jueves, 31 de marzo de 2022

Carta abierta a don Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España.

Espero que al recibo de ésta se encuentre usted bien de salud; yo bien gracias a dios. Excelentísimo señor presidente. Discúlpeme si mi estilo epistolar, incluso mi ortografía, deja bastante que desear. No trato de ponerme a la altura, o a la bajura,  de la carta que usted ha enviado al sátrapa de Marruecos, Mohamed VI,  lacayo del Imperio yanki,  en la que su servilismo cortesano alcanza cotas inenarrables; eso, en mi aldea de Torre de los Molinos, provincia de Palencia, pedanía de Carrión de los Condes, la gente del común lo llamaría lameculos. Además, excelentísimo señor presidente del Gobierno, usted redacta malamente, su redacción es tan descuidada, como profunda su deslealtad al pueblo saharaui, al cual muchos   guardamos admiración y afecto. Y gratitud por mantener vivo el recuerdo y la cultura española.

 Haga usted, señor presidente del gobierno, lo que quiera, pero no en mi nombre. Yo no le he votado, pero es usted el presidente de mi país llamado España. En tiempos,  cuando  los de su ralea empezaron a dar la espalda al pueblo saharaui, unos pocos románticos hicimos un viaje a Tinduf, los campamentos de refugiados. Los más osados, o los más irresponsables, con la experta guía de Keltun, la bella guerrillera y de Emboiric, ideólogo y  combatiente, atravesamos las líneas marroquíes por sitios estratégicos, sin que estos se enterasen, y llegamos hasta el mar. Aprendí a manejar el kalasnikov, pequeño y eficaz fusil cuyo nombre explica muchas cosas, que en mis manos perdía toda su eficacia.  De aquella aventura conservo la carcasa de un obús, que sirve de paragüero en el vestíbulo de mi casa los días de lluvia. Haga usted, señor presidente excelentísimo Pedro Sánchez, lo que quiera, incluso el ridículo, pero no en mi nombre ni en el nombre de muchos otros españoles.


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