jueves, 2 de abril de 2020

VERSTRYNGE ATACA DE NUEVO


Verstrynge y Podemos

Jorge Verstrynge fue nazi en su belicosa juventud universitaria y  mano derechísima de Fraga Iribarne que le sobrepasaba por la izquierda.  Ahora, al parecer,  se ha hecho  de Podemos, acaso por ternura  paternal a su hija, Liliht, uno de los cerebros de la formación. Hace años Jorge quiso afiliarse al psoe y Alfonso Guerra le negó la entrada. Parece ser que los podemitas tienen menos escrúpulos. Verstrynge tuvo estrecho contacto hace siglos con Pina López Gay, hija de un gobernador  franquista y secretaria de las Juventudes Maoistas. Raúl del Pozo publicó un artículo en el diario Pueblo, de Emilio Romero, titulado El nazi y la maoísta. Jorge y Pina se presentaron en el Café Gijón y le querían partir la boca a Raul. La cosa no fue a mayores, pero Raúl no rectificó. Los de mi generación nos acordamos de aquella pieza modélica. Ahora no he visto ninguna pieza modélica en los periódicos, debe de ser porque no los leo. El  Mundo de Rossel y Jorge Bustos, el ideólogo que dice preferir “un corrupto a un comunista”, no es el Mundo de PedroJ.
Nota larga a pie de página corta; La historia no es un cuento de locos contada por un borracho como dijo no sé quién. La historia de estos días la contaremos como una historia de tribulaciones, peste, seres heroicos y Servicios Sanitarios al borde del colapso y la extenuación; médicos y enfermeras expuestos al contagio. Una historia que ha aflorado  lo mejor de casi todos. Una historia que, por otra parte, ha descubierto también la vileza de la lucha política de partidos, la incapacidad solidaria de una España cainita con la quijada en la mano de los Caínes. Nunca le perdonaré a la caverna que sus ataques zafios y criminales me hayan hecho comprender el triste destino de un  político al que tengo pocas simpatías;  Pedro Sánchez. Quizá hemos perdido la oportunidad, otra vez, de estar unidos. Tendrá que venir otra guerra de la Independencia contra los franceses, para que este país llamado España, adquiera conciencia de unidad y fraternidad. Y en la cuarentena obligada de esta peste,  un voz coherente consigo mismo y discordante con el resto: Quin Torras, el molt Honorable de la Generalitat, temeroso  de que las tareas de desinfección y ayuda del ejército español sean un pretexto de invasión  por parte de España y un nuevo obstáculo para la independencia. ¡!!Cataluña sola!!!! claman algunos/as iluminados. De esta devastación que nos asuela, Cataluña no se salvará sola. Y los países de Europa bastante tienen con mirar su propio ombligo. A mí que me registren..!Soy de Palencia!

