viernes, 29 de abril de 2022

JUAN DIEGO, in memoriam

 

Juan Diego. Adiós, hermano. 

Nos llamábamos hermanos, pero hacía tiempo que no nos veíamos. Mi primera imagen  de  Juan Diego, es la de  un vigoroso  y juvenil Segismundo de La vida es sueño, en Bellas Artes, creo recordar.  La última fue la de un decadente Ricardo III, el cojo,  un saco de maldades como lo define el propio Shakespeare, astuto, criminal  y libidinoso. Entre medias lo que más recuerdo son las tardes en el camerino del Español o del Bellas Artes donde iba a verlo, o quizá fuera a la inversa, Concha Velasco, recién separada, o a punto de separarse del director de cine  oficial del régimen, pariente de José Antonio Primo de Rivera, Sáenz de Heredia. O sea que, casi sin solución de continuidad, Concha, las más bonitas piernas y los ojos más luminosos del cine español pasó del falangismo liberal de Saenz de Heredia al comunismo disolvente y heterodoxo de Juan Diego.  Yo hacía de machacante, o asistente,  y les llevaba bocadillos en el descanso entre las dos  funciones,  preceptivas entonces,  para que no tuviesen que abandonar el teatro. ¨Toma poeta, y cómprate un bocadillo  para tí, que tienes cara de hambre. ¨ Era verdad, pero yo no sabía que se me notase tanto. Eran tiempos duros para todos y para los cómicos también,  y Juan empezó a luchar por el dia de descanso semanal, más que por la función única de los cómicos, que se consideraba imprescindible. Cómico era la palabra que más le gustaba a Juan Diego para definir a la gente de la farándula.

De política, aunque nuestras posiciones  eran más o menos claras y próximas, no empezamos a hablar hasta más tarde. Yo andaba de ¨compañero de viaje¨´, como se decía entonces del PCE, aunque sin compromiso vinculante y explícito, pero detestaba las directrices de Santiago Carrillo y de Dolores Ibarruri,  Pasionaria,  exiliados, uno en París y la otra en Moscú o los dos en Moscú quizá, y que, por razones obvias, desconocían la realidad española. Para los de fuera, Franco y el franquismo estaban a punto de caer. La censura había suavizado sus rigores y ello, decían los optimistas irredentos, era presagio de la caída inminente; la gente de teatro y su mundo era campo abonado para la subversión. En parte, porque tenían una cultura más amplia de lecturas teatrales de autores que representaban, necesarias para su profesión. En parte porque en sus giras por Hispanoamérica, México y Argentina en especial, percibían otras formas de entender la vida. Enriqueta Carballeira, Tina Sainz, Paco Casares, José Hervás y un poco más tarde Ana Belén, eran de lo más beligerantes. Respecto a Nuria Espert, su democratismo de resistencia, con su marido Armando Moreno, era evidente y fue Adolfo Marsillach quien mejor la definió, ¨Nuria tiene la virtud de estar siempre en el sitio exacto en el momento oportuno¨¨ Los de dentro sabíamos que quedaba Franco para un tiempo, aunque no lo dijéramos por no desmoralizar a la gente.  Quedaba el tardofranquismo crepuscular, que moriría matando, fiel a su naturaleza. Descansa en paz querido Juan Diego, hermano. Te echaremos de menos, ya en el invierno de nuestra desventura.   

 

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