viernes, 16 de noviembre de 2018

GARRIGUES WALKER Y LA INCERTIDUMBRE


EL manual de Garrigues
Nuevo libro de una  personalidad tan poliédrica como la de Antonio Garrigues Walker, Manual para sobrevivir en la era de la incertidumbre. Aliento poético en el título. Las viejas certezas del progreso ya no existen. El orden liberal  que nos sostiene  se tambalea en un planeta que vive en la incertidumbre. En colaboración con García Maldonado, que ha ejercido supongo de amanuense de lujo. Ignoro por qué razones a los Garrigues españoles se les compara con los Kennedy norteamericanos de los que fueron amigos: familia poderosa, una forma liberal y fecunda de entender la política. Carecen de una Jackie Kennedy universal y cosmopolita, esposa cobarde que gateó sobre el capó del coche cuando una bala abatió a su marido J.F. Kennedy. En cambio los Garrigues, el único que queda, el jurista de fama mundial, tienen a Fran, Francisca Blanco que es más que Jackie. Antaño tuve ocasión de comentar con Joaquín, hermano de Antonio, ciertos aspectos de la transición, la Santa Transición (Umbral dixit) que preocupaban al PCE y que hoy naturalmente no tienen  sentido; el sello de los Garrigues es el liberalismo profundo, sin retóricas. El patriarca, Antonio Garrigues, ejerció de brillante diplomático. Joaquín Garrigues fue fundador del Partido Liberal Español; era una gran cabeza política. Los cité conjuntamente en un artículo  y Antonio vino a reprocharme algo así como “yo no soy digno de atar los cordones de sus zapatos”. Como fuere, la representación de la   dinastía recae hoy en Antonio quien, desde distintos ámbitos, influye en la política nacional desdeñando el protagonismo de primera fila.  Antonio Garrigues es articulista, poeta,  autor de teatro, gran dialéctico vulnerable, pese a cierta arrogancia formal.  Indiferente  al frio y al calor, nunca lo he visto con abrigo, prosaica prenda para su personalidad de poeta.

sábado, 10 de noviembre de 2018

LOS ASESINATOS DE CIUDAD JUÁREZ


Texto publicado Metropoli. El Mundo

El horror y el infierno

Autor, José Manuel Mora. Dirección, Carlota Ferrer. Escenografía, Mónica Borromello. Iluminación, Daniel Picazo. Vestuario, Leandro Cano. Reparto, Carlos Beluga, Julia de Castro, Conchi Espejo. Verónica Forqué, David Picazo, Paula Ruiz, Cristóbal Suárez, Jorge Suquet, José Luis Torrijo, Guillermo Weickert. Escenario, Teatro Español. Tres asteriscos.
“No sé qué tienen las flores, Llorona, las flores del camposanto que, cuando las mueve el viento, parece que están  llorando” Los cuerpos perdidos. Un acierto absoluto el cuadro final. José Manuel Mora ha escrito un texto confuso, sin aliento poético, incapaz de rebasar el ámbito narrativo para trascender o acentuar el horror. Ciudad Juárez fue el terror  en estado puro, el infierno de las mujeres. Al fondo, siempre, los compases de Llorona. Quizá un texto sea incapaz de fijar el horror y sus límites. Quizá el horror es el horror, sencillamente.
  Cuatrocientas mujeres sepultadas en un desierto putrefacto, Los cuerpos perdidos. Esa fue la realidad. Muerte en las arenas tórridas. Cuatrocientas muchachas bajo la piel de un desierto calcinado. Y un inocente declarado culpable.  Todo el mundo lo sabía y todo el mundo lo callaba. Montaje de un  erotismo grotesco, picassiano, penes de atrezzo, simbología primaria y salvaje. Carlota Ferrer, a veces en la cumbre y otras en el desconcierto. Sensibilidad de la directora, con  intérpretes y  público, sin ceder a fáciles tentaciones exhibicionistas innecesarias. Excelente trabajo actoral. Máscaras en los bordes de la locura.
  Un texto de Bolaños sobre el tema sirvió hace tiempo para que Alex Rigola consumase uno de sus montajes más crueles y refinados.  Y la pesadumbre  de un espectáculo fallido en parte, porque falla  el texto de un autor otras veces con mejor pulso.