martes, 24 de marzo de 2020

Lucía Bosé, la belleza agraviada


Lucia Bosé, la belleza agraviada

Ha muerto Lucía Bosé, acaso su  fantasma, la sombra en azul de la que  fue declarada la “más bella del mundo”. Cuando en el mítico Oliver de Adolfo Marsillach y Jorge Fiestas, nocturnal y dipsómano, se le recordaba esta circunstancia Lucía contestaba: “en cualquier aldea del mundo puede haber una muchacha más bella que Lucía Bosé”. No era mujer de frases, era una mujer solitaria a la que le gustaba rodearse de poetas. Acababa de separarse de “el torero”, o sea Luis Miguel Dominguín, y se dejaba acompañar, por un ganadero, Pérez Tabernero, al que llamaba “el vaquero”. Este   odiaba a los poetas que, a imagen y semejanza de  Berceo, cambiaban con Lucia Bosé versos por vino y bocadillos de jamón o una tortilla de patatas: “bien valdrán, según creo,  un vaso de bon vino”.  Pérez fue la triste sombra enamorada de quien era la diosa de los mejores directores del mundo, la diosa que Juan Antonio Bardem puso a nuestro alcance con una película memorable:  Muerte de un ciclista.
Años más tarde, Lucía publicó un poemario que  no he leído y, por lo tanto, no juzgo. En el Oliver, Lucía no leía versos, sólo los escuchaba. A quien más escuchaba era a Carlos Oroza, un poeta maldito, se decía, el único poeta beat, que ha dado España: “Évame, évame Malú si me transito”. O “una flor no puede ser hermosa si no dejáis que el trigo crezca en las fronteras”.  Carlos Oroza, enclenque, no había muerto de hambre porque   se había acostumbrado a no comer, vivía del aire, era un poeta del aire y espiritual,  como le gustaba decir a Claudio Rodríguez. Carlos Oroza era idolatrado por los estudiantes, sobre todo por los estudiantes del Colegio Mayor San Juan Evangelista, el más rebelde y heterodoxo de los señoritos ricos. La leyenda de que Carlos Oroza se había casado con una rica heredera de los Domecq, de la que se separó al poco tiempo, les fascinaba aunque no les redimiera de su mala conciencia.
Durante unos meses, el día uno o, a lo más tardar el dos o el tres, alguien dejaba en Oliver un sobre rosa con tres mil pesetas dentro y una cuartilla también rosa con la expresiva  firma de unos labios rojos en ella impresos. Siempre pensamos que la remitente anónima era Lucía Bosé. Ese día había jolgorio y fiesta, pues Carlos era generoso y, después de pagar su pensión de la calle Jardines, compartía su riqueza..

