lunes, 1 de mayo de 2023

PÓKER, REPóKER Y PASE NEGRO

El póker es sin duda el rey de los juegos de cartas. Nunca fui un gran jugador de póker, pero siempre he tenido buen naipe. O sea que en cartas he sido siempre, o casi siempre, un ganador. Tener buen naipe es un don, más importante sin duda que saber jugar. Dejé de jugar al póker por compasión con los perdedores, y un jugador de póker compasivo ni es jugador ni es nada. Me explico. Yo trabajaba en Barcelona, como encargado de almacén de un taller de carpintería metálica en turno de noche. La madrugada del sábado recibíamos la paga, la semanada, y algunos nos íbamos a un antro canalla del puerto a jugárnosla alegremente. Entre ellos, un hombre enigmático, que pronto dejó de serlo para mí, pues el mismo me contó su vida. Se trataba de un hombre de casi cuarenta años, que se había pasado veinticinco en la cárcel por haberse enfrentado a tiros con la Guardia Civil, tras un atraco. Pertenecía al grupo de los maños especialistas en atracar bancos y él me contaba que lo hacían con fines políticos y antifranquistas. Su grupo murió exterminado en ese enfrentamiento y él se salvó porque era menor de edad y sacó bandera blanca, su camisa atada a un palo. Un dia se presentó en el taller, preguntó si había faena le dijeron que sí y allí se quedó, pues se había casado y necesitaba dinero para la mujer y un niño que tenían. Entonces, hallar trabajo en la Barcelona industrial del despegue, era así de fácil y sencillo.

El Maño se unía a la partida sabatina, pero tenía mal naipe y siempre perdía y no se atrevía a volver a casa y yo tenía que darle cobijo en la pensión en que me hospedaba.  No era sólo mal naipe, es que se apasionaba en exceso, se cegaba, que es algo que nunca puede hacer un jugador de póker digno de tal nombre. Un jugador debe saber cómo administrar un farol y cuándo echarse atrás sin obedecer a corazonadas. Lo peor no era eso, lo peor era que su mujer, una chica guapísima y sufridora, se me presentaba en la pensión llorando y diciendo que su marido había perdido la semanada y que no tenían para el pelargón del niño que acabaría muriéndose de hambre. Yo le devolvía lo perdido por su marido, hasta que un dia me harté, pues a mí, cuando perdía, nadie me devolvía nada. Su mujer era virtuosa, me parecía, pero no dejaba de manifestar un sugerente sentido de la gratitud a mi generosidad que me hubiera parecido canalla aceptar no porque yo fuera casto, sino por las circunstancias del dinero devuelto. Un dia cuando el Maño se disponía a sentarse a la timba, le agarré de las solapas y le dije ya te estás largando, dale el dinero a tu mujer que se siente muy sola si no quieres que se lo busque de otra forma. Se puso hecho un basilisco, pues era muy celoso y no lo volví a ver. Volví a seguir ganando al póker sin tener que devolver, por compasión, lo que había ganado.

Pasaron años sin calibrar las posibilidades de la escalera de color frente a un poker o repoker. Hasta que los viernes en El rincón murciano, un bar de la calle Alcántara, nos reuníamos a comer los periodistas  Ignacio Fontes de Guernika, José González Cano, Pablo Lizcano, estrella de la televisión y esposo de Rosa Montero, Javier Martínez Reverte, otros nombres que no recuerdo y Paco, un industrial forrado y generoso que disfrutaba con la compañía de los periodistas. Murió de cáncer prematuro y hubo duelo general. Paco no jugaba, pero me financiaba a fondo perdido. Hicimos un pacto; si perdía él asumía las pérdidas, Si ganaba, repartíamos las ganancias a partes iguales. Se nos quiso unir un guardaespaldas del ministro del Interior socialista, Javier Moscoso, primo o hermano de Arturo Pérez Reverte, pero le dimos puerta pues sospechábamos que era policía Bueno, le dieron puerta todos menos yo siempre aficionado a jugar con fuego. Un dia se me presentó en una oficina que yo tenía en el número 20 de la calle Sor Ángela de la Cruz y empezó a interesarse por las actividades de aquella oficina y si la revista Crónica 3  de las Artes, que hacíamos allí Antonio Leyva y yo, no era tapadera de algo. No se cortaba un pelo y yo, insensato e irresponsable, empecé a crecerme. Mira, le dije, como policía que eres debieras saber que soy un tahúr, y que vivo del poker, un jugador de ventaja, por supuesto. Y que aquí, donde estás ahora fisgando, se organizan timbas de la hostia. No se inmutó y socarronamente me dijo pues entonces voy a presentarte a unos amigos, y verás lo que es bueno.  Y me llevó a un bar sombrío y cargado de humo, lleno de maderos en mangas de camisa con la pipa en la sobaquera. Montamos una partida de a cuatro y uno de ellos trajo una baraja ya abierta que descarté rotundamente. Trajeron otra sin abrir, quitamos  los treses, cuatros, cincos y  seises, los doses valían  como ases,  y tras unas filigranas de salón y juegos de manos, empecé a repartir cartas. Era mi dia y los desplumé, o se dejaron desplumar no sé con qué intenciones. Lo cierto es que yo estaba acojonado e ignoro cómo era capaz de seguir los lances del juego.

