martes, 8 de abril de 2014

LA POLÍTICA NO CAMBIA; EL ARTE DEl ACTOR, SÍ

La evolución del arte de actuar y, por lo tanto, la evolución del teatro, está sujeto siempre a la consideración del espacio escénico; se rompió la barrera de la cuarta pared y el teatro y los intérpretes cambiaron. Han proliferado recientemente los espacios pequeños, hasta 16 censaba ayer Esther Alvarado en un reportaje  del Mundo,  últimamente.  Cuando la democracia se dilucidaba en el ágora ateniense también era distinta a la que se arma, traba, malbarata  y mercadea en los despachos de los partidos políticos actuales. En estos se mantiene no la Cuarta Pared, sino muchas paredes insonorizadas y aislantes. El Congreso, una mala representación con el papel  aprendido de memoria,  por malos actores sin vivirlo ni actuarlo.

Escuchaba yo el otro dia, y  veía, a   Lola Manzano en el María Guerrero en   Las horas contadas, de José Ricardo Morales; excelente actriz al que este papel parecer  haberle venido como una dádiva llovida del cielo. Pero en el teatro no hay dádivas. Lola es una vida dedicada al teatro: mucho talento y muchos sacrificios. La veía en el escenario del María Guerrero y me parecía tenerla al lado, en cualquiera de estas pequeñas salas que proliferan en este  Madrid caótico y vigoroso; acaso por el carácter del  teatro de desterrado de, Ricardo  Morales, acaso porque la dirección de Victor Velasco está contaminada de esa audacia irreverente  y simple  de las salas alternativas: excelente interpretación de Lola Manzano.

 La insurgencia frenética de los espacios domésticos es  un salto cualitativo respecto a sus predecesores alternativos;  una superación  más libre del movimiento aquel de hace algunos años, ya asimilado, en cierta medida,  por las líneas del circuito convencional.. Crece el vigor del teatro joven mientras decrece la pureza de la vida democrática,  marcada por la corrupción y el latrocinio. El teatro resiste,pese al 21% de IVA, amenaza de muerte.  Quizá esta eclosión sea una asimilación tardía de las experiencias domésticas que el teatro argentino extrajo de las peripecias cruentas del videlazo y de las penurias económicas posteriores. Y argentina es, creo, la última sala que se inaugura en Madrid El Umbral de la pimavera: Versos de Sylvia Plath y La Realidad, reposición de una de las cumbres de una de una actriz fascinante y proteica, de la más pura escuela argentina: Fernanda Orazzi.

Decía que los espacios pequeños están revolucionando el arte de interpretar y que, aparentemente, se produce una inversión de papeles´. Las 20 ó 30 personas que asisten al rito  se sienten parte activa del mismo  y los actores rompen todas las barreras que los separaban del espectador. Persiste la naturaleza esencial del teatro, la convencionalidad; la realidad transformada. No es realidad lo que vemos, es realidad  de otra manera. Veía el otro dia MBIG. Imposible asimilar esta intensidad, esta proximidad actoral, a un escenario a la italiana; la conciencia culpable de Lady Macbtet, la pulsión sangrienta del poder, la carnalidad  de la traición, de la complicidad con un marido irresoluto, la desolación     hirviendo a borbotones de los cuerpos; la devastación de la venganza: Francisco Boira,   Rocío Muñoz-Cobo,  Manuel Castillo, Pepe Ocio, Imma Cuevas...... Y las Brujas de ojos vacíos a cuyos conjuros  ya no podrán escapar tus ojos también vacíos. Y tampoco podrás escapar de las pesadillas de  Macbeth ni del fantasma de Banquo cubierto de sangre

 El actor pierde la intimidad y la seguridad del escenario y se la traspasa de forma orgánica, cruel a veces  y  táctil, al espectador convencido de que es un intérprete más de la función. Vano sueño. Nunca podremos ser ellos por muy cerca de nosotros que estén; por más que hayan perdido la seguridad de las tablas en beneficio  de nuestros miedos.  

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