miércoles, 18 de marzo de 2020

HISTORIA DE DOS DESPIDOS EL MUNDO

DESPIDOS Y CEGUERA

Quizá debiera escribir del coronavirus que nos asuela, pero creo que todo está dicho, o casi todo, quizá yo mismo he escrito, no sé, a no ser que alguien descubra que se trata de una guerra bacteriológica de exterminio. Quien  quiera profundizar en lo del coronavirus,  que lea a Camus autor de La peste y Saramago que escribió Ensayo sobre la ceguera.  Algunos amigos y  la revista Artez, me piden que explique las razones de mi expulsión  fulminante y la de Carmen Rigalt del diario que fundó PedroJOTA, en el que llevábamos escribiendo 30 años, yo de toros y teatro y Carmen, la más deliciosa y viperina crónica de sociedad, entre otras cosas. La verdad es que no lo sé y estoy dispuesto a aceptar que son razones económicas.  Mi despido me lo comunicó el jefe de cultura, Manuel Llorente, atribulado y confuso: “estás despedido”. Tajante y contundente. De paso me transmitía los pesares de toda la redacción de cultura.  No parece  cierto ni demostrable que haya mediado en en el suceso Jorge Bustos, jefe de opinión,  cuyo lema,   “prefiero  un corrupto a un comunista”. En cualquier caso, nada más lejos del rojerío montaraz  que el seny catalán de Carmen. A   Carmen Rigalt, convaleciente de un infarto, la citó Rosell,  en el Palace para decirle que no le renovaba el contrato. Conmigo lo tuvieron más fácil; nunca firmé un contrato y, cuando  había  que negociar algo,  el Jota me exponía la situación y hablábamos.  Hubo dos momentos tensos con PedroJ. Uno, cuando  Paco Umbral decidió hacer crítica de teatro y tanto Fernando Baeta como Manuel Hidalgo me dijeron,  “El Jota y todos  estamos preocupados por tu reacción, no queremos perderte”.    Al día siguiente apareció un editorialillo en la tercera que decía: “Umbral y Javier Villán compartirán la crítica de teatro”. El otro momento, quizá más tenso, fue cuando me anunciaron el desembarco de Zabala de la Serna en la crítica taurina, via Luis María Anson, pues el histórico apellido Zabala, estaba a punto de ser  borrado  de ABC,  por no sé  qué rara circunstancia  que Andrés Amorós y Antonio Burgos explicaron a su manera, un tanto venenosa por parte de Burgos. Me limité a decirle a PedroJ que Vicente y yo representábamos dos conceptos antagónicos  de la Fiesta y yo no pensaba renunciar al mío que él, Pedro, había estimulado siempre. PedroJ dibujó una página. Por un lado la crítica, digamos narrativa,  y por otro lado un  “artículo  de autoridad” firmado por mí. Acepté y la verdad que la página resultó un éxito incontestable y Vicente y yo nos llevamos razonablemente bien, no importaba la diferencia de criterios.
Mi llegada al Mundo
Llegué a El Mundo  desde El Independiente de Pablo Sebastián y Cesar Alonso de los Rios que se lo tomaron como una traición. En El Independiente estaba Florentino López Negrín, subdirector de Pueblo, el periódico de Sindicatos, de Emilio Romero,  que me acusaba de inventarme críticas de espectáculos inexistentes.  No había razones para eso y Pablo Sebastian lo sabía. El hecho concreto  fue una función sobre Maiakowski en los jardines de Galileo. Diluvió durante un buen rato, la gente y los críticos pensaron que la representación se suspendería y se marcharon. Yo me quedé y la función se dio. Le propuse a Sebastián que, para evitar fricciones, yo podía dedicarme al teatro de vanguardia y Florentino a los clásicos y los románticos de los que afirmé “era un experto”. Cuando López Negrín y yo nos hicimos relativamente  amigos, me confesó que él temió que fuera a quitarle el sitio, lo cual hubiera sido como quitarle parte de su vida.  Pepe Lucas, el pintor murciano de Cieza y muralista de la estación de Chamartín,   vecino de Alfonso de Salas, fundador del Mundo, fue mi valedor.
Valga este excurso inicial para explicar cómo llegué con honores   al Mundo; y cómo con honores he permanecido hasta el reciente  despido escribiendo de teatro.  Me llamó Mari Carmen García, la Mariguapi de las columnas de Umbral, y me dijo: “Habla con Fernando Baeta; PedroJ quiere que hagas la Feria de Abril de Sevilla, ya tienes billetes y hotel reservado”. Me quedé de piedra, pues pensé que me llamaba por lo menos como editorialista, que es a lo que aspira  todo neófito. Ese fue el estilo de captar un colaborador. El estilo  de Francisco Rosell de despedir es otro. Y acaso también el de Alcalá Galiano, el gran jefe, que cuando me dieron  el Premio Carlos Porto en Almada (Lisboa), a las mejores críticas de teatro, me llamó para decirme textualmente, “tener un periodista como tú es un privilegio para el Mundo”. Puede que el gran jefe haya cambiado de opinión.  Estos son los hechos. La situación de la prensa es mala y la del Mundo no es una excepción, pese a algunas individualidades brillantes que no salvan a Francisco Rosell, el muchacho de provincias que creyó alcanzar el poder absoluto conquistando Madrid. Tampoco el Mundo fue generoso con un grande del periodismo español, el sabio y melancólico Pedro Cuartango. Tras tenerlo un año como director en funciones, tuvo que marcharse. Ahora le escucho todas las noches en Radio Nacional de España.  ¡Qué dios reparta suerte.!



domingo, 15 de marzo de 2020


La peste y el coronavirus

Dentro de la devastación que nos asuela, ocasión para recordar a Albert Camus y  su grandísima novela del mismo nombre, La peste, quizá la  mejor novela del siglo XX, después de Los hermanos Karamazov. El doctor Rieux, su equipo de médicos heroicos y sacrificado del que doctores actuales son émulos sin saberlo y sin haber leído La peste. La peste de hoy sin ratas, muertas a millones fuera de las alcantarillas en Camus;  Rieux sale de su casa y aparta con el pié, una rata muerta en  la escalera, cosa extraña. Rieux y su equipo rodeado de dolor, infecciones, alaridos, lágrimas y sollozos. niños torturados, ganglios purulentos, abcesos de insoportable olor y sangre podrida. Rieux encolerizado hasta la descreencia, “no puedo aceptar un dios que permite el sufrimiento de un niño”.    Releo La peste con fría indiferencia, saltándome páginas. Sospecho que la realidad actual supera la literatura. La letra de un libro es letra muerta. Rieux reflexiona: “no puedo entender a un dios que permite el sufrimiento de un niño”. (…) “Creo en dios pero no acepto su mundo”.  Ivan Karamazov, el colosal personaje de Dostoiewski    viene a decir lo mismo al ver niños sonrientes, como en un juego,  ensartados en las bayonetas de los soldados franceses. Francisco Umbral en Mortal y rosa, la gran elegía por su hijo Pincho, manifiesta cierta afinidad con los dos.  La peste y el absurdo, El extranjero y el absurdo. El dolor es absurdo y el absurdo es el fundamento del existencialismo camusiano, es la vida. El coronavirus es el ángel exterminador. Es doloroso, es igualitarista y lo mismo ataca al pobre que al rico, al  de extrema derecha que al  de extrema izquierda si es que siguen existiendo esos extremos.  Todas las salas de teatro clausuradas, una vida sin teatro no es vida; pero seguiremos viviendo. Como si no hubiera pasado nada, como si nada estuviera pasando. Preocupados por la gente que amamos y nos ama. Parafraseando la más grande elegía de todos los tiempos, las Coplas de Jorge Manrique, “nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la peste que es el coronavirus”.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Teatro testimonial sobre Un MUNDO A la DERIVA


