lunes, 14 de diciembre de 2020

 

Nuria Espert tiene frio

Me escribe Nuria Espert, “javier qué frio”.

La imagino temblando y friolenta

Arropada de chales, somnolienta,

 Soñando incendio y brasas. Albedrío

Del corazón ardiente, sol umbrío;

De  razón apacible y violenta

Tu teatro que vibra y que te alienta,

Que cambia en  luminoso  lo sombrío.

Felices Navidades, Nuria eterna;

 Para ti, mas también para la intensa

Lucrecia violada e indefensa.

Siga alumbrando, Nuria, tu linterna

Mágica de relámpago y  destello;

 ¡!amando siga lo que hiciste bello!!.

 

 

domingo, 6 de diciembre de 2020

CARACOL; PLENITUD DEL INSULTO

 

Caracoles y setas tras las lluvias y el sol

Caracol, col, col. Saca los cuernos al sol. Primero tenía que llover y después lucir el sol para salir a coger caracoles. El arcoíris era el adorno lírico de la bóveda celeste. Sin lluvia y después sol, lo caracoles que dan asco a muchos y bien guisados son exquisitos, se esconden y no salen a arrastrarse dejando su rastro de babas. En las aldeas de Castilla caracol es el peor insulto que puede dirigírsele a una persona, es lo mismo que llamarla “babosa, arrastrada y cornuda”. El señor Monegal, crítico de televisión, de Onda Cero, daba el otro día en el programa de Julia Otero su receta para cocinar caracoles.  Una más de las muchas. Pero olvidaba los preliminares: cómo tratar los caracoles hasta que pueden ser guisados.  Una vez capturados, operación muy fácil y carente de todo riesgo, se les pone entre salvaos, que es un alimento para cerdos, una especie de harina en bruto, lo que queda de esta después de ser cernida en el cedazo, me parece recordar. Cuando entre salvaos han perdido parte de sus babas, se les da varias aguas en una herrada revolviéndolos, muy rápido con la mano. A la tercera o cuarta agua, han perdido las babas y entonces ya están listos para ser cocinados, si a la guisandera le gusta, con trozos de chorizo o jamón del cerdo criado, matado en casa   y curado al viento en la panera, que no es solo una cesta o bandeja para poner el pan,  sino también  un desván grande.

  El otoño es tiempo de caracoles y de setas con las que hay que tener mucho cuidado y conocerlas bien, pues algunas son mortalmente venenosas: pero yo en Palencia no conocí ningún envenenamiento, quizá no había ninguna venenosa y todas eran comestibles. Había una variedad de setas muy sabrosas, que se criaban en terreno arenoso y seco, setas de cardo, y otras que crecían enterradas y se llamaban cagurrias, palabra poco conocida que ya me ha prometido Juan Mayorga, académico y autor de teatro insigne, someter a debate para el DRAE. En Torre de los Molinos el mayor experto en setas era mi hermano José Maria, no había peligro con él y nos dábamos grandes banquetes, como con los cangrejos, que en su momento pescaba mi hermana Concha. Había unas setas que no tenían peligro alguno, las de tronco de árbol, las setas de chopo, que me parece se llamaban níscalos, y comíamos asadas a las áscuas de la lumbre y con unos granos de sal gorda. Puro deleite.

jueves, 3 de diciembre de 2020

 

Concha Velasco, 81 años. Felicitaciónes 

Ochenta y un años son nada, las diosas son eternas. Y yo tuve el honor que nadie ha tenido ni  tendrá jamás, de que Concha Velasco en Almagro, tras una prodigiosa   Reina Juana, un oratorio de Ernesto Caballero, dirigido por  Gerardo Vera (in memoriam). Concha Velasco hincó una rodilla en tierra y me besó  la mano mientras servían eso que se llama “un vino Español”. Yo le había hecho una crítica muy elogiosa en El Mundo, en el estreno de Madrid, una crítica de esas que se enmarcan para enseñárselas a las visitas. Luego llamó a sus nietos que andaban por allí cerca, les ordenó me trajeran una copa de cava y dijo “sabe tanto de mí que bien pudiera escribir mi biografía, pero también sé que nunca lo hará”. Cierto, no contaré nada que la gente no sepa y una biografía así carece de morbo e interés. Además, probablemente, todo está escrito por ella misma o por sus hagiógrafos de turno. A esa muchachita de Valladolid, hija de militar, la conocí una tarde en la Avenida de Burgos, me la presentó, Saenz de Heredia, un hombre generoso, primo de José Antonio Primo de Rivera, director de Raza, con guión del propio Franco, y de Franco, ese hombre, un documental que enardeció a los franquistas, o se más de media España: Saenz de Heredia era una autoridad omnipresente en el cine oficial de aquellos años. Velasco  llegaba de la calle, guapísima, con un visonazo  imponente,  y vivía un  piso más arriba. En los inicios de la carrera cinematográfica de Concha, Saénz de Heredia fue  clave y definitivo. Luego, Concha se enamoró de Juan Diego, en un triple salto mortal del falangismo al comunismo; yo era muy amigo de Juan Diego, y les llevaba bocatas al camerino donde siempre había juerga y desmadre. Que se haya convertido luego en la grandísima actriz que es hoy día, es cosa exclusivamente de Concha.

Concha ha llorado mucho y ha sufrido en la vida más de lo que un ser humano puede soportar. Se casó con un tal Marsó, ludópata, drogata y dipsómano, galán de teatro me parece o de cine, y luego productor o algo así. Francisco Marsó la arruinó varias veces y Concha en un momento dado de su vida se encontró sola. Pese a lo cual, Concha Velasco sigue recordándole como el amor de su vida. En la Latina, de Jesús Cimarro, hace una función escrita y dirigida por su hijo, Manuel Velasco. Qué no hará una madre, y más una madre como Concha, por un hijo.