viernes, 30 de octubre de 2020

Pablo Lozano in memoriam; un caballero del toro

 

 

Ha muerto Pablo Lozano, “la muleta de Castilla”; forjador de toreros, sobre todo. Dentro del toro era una figura respetada y admirada: se lo ha llevado por delante el marrajo del coronavirus.  De los Lozano fue el que menos traté. Tenía para las relaciones públicas la misma falta de disposición que tengo yo. Sin embargo, todo el mundo sabía que era una viga maestra que apuntalaba la fecunda saga. Tuve más trato con Jose Luis, inteligencia pura; cordialidad que nunca ponía mala cara ante una crítica adversa, pero capaz de discutir todos sus puntos; tanto los favorables, a la contra, como los desfavorables, también a la contra. Pablo Lozano, me parece recordar, era hombre de campo, veedor de toros para lo cual tenía, al parecer, especial sagacidad. José Luis era la diplomacia y Manolo Lozano, al que más traté de los hermanos, en mi época de crítico del Mundo, se había apartado totalmente de la burocracia taurina. A éste, yo lo veía en las Ferias, especialmente en Pamplona que nunca se perdía y en cuya plaza de la Misericordia entraba siempre comiendo un helado; lo veía en compañía de Javier Aguirre y de Esperanza Roy, la gran vedette de las piernas de oro, la ¡!gran actriz!!!, de quien había sido novio y con quienes mantenía una amistad leal. Una vez que le hice a Esperanza una crítica de teatro muy favorable, Manolo me llamó emocionado. Tuvimos el proyecto de publicar su apasionante biografía, pero se quedó en proyecto.

A Pablo Lozano siempre le consideré de la raza noble de los tratantes que con un apretón de manos sellaban un trato inamovible. Como torero no llegué a verlo y tengo que dar por buena su leyenda. De la última generación de los Lozano, frecuento las redes, que me ponen a parir por mi defensa de los toros, aunque hace siglos no veo una corrida, con Fernando  que continúa ligado, me parece, a cuestiones taurinas. Y, de vez en cuando, cambio impresiones con Pablo, gran escultor desplazado, tengo esa mala sensación, por los asuntos de toros. Para mí, sería de lamentar que se perdiese un escultor a cambio de un taurino. Por lo demás, la pandemia  que se ha llevado por delante a Pablo Lozano,  va a cambiar, está cambiando ya,  muchas cosas. Todo es provisional menos la muerte. Requiescat in pace.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Dos retratos con historia

 

Isabel Fernández Almansa Caneja

Me preguntan, conocedores sin duda de la obra y vida de Caneja, cuál ha sido el destino de dos retratos de Isabel Fernández Almansa, su esposa (in Memoriam) y heredera; una cabeza a carboncillo, obra de Baltasar Lobo, el gran escultor zamorano, y otro de cuerpo entero, obra de Javier Clavo. Ambos eran propiedad de Ana Merino Herrero, periodista, a quien testamentariamente, se los legó Isabel. Muerta esta, Ana Merino Herrero decidió donarlos a la Fundación Caneja para que estuvieran cerca de la obra de su marido, a ser posible expuestos. Un sencillo papel, redactado a mano y firmado por Rafael del Valle, dejó constancia del hecho, “he recibido de Ana Merino Herrero etc.etc.”.  La política expositiva de una Fundación obedece generalmente a necesidades de espacio más que a criterios personales. Los propios fondos de Juan Manuel, su antología que reúne lo mejor de su obra, están sujetos, creo, a esa exigencia rotativa. En mi libro Caneja, una mirada del siglo XX (editorial Akal) dejo constancia de la distribución del resto de la obra canejiana en Madrid, Valencia, Palencia y León, me parece recordar

Me preguntan también cuánto Javier Villán debe a Palencia y cuánto Palencia le debe a él, “si es que Palencia le debe algo”, matiza el preguntador. A Palencia, gracias a mis padres que en Torre de los Molinos   me trajeron al mundo, le debo el privilegio de ser paisano del judío carrionés  Sem Tob, el de los proverbios,  y del también carrionés don Iñigo López de Mendoza, el de las serranillas.  Y paisano de los Berruguete, de Jorge Manrique el de las coplas, de Gómez Manrique, señor de Amusco, tío de Jorge.  Y del escultor Victorio Macho, revolucionario en su tiempo, autor del Cristo del Otero que señorea y bendice la gran planicie de Tierra de Campos. Le debo también a Palencia, un paseo con mi nombre al lado del rio Carrión, cerca de una calle dedicada a Juan Antonio Bardem que en la ciudad castellana rodó unos planos de Calle Mayor. El paseo me lo puso Heliodoro Gallego, cuando fue alcalde. Me siento suficientemente recompensado, estando en el callejero al lado del director de Muerte de un ciclista.  

Contribuí, eso es indiscutible, bajo orientación e iniciativa desinteresada de Isabel Fernández Almansa, a que los mejores cuadros de Juan Manuel Caneja, quedasen en la Fundación, que pilota un canejista fervoroso como el historiador Rafael del Valle, y pone en marcha en el día a día, la eficacia vigilante de Rubén del Valle.  La Fundación es hoy el eje cultural de la provincia. El “pulmón cultural”, como se me ocurrió denominarla, cuando iniciábamos los trámites de su constitución, lo cual   suscitó el cachondeo del ingeniero metido a novelista Juan Benet. Sin embargo, en Madrid 1950, este escribe una memorable página sobre Caneja.  Por fortuna, el galgo, como le llamaba Isabel a Benet, se desentendió pronto del asunto.  Juan acompañaba a Isabel a visitar a Juan Manuel al penal de Ocaña, aunque el verdadero amigo de Caneja era Paco Benet, su hermano, que vivía en París y organizó la fuga de Cuelgamuros de Lomana y Sanchez Albornoz.

viernes, 23 de octubre de 2020

ELOY ARENAS, RETRATO A PUNTA SECA

 

Eloy Arenas, retrato a punta seca.

  Continúo con este artículo una antigua sección de diario de Javier Villan,   bien aceptada en tiempos  por  seguidores fieles,  Retratos al vitriolo o al pastel;  se la dedico a Eloy Arenas,  después de haber dedicado la primera del retorno a las aventuras otoñales y  amorosas de Enrique Ponce y a las desventuras de una mujer muy admirada por mí, Paloma Cuevas su esposa. Naturalmente, el retrato de Arenas debe ser al pastel.  10 años llevaba Burundanga en la cartelera sin faltar nunca a la cita. Algo insólito en una cartelera como la española de extremosa fugacidad.  Algo de esa continuidad se debe sin duda al talento empresarial de su productor, Pedro Larrañaga, pero sin duda lo único imprescindible en teatro es el actor; y el público claro; o sea, alguien que  habla y alguien que escucha. La pandemia ha alterado muchas cosas.  Nada es seguro hasta saber qué pasa con la posibilidad de nuevos confinamientos.  Eloy Arenas es un gran actor, un gran cómico en el sentido amplio y genérico de la palabra, que define a la farándula. ¡!Cómico! ¡!!Actor!!! Y es también un gran autor. Tengo en mis manos su texto inédito Me enamoré de tu violín. Es la historia  de un violinista que tras un fracaso amoroso sufre el bloqueo inconsciente de su capacidad de hablar y de escribir;  sólo puede comunicarse a través de su violín. Eloy Arenas, además de gran actor, es buena gente, circunstancia ésta nada desdeñable en los tiempos que corren. En escena, al menos en lo que yo le visto siempre, Eloy es apoyo y no rival del compañero; premisa irrenunciable desde la tragedia griega y la comedia romana. Sin conflicto no hay obra teatral posible, pero el conflicto personal entre actores puede arruinar una función.  Hasta el genial y arbitrario José Bòdalo, que hacía su papel mientras escuchaba por una radio de bolsillo  los partidos de fútbol, dejó constancia de esta solidaridad. Cuando yo hacía teatro aficionado aprendí algo de esto;  Maxi Rodríguez profesor de Instituto en Getafe, me pidió que hiciera el protagonista de El rey se muere, de Ionesco. Acepté sin vacilaciones; en el fondo a mí me hubiera gustado ser torero  o ser actor; dar la vuelta al ruedo en las Ventas o la Maestranza o salir  a saludar aunque fuera en un teatro de pueblo, en el María Guerrero o el Español, mejor. Esas eran mis grandes aspiraciones y, sin embargo, ¡perra vida! me he quedado en crítico; la solidaridad, respeto al espacio del otro, es lo que he aprendido de Eloy Arenas, sobre todo en sus últimas intervenciones con Ramón Paso/Azorín. PasoAzorín es la última revolución que perdura del teatro español partiendo casi de la nada, salvo de la tradición.  Conocido es el axioma de don Eugenio D,Ors, “lo que no es tradición es plagio”.  

miércoles, 21 de octubre de 2020

LOS TOROS EN EL LENGUAJE COTIDIANO

 

Lenguaje taurino en la vida diaria

Dedico este breve artículo a los animalistas, en especial a aquellos que se duelen de la crueldad de la lidia del toro mientras comen   chuletillas de cordero lechal y chuletones de buey. Oí en la radio el otro día que se está tramitando una ley para que,  en los mataderos de animales,  la muerte sea, además de eficaz, limpia e indolora.  Defiendo la licitud de las corridas de toros, como fuente de lenguaje cotidiano abundantemente nutrido de términos y giros taurófilos. He aquí algunos.

