente Isabel Fernández Almansa, tan admiradora de Domingo como de Carlos Semprum, Federico Sánchez por nombre de clandestinidad evolutiva. Con el Psoe y la democracia Semprum llegó a Ministro de Cultura y facilitó los trámites de constitución de la Fundación en Palencia. Isabel quiso agradecérselo con un cuadro de Caneja que Semprum rechazó cortésmente, “no he hecho méritos ni dinero para tener un Caneja, me considero pagado con la Fundación. Cuando quiera ver canejas iré a Palencia o al estudio de la calle Manuel Cortina”. Yo había publicado un artículo censurando la deriva de Semprum del PCE al Psoe y a Isabel unas se le iban y otras se le venía. Disimuladamente me pegaba pataditas por debajo de la mesa, a veces dolorosas, para que no entrara en controversia

En Lino Braxe, como en Domingo Dominguín, y en Carlos Semprúm había algo de renacentista, un renacentista a la gallega, que es otra cosa distinta de cualquier otro renacentista; con mucho de aquel Pico de la Mirándola, un italiano con el que se podía hablar y discutir de omne re scibili et quacumque alia”, es decir de todo aquello que pudiera saberse y de cualquier otra cosa. Ha muerto Lino Braxe, Galicia y el teatro pierden una referencia incuestionable. Sabela Hermida está triste. Y David Loaysa dice: “era un gran tipo”. Para aplacar la melancolía tendremos que retomar Diálogo entre María Casares y Albert Camus.