Antropoceno

Idea y dirección, Thaddeus Phillips. Espacio escénico, Emilio Valenzuela y Thaddeus Phillips. Iluminación, Paloma Parra. Reparto Silvia Acosta, Julio Cortázar, Kateryna Humenyuk, Almudena Ramos. Escenario, la Abadía.

Condenados

El mundo camina hacia el desastre, hacia su autodestrucción planificada. De vez en cuando, alguien toca a rebato.  Pero es un fenómeno que se mueve por un marketing muy planificado. Antropoceno es una obra necesaria en su intención y prescindible, o al menos confusa, en su materialización. Se trata de un encargo de José Luis Gómez a Thaddeus Phillips tras una serie de peripecias más causales que casuales; en cualquier caso, el azar unido a la necesidad. La función se resiente de un exceso de literatura.  Y de doctrina. Elementos discursivos y literarios, aunque a veces prevalecen, para descanso del espectador, efectos lumínicos de grandes resultados. Cansa y termina por aburrir a algunos. Entusiasma a otros que aplaudieron con calor. El teatro doctrinal, aunque no hay teatro inocente, nunca ha dado resultado. No hay teatro inocente, ni siquiera el más combativo o el más acomodaticio.  Está correctamente interpretada, sobre todo por el poliédrico Cortázar, sin grandes luminarias. Montaje correcto, sorpresivo a veces; escenografía giratoria. Podríamos llamarlo “teatro de cámara”; o “teatro de arte y ensayo”, expresiones muy celebradas hace años. Toca una realidad muy próxima,  alentada por la carismática Greta Tunder de cuya predicación se perciben ecos innegables. La gente también se interesaría si una obra de teatro tratara, en estos días del maldito coronavirus, sobre la peste que nos asuela.