Miura”.- Persona violenta y agresiva. De la divisa de miura era el toro que mató al Espartero, llamado Perdigón,  y el que mató a Manolete, este de nombre Islero. “le dije que se callara y se puso como un miura”

“Estar para el arrastre”- Estar cansado o con mala salud; alude al toro muerto arrastrado al desholladero por las mulillas

“De Puerta Grande”.  Asunto o empresa resuelto con éxito. Por la puerta grande de una plaza sale a hombros un matador cuando ha triunfado. El colombiano Cesar Rincón abrió la Puerta Grande de las VENTAS cuatro corridas consecutivas, cosa que nunca había ocurrido. En memoria yo publiqué el libro “Cesar Rincón, de Madrid al cielo” (Espasa Calpe)

“Hasta el rabo todo es toro”. Quiere decir que mientas un asunto no está resuelto del todo y en todos sus detalles, no puede darse por concluso.

“A toro pasado”, resuelto un asunto, pasado el toro, todo parece fácil y sin peligro. Todo el mundo conoce las soluciones.

“Ponerse el mundo por montera”. Vencer todas las dificultades, no arredrase ante nada ni ningún peligro.

“Dar la puntilla". Apuntillar al toro ya postrado en el suelo con un cuchillo llamado puntilla. Liquidar  un asunto, engorroso o no,  de forma abrupta.

“Parar, mandar y templar”. Dominar y conducir la embestida del animal. En la vida cotidiana, controlar la situación. Puede añadirse la expresión taurinísima “cargar la suerte”. O sea, recrearse.

“Las cornadas del hambre”. Antiguamente los toreros eran de extracción social modesta, gracias al toreo escapaban de hambre.  Hoy salen de las Escuelas taurinas. La frase, “más cornadas da el hambre” se atribuye  a  Espartero que, paradójicamente, murió corneado por el toro Perdigón.

“No tener un pase”. Se dice de una persona, cuya conducta no se atiene a las normas elementales de convivencia”.

“Fueracacho”. Esta fuera de cacho, de dice del torero cuando al provocar la embestida tiende a colocasse en el sitio inadecuado. En la vida cotidiana, ponerse en una situación inadecuada para realizar un acto que requeriria otra conducta.

 

 

 

 

miércoles, 14 de octubre de 2020

 

Estampas palentinas

Cangrejos y el arte del retel.(Publicado en Diario Palentino)

El cangrejo de rio es un manjar exquisito, da igual la forma en que se cocinen. Mi madre no los guisaba, con pequeños trozos de chorizo, que era lo más habitual.  Los cocía vivos en agua hirviendo y salada, por lo cual la moderna progresía la habría condenado a la hoguera por maltrato animal. Y luego vertía sobre ellos una salsa de ajo majado en mortero o almirez, con pimentón, aceite y perejil. Esa muerte, aunque casi instantánea, debía de ser sin duda dolorosa, con dolor de cangrejo, claro. Si la cola quedaba extendida era señal de que el cangrejo estaba muerto antes del hervor y se desechaba. En mi pueblo de Torre de los Molinos, en los numerosos arroyos que surcaban su vega, se pescaban a retel; y mi prima Julia y su marido Miguel, y su hijo en Villoldo, los sigue pescando así. A veces también los pescábamos a mano, metiendo la mano en la hura donde se escondían, pero a mí me daban miedo las culebras   que podía haber dentro. Ahora que lo estoy escribiendo, aún se me pone la carne de gallina, cosa que con cierta retranca me recuerda Arturo, el de Villoldo. Mi hermana Concha tenía fama de cangrejera y dominaba el rito, pues pescar cangrejos a retel es un arte que no está al alcance de cualquiera. Por ejemplo, a mis hermanos Arturo y José María, o a mi hermana Elisa, jamás los vi tocar un retel.   El cebo preferido de los cangrejos es el de su hábitat; el pez o la rana. Y a los huesos de asado de los días de fiesta, tampoco les hacen ascos.  

 Lo normal es pescar cangrejos para consumo propio, pero a veces, se hacían intercambios, o se vendían al pescadero  que traía el pescado en bicicleta desde Palencia; dos kilos de cangrejos por un kilo de pescadilla, por dos de sardinas o por tres de chicharros  o de aguja.  Los chicharros eran comida de pobres, pero hoy se cotizan como besugos en Navidad. Ni que decir tiene que el pescadero siempre salía ganando, pues contaba con clientes que se disputaban la preciosa mercancía de cangrejos que él conseguía a precios muy favorables. 

La mejor hora  es  la hora de la tarde entre dos luces,  desde  la caída  del sol  hasta las diez de la noche más o menos. Pero si sale la luna, se jodió el invento;  a los cangrejos no les gusta la luna y se retraen.  Los cangrejos unas veces pican, es decir entran al cebo, y otras no.  Con el cierzo pican más, ignoro por qué. Además, el cierzo ahuyenta a los mosquitos, plaga del anochecer tan perturbadora por el zumbido como por la picadura.

 Un número razonable de reteles, legalmente limitado, es el de diez o doce. Si te descubren con más, la Guardia Civil puede o podía multar, igual que si no se respetan las medidas del cangrejo capturado, un mínimo, creo recordar, de seis o siete centímetros.  La distancia entre retel y retel debe ser de cuatro o cinco metros y el tiempo entre alzada y alzada de diez a quince minutos, aunque depende si en ese tramo del arroyo, y a esa hora, hay muchos o pocos cangrejos. Hubo un tiempo en que casi desaparecieron los propios y hubo que repoblar con cangrejos americanos, creo, que salían de paseo, devoraban las hortalizas de la vera del arroyo y eran muy ásperos de comer. Su pinza era durísima, más que la de los autóctonos, dolorosa  también la de éstos,  si,  al lavarlos antes del guiso, hacían presa en los dedos. A veces cortaban hasta hacer sangre.

sábado, 10 de octubre de 2020

Frente a fantasmas

Imagen imborrable de mis padres



Nos han cerrado  la boca con una mascarilla,  y nos han quitado el beso y la palabra. En las calles, procesiones de fantasmas, mascarillas sin alma. Si nos quitan el beso y la palabra nos han quitado   la vida y su sentido. Al principio fue el verbo, la palabra. Luego, vino el beso del pecado y la libertad. Y luego, la pandemia. Sin boca, sin labios. Los fantasmas ya no son seres de blanco y sombra que arrastraban cadenas lúgubres por las estancias de castillos sombríos y encantados. Una procesión de fantasmas invade las calles, mis calles que ya no son mías ni de nadie, mis calles que son una amenaza blanca, sin dueño ni dueña. En tiempos cantábamos “tu calle ya no es tu calle, que es una calle cualquiera camino de cualquier parte”. La calle es mia,  gritaba un Fraga Iribarne energuménico en el tardofranquismo; la calle es nuestra, demostraban a cada hora los policías, los llamados “grises”, cuando disolvían a golpes las manifestaciones que buscaban la democracia, “enterrada  bajo los adoquines”, como escribió, creo, Ignacio Amestoy. A mí me acompañaba el refuerzo moral de mi padre. El señor Francisco adusto, austero y generoso,  sin entrar en política, me inculcó un pensamiento: “hijo, que siempre puedas mirar a la gente a la cara, sin tener que bajar los ojos”. Los comunistas estábamos callados porque Santiago Carrillo desmovilizó el PCE, el PARTIDO.  Pese a todo, aquellas aventuras tenían, a veces, destellos humor. En una pared alguien escribió, “muerte al cerdo de Carrillo”. Y alguien escribió al lado; “cuidado Carrillo; te quieren matar el cerdo”. A mi madre, en Torre de los Molinos, (Palencia)  fueron a contarle que a Paquito,  o sea yo, le habían sacado en la tele al lado de comunistas muy famosos  y contestó rotunda: “pues si los rojos son como mi hijo no serán tan malos”.

!!El Partido!!! No había otro, !!el partido!!. Psoe dormitaba en somnolencia pasiva   o estaba de vacaciones. Por eso, cuando volvieron con el lema electoral “cien años de honradez”, alguien apostilló “y “cincuenta de vacaciones”.  La calle es de todos y no es de nadie. La calle es de los que la transitan con una pancarta de libertad. Como en aquella canción de Labordeta, “habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos un letrero que ponga LIBERTAD”. La calle es de las procesiones en Semana Santa, implorando perdón al Cristo coronado de espinas, flagelado y mártir; y de las rogativas en tiempos de sequía, implorando lluvias; aquellas rogativas de madrugada en las que, antes de irme al Seminario Conciliar,  contestaba mecánicamente el sonsonete  del cura párroco y con capa pluvial. Cuando aprendí los primeros latines, ya supe qué quería decir aquel “ora pro nobis”. Yo iba de monaguillo con roquete y le daba al cura el hisopo cargado de agua bendita que extraía del calderillo de metal. ¡Oh tempora, o mores!


viernes, 9 de octubre de 2020

Lenguaje taurino y sociedad

 

Lenguaje taurino en la vida cotidiana

Dedico este breve artículo a los animalistas, en especial a aquellos que se duelen de la crueldad de la lidia del toro mientras comen   chuletillas de cordero lechal y chuletones de buey. Oí en la radio el otro día que se está tramitando una ley para que en los mataderos de animales la muerte sea, además de eficaz, limpia e indolora.  Defiendo la licitud de las corridas de toros, como fuente de lenguaje cotidiano abundantemente nutrido de términos y giros taurófilos. He aquí algunos.