Nota.  no he vuelto a jugar al poker porque no se me ha presentado la ocasión, y esa historia tiene un largo recorrido que se contará en mis MEMORIAS. Creo que condecoraron al madero, por liquidar a tres atracadores de una joyería de la calle  Serrano,  a los qu estaba esperando porque le habían dado un soplo, y después le procesaron por lo mismo.


 

MORANTE;  RABOS Y OTROS DESPERDICIOS

La Maestranza ha perdido su virginidad del rabo a manos de Morante de la Puebla que, según indicios y proclamaciones, es ya torero de Sevilla; la virginidad le duraba a la Maestranza desde el año 1971, en que la desfloró Ruiz Miguel, el torero gaditano de la Isla, que le cortó el rabo a un toro de miura duro y aborrascado. Ruiz Miguel proclama siempre que tiene oportunidad, su admiración por Paquirri, ¨¨el mejor torero de todos los tiempos¨´, dice. Pero yo creo que Ruiz Miguel se equivoca. Para mí el mejor torero de todos los tiempos, hablo sólo de los que yo he visto, es Rafael Ortega que ha pasado a la historia como estoqueador sublime. Chenel era de la misma opinión.  Ya tenemos, pues, acontecimiento, episodio nacional, en una época abundante en mediocridades y parca en gestos extraordinarios. Sevilla tiene, pues su torero, su acontecimiento en tiempos en que estamos necesitados de episodios nacionales como los de don Benito Pérez Galdós. Ser torero de Sevilla, de la Maestranza, es un jerarquía máxima. Como ser torero de las Ventas o algo así. La Maestranza, porque se ha atribuido la representación sacra, y acaso lo seaCurro Romero era, es, torero de Sevilla, porque si Canorea no lo ponía en los carteles los aficionados se amotinaban y Canorea tenía que rehacerlos. Y era, es, torero de Madrid porque abrió seis veces la puerta grande de Alcalá. Ruiz Miguel la abrió diez veces, una menos que el Viti que la abrió once. Máxima aspiración de todo torero sevillano, según tengo recogido en mi Diccionario Taurino, Tauromaquias, es coger el toro en el burladero de capotes y llevarlo hasta el terreno contrario de toriles con suaves lances de tirón y verónicas inconclusas. Ignoro si Morante alberga ese deseo. Curro estuvo a punto de conseguirlo una vez, yo lo ví, y juro que esa misma tarde lo ví cruzarse al pitón contrario, y la Maestranza en pleno contuvo el aire, suspensa y sobrecogida. A Curro le faltó fuelle y respiración y al toro acometividad para completar la hazaña.  Carlos Crivell fue quien primero vió a Morante,  hace mucho tiempo, y me lo advirtió con el clásico este viene con la goma de borrar,  no le pierdas de vista. Carlos Crivell, con Antonio Lorca ostenta el rigor y la excelencia de la crítica, en una ciudad en la que el periodismo taurino, como escribí temerariamente, y acaso arbitrariamente,  hace muchos años,  no es de los mejores de España.

viernes, 21 de abril de 2023

 