Javier Villan, paradigma

Hllp://www.artezblai.cm/artezblai/javier-vill-como paradigma

lunes, 2 de marzo de 2020

Becket, el absurdo y Fernanda Orazi


Cruel pureza del absurdo
Los días felices
Autor, Samuel Becket. Versión y dirección, Pablo Messiez. Escenografía y vestuario, Elisa Sanz. Iluminación y vídeo, Carlos Marqueríe. Espacio sonoro, Óscar Villegas.  Reparto; Francesco Carril y Fernanda Orazi. Escenario, Valle Inclán.   
El teatro del absurdo es el realismo estilizado en tiempos de aflicción; además de ser la única explicación posible de la existencia humana inexplicable.  Winnie, protagonista de Los días felices, es un personaje fascinante. Y el talento de Fernanda Orazi lo hace más fascinante y turbador: una mujer, enterrada hasta la cintura, dialoga con su esposo, voz invisible hasta que al final se materializa en un cuerpo. Winnie es un personaje que marca a un autor y acaso el panorama teatral de una época.  Formidable Fernanda Orazi, en un registro dramático suavizado por el humor y la ironía. Un catálogo de gestos y ademanes, los innumerables gestos que una mujer normal despliega a lo largo del día; maquillaje, vida cotidiana, autoafirmación o desconexión con la realidad que, a la postre, es la esencia del absurdo, sea la filosofía de Camus o la teatralidad de Arrabal, Becket o Ionesco. Formidable Pablo Messiez en la dirección de un texto estático, difícil de dirigir precisamente por su estatismo, por la raíz literaria del mismo. Es un acierto   la acumulación de cascotes en vez de tierra, que da a la escenografía cierto carácter de expresionismo sucio. Apoyado en Carlos Marqueríe, mago de la iluminación creadora y ensimismada, Messiez narra en esta función el paso de las horas del día; desde el amanecer hasta el atardecer incandescente y rojo. Para simular la noche la escena se va a negro y se sugiere con un apagón total, recurso que se me antoja pobre y fácil.
Cada gesto de Fernanda Orazi es un enunciado dramático, cada silencio y cada palabra una invitación a descubrir el sentido o sinsentido de esa mujer medio enterrada. Los días felices es la pieza definidora de Samuel Becket y la pieza clave del teatro del absurdo en todas sus vertientes. Menos conocida que Esperando a Godot, pero de una onda expansiva demoledora; una angustia insidiosa y un desasosiego paralizante; en Becket está el teatro de la crueldad de Antonín Artaud con más énfasis que en el absurdo de Ionesco; y  está el absurdo existencialista de Albert Camus, por ejemplo;  el teatro como purificación  y catarsis descarnada.

viernes, 28 de febrero de 2020


PATÉTICA BELLEZA

Autor, Sanchís Sinisterra. Versión y dirección; Magüi Mira. Escenografía; Curt Allen Wilmer y Leticia Gañan; Iluminación, José Manuel Guerra. Intérpretes, Pepón Nieto, Jesús Noguero, Clara Sanchis, Karina Garantivá, Pedro Almagro, Jorge Basanta y varios/as. CINCO

En Naufragios de Alvar Nuñez, Magüi Mira y Sanchís Sinisterra alimentan con entusiasmo la leyenda negra de España; unos conquistadores que se traicionaban y robaban entre sí, tras engañar al indio con baratijas a cambio de oro: corrupción contra inocencia.   No llegan a la dureza   dialéctica de Fray Bartolomé de las Casas y parten de la crónica de Alvar Núñez, superviviente de insólitos peligros, con tres de sus compañeros. A Alvar Núñez le esperaba en España una esposa solitaria, Mariana, que encarna con cierto patetismo una Clara Sanchís demediada y sonámbula. Correcta interpretación en general y de Jesús Noguero en particular. Los españoles, que conquistaron el Nuevo Mundo, eran delincuentes que nada tenían que perder.  La escoria de España. No podía pedírseles refinamientos y cortesías. En una película de mi niñez, apologética y tendenciosa por supuesto, titulada Alba de América hablaban dos marineros cuando se aproximaban a tierra: “Dicen que las indias andan desnudas y caen de los árboles como frutas maduras”. Riquezas y fornicación, este era el espíritu de los conquistadores contra el que Magüi Mira levanta cumbres de belleza.  Es un montaje eminentemente plástico, sensorial.  El impacto inicial, de un grupo de indios caminando bajo la lluvia es irreprochable.  El caballo desde el que perora Pepón Nieto, tuerto, violento y   convincente, como Pánfilo de Narváez,  aporta la contundente materialidad de la conquista;  el terror que inspiraba aquel  ser desconocido y terrorífico sobre el que volaba   el rayo de la muerte.