“Miura”.- Persona violenta y agresiva. De la divisa de miura era el toro que mató al Espartero, llamado Perdigón,  y el que mató a Manolete, este de nombre Islero. “le dije que se callara y se puso como un miura”

“Estar para el arrastre”- Estar cansado o con mala salud; alude al toro muerto arrastrado al desholladero por las mulillas

“De Puerta Grande”.  Asunto o empresa resuelto con éxito. Por la puerta grande de una plaza sale a hombros un matador cuando ha triunfado. El colombiano Cesar Rincón abrió la Puerta Grande de las VENTAS cuatro corridas consecutivas, tres en San Isisidro, creo recordat, y una en la Feria de Otoño cosa que nunca había ocurrido. Se aceptan rectificaciones. En memoria yo publiqué el libro “Cesar Rincón, de Madrid al cielo” (Espasa Calpe)

“Hasta el rabo todo es toro”. Quiere decir que mientas un asunto no está resuelto del todo y en todos sus detalles, no puede darse por concluso.

“A toro pasado”, resuelto un asunto, pasado el toro, todo parece fácil y sin peligro. Todo el mundo conoce las soluciones.

“Ponerse el mundo por montera”. Vencer todas las dificultades, no arredrarse ante nada ni ningún peligro.

“dar la puntilla”. Apuntillar al toro ya postrado en el suelo con un cuchillo llamado puntilla. Liquidar  un asunto, engorroso o no,  de forma abrupta. Al apuntillador también se le llama cachetero

“Parar, mandar y templar”. Dominar y conducir la embestida del animal. En la vida cotidiana, controlar la situación. Puede añadirse la expresión taurinísima “cargar la suerte”. O sea, recrearse.

“Las cornadas del hambre”. Antiguamente los toreros eran de extracción social modesta, con el toreo escapaban de hambre.  Hoy salen de las Escuelas Taurinas. La frase, “más cornadas da el hambre” se atribuye  al  Espartero que paradójicamente murió corneado por el toro Perdigón.

 

 

 

 

 

 

domingo, 4 de octubre de 2020

 

Villarramiel y la diplomacia pellejera

Ignoro si la expresión que da título a esta columna es aplicable o no a la que actualmente practica la diplomacia española o la diplomacia interna entre partidos. En cualquier caso, se debe a Eloy Ibáñez Bueno, diplomático, creyente, dialéctico, natural de Villarramiel y palentino residenciado en Madrid.  Villarramiel es un pueblo de la provincia de Palencia de larga y realenga historia. Y se le conoce por su curtido, por ser en tiempos el pueblo de los pellejos. Con Eloy Ibáñez Bueno,   tuve hace siglos una conversación que se publicó en mi libro Palencia, paisajes con figura, patrocinado por la Casa Regional de Palencia en Madrid,   que a la sazón presidía  Lorenzo Durántez, de Riveros de la Cueza, de donde era mi padre, localidad  cercana a Torre de los Molinos donde nací yo. Fue una de las entrevistas más intensas y enfrentadas, en el mejor sentido de la palabra; Eloy partía de un liberalismo cristiano y humanista y yo de un marxismo también humanista; él, un creyente; yo, como buen exseminarista, un descreído. Eloy Ybáñez me ha reconfirmado recientemente sus creencias religiosas, al condolerse del óbito de un gran hombre de teatro, mi amigo Gerardo Vera, diciéndome que la muerte es suceso transitorio y habrá un reencuentro; más o menos. A Eloy se debe la afortunada expresión “diplomacia pellejera”, siendo como es diplomático y del pueblo de los pellejos

 A ese libro sobre Palencia, Antonio Gala, que me cedió el título de una serie suya de tve,  lo calificó de histórico, ejemplar y…atroz:  “modelo para entrevistadores  sin piedad”.  Eran, son, 21 entrevistas con 21 palentinos universales; entre ellos Diaz Caneja, Mariano Haro, Ramón Carande, Diez Hotlheiner, Gabino Alejandro Carriedo,  Nazario Aguado, Paco García Salve, (cura obrero en los suburbios de Barcelona, creo recordar) Tomás Salvador, burócrata de la policía en la comisaría de Via Layetana (Barcelona) y autor de una novela de gran pulso narrativo, Cuerda de presos; Tomás Salvador estaba dolido con Palencia y pensaba que, en Villada, su pueblo, no lo querían. No podía faltar en ese libro  Marcos de Celis, lo cual no fue bien recibido en un sector de la sociedad palentina. Pretendí entrevistar también a José Antonio Girón de Velasco,  el León de Fuengirola, que de vez en cuando lanzaba rugidos apocalípticos. Pero se negó, aduciendo que  “estaba salvando España” (sic) y que “no podía  perder el tiempo con un periodista sospechoso (sic) como yo”.

El libro nunca se presentó en Palencia, pese a las buenas intenciones de la librería Alfar. Me vine desde la Coruña, donde pasaba vacaciones, conduciendo Ana de un tirón,   para presentarlo  en el Instituto y los bedeles no quisieron darme  las llaves. En vista de lo cual, opté por irme a Torre de los Molinos a jugar al mus.

Quien quiera ampliar su conocimiento de la historia de Palencia, su geografía y sus gentes,  encontrará muchos datos en ese libro, que ilustró el pintor Francisco Alcaraz. Creo que se descatalogó, pero en la Casa Regional de Palencia en Madrid, si ésta sigue existiendo, debe de haber ejemplares.  Se lo recomiendo a los ilustres académicos de la  Fundación Tello Téllez de Meneses, que, para explicar mi ausencia de  ese ilustrísimo sanedrín,  cuyo ingreso nunca solicité  y  nunca solicitaré,   han aducido que no tengo una obra específica sobre Palencia. Incierto; toda mi obra está aromatizada de “palentinismo” pues bebe, o procura beber, en Gómez Manrique, señor de Amusco e iniciador del teatro español; en su sobrino Jorge Manrique y, más recientemente, en el vanguardismo poético de Francisco Vighi, italiano que siempre se consideró palentino y casado con Julia Arroyo que vivió en Macintos. Tengo, además, un libro titulado Crónica viva del Camino de Santiago, (Edit Luis Vives) del que se vendieron cerca de ocho mil ejemplares y en el cual hay  incuestionable  presencia de Palencia.  

Bien; solo quería decir que Villarramiel, la patria  de Eloy Ibáñez, es el pueblo de los pellejeros y curtidores y  en él se sacrificaba a los burros matalones, pura ruina, para curtir su piel, su pellejo, deteriorado por las mataduras.  Esta es la idea, ignoro si del todo exacta, que muchos tienen de Villarramiel, adornada por la posibilidad o la leyenda,  de que la carne de burro se convertía en cecina que yo nunca probé. En cuestión de cecinas, siempre preferí la cecina de vaca que preparaba mi madre y, en su defecto, la de mulo que tampoco estaba mal. Lo de diplomacia pellejera de Eloy Ibáñez  está, pues,  muy bien traído.

viernes, 2 de octubre de 2020

 

Soneto imperfecto y de urgencia a Javier Lafuente

Has muerto destrozado por el mal,

Lo que llamamos cáncer, la epidemia

De siempre, hoy llamada pandemia,

Que a todos nos destroza y cada cual

Resuelve a su manera; lo fatal,

Es no resolver aquello  que te apremia

Y a ti, amigo, hoy la muerte te premia,

Hurtándote al dolor, nunca  trivial.

Descansa en paz, amigo y compañero.

Eras fuerte  callado y generoso.

Sin grandes luminarias, luminoso;

Sin alharacas, tu perfil señero

Te aureola de paz y de guerrero.

jueves, 1 de octubre de 2020

VERSOS PARA NURIA ESPERT

 

 Sonetos a Nuria 

A raiz de mi necrológica sobre  Gerardo Vera,  Nuria se ha conmovido. Y me ha conmovido a mí. No es la primera vez que nos ocurre.  Hace años,  creo que con motivo de recibir  el Príncipe de Asturias,  PedroJ  me pidió, como crítico de teatro que yo era,  un artículo sobre Nuria Espert. Se había dicho todo lo que había que decir sobre la Espert; loas, églogas, laudatios, tópicos, exageraciones, ditirambos. Imposible  no repetirse. Le pregunté al Jota si podía hacerlo en sonetos; me miró perplejo y dijo “no es normal que un periódico diario publique versos,  pero si eres capaz; falta hora y media para el cierre”. No me dijo más, aunque  supervisó las pruebas.

Un soneto le coges a la primera o no le coges. Yo he escrito crónicas de toros en romance, pero eso es  cosa fácil, eso está chupao si al otro lado del teléfono están las secres  que tenía el Mundo. Yo dictaba las crónicas por teléfono. De vez en cuando, Maestranza o Las Ventas,  Andrés Amorós en el ABC y yo en El Mundo, parecíamos competir en romance aconsonantado,  sin demasiadas pretensiones. Me puse a ello y en esa hora y media que quedaba para el cierre, me salieron estos sonetos que hoy he recuperado para mi blog,  no sin dificultad.

