domingo, 11 de abril de 2021

 

La luz que se apagó y perdura. ELISA

Pesadilla. Primero un viento helado, después un viento suave, del cierzo. Realidad; una sonrisa sin raíces, sin tronco sin ramas y sin hojas, todo savia; inmensa, universal y eterna. Una sonrisa vegetal y humanísima. Una de esas sonrisas que no sabes de dónde vienen, pero sabes a dónde van. Vienen desde la eternidad y van al hombre, al ser humano en toda su extensión. La bondad absoluta. Once hijos y algunos abortos involuntarios. Y por fin el silencio. Un silencio líquido en medio del silencio telúrico de la pandemia, entre los heraldos negros de la pandemia, un silencio con leves ondulaciones de arcoiris, un arcoiris total sin lluvia, sin rayos de sol y sin heraldos ni negros ni blancos. La luz en estado puro. La luz terrible y herida. Comprendí entonces, cuando se extinguió,  hace pocas horas, que su resplandor  me había iluminado siempre, como me iluminó la luz de mi madre; comprendí  que Elisa mi hermana mayor, de cinco hermanos después de Arturo, y antes de Mercedes, José Maria y Concha. Yo el benjamín, el mimado, había sido mi luz más verdadera después de la señora Rosario, nuestra madre .

sábado, 10 de abril de 2021

 

Luis Rosales, amigo de Lorca

La casa está encendida, la casa y las ventanas de Luis Rosales siguen encendidas. Recuerdos, homenajes con motivo de la entrega de su legado por parte de su hijo. Luis Rosales ha llevado siempre sobre sus hombros  el peso de una culpa inexistente en la detención de Lorca refugiado en casa de los Rosales de Granada cuando lo detuvieron.  Pepiniqui, el hermano mayor  era el jefe de la falange granadina. Luis al volver del frente, en un permiso, se encontró con que los esbirros de Ruiz Ramón y del gobernador  Valdés se habían llevado al refugiado. Ruiz Ramón era jefe de la CEDA y  odiaba la Falange porque, al parecer,  exigió mil pesetas al mes por militar en ella, cosa que le había sido negada. Ruiz Ramón fue la verdadera conciencia del asesinato de Lorca. En cierta ocasión, en la entrega del Premio Cervantes en Alcalá, Rosales me habló dolorosamente de aquellas circunstancias. Y convinimos, por mi conciencia de amigo antes que periodista, que allí quedaria sepultado el tema. El recuerdo para Luis era demasiado doloroso.

Creo que nunca nadie de buena fe ha culpado de nada a Luis Rosales. Sin embargo, Luis Rosales,  esto es innegable, se quedó en España, se acomodó al sistema  y al régimen que asesinó a Lorca su gran amigo. Hasta ahí pueden llegar mis ¨´reproches¨, entre comillas, pues carezco de autoridad moral y política para reprochar nada a un gran poeta, que además me honró con su amistad, y que, si alguna duda podía albergarse,  se redimió explícitamente con estos versos memorables.

La certeza de no haberme equivocado en nada,

Sino en aquello que yo más quería.

Luis Rosales y el Conde de Villamediana

Creo que fue el primero en reivindicar, en su discurso de ingreso en la Española,  la figura de don Juan de Tassis, poeta, autor de teatro, caballero, seductor y amante de la reina Isabel, del que se dice que mandó incendiar el teatro donde se representaba  una obra suya para poder salvarla del incendio en un acto heroico a su amada reina. Fue muerto de una cuchillada en la calle Mayor. Pasión y muerte del Conde de Villamediana se tituló el discurso, contestado por Dámaso Alonso, en el que Rosales calificaba como crimen de Estado lo que con frecuencia había sido definido como un lance de sodomía. Abundaba Rosales en la tesis de Quevedo o acaso Góngora que había escrito.

Mentidero de Madrid

Decidnos quién mató al Conde.

Ni se sabe ni se esconde.

Dicen que lo mató el Cid

Por ser el Conde Lozano.

Disparate chabacano,

La verdad del caso ha sido

Que el matador fue Bellido

Y el impulso soberano.

Razones y celos no le faltaban al rey, pues don Juan de Tassis había pregonado esa relación sin disimulo y era de dominio público que la relación era correspondida. El vulgo elogiaba el arte torero del Conde, a la vez que ensalzaba su arte  amatoria, diciendo. ¨el Conde pica bien, pero pica muy alto¨

martes, 6 de abril de 2021

 

Don Dámaso Alonso. Una visión personal.

Legado de don Dámaso Alonso, poeta y filólogo. Inabarcable. 

Figura destacada de la Generación del 27.. Exposiciones, recordatorios. Mi visión personal de Don Dámaso Alonso, unida a la de Eulalia Galvarriato, su mujer, excelente novelista,  arranca de unos olivares de Jaén, en la Carolina. Eulalia era tia de Antonio Payno, novelista precoz que ganó el Premio Nadal con apenas 20 años y una novela de verdadero impacto El curso que agotó varias ediciones. Payno desapareció luego de los medios literarios por lo que las malas lenguas dieron en decir que El curso lo había escrito Eulalia Galvarriato.

 Don Dámaso una vez me salvó la vida. Viajábamos en el Talgo, camino de Madrid. Mi billete me situaba en el vagón número uno, mas al pasar por el número dos descubrí a don Dámaso y a Eulalia Galvarriato y me senté frente a ellos. No quería perder la oportunidad de conocer personalmente a un  poeta admirado y un hombre jocundamente celebrado de sus amigos por su tendencia a la celebración. Era de dominio público, nunca desmentido por él, que una vez le había tocado el culo, subiendo unas escaleras mecánicas,  a la mujer de un político extranjero lo que a punto estuvo de desencadenar un serio incidente diplomático. Apenas me había sentado cuando un mortal estruendo nos envolvió a todos. Se había producido el alcance del talgo embalado a gran velocidad,  a un mercancías y una enorme bombona de gas cayó sobre el primer vagón aplastándolo entera y literalmente. Me ocupé de colocar a la ilustre pareja bajo un olivo y luego me dediqué a evacuar muertos, que fueron seis, creo recordar y los  heridos que fueron muchos más. Pronto llegaron varios coches y ambulancias de la Guardia Civil, le expliqué a un sargento quiénes eran la temblorosa y asustada pareja y dispuso que los trasladaran enseguida a Madrid. Me miró don Dámaso con sus ojos inquisitivos y me dijo, gracias joven venga a verme a mi casa.

Fui a verlo a su casa y se estableció una razonable relación de maestro a secretario que le ayudaba a pasar a máquina algunos trabajos. Don Dámaso era pícaro y bondadoso y solo odiaba, que yo sepa,  a Pablo Neruda que en un poema de Canto General lo había acusado curuelmente  tras el fusilamiento de Lorca,

´¨´y vosotros qué hacías mientras tanto

Vosotros los dámasos, los gerardos

 Los hijos de perra¨.

Don Dámaso jamás le perdonó estos versos