jueves, 6 de febrero de 2020

JOSE LUIS GOMEZ; Y BRECHT

Jose Luis Gómez. Publicado en mi  columna del MUNDO

Se han iniciado las celebraciones en torno al vigésimo quinto aniversario de la fundación de la Abadía que Gómez ha convertido en un santuario del teatro, regido ahora por su discípulo Carlos Aladro.   La primera vez que lo vimos en España fue en 1975, en el Teatro Lara dirigiendo e interpretando La resistible ascensión de Arturo Ui, de Bertolt Brecht, que muchos se empeñaron en llamar la “irresistible ascensión”, hasta convencerse de que resistible quería decir evitable. Gómez salió de Huelva y mientras aprendía, especialmente en Alemania, las corrientes de vanguardia desconocidas en España, trabajaba de cocinero o camarero en algunos hoteles.  Esta común experiencia yo creo que nos unió, pues yo trabajé en un hotel alemán de Canet de Mar, lo que me permitió conocer a Salvador Espriu que vivía cerca, en Arenys.
 Quería demostrar Brecht que el triunfo de Arturo Ui, Hitler, hubiera podido evitarse; la obra, en el Lara, fue objetivo frecuente de los ultrafascistas Guerrilleros de Cristo Rey, que asaltaban el escenario cada dos por tres, cubriéndolo con pintura negra. Los actores Paco CasaresEusebio Lázaro   avissaban a los periodistas, “ya están aquí los guerrilleros”. Y allí íbamos algunos a ver qué pasaba.
He aprendido cosas de José Luis Gómez, en escena, pero nunca en conversaciones  personales; salvo en raras ocasiones, nunca hemos hablado de teatro, sino del dolor.  José Luis lo teme y siente el ajeno como propio; y sabe, como un escritor francés, cuyo nombre no recuerdo, que el sufrimiento puede convertir a los hombres en seres nobles o malvados. Sabe también que la vida no es buena ni noble ni sagrada. Pero él y su teatro han contribuido a hacerla mejor.

sábado, 1 de febrero de 2020

JUAN MARGALLO Y LA FIESTA DE LA REVOLUCIÓN


La revolución fue una fiesta. (Publicado hoy en EL MUNDO)
No siempre era una fiesta, pero tenía un puntazo. Juan Margalllo, un histórico del teatro independiente, de Castañuela 70 y del antifranquismo festivo y demoledor, ha publicado un libro de memorias informales y en parte apócrifas, Vivir del aire: desde su infancia en un pueblo de Extremadura y su adolescencia en Vallecas con el Gayo Vallecano, hasta nuestros días. En ellas está siempre presente una actriz grande, Petra Martínez, compañera de Juan durante 50 años y los que vengan.  Con las necesarias diferencias uno/a parecen el alter ego del otro/a; tanto, que en tiempos llegaron a firmar conjuntamente algunos textos con el nombre de Jon Petrov, sovietización aclaratoria y necesaria, pues Juan Margallo no era del PCE revisionista y estalinista, como éramos algunos, sino de la ORT, Organización Revolucionaria de Trabajadores, marxista leninista vía Mao.  Con estos antecedentes   no deja de ser raro que Juan Margallo haya logrado vivir no solo del aire, sino del teatro.
Vivir del aire es una novela picaresca, género literario estrictamente  español y de lo más noble y divertido del espíritu ibérico,  breves capítulos, brevísimos a veces, como una greguería o un telegrama. No hay unidad de acción, ni de tiempo ni de lugar. Noble, divertido. Y  cómico, de aquellos que retrata Agustín de Rojas Villandrando en El viaje entretenido es Juan Margallo, por otro nombre Petra Martínez si ustedes lo prefieren.  Siempre en la trinchera, Margallo lo ha pasado bien, incluso en esas circunstancias en  que sospechas que algún peligro inminente y desconsiderado puede estar acechando. En cierta ocasión y ya en democracia, aunque fuera una democracia putrefacta, nos invitaron a ambos, en collera, como se dice en la jerga taurina a  dar una charla en el Círculo de Bellas Artes Esto no lo cuenta Juan en su libro. Y cuando alguien del público resaltó los riesgos de ser antifranquista en aquellos días de la Oprobiosa, Margallo aseguró que él había sido teatrero y antifranquista para divertirse y pasarlo bien. Y porque no quería separarse de Petra Martínez. Con lo cual, Margallo refrendaba el aserto de Vázquez Montalbán: “contra Franco vivíamos mejor”. Posiblemente no fuera del todo cierto, pero éramos  más  jóvenes.

jueves, 16 de enero de 2020

CATALUÑA EN EL RUEDO IBÉRICO


España ibérica y plural. (Publicado en el MUNDO)...