 1.- “Tejedora de sueños, hilandera

 del copo, de la flor y de la llama;

la que enhebra la aguja y se proclama

diosa de la farándula y santera.

De Eurípides la voz; santa y ramera,

Dulcísima en silencio, rie y clama

En papeles de fámula o gran dama

A la que el astro sol arde y venera.

 

La que al verso somete, la que amansa

Tempestad de palabras en espumas

La que nunca flaquea ni se cansa,

Volando entre las nubes y las brumas.

Sacerdotisa, en vez de restar, sumas;

Y en ti el sueño se mece y se remansa”

 

2.-Sartre pone en tu boca la emoción

De puta santa. Brecht y el ángel bueno

De Swan, te mira dúplice; y de pleno

Hamlet te da venenos sin perdón.

Genet es tu criada y te venera;

Lope te esconde al alma en el almario

Y conserva tu amor en su sagrario

Miller te besa y libra de la hoguera

Lope es tu amante infiel y libertino,

Mientras Victor García, estrafalario,

Te hace sufrir su Gólgota y Calvario.

Victor, el maldito y cruel, el genuino

De quien eras sostén   y relicario.

 

Estrambote desorganizado

Eres sacerdotisa o eres diosa,

Eres la religión o el oficiante,

Eres mujer o esa suprema cosa

Que se llama teatro eternizante.

Altar y sacrificio y camerino

¿de dónde vienes, Shakespeare o Cervantes?

Cuál es tu origen ¿Lorca o Siglo de Oro?

Cuál es tu fin, quién te vio errante,

Desnudarte tu pie,  y tu  cintura

De cortesana dulce, impura, orante.?

 

martes, 29 de septiembre de 2020

 

San Miguel mató al dragón

San Miguel Arcángel, es el patrón de mi aldea, Torre de los Molinos (Palencia). O sea que, posiblemente,  hoy  estarán de fiesta. San Miguel, sin embargo, a pesar del patronazgo, nunca  fue allí  fiesta grande. La gran fiesta de Torre, pedanía de Carrión de los Condes, era el día 8 de septiembre, cuando los agosteros  regresaban de la recolección, se bañaban en el cuérnago y se cambiaban de ropa; la muda, se llamaba al conjunto semanal de camisa, camiseta y calzoncillo.

San Miguel me trae a la memoria otras peripecias. Había en en el altar de la Iglesia de mi aldea, en el lado de la epístola, una talla muy antigua y decían muy valiosa, que un día desapareció; lo mismo que desaparecieron otras imágines  y cuadros de un cuarto trastero,   adyacente al coro al que  los mozos  subíamos a escuchar misa los domingos. Estoy seguro de que el párroco, un hombre austero y virtuoso   que  ayudaba su vida con las limosnas del cepillo, no se benefició de nada. Otro día, uno de los caciques del pueblo, en connivencia con alguno de esos anticuarios rapaces, regaló al templo una imagen de escayola policromada de la Virgen del Carmen. Y todos tan contentos. Así eran entonces las cosas. A dónde habrán ido a parar esas tallas de incalculable valor, no lo sé.  Pero mi imagen de San Miguel, matando al dragón, será siempre la talla de la iglesia de mi pueblo.

domingo, 27 de septiembre de 2020

 TRES LIBROS QUE NOS HARÁN CRECER

Cosas de hombres,  de Miguel Ángel de Andrés, tiene un título engañoso. Parece aludir al mundo donde impera  el macho con todas consecuencias. Pero no es lo que parece. Es un libro que podríamos llamar costumbrista en el que pasan cosas de la vida, de la amistad; cosas  de adolescentes que empiezan a descubrir los secretos del mundo  y a ver   en  las películas del Oeste  el sentido de la lealtad. Se lee con agrado y es una prosa sencilla con la que se cuentan las peripecias de en un pueblo; Colmenar Viejo tierra de toros, ganaderos y aficionados en la que, por encima de una  voluntad de estilo, está la voluntad de comunicar, de contar. Podría aplicársele aquella norma del roman  paladino,  de Berceo, lengua  “con la cual suele el hombre hablar a su vecino”

Por qué lloras Arrupe. El padre Arrupe   fue Superior de la Compañía de Jesus.  Y su autor, Jesús Figueres,  es un periodista con cincuenta años de ejercicio a sus  espaldas. Sorprende esta deriva de Figueres al misticismo,   aunque metidos en el tema, bien podría aplicársele aquella máxima  “Dios escribe recto en líneas torcidas”. Verso fluido y escalonado, con la intención de crear en su disposición formal, espacios definidores y sugerentes. A nivel personal he de agradecerle la evocación de la figura clave de la Teología de la Liberación, la iglesia de los pobres, Ignacio Ellacuría, jesuita. Nos veíamos siempre que aparecía por Madrid. Aportación personal: a Ellacuría le gustaba que lo invitara a café en el Gijón,  porque allí, creía,  no llegaban “los orejas”, es decir los espías y delatores que lo vigilaban.. Murió asesinado.

Por tierras del silencio. Cristina Cerezales Laforet iba para pintora; era profesora de dibujo. Ha hecho exposiciones blancas sobre la blancura de nieve de las nieves de los montes de los  Ancares. Pero, como Rafael Alberti, que soñaba ser “un olvidado Alberti en los rincones del Museo del Prado”, acabó en la literatura. Es autora  de una densa obra narrativa,  publicada en Destino y tiene entre manos un vasto plan de nueve libros, uno por cada nieto. Un complejo plan, de compleja estructura que tiene de protagonistas las peripecias de la Abu, la Abuelita intrépida.  Por tierras del silencio es un viaje exterior e interior por el Camino de Santiago. Paisajes y vivencias. Es  continuación,  o prolongación,   de Por el camino de las grullas, si bien, me parece a mí, con plena autonomía.

jueves, 24 de septiembre de 2020

 

PANDEMIA. Historia ¿magistra vitae?

Tiempos de aflicción, que no nos harán mejores. Mi confianza en el ser humano, que nunca fue inenarrable, ha ido disminuyendo. Conservo, sin embargo, cierta lealtad a unos  principios, que me inculcaron mis padres y que me llevaron primero al Seminario y luego, colgada la sotana, al Partido Comunista. Esto me trae a la memoria las posibles relaciones entre Cristo y Marx y la pregunta de porqué algunos excuras, o curas como Paco García Salve,  acabaron en la revolución o en curas obreros. O en las guerrillas de liberación del Cono Sur de Latinoamérica. Hace siglos con el pensador Carlos Comin  algunos tratamos de articular un Movimiento Lo del Seminario, quizá no fuera tan desinteresado; era un chico listo, el más listo de la escuela, y doña Gloria, la maestra, se empeñó en que mi destino no fuera  destripar terrones. ¡Doña Gloria! Y mis hermanos Elisa, Arturo, Jose Maria, Concha, (otra hermana muy guapa, Mercedes,  de apenas 25 años, murió de ignoro qué mal que se la llevó en pocos meses). Mis hermanos vieron con  buenos ojos que el pequeño, en vez de a cavar,  se dedicara a los estudios mientras ellos apechaban con las faenas del campo sostén de la familia.

Lo que yo quería, y quiero, decir es que esta prueba universal no nos hará mejores. Y pese a todo, la historia seguirá. Historia, magistra vitae. Pero una maestra menos eficaz que doña Gloria, la maestra de mi aldea, a la que debo buena parte de lo que hoy soy si es que  soy algo. Es terrible escuchar las noticias de muertos e infectados por el coronavirus. Es terrible todo lo que está ocurriendo y lo que queda por suceder. Peor que una guerra, que ya está mostrando sus efectos devastadores. Y pese a todo, no deja de sorprender cómo la vida se manifiesta en un bebé de apenas ocho meses, cómo este cambia y se renueva,  no a cada día, sino a cada hora a cada minuto; indiferente a todo lo que ocurre de puertas para afuera. Crece y crece como el niño al que Miguel Hernández dedicó las Nanas de la cebolla, pero mejor alimentado; “no sepas lo que pasa  ni lo que ocurre”. La vida sigue

lunes, 21 de septiembre de 2020

In memoriam; Gerardo Vera, la plasticidad creadora

 

El teatro total

Se fue Gerardo Vera,  a los 73 años; agotó todas sus vidas posibles,  y las imposibles. Diaz Caneja, un pintor de culto, confesaba que se aprende a pintar a partir de los setenta años. A Vera le quedaba por lo tanto, lo mejor de su vida creadora. Ha tenido que morirse para darnos cuenta de que la multiplicidad de sus vidas artísticas no cabían en la rutina de su vida diaria. Por eso siempre había algo de él que se nos escapaba.  Gerardo Vera, es más que un escenógrafo; es un hombre de teatro total. Su condición de escenógrafo dotaba a su teatro de   una plasticidad  muy personal. Conocí a Gerardo Vera en una cena restringida en un hotel moderno y muy famoso, que se había puesto de moda  gracias  a Victoria Beckan mujer de un futbolista afamado.  Estábamos gente de teatro convocados por no recuerdo qué  emisora de radio. Empezamos hablando de teatro e ignoro a través de qué derivas dialécticas terminamos, Gerardo y yo,  hablando de Mao. Quizá fuera porque alguien ensalzó por razones ideológicas, un mediocre espectáculo en cartel, y yo respondí  que no importa la carga política de una obra si antes no es arte;  y apostillé “congreso de Yenan…..”  Gerardo no me dejó terminar  y matizó:  “Mao Tse Tung 1942”.  Nos quedaba por dilucidar, o me queda a mí, si el teatro es arte u otra cosa, un lenguaje tan específico que no admite definición.