Ayuso, la lideresa  en coplas. Hoy se presenta PORQUE ME DA LA GANA

LA EDITORIAL Ramón Akal acaba de publicar  dos  nuevos libros, de rabiosa actualidad que dirían los viejos gacetilleros, en su nueva colección A Fondo. Uno es Porque me da la gana. Ayuso, la nueva lideresa; del que es autora Alicia Gutiérrez, periodista explosiva y, a la vez, sólida y reposada, que nos tiene acostumbrados a descubrir escándalos de alta temperatura política. Seguro que todos ustedes recordarán el caso Urdangarín y la confrontación con su suegro, el actualmente Rey Emérito y fugitivo, Juan Carlos I.  No es la primera vez que Alicia Gutiérrez se ve las caras con la lideresa, discípula aventajada de dos lobas de colmillo retorcido, Dolores Aguirre y Cristina Cifuentes, que la precedieron en el cargo, más fámula y alumna de la Aguirre que de la Cifuentes, la cleptómana de las cremas. Que conste, y no quiero desmarcarme, que yo defendí en ocasiones a Cifuentes porque ésta ayudaba al teatro, los Kamikazes, de Israel Elejalde, Miguel del Arco, los animalarios  y su tropa del Pavón de Lavapies. En vísperas de las elecciones madrileñas de 2021, una información de Alicia,  periodista que nunca se creyó en el país de las maravillas,  obligó a Ayuso a enmendar  su declaración   de la renta, al revelar el nombre de una empresa por ella participada en el 50 por ciento.

El otro libro de Akal se titula Vox; el retorno de los ultras que nunca se fueron, firmado por  Xavier Rius Sant. Es impepinable, todo suceso existe para ser contado; si no, no sucedería. Más tarde o más temprano, aparecerá el pendolista y sus amanuenses que se hagan cargo de él y lo revelen. Si esa ley, determinante aunque nunca escrita, no existiera,  las cosas no ocurrirían. No vale decir que existirían de otra forma. No existirían, simplemente. Si existieran de otra forma ya no serían las mismas cosas.

 Lo de rabiosa actualidad, al referirme a estos dos textos, no es que la actualidad vaya por ahí dando mordiscos a la vida y echando espuma por la boca, Quiere decir que es el momento oportuno, ese momento que está esperando implacable una pluma esclarecida y aguda que lo revele, El mundo está hecho para ser contado, y lo que no se cuenta no existe. Lo mismo pasa con las penas y los dolores. De estos nace la poesía. Si no existieran, si siempre fuéramos felices la poesía no existiría. Y no vale decir que existiría de otra manera. No existiría simplemente.

 Del libro de Alicia Gutiérrez se  desprende que Ayuso es una killer de la política, sin proponérselo ni planes de estrategia, le sale del natural. Sin complejos. Y sin escrúpulos. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso sobrevivirá a este libro de  Alicia Gutiérrez,  Porque me da la gana, como ha sobrevivido a tantas peripecias de su vida política. Es más, acostumbrada a superar todas las tormentas, yo creo que su imagen saldrá robustecida, descuartizada, odiada y también amada hasta la extenuación. Lo de amada quizá no sea tanto, pues Ayuso ha ido dejando muchos cadáveres, cadáveres políticos se entiende, en las cunetas y algunos sin enterrar o mal enterrados. Es el caso de Pablo Casado, que se rumorea va a volver a la política. Puede el palentino volver a la política, aunque yo no me lo acabo de creer. Casado fue amigo suyo y protector. Más tarde cavó su propia tumba,  al denunciar  los cambalaches y corrupciones de un hermano de la lideresa, sobre mordidas en el tráfico de mascarillas o algo así. Un hermano es un hermano y a ti te encontré en la calle.  Pablo Casado, en las antípodas de mi pensamiento político, y más liberal en el sentido estricto de la palabra que Ayuso, nunca me ha parecido un ser vengativo. Pero sí demasiado inocente, un pececillo entre tiburones. E Isabel, Isabelita para los íntimos, es una tiburona blanca que, dicen, son los peores de los feroces escualos.

El retorno de los que nunca se fueron

 Xavier Rius Sant es el clásico periodista de riesgo y aventuras, el freelance que todos queríamos ser cuando abrazamos esta dura y fascinante profesión. Su especialización es la no especialización, es decir la diversidad. Ultraderecha y terrorismo es, quizá, lo más atractivo de sus trabajos. Vox y el retorno de los ultras que nunca se fueron es una historia de la reciente ultraderecha española con sólidas raíces en el fasciofalangismo tradicional de partido único, pensamiento único y nacionalcatolicismo. Los Vidal Quadras, Santiago Abascal y, sobre todo, her Ortega Smith, nazi confeso, hoy concejal del Ayuntamiento de Madrid, consejero  o algo así de Almeida. Macarena Olona, es una especie de verso suelto, ninguneada por el aparato de Vox  y arrojada a las tinieblas exteriores por donde vaga sin encontrar la luz. Por Ortega Smith, y cómo va a resolver  su posible horizonte penal tengo yo especial atención. Desde hace tiempo vengo llamándole el calumniador de las 13 rosas, 13 muchachas fusiladas por Franco contra las tapias de un cementerio. Vox, el retorno….se lee de un tirón, como si de una novela negra se tratara.