El Ruedo Ibérico anda abanto y marrajo como un toro de miura, valga el símil taurino para esta piel de toro puesta a secar al sol, La pell de brau, del gran poeta Salvador Espriu. El Ruedo Ibérico anda soliviantado, confuso y, como siempre, cainita, pese a que la democracia y la Constitución, parece, o parecía, haber mejorado la cuestión. “Vayamos todos, y yo el primero, por la senda de la Constitución”, dijo Fernando VII.: ¡Constitución, Constitución, Constitución! repite el monarca de las Españas. El Ruedo Ibérico sigue alimentando en campos y ciudades la “sombra errante de Caín”; precisaría un Quevedo o un Valle Inclán en plenitud de esperpento cafre para explicarlo.  O en su defecto Francisco Umbral con bufanda roja y botines blancos de piqué. Puede que la “cuestión catalana” sea lo de menos. Lo de más debiera ser una estructura social y política de justicia, trabajo y cultura. La cuestión catalana viene de siglos, desde los decretos de Nueva Planta, creo recordar, de Felipe V, antecesor del Felipe VI actual, chivo expiatorio de pecados anteriores. Claro que las posibles expiaciones bien valen una corona y sus beneficios.
 España es una cultura, una nación plural. Un visionario que fue fusilado al principio de la incivil guerra del 36, con satisfacción del Franco genocida, Jose Antonio Primo de Rivera, definió este país como “una unidad de destino en lo universal”. No se sabe muy bien qué quiso decir, pero ahí quedó.    Machado definió Madrid como rompeolas de todas las Españas. Y Josep Pla, desde el Ampurdán, afirmaba que los catalanes lo son a fuer de ser españoles.  Las Españas   no es consecuencia de una subversión actual.  Ortega y Gasset, acaso la mente más perspicaz del español siglo XX, fue especialmente lúcido sobre la cuestión catalana, a la que consideraba necesario “conllevar”.  En cualquier caso, parece necesario recordar Oda a España, de Joan Maragall, “escucha España a este hijo…que te habla en lengua no castellana...”

martes, 7 de enero de 2020

NATALIA MILLAN


Natalia Millán y yo

La admiro profundamente como actriz y como persona, es un caso raro mi amistad y controversias con Natalia. Ella detesta las corridas de toros y yo  he escrito casi cuatro mil crónicas  lo que quiere decir que he visto sacrificar, sin que se me saltasen las lágrimas  casi 20.000 toros. Nos hemos emplazado a discutir de “ toros , sí, toros no” en el Café Gijón infinidad de veces, pero el mano a mano, por utilizar  la jerga taurina, nunca se ha llevado a cabo, ni siquiera con la mediación de María Toledo.

Yo gozo citando a Blanco White que decía que los males de España  no  son los toros, sino religión y mal gobierno  cosa qu irrita a Natalia y me llama tramposo, como a los toreros por cuyo riesgo sin embargo teme. Yo no temo por los toreros; cada tarde las figuras ganan un pastón con el que se podrían montar vatios Billy Elliot,  y se supone que saben la técnica de su oficio, la cual elimina riesgos. Yo en ciche, a 50 por hora, corro más peligro qu Alonso a 300.   Y en plano más sentimental  a mí me da pena el toro más que los toreros. Una vez vi llorar a uno como si me acusara de algo. En resumidas cuentas, que es a lo quiero llegar; si Natalia, antitaurina radical,  y yo aficionado - en tiempos radical y ahora  alejado de las corridas-  podemos   entendermos,   quiere decir que la cuestión cainita de las dos Españas, blancos y negros,  rojos y azules, no es insoluble. ¡Va por usted, señorita Wilkinson