Se lo ha llevado por delante el coronavirus asesino; pero quedan sus montajes, por una circunstancia u otra,  todos dignos de recordación;   de su última etapa, queda, por ejemplo,  Agosto, con Carmen Machi y Amparo Baró. Y sobre todos, Los hermanos Karamazov. Con un Juan Echanove en estado de gracia infernal   y Marta Poveda,  sublime en  una Grousenka turbadora y enamorada. Yo, lector impenitente de Fedor Dostoiewski, he amado   todos los   personajes de su colosal obra,  incluido el padre abyecto, borracho y pendenciero de los Hermanos. Pero, a través de Marta Poveda,  amé  sobre todos,  a Grousenka tiranizada por el amor a Dimitri.  Nunca diré, “Gerardo Vera ¡descansa en paz”. Donde vayan las almas de creadores como él, nunca habrá paz. Machbeth, cuyos ensayos con Marta Poveda de protagonista de nuevo, estaban a  punto empezar, se ha quedado solo. Y nosotros también. 

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Adiós, Twiter, adiós!!

 

¡Nunca más, nunca más, nunca más!.

No es necesario que la dirección de Twiter me avise y  "limite temporalmente mis funciones y actividad en el mismo....." Me AUTOLIMITO YO mismo DEL TODO!!!! !Adios Twiter, adiós!!! Frente a los negacionistas de twiter, siempre defendí que este podía y debía ser una zona de información  debate y de entendimiento y no un frívolo “patio de vecindad”. Por lo que me "avisa" Twiter  es por un sarcasmo  sobre hogueras e inquisiciones con el  que yo respondía a las provocaciones de un usuario emboscado en   seudónimo KARTSIS o algo así, que siempre se negó a desvelar su identidad, y se definía como "amigo de Miren Gurutze". He fraguado  en twiter excelentes amistades, fecundas y enriquecedoras. Y he contribuido modestamente a difundir el teatro en general;  y el de mis admirados Ramon Paso Azorín, el Brujo, Magüi Mira, Helena Pimenta, Enrique Salaverría, Jorge Eines, Tribueñe, Irina Kourbeskaya o Ernesto Caballero, en particular. Mi amiga Pilar Fábregat de Castellón, psicóloga ilustrada en ejercicio, fue mi “apóstol”, apóstola si prefieren, de una fe que ahora abandono. Soy un "apóstata", harto de bloquear insultos, provocaciones y calumnias de sapos y culebras venenosas, ocultas en el anonimato cobarde y en nombres supuestos. Algún mecanismo debiera de tener la dirección de TWITER para "sanear"  esas cuentas  pestíferas y venenosas. La libertad de expresión no es una patente de corso. Haced, hagan ustedes de Twiter, un lugar habitable. Un ágora de discusión. Un lugar creativo de  debate, no  un lugar de obligada autodefensa, a veces, frente a los insultos. Cuando esto ocurra, este hermoso pais llamado España, será más hermoso todavía. !Adiós!

domingo, 13 de septiembre de 2020

EL COYOTE, SANDOKAN y EMILIO SALGARI

  MIS FUENTES LITERARIAS.

Estoy hablando del futuro cuando quizá no tengamos futuro. No es cuestión de añorar un pasado cuyas fuentes literarias para mí  fueron El COYOTE, de J. Mallorqui y las novelas  del oeste de Marcial Lafuente Estefanía, poco recomendables para mis altas aspiraciones y con gran disgusto de mi madre. Cuando era adolescente, recién salido de la infancia o acaso con la infancia sin terminar, no me preocupaba cuál pudiera ser mi futuro. Quería ser escritor y cuando llegué al Seminario, me convencieron de que podía serlo. Uno de los profesores nos leía las novelas de piratas y aventuras de Emilio Salgari y, en algunos casos, los viajes visionarios de Julio Verne. El  protagonista de las novelas de Salgari   se llamaba Sandokán y era muy valiente y  luchaba contra los que le habían robado sus riquezas y  contra  piratas de muy malas intenciones. Los piratas de la Malasia; no es necesario irse tan lejos; basta con asomarse a la política española.

 Mis fuentes literarias no mejoraron sensiblemente de aquellas  que disgustaban a mi madre. Pero esa clase era muy divertida y estimulaba la afición  a la lectura, que yo creo era lo que pretendía ese profesor. Luego vinieron los clásicos del Siglo de Oro y sobre todo Cervantes y el Quijote, pero primero fue Salgari. En casa yo leía todo lo que caía en mis manos, a escondidas de mi madre y por las noches en la cama con una linterna. Y como mi padre era peatón-cartero además de herrero y tabernero, y mi madre muy aficionada a la lectura, en casa no faltaban libros ni revistas. Yo estaba convencido de que el futuro no sería un azar, sino algo construido por mí mismo; lo cual no ha sido cierto del todo. Y mi imagen de escritor libre, bohemio, mal vestido y hambriento la tenía muy perfilada; peligrosamente perfilada, aunque por fortuna nunca sucumbí a ella. Desde la gallofa bohemia se me han visto con frecuencia tendencias burguesas,  y desde la burguesía de orden, actitudes disolventes.

sábado, 12 de septiembre de 2020

 

Mi pueblo, mi gente

Acabo de leer en internet, “Torre de los Molinos lugar de la provincia de Palencia donde nació Javier Villán”. Y luego muchas fotos del pueblo que me conmueven. La aldea en que nací es un pueblo precioso y vegetal, todo árboles, agua y huertos entre medias. Visto según se llega desde  Carrión de los Condes,  es simplemente una arboleda que tapa las casas, salvo el molino muy a las afueras, el único que quedaba en mi niñez, de los siete  que dicen existieron. Por ello al pueblo se le llama Torre de los Molinos, epicentro de una comarca eminentemente cereal donde todos iban a moler.  Visto desde la cuesta del páramo, llegando de Palencia y Villoldo, es una arboleda de la que sobresale la torre de la Iglesia coronada por una veleta que hace de pararrayos y por un gran nido de cigüeña que “maja el ajo” y aporta reptiles y otras viandas  para los cigüeñines .  Majar el ajo es el ruido que hacen al batir ambas palas del pico, o sea en términos cultos, crotorar. Los rayos,  creíamos algunos entonces, que eran una piedra alargada y polícroma, muy pulimentada que aparecía de vez en cuando  en las cascajeras. Esa piedra, caía del cielo en las tormentas de truenos y relámpagos, creía yo. Lejos de mi imaginación pensar que el rayo era una descarga  eléctrica que  sacudía  los puntos más altos de la planicie. Y en la aldea, el pararrayos de la iglesia. De ahí el peligro de guarecerse en la llanura bajo un árbol solitario; y no por el refrán conocido “debajo de hoja uno doblemente se moja”; sino porque allí seguro, podían achicharrarte   rayos y centellas.   Torre tiene tres barrios; el de abajo donde vivía mi hermana Elisa, al lado del cuérnago,  y veranean sus hijos y nietos; el del medio o de la iglesia, donde vive José Maria cuando van al pueblo desde Madrid y el de arriba, donde yo nací y me crié. Detrás de la iglesia había un cementerio a cuyos muertos yo les tenía pánico. Si alguna tarde me retrasaba por haber merendado en casa de Elisa y era ya anochecido, mucho antes de llegar a la iglesia arrancaba a correr como una exhalación y no paraba  hasta casa. Estaba  ésta en los límites de las afueras y cerca de un tojo infecto que llamábamos la Fría,  lleno de ranas, sapos y culebras, suponía yo, que siempre me han dado miedo y asco.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

 

In MEMORIAM Jaime PabloRomero; ganadero mítico y  ejemplar.

Lo conocí por mediación de Paco Apaolaza en Madrid, un día de San Isidro, en que los pablorromeros, imponentes de trapío y muy blandos,  rodaron por el suelo de las Ventas. Con el nombre de Partido de Resina, Jaime logró levantar en cierta medida  la ganadería. Mis ferias de Abril en Sevilla son indisociables de Jaime. Me hospedaba yo en el Hotel Bécquer y su casa en la calle Gravina, esquina casi al hotel, siempre estaba abierta a los amigos y al debate, con Menchu, su mujer,  de anfitriona impecable. Buena aficionada.

Veo la última foto de Jaime y en ella la devastación de la edad, sólo el carisma aún perceptible de una mirada franca. Ignoro si Jaime Pablo Romero era creyente. Pero recuerdo que, cuando el cáncer se le declaró irreversible a Paco Apaolaza,  lo llevó a Sevilla a procesionar vestido de nazareno no sé si en la procesión de la Macarena. Un liberal verdadero, en tiempos en que la palabra ya había perdido toda credibilidad. Cuando alguien nos decía “muchacho, tú, tranquilo que yo soy un liberal”, empezamos a adivinar por qué lado vendría el golpe. Severo y riguroso lector de las crónicas taurinas, era un gozo escuchar de su boca las críticas al crítico; circunstancia a la que yo no tenía inconveniente en prestarme. El problema era que nuestras discusiones era muy dialécticas, a veces tramposas por mi parte, como todo escritor que se precie, y congregaban en torno a nosotros a los invitados y podían ser eternas. Como las faenas de Enrique Ponce  que me parece tardó mucho en entrar en la Maestranza, si es que entró.

