viernes, 8 de enero de 2021

 

Soneto a Trump, !heil Hitler!

Dedicado a Pablo Messiez, teatrero grande,  que descubrí a la vez que a la 

gran actriz, admirada  Fernanda Orazi

 

Trump es el nuevo Hitler, no hay belleza

En su gesto, palabra, mueca o risa.

Es huracán infecto, nunca brisa,

Pues el céfiro es arte y es pureza.

     La basura de su alma no es limpieza

Que es mancha en un cristal, sucia y precisa,

Qu exhalan su palabra y su sonrisa

Su bronca zafiedad y su bajeza.

    Hitler le queda corto a su estatura

Gigante, de energúmeno fascista.

No admite urnas ni ley que su locura

De salvaje poder rudo y racista

No mida en soez, tétrica y obscura

Ansia de sangre, inocente y   pura,

Con que saciar su fábula extremista,

Depredador  de toda la hermosura.

 

lunes, 4 de enero de 2021

 

Diego Urdiales. Cómo conocí al mejor torero del momento

Conocí a Diego Urdiales en las Ventas, una tarde de agosto con los tendidos vacíos pues los japoneses se habían marchado vomitando y el festejo no daba siquiera para esos afamados y rigurosos aficionados que no se pierden una corrida de agosto. Es fama y verdad cierta que Antonio Chenel, el voluble Antoñete de los huesos de cristal, malalimentados por el hambre de posguerra, cuando estaba sin tabaco se apuntaba a una corrida de agosto, dura e intoreable. Dictaba su lección y con eso le caían algunos contratos y arreglaba, más o menos, la temporada. Yo tomaba notas, como de costumbre, entre toro y toro. En esto se sienta a mi lado un muchacho con cara de avispado. Y se inició el siguiente diálogo.

El Muchacho.- ¿Es usted Javier Villán?

Yo.- Sí, soy Javier Villán

Muchacho.- Ese que escribe cosas tan bonitas de Cesar Rincón?

Yo.- Bueno, escribo de Rincón y de todos los que torean bien.

Muchacho. – Pues sabe lo que le digo a usted? Que un dia escribirá de mí tan bien como escribe de Rincón. Me llamo Diego Urdiales.

La cosa quedó ahí y no volvimos a vernos hasta una feria de San Mateo, en Logroño en casa de Carmen García García y Pedro Mari Azofra, cuya casa era refugio de feriantes pues en ella la cocina de Carmen y el vino de Azofra, marca Muga eran famosos en toda la región. Este era el magister bibendi y Carmen la magistra manducandi. Manos de guisandera prodigiosa. Un santuario. Ese dia estaban también presentes José Luis Blanco, farmaceútico de Almazán   y Julia Sánchez Dorado,  su mujer, psicóloga de profesión, con los que Ana y yo  mantenemos  una  amistad persistente, pese a nuestras cruentas rivalidades en el mus. Sabido es que en una partida de mus no hay piedad y al enemigo ni agua.

Me parece recordar que la última corrida que presencié fue una de Urdiales, cerca de Curro Romero que ya empezaba a difundir la especie de que Diego debiera haber nacido en Triana. Bien está Triana y la calle Pureza, pero démosle a Arnedo lo que es de Arnedo. Cuando un jurado libre de toda sospecha otorgó a Urdiales el premio Quimera, el tablao de Antorrín Heredia, Curro Romero cantó unos fandangos de Huelva con gran  disgusto de Carmen Tello, que temía perder el tren a Sevilla,  y con el beneplácito de todos los asistentes. Romero tenía la voz rota y se disculpó lamentando que con esos fandangos ni él ni nadie se rasgarían la camisa como nos había ocurrido a él y a mí alguna noche por Triana.

De Diego Urdiales he escrito mucho y bien, quiero decir elogiosamente, aunque quizá no tanto como se merece. Me prestó su vestido grana y oro con el que debutó en Madrid, para mi librito Diálogo con el vestido de torear, joya bibliográfica  que hice con Maite Turrez y con Cris Gaviria,  hoy casi inencontrable. Hoy aquel muchacho que en Arnedo era pintor de brocha gorda, es un grande de la torería, acaso el más grande. ¡!!Su natural!!!. Y su forma de salir de la cara del toro.

Salvando las insalvables distancias entre Picasso y yo, podría parafrasear  lo que el genio dijo de Luis Miguel Dominguín, “vuelvo a los toros por tí, Luis Miguel”.  ¡!Vuelvo a los toros por ti, Diego Urdiales!!!

viernes, 1 de enero de 2021

 

Lino Braxe, un genio. In memoriam

Ha muerto Lino Braxe. Lo conocí cuando escribió y dirigió Manar, una de las cumbres de Sabela Hermida. Nos unía el teatro, la Galicia de Rosalía, y la colaboración con un amigo común, el escenógrafo David Fernández Loaysa. Pero nos unía también y, sobre todo, el Frente Polisario en su lucha contra Marruecos, el Imperio, con Juan Carlos de Borbón cómplice de un expolio. En este sentido Franco era más proclive al Polisario, y la Marcha Verde le pilló casi agonizante.  ¡Viva el Frente Polisario!!, grito que sigue siendo el preferido del genio de la torería, Rafael de Paula para el cual escribió José Bergamín, La callada música del toreo. Permítaseme traer a colación a Rafael, el solitario de Jerez con el cual no resulta hallarle similitudes a Braxe, salvando todas las distancias salvables y las insalvables A Lino Braxe le gustaban los toros, como a mí. Pero no hacía de ello una trinchera ni un estandarte militante. Galicía no es tierra propicia a los toros. Dio un torero, Celita creo se llamaba, del cual Camilo José Cela se sentía orgulloso sin demasiados argumentos. Domingo Dominguín, el mayor de los dominguines, rojo de pedigrí y suicidado años después, llevó un tiempo la plaza de Pontevedra, donde daba corridas en las fiestas de la Peregrina. Empleados y toreros se quejaban de que Domingo era impuntual en los pagos, según divulgaba jocosamente Isabel Fernández Almansa, tan admiradora de Domingo como de Carlos Semprum, Federico Sánchez por nombre de clandestinidad evolutiva. Con el Psoe y la democracia Semprum llegó a Ministro de Cultura y facilitó los trámites de constitución de la Fundación en Palencia. Isabel quiso agradecérselo con un cuadro de Caneja que Semprum rechazó cortésmente, “no he hecho méritos ni dinero para tener un Caneja, me considero pagado con la Fundación. Cuando quiera ver canejas iré a Palencia o al estudio de la calle Manuel Cortina”. Yo había publicado un artículo censurando la deriva de Semprum del PCE al Psoe y a Isabel unas se le iban y otras se le venía. Disimuladamente me pegaba pataditas por debajo de la mesa, a veces dolorosas, para que no entrara en controversia

En Lino Braxe, como en Domingo Dominguín, y en Carlos Semprúm había algo de renacentista, un renacentista a la gallega, que es otra cosa distinta de cualquier otro renacentista; con mucho de aquel Pico de la Mirándola, un italiano con el que se podía hablar y discutir de omne re scibili et quacumque alia”, es decir de todo aquello que pudiera saberse y de cualquier otra cosa. Ha muerto Lino Braxe, Galicia y el teatro pierden una referencia incuestionable. Sabela Hermida está triste. Y David Loaysa dice: “era un gran tipo”. Para aplacar la melancolía tendremos que retomar Diálogo entre María Casares y Albert Camus.