MIGUEL ABELLAN, EL BRAVO


Miguel Abellán, el bravo

El matador de toros madrileño, Miguel Abellán, ha sido nombrado responsable de asuntos taurinos de las Ventas. Y una de sus primeras medidas parece consiste  en impartir unos cursos de técnica taurina. Enhorabuena, pero no estaría de más que impartiese  cursos de comportamiento, que no digo que el de Miguel Abellán no sea  impecable.  Hace tiempo en Logroño, en el NH que regentaba Mariví Motilva,    a la cual felicito las Pascuas, por si da en lerme,  sufrí un arreón no digo del manso porque si algo es Miguel Abellán es precisamente bravo. Por  escribir en mi crónica del MUNDO que “los toros en puntas de Logroño  acojonan a los toreros”, Miguel  Abellán se dio por  aludido.  O se lo contaron con aviesas intenciones. Se aproximó  rebrincao a la barra del bar preguntando por el "hijoputa de Javier Villán". El padre de Miguel, el “maletilla de Oro”, cojo como yo,  terció en la refriega a  bastonazos subterráneos en mis matrechas piernas.  Mientras, Martín Recio el gran peón de Miguel Arroyo, Joselito  y el picador el Soro, hermano de Vicente, trataban de apaciguar los ánimos. Martín Recio le dijo  “Miguel, los desacuerdos  con los periodistas no se arreglan a cabezazos ni insultos, sino con la muleta en la mano”.  El más  belicoso  fue Jaro, hijo, la voz sumisa de su matador que extendió su agresividad a las amigas que me acompañaban a trasegar r un crianza  de una excelente añada. Que derramase la botella manchando los elegantes zapatos azul claro de la bella Mariam y la chaqueta de mi amigo Luis Domínguez me irritó más que el cabezazo. ´Por suerte Paco marido de Mariam, grande como un armario  no llegó a escuchar que a su mujer la llamaban guarra y que se fuese a la cocina. Alfonso Navalón me aconsejó que no citase la trifulca  en mi crónica y le  denunciase en comisaría. Lo denuncié  Al escucharlo en el telediario de las 15,00 horas, Enrique Ponce y Juan Ruiz Palomares, el Patas, su apoderado, me llamaron por teléfono. El maestro de Chiva fue escueto, “eso es impropio de un torero”.  Manolo González periodista de la SER hizo correr la noticia del suceso  hasta la plaza de la Rivera abarrotada que recibió a Abellan con una bronca fenomenal, ante el asombro de Manuel Caballero  en el paseíllo, que ignoraba lo sucedido. Manuel Molés puso en duda la versión mia de los hechos, avalando la de su protegido Miguel Abellan. Pero me invitó a explicareme en la SER. Todo está explicado, le dije, y tu amigo miente. Denuncié a Abellán y  a partir de entonces  Manolo  López,  del Comité Central del Partido Comunista, se encargó de los trámites legales subsiguientes.  Fue demasiado benévolo en las acusaciones y petición de multas. cosa que no lamenté e incluso estimulé: Cinco minutos de desvarío no deben marcar una vida. Y ahí está ahora, Abellán de mandamás en las Ventas El presidente de la Comunidad de la Rioja. Pedro Sanz asesorado por Manolo González   organizó por la noche un acto de desagravio en el Hotel Carlton al que asistieron casi 500 personas.
 Al escuchar la noticia en el telediario de las tres, Enrique Ponce y Juan Ruiz Palomares el Patas, me llamaron mostrándome  su solidaridad; “eso es impropio de un torero”. Joaquin Vidal, en el Pais, me dedico un amistoso comentario-  Me olvidé del incidente limitándome a llamarle las  siguientes temporadas “el señór Abellán” tal como me había exigido en la refriega: “tú eres un cobarde´ y a mí me tratas de usted..” Me lo encontré en los Sanfermines y se acercó a saludarme en el restaurante.  Las únicas notas discordantes fueron las Oscar y Pablo Chopera, apoderados de madrileño,  al que dejaron esa misma temporada. Y la del Barquerito que en el Correo Español, creo recordar, escribió; “dado el tono irrespetuoso  de las críticas de Javier Villán, esto se veía venir”.  Se sentaba a mi lado separados por una verja en la Rivera y aquella tarde apenas me saludó. Alvarez Vara es un leonés que tenía una buena prosa y adolecía de cierta  debilidad por la casa Chopera, “factoría Chopera lo llamábamos entonces”. Ignoro si Alvarez Vara ha seguido escribiendo,. Prestaba especial atención al juego del ganado, cuyos encastes conocía muy bien,