 Pero no había problema para el almuerzo. Salíamos “comidos” de estos suculentos ágapes  a base de jamón, queso y aceitunas gordales y algunos cazolitas calientes. Sonreía cuando Apaolaza y yo le decíamos que Sevilla tenía la peor prensa taurina del mundo, salvando a Carlos Crivel, corresponsal del Mundo y Antonio Lorca, corresponsal del País. La verdad es que los periodistas de la Metrópoli centralista no éramos bien recibidos en  Sevilla, salvo Barquerito que todo lo veía bien. Sobre el taurinismo de la crítica sevillana, Jaime  apostillaba sarcástico; “no, si taurina sí es, lo que resulta dudoso es que sea crítica”. Me comunica su muerte Macarena Pablo Romero, su sobrina. El coranovirus se ha llevado por delante el  debut de esta mujer como presidenta de corrida de la Maestranza. No sé si esa ha sido la causa de la muerte de Jaime; la muerte es la muerte venga de donde venga.

viernes, 28 de agosto de 2020

DOS ESTRENOS; PASO/AZORIN y EL BRUJO

 

  Paso/Azorin, en vanguardia. 

Mañana  en el Lara, la mítica Bombonera de don Conrado Blanco, de la calle Cava Baja, Ramón Paso estrena Móvil obra de la que es autor y director. La primera vez que escuché hablar de Ramon Paso, de la familia de los Paso y los Jardiel,  fue a María Diaz, periodista bilbaína afincada en Madrid, que donde pone el ojo pone el éxito. Ramón Paso, “no lo pierdas de vista ni a él ni a ninguna de las actrices de su grupo”. Y como lo que dice María Diaz va a misa -bueno a cualquier sitio menos a misa- ya no lo perdí de vista. El encuentro  fue feliz y afortunad; y empezamos recordando a Alfonso Sastre que siempre me reprochó  mí poco afecto al teatro de Jardiel: “no puede entenderse el teatro español de la segunda mitad del siglo XX sin Jardiel”. Tras el aviso de María Diaz, que hizo extensivo a tres actrices, Ana Azorín, Inés Kerzan y Ángela Peirat, no me he perdido nada de este teatrero, cuyos estrenos suponen un acontecimiento en el ámbito de la  vanguardia y la juventud. A estas se ha unido más recientemente Ainhoa Quintana. Algunos títulos iniciáticos, La ramera de Babilonia o Las leyes de la relatividad aplicadas a las  relaciones  sexuales, que sorprendió al jurado del Valle y lo encumbró como candidato al mismo al que solo accede  un reducido número de privilegiados. No es infrecuente la colaboración, muy delimitados los campos, con Eloy Arenas, un grande  del humor que anticipó “el final de una banda”, ETA,  con Burundanga, la obra que le ha dado fama imperecedera. Paso/Azorin ha rebasado ya este circuito para acceder al circuito superior, más o menos  convencional, sin perder ninguna de sus  virtudes.

 Drácula, el vampiro de Transilvana, Vlad Tepes el empalador, de Briam Stoker, con un melancólico Jacobo Dicenta de protagonista, fue un paso decisivo y Móvil continúa la trayectoria. Si el teatro es un arte eminentemente sensorial, o eso me parece a mí, Ramón Paso lo enriquece con un sutil toque intelectual que depura y acrisola esa sensorialidad. Tiempos de desolación, tiempos de pandemia, pero el teatro no muere.  Vuelve  también el  Brujo, con una arriesgada incursión en Valle, El alma de Valle Inclán. También Rafael Alvarez el Brujo cuenta sus intervenciones por éxitos. Desde el célebre Búfalo limpiabotas, de Juncal con Paco Rabal; desde La taberna fantástica, el borracho acuchillado, acaso  su mejor interpretación que lo ha marcado para siempre. Al menos esa era la opinión de Justo Alonso, un gran productor, un gran hombre de teatro que produjo La taberna, un sombrío y cruento drama.

jueves, 20 de agosto de 2020

Paloma Cuevas...la gran dama universal

 

Paloma Cuevas, la gran dama

Paloma Cuevas llora sobre el hombro de su suegra, el desamor de Enrique Ponce. Siempre, en la iconografía taurina, la mujer del torero y la madre, lloraron y rezaron juntas esperando las noticias de la plaza….”todo bien”. Y entonces se apagaban las lamparillas a vírgenes y cristos protectores. Ignoro si Paloma Cuevas hacía esto, nunca me pareció una mujer convencional. Enrique Ponce, tiene  derecho a ser feliz  con su nuevo amor, una veinteañera a la que saca treinta años de edad. Es cosa de Enrique y la veinteañera y no seré yo quien saque a relucir la máxima de Castelao “los viejos no deben enamorarse”. Este artículo nada tiene que ver con ese tórrido asunto   propio del Hola y las revistas del cuore y la entrepierna. Retomo con estas líneas,  mi serie de antaño…”retratos al vitriolo o al pastel” que,  tratándose de Paloma, debo titular forzosamente al pastel.

La primera vez que vi a Paloma Cuevas fue una tarde de diluvio en la Maestranza. Ni siquiera mi impermeable, una capa verde propia de guardia civil, me libraba de la tromba de agua bajo la cual, en esos momentos, los toreros se jugaban la vida. De una de las bocanas de acceso a los graderíos surgió Paloma Cuevas para cobijarme bajo un paraguas. Me sorprendió el gesto pues era mi época de crítico en El Mundo más dura con Enrique Ponce y  cuando empecé a prodigar la teoría de que Ponce ponía la muleta donde tenía que ponerse él.

Coincidí con ella en un acto cultural en el Palace, e hicimos desde la tribuna un parlamento al alimón que fue muy aplaudido, más a ella que a mí. Y  elegantemente ovacionó  la laudatio que de Ponce, hizo Vicente Zabala de la Serna, que días antes en el ABC lo había llamado Quique y Enriquito desde un entusiata, aunque no insólito, fervor tomasista. Bella, inteligente, elegante. Y muy culta en varios idiomas.  Les enviamos Ana y yo al paseo de Nazaret, unos cuadros de nuestra numerosa colección  particular. Nunca supimos si le habían gustado pues, ignoro  por qué circunstancias, aplazamos una cena prevista primero en su casa y luego en la nuestra, donde si nos aburríamos siempre podíamos ver cuadros. Meses más tarde, en una cena homenaje a Victoriano Valencia, a la que ni Ponce ni Paloma asistieron, Victoriano me dijo, “con Paloma nunca te aburres, es cultísima;  lo difícil es estar a su altura.”

La última noticia directa que tuve de ella fue una inmensa corona de flores que, al morir mi suegra,  enviaron al tanatorio;  “A Gaby, una gran poncista, de Paloma  y Enrique”.Por estas y otras muchas razones viene hoy a inaugurar esta nueva edición de “Retratos al vitriolo o al pastel” Paloma Cuevas. Obviamente es un retrato al pastel.

 

martes, 11 de agosto de 2020

 Nuevo post...diariodejaviervillan.blogspot.com

ESCAPARATE de LIBRERIA

Escaparate de Librería.-

 

Título; Aquí yacen (dramatis personae). Autor, Eusebio Calonge. Edit; Hiru. Colección Pepitas de calabaza  Pagínas 138 texto. Apéndice de cartelería, 16. Prólogo; Julio Checa.

Sorprendente libro que recoge, sin amortajarlos,  los cadáveres insepultos de los personajes que vivieron en la escena en las representaciones de la Zaranda, el grupo legendario de Andalucía la Baja. Pasan de la dramaturgia a la narración, de la fugacidad de sus vidas encarnadas por el actor a la materia muerta del papel.  Un libro clave para entender la esencia del teatro y la esencia de la Zaranda, gozo y tormento de quienes amamos el teatro. Digo sorprendente, aun a sabiendas de la tópica inexactitud del término y de su relativismo conceptual. Todo lo de Zaranda sorprende, es una rareza. Se mueve en los ámbitos de una territorialidad exenta y a la vez en el humo solidificado de la tierra. Así Eusebio Calonge llega donde todo espectador quisiera llegar siempre; al otro lado  del actor, a su reverso; a su mundo cuando deja el personaje yerto en la penumbra del camerino o en el silencio de la sala deshabitada, después de  saludar con una leve inclinación de cabeza. Por cierto, me parece que la Zaranda, concluido el rito,   se retira y no sale a saludar, a recoger los aplausos; queda la  atmósfera  afincada  en raíces profundas.