EL FUNERAL



Un disparate sin paliativos
Autor y director; Manuel M. Velasco. Escenografía, Asier Sancho. Iluminación, José Manuel Guerra. Vestuario, Ion Fiz. Reparto; Concha Velasco, Jordi Rebellón, Cristina Abad, Clara Alvarado, Emmanuel Medina. Escenario, La Latina. Dos asteriscos
¿Era necesario esto? Yo creo que no era necesario. Después de Juana la Loca, Concha Velasco podía haberse retirado en la cumbre.Pero Concha Velasco nunca ha sabido administrar su vida, siempre ha habido alguien que la ha administrado por ella. No te vayas, Concha, nos debes una reparación. Total, setenta y nueve años apenas son nada y tu talento actoral está fuera de toda discusión. Autores de renombre, Antonio Gala ya no está disponible, estarían dispuestos a jugarse su prestigio intelectual con tal de hacer un texto digno de ti, sin monsergas del más allá; un texto de realismo puro y duro, frescura como la de tus “nietas teatrales” Cristina Abad y Clara Alvarado: picardía mal aprovechada. Apuntes de Berlanga y Azcona en este velatorio. El público ama a Concha Velasco y lo demostró con generosidad. Ni se planteó siquiera si una mujer de setenta y nueve años está físicamente capacitada para una sesión doble, como antes.
 Ha sobrevivido a sí misma y no hay necesidad de entrar en detalles pasionales. Concha Velasco no es solo una actriz, es un tema.  El funeral es un texto disparatado que podría aspirar al absurdo de Becket o de Ionesco. Pero el disparate no es necesariamente una rama del absurdo. Un luminoso reparto apenas palía tanto despropósito. El funeral, el ocaso de una grandísima actriz que ha escalado todas las cimas y todos los géneros y todas las dramaturgias y liturgias. No te vayas Concha, nos debes una reparación. Ni tus seguidores ni tú os mereceis esto.  


El funeral
Un disparate sin paliativos
Autor y director; Manuel M. Velasco. Escenografía, Asier Sancho. Iluminación, José Manuel Guerra. Vestuario, Ion Fiz. Reparto; Concha Velasco, Jordi Rebellón, Cristina Abad, Clara Alvarado, Emmanuel Medina. Escenario, La Latina. Dos asteriscos
¿Era necesario esto? Yo creo que no era necesario. Después de Juana la Loca, Concha Velasco podía haberse retirado en la cumbre.Pero Concha Velasco nunca ha sabido administrar su vida, siempre ha habido alguien que la ha administrado por ella. No te vayas, Concha, nos debes una reparación. Total, setenta y nueve años apenas son nada y tu talento actoral está fuera de toda discusión. Autores de renombre, Antonio Gala ya no está disponible, estarían dispuestos a jugarse su prestigio intelectual con tal de hacer un texto digno de ti, sin monsergas del más allá; un texto de realismo puro y duro, frescura como la de tus “nietas teatrales” Cristina Abad y Clara Alvarado: picardía mal aprovechada. Apuntes de Berlanga y Azcona en este velatorio. El público ama a Concha Velasco y lo demostró con generosidad. Ni se planteó siquiera si una mujer de setenta y nueve años está físicamente capacitada para una sesión doble, como antes.
 Ha sobrevivido a sí misma y no hay necesidad de entrar en detalles pasionales. Concha Velasco no es solo una actriz, es un tema.  El funeral es un texto disparatado que podría aspirar al absurdo de Becket o de Ionesco. Pero el disparate no es necesariamente una rama del absurdo. Un luminoso reparto apenas palía tanto despropósito. El funeral, el ocaso de una grandísima actriz que ha escalado todas las cimas y todos los géneros y todas las dramaturgias y liturgias. No te vayas Concha, nos debes una reparación. Ni tus seguidores ni tú os mereceis esto.  

domingo, 4 de noviembre de 2018



Mundo obrero


Ideología sin arte (Publicado Metrópoli)
Texto y dirección, Alberto San Juan. Escenografía y vestuario, Beatriz San Juan. Iluminación, Raúl Baena. Música, Santiago Auserón. Reparto; Luis Bermejo, Marta Calvó, Pilar Gómez y Alberto San Juan. Escenario, Teatro Español, sala Margarita Xirgu. Tres asteriscos. 

Sigo a San Juan desde los tiempos de Animalario. La progresía de este país, que suele ser la negación de la izquierda, al menos de mi idea de izquierda, afirma que, como artista, a Alberto San Juan lo ha “estropeado” la política, más exactamente la ideología.   Mundo Obrero no se refiere al mítico periódico del PCE, el partido por antonomasia, que malversó Santiago Carrillo, sino al obreraje, la clase obrera como bloque histórico.  Gramsci al fondo y la cuestión del optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la inteligencia.   Mundo Obrero es una historia de amor a través   de la clase obrera, que se desarrolla entre Luis (Bermejo) y Pilar (Gómez), plena sintonía entre ambos; una historia un poco tópica de la revolución con mayúsculas: RE-VO-LU-CION; perdí la cuenta de las veces que se invocaba este nombre.
En Mundo Obrero San Juan me gusta poco como actor, pero me gusta menos como autor.  Y me hace recordar la teoría de Mao en el Congreso de Yenan 1942: “una obra artística, por mucha carga política que tenga carece de eficacia si antes no es arte; degrada la ideología y degrada el arte”. Alberto  San Juan didáctico, doctrinal,  militante político como siempre.  La clave teatral de esta función la tiene Luis Bermejo en plenitud; dueño y señor del registro cómico y del registro dramático. Responde a la premisa inicial del canon brechtiano: lo primero y más importante, divertir.