 Este libro es un cementerio, una procesión de personajes que escapó de la escena para enterrarse en un texto; es un libro pirandelliano en cierto sentido, pero a la inversa. No buscan a un autor, siguen buscándose a sí mismos sabiéndose quizás indefensos y solos, sin la protección o la complicidad del actor. Su patria, su vida, si alguna tuvieran,  son las tablas. Y de ellas han escapado para perpetuarse en el papel; extraña paradoja. Dónde están los límites, la persona y dónde el sueño, la materia de los sueños. ¿Es una celebración este libro,  o es un responsorio…? Calonge expresa su gratitud  a esta Santa Compaña que salmodia y vuela entre nieblas, que dialoga con sus sombras tanto como con sus realidades. Yo pienso que debiera ser a la inversa, que estos seres deberían estar agradecidos al autor, cualquiera que sea la dimensión que les ha dado. Pero no soy autor de teatro, sino crítico, esa dimensión absurda y prescindible de la teatralidad, incapaz de explicarse a sí mismo y sus incertidumbres, cuanto menos a los demás.

Título.- El actor en el espacio. Editorial, Fundamentos.  Colección, Manuales de la Resad. Colección Fundamentos. espacio. La escenografía como generadora del espacio escénico- Autor, José Luis Raymond. Páginas 260.

Suele  ser norma de todo escenógrafo que el espacio escénico debe facilitar el movimiento de los actores;  disciplina férrea. José Luis Raymond, profesor de la Resad va más lejos. Es la escenografía la que genera la acción. El juego escénico es una arquitectura compleja; no se trata por lo tanto de elaborar una plasticidad plana por expresiva que esta sea, sino dinámica en la cual participa el sonido, la luz y el cuerpo del actor, elemento en torno al cual gira todo lo demás. Raymond es pintor y en su pintura,  tendente siempre  a  la abstracción,  hay un sutil movimiento escenográfico. Es probablemente el más internacional de nuestros escenógrafos, el que con más radicalidad ha desterrado la fragmentación escénica,  a la búsqueda de un  sentido unánime de la plástica.


Escaparate de librería

 

Escaparate de Librería.-

 Título; Aquí yacen (dramatis personae). Autor, Eusebio Calonge. Edit; Hiru. Colección Pepitas de calabaza  Pagínas 138 texto. Apéndice de cartelería, 16. Prólogo; Julio Checa.

Sorprendente libro que recoge, sin amortajarlos,  los cadáveres insepultos de los personajes que vivieron en la escena en las representaciones de la Zaranda, el grupo legendario de Andalucía la Baja. Pasan de la dramaturgia a la narración, de la fugacidad de sus vidas encarnadas por el actor a la materia muerta del papel.  Un libro clave para entender la esencia del teatro y la esencia de la Zaranda, gozo y tormento de quienes amamos el teatro. Digo sorprendente, aun a sabiendas de la tópica inexactitud del término y de su relativismo conceptual. Todo lo de Zaranda sorprende, es una rareza. Se mueve en los ámbitos de una territorialidad exenta y a la vez en el humo solidificado de la tierra. Así Eusebio Calonge llega donde todo espectador quisiera llegar siempre; al otro lado  del actor, a su reverso; a su mundo cuando deja el personaje yerto en la penumbra del camerino o en el silencio de la sala deshabitada, después de  saludar con una leve inclinación de cabeza. Por cierto, me parece que la Zaranda, concluido el rito,   se retira y no sale a saludar, a recoger los aplausos; queda la  atmósfera  afincada  en raíces profundas.

 Este libro es un cementerio, una procesión de personajes que escapó de la escena para enterrarse en un texto; es un libro pirandelliano en cierto sentido, pero a la inversa. No buscan a un autor, siguen buscándose a sí mismos sabiéndose quizás indefensos y solos, sin la protección o la complicidad del actor. Su patria, su vida, si alguna tuvieran,  son las tablas. Y de ellas han escapado para perpetuarse en el papel; extraña paradoja. Dónde están los límites, la persona y dónde el sueño, la materia de los sueños. ¿Es una celebración este libro,  o es un responsorio…? Calonge expresa su gratitud  a esta Santa Compaña que salmodia y vuela entre nieblas, que dialoga con sus sombras tanto como con sus realidades. Yo pienso que debiera ser a la inversa, que estos seres deberían estar agradecidos al autor, cualquiera que sea la dimensión que les ha dado. Pero no soy autor de teatro, sino crítico, esa dimensión absurda y prescindible de la teatralidad, incapaz de explicarse a sí mismo y sus incertidumbres, cuanto menos a los demás.

Título.- El actor en el espacio. Editorial, Fundamentos.  Colección, Manuales de la Resad. Colección Fundamentos. espacio. La escenografía como generadora del espacio escénico- Autor, José Luis Raymond. Páginas 260.

Suele  ser norma de todo escenógrafo que el espacio escénico debe facilitar el movimiento de los actores; una especie de disciplina férrea. José Luis Raymond, profesor de la Resad va más lejos. Es la escenografía la que genera la acción. El juego escénico es una arquitectura compleja; no se trata por lo tanto de elaborar una plasticidad plana por expresiva que esta sea, sino dinámica en la cual participa el sonido, la luz y el cuerpo del actor, elemento en torno al cual gira todo lo demás. Raymond es pintor y en su pintura,  tendente siempre  a  la abstracción,  hay un sutil movimiento escenográfico. Es probablemente el más internacional de nuestros escenógrafos, el que con más radicalidad ha desterrado la fragmentación escénica,  a la búsqueda de un  sentido unánime de la plástica.

lunes, 10 de agosto de 2020

José TOMAS, PREPARA EL SANTO ADVENIMIENTO

 

La purificación por el miedo.

José Tomás prepara su santo advenimiento. O eso cuentan. El toreo de José Tomás es, o fue, sufrimiento y catarsis: la purificación por el miedo. No pasa miedo él, lo pasan los espectadores. La cornada, una incógnita a plazo fijo. Si el toro viene toreado, es la emoción suprema. Si el toro no obedece a la muleta, el diestro es incapaz de un gesto defensivo por conciencia ética. Antes la cornada, que un paso atrás. Es un sentido inverso del miedo: el héroe amenazado, imperturbable; el público, horrorizado. Me lo confesó una vez Paco Camino, “viéndole, paso más miedo que cuando toreaba yo”.

Regreso del más allá.

José Tomás estuvo más allá de la muerte el dia 28 de febrero  de 2010 en Aguas Calientes, México.  Los pormenores de ese viaje de ida y vuelta han sido contados. Mas lo que no se ha contado ni acaso nunca  pueda contarse nunca, es la experiencia intransferible de…cómo el regreso de la región de los muertos marca  a una persona. Experiencias hay como la de Ostos en Tarazona o Cesar Rincón en Palmira.

Con José Tomás se produce otra dimensión: la traslación del mito a niveles humanos. La perplejidad cuando se supo de la tragedia fue universal.  Pese a todos los ditirambos  dignos de una divinidad, que en la tragedia de Aguas Calientes se manifestaron, José Tomás es un ser humano.  Ahí termina la metafísica de José Tomás.

La tragedia fue incompleta; resquebrajó los pilares del héroe y mostró su vulnerabilidad.  Y allí fue el llanto y el crujir de dientes. La gente,  en épocas de tribulaciones necesita  alguien en quien poner los ojos. Es quizá el nuevo momento estelar de Tomás. En circunstancias así los toros han tenido  siempre un valor insustituible; en la posguerra miserable y hambrienta fue Manolete; en el franquismo desarrollista y crispado, Manuel Benítez El Cordobés; en la crisis devastadora de hace unos años, la resurrección de José Tomás. Ahora su esperado nuevo santo advenimiento. Ignoro qué harán los  intelectuales, que pierden el culo por un torero que llevarse a la boca, aunque ahora, al parecer, se muestran beligerantes contra la tauromaquia. Y crítica taurina, al parecer, ya no existe, salvo la punta de lanza de Carlos Ilian, en un periódico deportivo, Marca.  En tiempos del Cordobés y Palomo Linares, idolos de las masas, un equipo de reporteros tapaba los jirones que la crítica había hecho en sus trajes de luces.  Pero hoy todo cambia, ya no es solo el lenguaje del papel, sino la era digital.

Cargamento de sueños

Las reapariciones de José Tomas siempre han traido una sorpresa. O varias. La primera, tras un paréntesis meditativo de cinco años fue el signo del heroísmo. O si preferimos la catarsis colectiva, la purificación por la sangre. José Tomás, a cogida por tarde. Se apareció en Barcelona, lo cual dió al gesto un matiz patriótico españolista frente al soberanismo catalán antitaurino. España entera captó el gesto y llenó la Monumental de Marina en un avance que tenía tanto de bélico como de taurino. La Monumental a reventar. Allá fuimos izquierdas, derechas, castellanos, extremeños, vascos y todas las tribus taurinas. La afición  catalana, minoritaria, nos miraba como salvadores, un ejército de liberación. Pero el gesto político de Tomás, que lo fue y así fue entendido por el centralismo madrileño, no tuvo una sola dirección; en una de las corridas José Tomás adornó su salida a hombros enarbolando una senyera. Marin, torero nacido, o criado, en Cataluña,   una vez en Madrid hizo el paseíllo envuelto en la senyera como sígno de concordia y Las Ventas le pitó como signo de contradicción; a la senyera y a él. Los más benévolos dijeron que su obligación era lucir las dos enseñas; la roja y gualda y la cuatribarrada. Lo cierto es que en ese revoltijo de política, toros y nacionalidades, José Tomás mantuvo una neutralidad impecable sin exhibicionismos partidistas, aunque lo hayan tildado de republicano por no brindar al Borbón, hoy errante,  en la barrera de Las Ventas. Brindar o no brindar es lo de menos para definir una ideología. A mí me gustaría que no hubiese reyes. Y sin embargo, le dediqué a don Juan Carlos, buen musolari, al parecer, El libro del Mus (escrito a tres manos con Perellón, dibujante, y Javier Reverte),   con una dedicatoria manuscrita que decía: “por ser de origen divino/ la treinta y una real / cayó de abuso/ en desuso/. Juegue Majestad con tino/ pues sería desatino/ equivocar el camino/ por la treinta y una real”/. No sé qué habrá sido de ese libro.  Pero Juan Carlos, cortésmente, acusó recibo.

Respecto a lo de Cataluña, bastión inexpugnable de Tomás, el pueblo lo interpretó a su manera: mesura de ídolo que no puede permitirse más exhibicionismos que el valor imperturbable ante el toro. Lo demás, cosa de mortales indoctos. Épicas y mesianismos  aparte, los menos apasionados y más circunspectos sabían que los toros en Cataluña estaban sentenciados y que no los salvaba ni Dios, o sea José Tomas. Una lenta erosión, astutamente utilizada por el soberanismo, los tenía postrados y sólo faltaba el descabello. La guerra taurina había empezado a perderse hace años y el gesto de Tomás llegó demasiado tarde. Había empezado a perderse desde que la segunda generación de charnegos, allá por los años setenta y ochenta, se catalanizó como gratitud a la patria de acogida. Cataluña convirtió los toros  en oferta turística para suecas cachondas  y alemanes borrachos. Cataluña  siempre fue taurina, extremadamente taurina con más de 20 plazas y en esta historia brillante se posicionaron, junto a la afición, algunos intelectuales catalanes; unos desde el centralismo madrileño  y otros desde la catalanidad.

En cada reaparición, José Tomás ha traido un nuevo cargamento de sueños. La aportación tras la terrible cornada de Aguas Calientes fue la conciencia casi de su inmortalidad. La otra, ha sido poner boca abajo los cánones  elementales del periodismo normativo.  No eludo responsabilidades,   fui uno de los que  más contribuyó a la construcción del mito: José Tomás, sumo sacerdote del toreo, escribí en Pamplona.

 Tomás ha invertido las leyes del periodismo con la misma fatalidad implacable con que subvirtió las leyes del toreo;  era el torero de otra galaxia, el mesias que venía a redimir la fiesta y se negó a la Televisión, cosa perfectamente comprensibles desde varios puntos de vista. Los dos que más se manejaron fueron, uno de raíz económica (negociar individualmente las condiciones), al cual se negaba el todopoderoso Canal Plus; otro de raíz esencial, el lenguaje televisivo. Siempre he defendido que el lenguaje televisivo, frio descriptivo y cinematógráfico, no se corresponde con el lenguaje emocional del toreo. Y menos con toreros  como José Tomás; son dos naturalezas distintas; la televisión enfría y distancia y él es un torero de proximidades, de conexión inmediata con el público; la televisión rebaja la pasión y las virtudes, a la vez que exagera los defectos; un enganchón de la muleta resalta  más que un natural purísimo.

Un artículo mio  en El Mundo avivó imprudentemente la guerra. El artículo se basaba en  una reflexión sobre la filosofía de las artes. Fue una temporada cruenta en la que salía a cogida por tarde, lo cual planteaba un problema de técnica y un problema de seguridad ante el toro aprovechado por los antitomasistas. Tomás, habitualmente al margen de controversias y enquistado en un mutismo que molesta a todo el mundo, echó leña al fuego desde México al afirmar que a Ponce no le cogían los toros porque nunca pasaba la raya roja del peligro. La discordia estaba encendida, aparecieron las banderías y yo  mismo pedí que la cuestión se solucionara con un mano a mano con cuadris, victorinos, adolfos o similares en las Ventas o La Maestranza. Los ejércitos y sus capitanes depusieron las armas y cada cual siguió por su sitio; Ponce con su poder y su técnica, la de poner la muleta donde debiera ponerse él;  y Tomás eludiendo los compromisos principales del Ruedo Ibérico. Veremos en qué queda esta terrible época de pandemias, Tomás, preparando el Santo Advenimiento y Ponce herido y en éxtasis de amor.

Acracia e insurgencia

Otra de las virtudes de José Tomás, es haber abolido la jerarquización de los trofeos y convocar un sentimiento generalizado de repulsa contra las decisiones presidenciales. En muchas corridas  hubo un compañero de cartel que cortó más orejas que él y salió a hombros. No importaba; los  periódicos  cantaban las excelencias de José Tomás: triunfar sin haber triunfado. Durante un tiempo suscitó un movimiento ácrata de repulsa contra los presidente que no le concedían la segunda oreja,  potestad, como es sabido, de la autoridad, no del público cuyo plebiscito acaba en la primera. Esa revuelta contra el principio de autoridad fue la más sana aportación del tomismo  a la sociología de los toros. Críticos enardecidos y de orden llamaban cabrón al presidente que mantenía su criterio;  y las masas, al borde de la sedición se enfrentaban como energúmenos al palco de autoridades.  Ahí salía lo más genuino del pueblo español: la revuelta de toros y la conjuración de  café. Los magnicidas e incluso deicidas de mesa camilla; a la mierda Mateo Morral. A esto nunca llegará Enrique Ponce, el diestro que ha superado todos los récords históricos. Por motivos distintos, a sus 50 años, Enrique Ponce está en otra galaxia. El amor por una veinteañera, lo tiene transfigurado.

martes, 4 de agosto de 2020

Mi padre, mis hermanos


Mi padre no pisaba una iglesia y mi madre me llevaba a misa. Acabé en un Seminario para el cual me reclutaron los curas por chico listo, el más listo de la escuela. Mi madre estaba educada en el ambiente religioso de mis abuelos, Mariano y Elisa,  que según me contaban, a las siete  de la tarde en invierno, ya oscurecido, y a la misma hora en verano sin oscurecer, cerraban la puerta a cal y canto,  rezaban el rosario y después cenaban frugalmente, una pucherilla de sopas hervidas.  Pero mi madre no era tan ortodoxa, aunque yo creo que en mi conducta siempre influyó más mi padre que mi madre. Mi padre nunca fue bien mirado por la familia de mi madre y el tio Sergio creo que le tenía especial antipatía.En cambio en Carrión de los Condes le querían mucho. Era el recadero de las mujeres de Torre, aprovechando que iba a por las cartas, Francisco que me traigas una docena de pasteles que tengo invitados, Francisco que compres dos metros lienzo.  Muy mañoso con el hierro,  en verano se ajustaba de mecánico en la finca de los Imaz/Michelena y el director de la administración de correos, permitía que el servicio lo hicira yo..... Hombre recatado en el comer, guardaba para sus hijos el chorizo, la longaniza y el queso de las meriendas y el desayuno. 

El tio Sergio  y su mujer la tia Pilar, tenían una pescadería enfrente de la fábrica de armas, que atendía personalmente la tia Pilar en la calle Héroes del Alcázar número 5. Eran los parientes ricos y en cierta medida protectores a los que teníamos un respeto imponente. Yo quería mucho a Socorro, una solterona, pariente de la tía Pilar a la que empleaban de criada  para todo. Digo criada en la más amplia y radical acepción de la palabra que se utiliza en los pueblos; sirvienta. En época cangrejera,  acompañado de la flor y nata de la sociedad palentina, el tío Sergio se presentaba a pescar en Torre de los Molinos. En la guerra el tío Sergio creo que dirigía un batallón ciclista y creo que nunca pasó de sargento, pero en la posguerra tenía raro prestigio y autoridad sin mácula.

 Mi primo Miguel Ángel se pasaba parte del verano en Torre, jugábamos al Tour de Francia, (era la época de Loroño,  Bahamontes….etc) con patos a los que hacíamos subir unos grandes molederos, que semejaban montañas,  camino del tojo de la Fría,, una profunda charca que a mí  me repugnaba, pues la imaginaba llena de sapos, ranas, culebras  y otros bichos asquerosos. Yo hice la primera comunión con un traje blanco de marinerito de mi primo Miguel Angel, que me quedaba grande por todos sitios y mientras decía los versos preceptivos de la ocasión y accionaba con una mano,  con la otra me sujetaba el pantalón para que no se me cayera.

La experta en pescar cangrejos a retel  era mi hermana Concha; los cogía a cestos que se llevaban los invitados después de  haberse puesto morados de jamón, cecina, queso y chorizo que salía de la despensa de  Rosario, la hermana pequeña, la del pueblo y luego…..si te visto no me acuerdo. Nuestra casa, donde vivíamos, hoy convertida en huerta y  hermoso jardín por dos vecinas de infancia, Chari y Bego, estaba  a las afueras, en el barrio de arriba, cerca del tojo de la Fría hoy supongo desecado, no podría afirmarlo. Mi pueblo es vegetal y bonito,  lleno de árboles, arroyos y vegetación. Siendo tan pequeño, no más  de 20 vecinos, tiene tres barrios; el barrio de arriba, el barrio del medio o de la iglesia y el barrio de abajo. Así lo conocí siempre y así sigue.